29 Ago
El Teatro en la España del Primer Tercio del Siglo XX: Entre la Tradición y la Renovación
En la España del primer tercio del siglo XX, no se conocían las renovaciones teatrales europeas; ni empresarios, ni críticos, ni el público burgués apostaban por estas novedades. Había teatro, y de éxito, pero de escasa calidad y nada original. El auge de la narrativa o la lírica no encontró un correlato en el teatro hasta los años 20-30, con figuras como Valle-Inclán y Lorca.
Corrientes Teatrales Tradicionales
El teatro tradicional se dividía en tres corrientes principales:
El Teatro Modernista
Fue una continuación del teatro decimonónico, que no alcanzó la altura poética de la poesía modernista. Presentaba un romanticismo decadente mezclado con los efectos coloristas y la sonoridad del modernismo. Abordó temas históricos o fantásticos, destacando a menudo el pasado glorioso español.
La Comedia Burguesa o Benaventina
Jacinto Benavente fue su máximo cultivador. Describía ambientes de alta burguesía o del campesinado, tratando los temas con cierta moralina e ironía. Su obra Los intereses creados (1907), una comedia con influencias de la commedia dell’arte italiana, presenta a dos pícaros que fingen ser amo y criado para ascender en la escala social. Tuvo un gran éxito, ya que apostó por un teatro de corte más comercial.
El Teatro Cómico
Este género podía presentarse con o sin música, canto y baile.
- Carlos Arniches: Cultivó el sainete de costumbres populares madrileñas y la tragedia grotesca, que aunaba el sainete con la tragedia para denunciar injusticias sociales y el inmovilismo (ej. La señorita de Trevélez, 1916).
- Pedro Muñoz Seca: Creador del astracán, un género basado en el disparate cómico, con gusto por el chiste verbal y las situaciones rocambolescas. Destaca su obra La venganza de don Mendo.
- Los Hermanos Álvarez Quintero: Ofrecieron una imagen estereotipada de Andalucía y gozaron de mucho éxito con sus diálogos graciosos (ej. El patio).
El Teatro Renovador: Una Corriente Minoritaria
Miguel de Unamuno
Creó un teatro desnudo de toda retórica y ornamentación escénica, esquemático en la forma, con pocos personajes, densos diálogos y conflictos que ya exploraba en sus novelas (como el cainismo o la lucha entre sentimiento y razón). Un ejemplo es Fedra.
Azorín
Desarrolló un teatro antirrealista, subconsciente, onírico y fantástico. Empleó un diálogo natural y trató temas como la felicidad, el tiempo y la muerte. Destaca su obra Lo invisible.
Ramón María del Valle-Inclán
Comenzó con dramas decadentes próximos al modernismo para luego evolucionar hacia el «teatro en libertad», concebido más para ser leído que representado, debido a sus audaces puestas en escena y ricas acotaciones literarias. Sus obras se agrupan en:
Dramas del ciclo mítico
Obras de ambiente gallego, regidas por fuerzas primarias. Ejemplos son las Comedias bárbaras, que narran la rapiña de los hijos de un aristócrata por la herencia, y Divinas palabras, que cuenta la historia de la familia de un enano hidrocéfalo que gana dinero mostrándolo en ferias hasta que muere por el alcohol en una broma. El ambiente es sórdido y cruel.
Farsas
Rompen con la realidad, incluyendo personajes fantoches y realizando una sátira caricaturesca de la corte de Isabel II en obras como La Reina castiza.
Los Esperpentos
Representan una deformación sistemática de la realidad, con caricaturas cómicas y macabras, producto de una visión ácida y disconforme. Este ciclo comprende obras como Luces de bohemia (1920) y otras tres publicadas bajo el título de Martes de carnaval.
En Luces de bohemia se narra el dantesco viaje de Max Estrella, un poeta ciego guiado por Latino, a través de la noche madrileña hasta su muerte en el portal. Es una parábola trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en una España deforme, injusta y absurda. La degradación de los personajes se manifiesta a menudo en sus animalizaciones.
Federico García Lorca
Impulsó el «teatro total», en el cual importaba tanto la poetización del lenguaje como los recursos escénicos visuales, acústicos y escenográficos. Pretendía popularizar el espectáculo teatral; para ello, creó una compañía de teatro universitario, La Barraca, con la que viajó por España. Su teatro está presidido por la lucha entre el principio de autoridad y el principio de libertad, lo que a menudo resulta en una frustración que casi siempre encarna en mujeres cuyos deseos son irrealizables.
Las Farsas
Incluyen teatro de guiñol y obras para actores. Abordan problemas derivados de los matrimonios de conveniencia entre un viejo y una joven.
El Teatro Surrealista
Obras como Así que pasen cinco años son irrepresentables para su época y anticipan la ruptura de la lógica espacio-temporal. La más «subversiva» es El público, que defiende la realización del deseo homosexual.
Las Tragedias de Ambiente Rural
Tienen como protagonistas a mujeres que deben reprimir su amor y sexualidad por imposición de la sociedad.
En Bodas de sangre, la pasión frustra una boda y trae la muerte de dos amantes; en Yerma, se explora la frustración de la maternidad; y en La casa de Bernarda Alba, la sexualidad es negada por el luto. Son dramas de mujeres que denuncian todas las tiranías que coartan la libertad individual. Las tragedias lorquianas convierten las realidades humanas concretas en símbolos de la lucha entre la libertad individual y la autoridad impuesta.
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