24 Feb

La sustancia pensante

La duda metódica conduce a una realidad incuestionable: la sustancia pensante o res cogitans, que es el alma. Descartes concluye que puede dudar de la existencia de su cuerpo y del mundo que le rodea, ya que la información que proporcionan los sentidos no es fiable, pero no puede dudar de la existencia de sus pensamientos, ideas y subjetividad.

Sin embargo, el método no resulta suficiente, pues ahora Descartes debe recuperar todo lo que se ha perdido durante el proceso de duda. El pensamiento queda encerrado en sus propias actividades mentales, dando lugar al solipsismo, de modo que nada fuera de la subjetividad puede ser evidente, lo que mantiene la duda sobre el mundo exterior. El pensamiento conduce a las ideas, que Descartes clasifica en tres tipos:

  • Ideas adventicias o adquiridas: proceden del exterior y de la experiencia sensible del mundo, pero al provenir de un mundo puesto en duda, pueden ser erróneas y no resultan útiles.
  • Ideas ficticias o artificiales: son aquellas que el sujeto inventa o fabrica por sí mismo, por lo que tampoco tienen valor.
  • Ideas innatas o naturales: son aquellas con las que se nace, ya que emergen de la propia facultad de pensar y son independientes de la experiencia.

Al no depender del mundo exterior, no están sometidas a la duda. La idea innata más importante es la de perfección, es decir, la idea de Dios, que será clave para el resto de la argumentación filosófica de Descartes y para recuperar lo perdido en el proceso de duda.

La sustancia infinita

Para demostrar la existencia de Dios, Descartes propone dos vías de demostración: a priori y a posteriori. Recupera el argumento ontológico de Anselmo de Canterbury, aunque ampliado, y formula dos demostraciones de la existencia de Dios.

Demostraciones de la existencia de Dios

  1. La idea innata de perfección: Descartes considera que el yo pensante es imperfecto, pero, aun así, posee la idea de perfección. El hecho de sabernos imperfectos implica que conocemos la existencia de una sustancia perfecta con la que nos comparamos. Esta idea de perfección no puede proceder de seres imperfectos como nosotros, por lo que debe haber sido puesta en nuestra mente por una entidad divina. Esta idea privilegiada permite al sujeto ir más allá de sí mismo y llegar a la idea innata de Dios.
  2. La existencia como atributo de la perfección: La segunda demostración sostiene que a la perfección le compete la existencia, por lo que, si Dios es perfecto, necesariamente debe existir.

Funciones de la existencia de Dios

La existencia de Dios cumple varias funciones fundamentales:

  • En primer lugar, rompe con el solipsismo, ya que se acepta como evidente la existencia de un ser que está fuera de la actividad mental del sujeto.
  • En segundo lugar, al ser Dios perfecto y bondadoso, se elimina la hipótesis del genio maligno, puesto que la maldad es una privación del bien y la perfección no puede tener privaciones, lo que permite recuperar las matemáticas.
  • Por último, Dios se convierte en la garantía de todo conocimiento evidente, ya que, si se utiliza el método adecuadamente y se alcanza una verdad evidente, un Dios perfecto y bondadoso garantiza su validez.

La sustancia extensa

La duda permite afirmar la existencia de la primera sustancia, el yo pensante, y este descubre a su vez una segunda sustancia, Dios. A partir de aquí, Descartes se pregunta qué conocimiento claro y distinto podemos tener del mundo. Para responder, establece dos tipos de cualidades:

  • Cualidades primarias: son objetivas y pertenecen a los objetos.
  • Cualidades secundarias: son subjetivas y dependen del sujeto que conoce.

Por tanto, solo es posible tener conocimiento evidente de las cualidades objetivas del mundo, siendo la extensión la cualidad objetiva fundamental, entendida como ocupar una porción del espacio físico. El yo tiene plena conciencia de la diferencia entre la idea que posee de sí mismo como sustancia pensante y la idea que tiene del cuerpo, al que atribuye la propiedad de ser extenso.

Aunque no se puede dudar del yo pensante, todavía se puede dudar del cuerpo. Sin embargo, si se tiene una idea clara y distinta del cuerpo como algo extenso y existe un Dios bondadoso que no permite el engaño cuando se usa correctamente la razón, entonces la existencia de las cosas extensas resulta evidente. Así, además de la sustancia pensante, existe otra sustancia finita y creada: la sustancia de los cuerpos, cuyo atributo fundamental es la extensión. La materia o res extensa constituye la tercera sustancia de la metafísica cartesiana.

Descartes concluye que el mundo real existe, aunque esto no implica que todo lo captado por los sentidos sea evidente, ya que estos pueden engañar. Sin embargo, cuando el funcionamiento del mundo físico se explica mediante las matemáticas, se tiene la garantía de que ese conocimiento es verdadero.

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