07 Mar

La Metafísica Cartesiana y el Camino hacia la Certeza

Descartes defiende que, mediante la duda metódica, podemos alcanzar una primera verdad absolutamente indudable sobre la cual apoyar todo el conocimiento. Como es bien sabido, la primera verdad alcanzada por Descartes demuestra precisamente la existencia indudable de una primera sustancia: la sustancia pensante o res cogitans (alma, mente, yo). A partir de esta, demuestra sucesivamente la existencia de una segunda sustancia, la sustancia infinita o res infinita (Dios) y, por último, la existencia de una tercera sustancia, la sustancia extensa o res extensa (mundo externo).

Definición y Clasificación de las Sustancias

Sustancia es lo que existe por sí mismo, lo que no necesita de otro para poder existir. Durante el desarrollo de la duda metódica, Descartes ha establecido la existencia de tres sustancias:

  • La sustancia pensante.
  • La sustancia infinita.
  • La sustancia corpórea.

Pero, si se aplica con rigor la definición de sustancia, entonces la única sustancia será Dios. La res cogitans y la res extensa son sustancias por analogía; no dependen de otras cosas, salvo de Dios, para existir. Al contrario que las sustancias, los atributos no pueden existir por sí mismos. En particular, los atributos esenciales son aquellos que se encuentran necesariamente en una sustancia; por ejemplo, no podemos concebir un objeto material que no ocupe espacio. Descartes afirma que no podemos conocer directamente las sustancias, pero conocemos, clara y distintamente, su atributo esencial.

Los Niveles de la Duda Metódica

Descartes, en su búsqueda de una primera verdad absolutamente indudable, somete a duda extrema todo el conocimiento, aplicando tres niveles sucesivos de duda:

  1. El argumento contra los sentidos: cuestiona la validez del conocimiento empírico.
  2. El argumento del sueño: cuestiona la existencia del mundo externo.
  3. El argumento del genio maligno: cuestiona la validez del conocimiento matemático.

Descartes se coloca en una posición de máximo escepticismo metodológico que parece eliminar la posibilidad de alcanzar ni una sola certeza. Pero precisamente entonces, encuentra su primera verdad: Cogito ergo sum. Puede ser falso lo pensado, pero no puede ser falso que yo lo pienso. Por lo tanto, pienso, luego existo. Aunque lo pensado sea falso, es necesario que yo, que lo pienso, exista. Por tanto, puedo tener plena certeza de que soy algo que piensa.

La Recuperación del Conocimiento y la Idea de Dios

A esta primera verdad indudable se le plantea de inmediato un grave problema. Lo único que le ha quedado al yo son sus propias ideas, pero no sabemos si estas ideas que posee la sustancia pensante tienen alguna realidad, porque los niveles de duda siguen activos. Solo se sabe que hay una res cogitans, nada más. En este punto, Descartes debe emprender, necesariamente, un camino de vuelta con la finalidad de recuperar el conocimiento anulado por los tres niveles de duda. Pero dicho camino de vuelta solo puede empezar con lo único que le ha quedado: sus propias ideas.

Empieza con las ideas adventicias y las descarta ya que, como los tres niveles de duda siguen activos, toda la realidad externa podría ser un sueño. En cuanto a las ideas facticias, las descarta rápidamente también, ya que sabemos que nos las inventamos nosotros. Solo quedan, pues, las ideas innatas. Descartes se centra en la idea de infinito. Argumenta que es innata porque ni es adventicia ni es facticia. A continuación, Descartes equipara la idea de infinito con la idea de Dios.

De esta forma, Descartes piensa que ha demostrado que poseemos la idea innata de Dios o la sustancia infinita, pero como es bien sabido, tener la idea de algo no significa que ese algo exista. Por eso necesita demostrar su existencia. El filósofo lleva a cabo dos demostraciones basadas en el principio de causa y efecto y otra basada en la prueba ontológica de San Anselmo.

La Superación del Escepticismo

Una vez demostrada la existencia de la sustancia infinita, Descartes piensa que ha encontrado el antídoto contra el escepticismo que le permitirá superar los tres niveles de duda y demostrar con certeza la posibilidad del conocimiento y la existencia del mundo. Empieza, pues, por el Genio Maligno, que ponía en duda la fiabilidad del razonamiento matemático. La existencia de la sustancia infinita o Dios impide, ahora, que exista este Genio Maligno. Dios es bueno y veraz y asegura el buen funcionamiento de mi mente.

En segundo lugar, se propone superar el argumento del sueño, que cuestionaba la existencia del mundo externo. Según Descartes, Dios no permitiría que yo viviera continuamente engañado en un sueño. La existencia de la sustancia infinita impide, así, que mi inclinación a creer que hay un mundo externo sea falsa. Queda demostrada la existencia del mundo como sustancia extensa y, con ello, el conocimiento físico.

El Dualismo Antropológico y la Física Mecanicista

Cualidades de la Materia y el Modelo Mecanicista

Descartes, siguiendo a Galileo, distingue entre cualidades primarias y secundarias. Solo existen las cualidades que percibimos con claridad y distinción: las cualidades primarias, que pueden ser tratadas matemáticamente. Por el contrario, las cualidades secundarias no están en las cosas mismas; solo existen en el sujeto que percibe las cosas. Por tanto, nuestras ideas de los objetos externos (ideas adventicias) solo se parecen a ellos en lo referente a las cualidades primarias.

Descartes elabora una física mecanicista, según la cual el universo material está formado únicamente por partículas de materia que solo tienen cualidades primarias. Descartes extiende también este modelo mecanicista a los seres vivos, a los que considera máquinas biológicas comparables a «relojes» hechos de piezas que se transmiten el movimiento entre sí. Como conclusión, podemos decir que Descartes piensa que ha conseguido superar el escepticismo ya que ha encontrado la primera verdad: el cogito o sustancia pensante.

La Dualidad del Ser Humano y la Libertad

Descartes defendió que el ser humano es un compuesto de dos sustancias: la mente (alma) o res cogitans y el cuerpo (materia) o res extensa. Toda la res extensa, incluido el cuerpo humano, está sometida a las leyes necesarias de la física mecanicista y, por tanto, carece por completo de libertad. Sin embargo, el ser humano es libre porque posee un alma inmaterial (inextensa) no sometida a las leyes deterministas de la mecánica.

Según Descartes, el cuerpo y el alma son dos sustancias independientes, heterogéneas e irreductibles entre sí. Además, recordemos que solo la existencia del alma podía ser conocida de forma inmediata con certeza indudable (cogito), mientras que la existencia del cuerpo solo era conocida de forma inferencial y derivada. Yo puedo concebirme sin cuerpo, pero no sin pensamiento.

La Interacción en la Glándula Pineal

Descartes no puede negar que existe un vínculo entre ambas sustancias. Aclara el problema de la interacción y comunicación mediante una teoría fisiológica: cuerpo y alma se comunican a través de la glándula pineal. Mediante esta glándula, las ideas del alma interactúan con el cuerpo. No obstante, esta propuesta no aporta una solución satisfactoria. Además, a la res extensa se le presenta el problema de la percepción: ¿son las cosas tal y como las percibimos?

Como se ha mencionado, las cualidades primarias son objetivas y tratables matemáticamente, mientras que las secundarias se producen cuando las cosas externas entran en contacto con los sentidos. El universo material está formado por partículas (infinitamente divisibles) que se transmiten el movimiento por contacto. De esta forma, el universo acaba pareciéndose a un gran billar en el que el movimiento está totalmente determinado y resulta previsible.

La Voluntad como Fuente de Libertad y Error

¿Es posible la libertad en un mundo mecánico? Descartes piensa que sí, porque el alma o la mente no forma parte del universo físico y no obedece sus leyes. Se alcanza la libertad mediante el dualismo antropológico. El alma consta de dos partes:

  1. La razón o entendimiento: cuya función es pensar, razonar y conocer (intuir/deducir).
  2. La voluntad: cuya función es aceptar, rechazar y elegir.

La voluntad posee plena capacidad de elección y Descartes la identifica con la libertad. La fuente del error está en la voluntad más que en la razón, ya que la primera acepta juicios demasiado rápido. Para Descartes, la libertad es la cualidad más importante del ser humano, aquello que lo hace responsable de sus actos y digno de censura o alabanza.

La Moral Provisional: Una Estrategia para la Vida Práctica

Descartes pretende someter a revisión radical todo el conocimiento heredado, pero se pregunta si hay algo que debamos aceptar sin someterlo, de momento, a crítica racional. En respuesta, defiende que es necesario conservar un conjunto de normas de convivencia: la moral provisional.

Esta moral es una especie de guía de conducta mientras se lleva a cabo el proyecto de revisión. Apelando a la metáfora de la casa, es el alojamiento provisional mientras se derrumba el viejo edificio del conocimiento. Descartes hace esta excepción por motivos prácticos, para evitar conflictos sociales, pues en la vida práctica no se puede suspender la toma de decisiones.

Las Cuatro Máximas de la Moral Provisional

  1. Obedecer las leyes y costumbres de mi país: un consejo de adaptación y moderación, influenciado por Montaigne y Aristóteles.
  2. Ser firme y resuelto en mis acciones: ser constante con las decisiones tomadas. Descartes utiliza la metáfora de los viajeros perdidos en el bosque: si siguen siempre la misma dirección, lograrán salir.
  3. Modificar mis deseos antes que el orden del mundo: que nuestra felicidad dependa de lo que está bajo nuestro control. No puedo cambiar el mundo, pero sí puedo cambiarme a mí mismo. Aquí se ve una clara influencia del estoicismo.
  4. Emplear toda mi vida en cultivar la razón: dedicarse a la búsqueda de la verdad mediante la aplicación del método.

Hacia una Moral Definitiva

Cabe distinguir la moral provisional de la moral definitiva. Esta última debería haberse establecido después de que todas las ciencias hubiesen alcanzado un grado suficiente de desarrollo (apelando a la metáfora del árbol de la ciencia). La moral está relacionada con la voluntad de disminuir el sufrimiento humano a través de la medicina y la técnica. Sin embargo, como Descartes murió antes de que las ciencias alcanzaran tal desarrollo, solo conocemos su propuesta provisional.

En conclusión, para Descartes, el hombre es la suma de la res cogitans y la res extensa, unidas en la glándula pineal. De entre ellas, la más importante es la sustancia pensante, poniendo de manifiesto que lo corpóreo es de una categoría inferior a lo racional.

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