13 Feb
La novela desde 1975 hasta la actualidad
Tras la muerte de Franco, a partir de 1975 se experimentó una transformación en la vida cultural y literaria a partir de los siguientes elementos:
- Desaparición de la censura.
- Recuperación de autores exiliados.
- Apertura hacia la literatura extranjera (europea y americana).
- Gran variedad temática y estética.
La novela La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza (1975), marcó el cambio de la narrativa, donde la trama y el argumento pasaron a ser el eje. Junto a autores como Álvaro Pombo o Julio Llamazares, esta obra señaló el camino de la narrativa actual, que presenta las siguientes tendencias:
- Metanovela: reflexión sobre los aspectos teóricos de la novela con la propia creación literaria como tema. Como ejemplo: El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite.
- Novela histórica: el argumento se desarrolla en una época anterior marcada por acontecimientos históricos sobre los que se ha documentado el autor. Destacan las sagas de Arturo Pérez-Reverte, como El capitán Alatriste, y Falcó, o las novelas de Matilde Asensi. Hay numerosas publicaciones en torno a la Guerra Civil, como La voz dormida, de Dulce Chacón. En algunos casos no ha transcurrido mucho tiempo desde la época tratada, como ocurre con Patria, de Fernando Aramburu.
- Novela policíaca: por influencia de la novela negra europea y norteamericana, autores españoles escriben en torno a un policía que debe investigar un crimen. Destaca la serie de Carvalho, de Manuel Vázquez Montalbán.
- Novela neorrealista o de la generación X: centrada en la conducta de los jóvenes y adolescentes. Estuvo muy de moda desde la caída del Muro de Berlín (1989) hasta el 11-S (2001). Como ejemplo, Historias del Kronen, de José Ángel Mañas.
- Novela lírica: marcada por su calidad técnica y la búsqueda de perfección formal. Destacan La lluvia amarilla, de Julio Llamazares, o la producción de Terenci Moix y Antonio Gala.
- Novela culturalista: analiza aspectos de la cultura occidental desde un punto de vista culto, como es el caso de La tempestad, de Juan Manuel de Prada.
- Novela de pensamiento: a medio camino entre la novela y el ensayo, ofrece puntos de vista sobre preocupaciones del autor y de la sociedad en general. Antonio Muñoz Molina y Javier Marías son autores ligados a esta tendencia.
Durante las últimas décadas se ha producido una gran proliferación de títulos cuya calidad literaria está en el aire, pero que en ocasiones cuentan con el respaldo de editoriales y premios por su vocación comercial. Los estudios todavía tienen pendiente determinar lo que permanecerá en la historia de la literatura y lo que no.
La novela de 1939 hasta 1974
La Guerra Civil generó una división en la literatura española y en la novela, ya que un importante grupo de escritores partidarios de la República se exilió, y otros se mantuvieron defendiendo los intereses del bando nacional. Entre los exiliados, que expondrán el desarraigo y la nostalgia en su obra, destacaron Ramón J. Sender, Max Aub, Francisco Ayala y Rosa Chacel. Uno de los más activos fue Ramón J. Sender, que pasó de actitudes más revolucionarias hasta una novela de corte histórico y autobiográfico. Dedicó espacio a la Guerra Civil en su saga Crónica del alba, compuesta por nueve libros. Otra obra narrativa de carácter autobiográfico que se desarrolla desde el exilio y que muestra un conflicto —en este caso la guerra contra Marruecos y el golpe de Estado de Primo de Rivera— es La forja de un rebelde, de Arturo Barea.
Años 40
Los novelistas de esta década no tuvieron acceso a las tendencias europeas y se impuso una novela triunfalista que exalta el régimen. Sin embargo, hay una novela que rompe este panorama: La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, que en 1941 abrió el camino de la narrativa existencial, donde se muestran problemas sociales y políticos, aunque nunca afrontados directamente por la actuación de la censura. Autores como Carmen Laforet, Miguel Delibes o Gonzalo Torrente Ballester participaron de esta tendencia. La creación del Premio Nadal supuso un espaldarazo para muchos de estos escritores; su primera ganadora fue Carmen Laforet con la obra Nada, enmarcada en la Barcelona de posguerra y la llegada a la ciudad de una joven procedente de un entorno rural. La división que vive el propio país se sufre en el mismo seno familiar.
Años 50
Una nueva generación de escritores se sumó a los anteriores para escribir una novela más abiertamente social. El tema central de las novelas son los conflictos sociales, con un estilo coloquial en contextos reconocibles por el lector. El cambio lo inició La colmena, de Camilo José Cela (1951), y la evolución atravesó dos etapas:
- Enfoques personales, cercanos a la novela existencial anterior, con Ana María Matute, Ignacio Aldecoa y Rafael Sánchez Ferlosio.
- Carácter más social y hasta político: López Pacheco y López Salinas.
La novela más significativa de esta etapa es El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, una novela que desarrolla una jornada de un domingo de verano junto al río con las vivencias de un grupo de jóvenes y de las gentes de una de las ventas del lugar. La novela está formada por diálogo casi en su totalidad, con técnicas muy objetivas. Otro de los libros destacados es Entre visillos, de Carmen Martín Gaite, donde se muestra la vida de las jóvenes casaderas de una ciudad de provincias.
Años 60
La narrativa española se abrió definitivamente a la tendencia europea, haciéndose más experimental y con un lenguaje más literario. Los autores juegan con los puntos de vista, la estructura, la acción y los personajes. Se produjeron varios impactos, como los provocados por Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos, donde un joven médico destinado a la investigación del cáncer se ve envuelto en una muerte en una chabola de un suburbio de Madrid. Su autor, que solo escribió esta novela, mostró una narrativa inédita hasta el momento en España. Otros títulos importantes son Señas de identidad, de Juan Goytisolo, y Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.
El teatro de 1936 hasta la actualidad
Entre 1940 y la actualidad transcurre casi un siglo entero en el que se han sucedido diferentes épocas históricas con sus correspondientes tendencias teatrales. Entre ellas destacaremos las siguientes:
Teatro de humor
El teatro de humor es la corriente más importante del teatro de posguerra. Los años que siguen a la Guerra Civil española (1936–39) están marcados por el hambre, la represión política y el aislamiento internacional. El teatro se vio afectado por la censura y sirvió como medio para evadirse de los problemas políticos y sociales. Sus autores más destacados fueron:
- Enrique Jardiel Poncela, cuyo teatro presenta personajes de la época enfrentados a situaciones disparatadas que lo acercan al teatro del absurdo. Entre sus obras destacamos Eloísa está debajo de un almendro (1940).
- Miguel Mihura, cuyo humor también deriva de situaciones absurdas y de diálogos ilógicos. Entre sus obras podemos destacar Tres sombreros de copa (1952) y Maribel y la extraña familia (1959).
Teatro realista
En los años 50 aparece un teatro social que pretende reflexionar sobre los problemas de España y la situación de las capas más humildes de la sociedad.
- Antonio Buero Vallejo pretende influir con sus obras en la actitud de los espectadores ante su propia existencia, desarrollando situaciones que acaban de forma dramática debido a la actitud pasiva o incorrecta de los personajes. Es el caso de obras como Historia de una escalera (1949) o El tragaluz (1967). Otras obras suyas tratan el tema de España, la libertad política y la justicia bajo la dictadura.
- Otros autores representativos de este teatro fueron Alfonso Sastre, con su obra La taberna fantástica (1966), y Martín Recuerda, con Las salvajes en Puente San Gil (1960).
- Tras la muerte de Franco triunfó un teatro neorrealista que refleja, de forma crítica, los problemas presentes y pasados de España, mezclando elementos nostálgicos con otros cómicos o poéticos. Entre estas obras podemos destacar Bajarse al moro (1985), de José Luis Alonso de Santos; Las bicicletas son para el verano (1977), de Fernando Fernán Gómez; o Ay, Carmela (1987), de José Sanchis Sinisterra.
Teatro vanguardista
En los años sesenta y setenta se asimilaron corrientes experimentales del teatro extranjero, como el “teatro de la crueldad” de Artaud o el teatro del absurdo de Ionesco y Beckett. Surgió así una nueva vanguardia teatral. Su audacia formal los alejó del público mayoritario y les impidió estrenar durante el franquismo. Podemos mencionar en esta línea a:
- Fernando Arrabal, con Pic-nic (1952).
- Francisco Nieva, con Pelo de tormenta (1973).
También podemos incluir aquí a los grupos independientes de actores que se asociaban para crear sus propias compañías a partir de los años setenta. Unieron las tendencias vanguardistas y las populares, representando un repertorio creado por ellos mismos para representarlo en pequeñas salas o en la propia calle. Entre estos grupos podemos destacar Els Joglars, Els Comediants o La Fura dels Baus.

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