04 Mar
El Racionalismo y el Método Cartesiano
El racionalismo es una corriente filosófica fundamental representada por pensadores como René Descartes, Baruch Spinoza y Gottfried Leibniz. En el racionalismo, la razón se erige como la única fuente de conocimiento verdadero, dejando los sentidos en un segundo plano. De este modo, la razón se convierte en el criterio supremo de conocimiento. Los racionalistas afirman la existencia de ideas innatas, mantienen una plena confianza en el avance científico y buscan una ciencia única, otorgando una importancia capital a las matemáticas. Asimismo, tratan de desarrollar una ética y moral basada exclusivamente en la razón, sin recurrir a la religión.
Las Reglas del Método de Descartes
Descartes desea alcanzar las verdades absolutas y, para ello, desarrolla su método. Este método posee dos características principales y cuatro reglas fundamentales; se sostiene que todo aquel que lo aplique llegará al conocimiento verdadero.
- Inspiración matemática: En primer lugar, es un método inspirado en las matemáticas, pues busca aplicar el rigor de esta disciplina, especialmente de la geometría, en la filosofía.
- Intuición y deducción: En segundo lugar, utiliza la intuición (la razón reconoce una verdad sin necesidad de la experiencia) y la deducción (la afirmación de una verdad basada en una anterior que ya sabíamos cierta).
Las cuatro reglas del método son:
- Regla de la evidencia: Solo podemos dar como verdadero aquello que se conoce con claridad y distinción. No podemos dudar de ello. No se refiere a una duda normal, sino a una duda metódica, que consiste en introducir la posibilidad de duda en un conocimiento considerado verdadero.
- Regla del análisis: Consiste en dividir el tema estudiado en las menores ideas posibles para poder estudiarlo mejor.
- Regla del orden o de la síntesis: Se debe seguir un orden, partiendo siempre de los objetos más fáciles y ascendiendo gradualmente hacia los más complejos.
- Regla de la revisión o el repaso: Una vez finalizado el proceso, habrá que revisar los pasos dados para evitar cualquier error.
Descartes propone aplicar estas reglas al conocimiento humano para alcanzar la verdad absoluta tanto en la filosofía como en las matemáticas.
Panorama de la Filosofía Medieval (Siglos V-XV)
Durante el encuentro entre las religiones y la filosofía clásica, surge la cuestión fundamental de la relación entre razón y fe, ambas buscando respuesta a las mismas preguntas. En los siglos IV y V, San Agustín de Hipona realiza una síntesis donde afirma que razón y fe conducen a una única verdad: la razón ayuda a la fe y la fe ilumina a la razón. En este periodo se define el concepto del mal y se escribe La Ciudad de Dios.
Hitos de la Escolástica
A partir del siglo V, tras la caída del Imperio Romano, destacan figuras como San Isidoro de Sevilla con sus Etimologías y San Benito de Nursia. La escolástica florece entre los siglos IX y XIII gracias a las escuelas de Carlomagno. En este contexto, San Anselmo de Canterbury propone su famoso argumento ontológico.
En el siglo XII, pensadores como Averroes (islam) y Maimónides (judío) recuperan a Aristóteles, defendiendo una lectura alegórica en caso de contradicción con los textos sagrados. La llegada de Aristóteles al Occidente cristiano provoca una conmoción, especialmente con el averroísmo latino de Sigerio de Brabante y su teoría de la doble verdad.
Santo Tomás de Aquino: La Síntesis entre Razón y Fe
Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) es el máximo representante de la filosofía escolástica medieval. En sus obras Suma Teológica y Suma contra los gentiles, logra una síntesis entre el pensamiento de Aristóteles y el cristianismo. Se opone a los averroístas, pero asume el sistema aristotélico para hacerlo compatible con la fe cristiana.
El Conocimiento Humano y la Analogía
Para Santo Tomás, el conocimiento de la razón es el conocimiento propio del ser humano y parte de la experiencia sensible. Sin embargo, podemos conocer aquello de lo que no tenemos experiencia directa a través de un conocimiento indirecto o por analogía. Así, podemos conocer algo de Dios, pero no todo, ya que el conocimiento racional es limitado. Por otro lado, a través de la fe podemos conocer verdades divinas que amplían el conocimiento obtenido por la razón.
Temas en Común y Colaboración
Existen temas exclusivos de la razón y otros de la fe, pero Santo Tomás identifica tres temas comunes (preámbulos de la fe): la creación del mundo, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. La existencia de dos caminos para llegar a estas verdades es conveniente por razones circunstanciales (para que personas sin formación puedan conocerlas) y estructurales (para evitar el error).
La filosofía y la teología son métodos distintos con temas en común que colaboran entre sí:
- La razón colabora con la fe en cuestiones metodológicas.
- La fe colabora con la razón como un criterio negativo (la filosofía no puede contradecir la revelación) y extrínseco.
En conclusión, razón y fe son independientes, pero no puede existir contradicción entre ellas. En caso de conflicto, el error reside en la razón que se ha equivocado o en una fe malinterpretada.
La Transición al Siglo XIV
En el siglo XIV, Guillermo de Ockham defiende la separación definitiva entre razón y fe, así como entre Iglesia y Estado. Sostiene que el poder político está fundamentado en Dios a través del pueblo, sin la mediación eclesiástica, promoviendo el conciliarismo.
La Duda Metódica y el ‘Cogito Ergo Sum’
René Descartes, máximo representante del racionalismo en el siglo XVII, afirma en sus obras Discurso del método y Meditaciones metafísicas que para llegar a la verdad hay que dudar de todo. Esta duda metódica es voluntaria, universal, provisional y no escéptica.
Los Tres Niveles de la Duda
- El conocimiento sensible: Duda de los sentidos, ya que pueden engañarnos constantemente. El conocimiento sensible no es claro, sino confuso.
- La realidad: Duda de la existencia del mundo exterior, pues no podemos distinguir con total certeza entre el sueño y la vigilia.
- Las matemáticas: Aunque parecen verdades inalterables, Descartes introduce la hipótesis del Genio Maligno, un ser que nos induce al error incluso en lo que parece evidente.
La Primera Verdad y la Sustancia Pensante
De lo único que no se puede dudar es de que estamos dudando, y por tanto, pensando. «Pienso, luego existo» (Cogito ergo sum) es la primera verdad cartesiana, el fundamento de todo su sistema. A partir de aquí, define al ser humano como una sustancia pensante (res cogitans) que posee tres tipos de ideas:
- Adventicias: Parecen proceder del exterior (percepciones sensibles).
- Facticias: Fabricadas por la mente a partir de otras ideas (fruto de la imaginación).
- Innatas: Aquellas con las que nacemos, como la idea de infinito.
A partir de las ideas innatas, Descartes demuestra la existencia de Dios mediante tres argumentos: la idea de Dios no puede proceder del ‘yo’ finito, Dios es la causa de mi existencia y el argumento ontológico de San Anselmo. Dios se convierte en el garante de la verdad, desmontando los niveles de la duda. Finalmente, Descartes establece un dualismo antropológico al no poder explicar plenamente la unión entre la sustancia pensante y la sustancia extensa (el cuerpo).

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