21 Feb

Kant y la Fundamentación del Conocimiento A Priori

En este texto de la Introducción a la Crítica de la razón pura, que trata sobre la diferencia entre el conocimiento “a posteriori” o empírico y el conocimiento o juicio “a priori”, Immanuel Kant se pregunta cuáles son las características distintivas de este último. Responde con la tesis de que el juicio a priori es aquel que, a diferencia del a posteriori, es necesario y absolutamente universal y, por lo tanto, no procede de la experiencia, sino de «una facultad de conocimiento a priori».

Tal como afirma el autor: «La experiencia nunca otorga a sus juicios una universalidad verdadera o estricta (…). Por consiguiente, si se piensa un juicio con estricta universalidad, (…) no deriva de la experiencia (…), en un juicio que posee esencialmente universalidad estricta esta apunta a una especial fuente de conocimiento, es decir, a una facultad de conocimiento a priori».

Esta tesis kantiana sobre la estricta universalidad y necesidad del conocimiento a priori contrasta con la tesis empirista de Hume, según la cual el conocimiento científico acerca de hechos nunca podrá ser estrictamente universal y necesario, sino únicamente probable. Esto se debe a que se apoya en el principio de causalidad, cuya validez pone en cuestión por no proceder este de la experiencia.

La Respuesta de Kant al Empirismo

Kant hace referencia a esta dificultad de la epistemología empirista cuando en este fragmento dice: «La experiencia nunca otorga a sus juicios una universalidad verdadera y estricta, sino simplemente supuesta o comparativa (inducción)». A continuación, el autor añade lo que considera la solución para poder atribuir verdadera universalidad y necesidad al conocimiento científico: sus juicios no proceden de la experiencia, es cierto, pero proceden de otra fuente de conocimiento que les otorga universalidad y necesidad a priori.

Es decir, frente al empirismo, que únicamente considera como fuente válida de conocimiento la experiencia, Kant afirma la existencia de otra fuente de conocimiento (la razón) que aporta a este algo con independencia de la experiencia.

David Hume: El Empirismo Radical y el Problema de la Causalidad

Hume, figura central del empirismo, sostiene que el origen y límite del conocimiento es la experiencia sensible, rechazando cualquier idea innata y concibiendo la mente al nacer como una hoja en blanco.

Impresiones e Ideas

El autor divide los contenidos mentales en:

  • Impresiones: Percepciones inmediatas y vívidas.
  • Ideas: Copias mentales de impresiones pasadas, menos intensas.

De esto se derivan dos facultades de conocimiento:

  1. Relaciones de ideas: Razonamientos a priori, analíticos y lógicos que no informan sobre la realidad (como las matemáticas).
  2. Cuestiones de hecho: Razonamientos a posteriori y sintéticos que sí amplían nuestro saber sobre el mundo, aunque su verdad depende siempre de la contrastación con la experiencia.

El Criterio de Verdad y la Crítica a la Causalidad

Consecuentemente, Hume establece que el criterio de verdad para cualquier idea sobre la realidad es la existencia de una impresión previa que la respalde; si no hay impresión, la idea carece de validez cognoscitiva.

Bajo este criterio, Hume realiza una crítica al principio de causalidad, argumentando que no tenemos impresión de una «conexión necesaria» entre causa y efecto. Solo percibimos que un hecho sucede a otro (conjunción constante), pero no que deba ser así siempre y por necesidad, lo que nos impide tener una certeza absoluta sobre el futuro.

Para Hume, la causalidad es solo una creencia derivada del hábito y la costumbre de observar eventos consecutivos en el pasado. Aunque esto resta carácter de verdad absoluta a la ciencia, el autor reconoce su utilidad práctica para la supervivencia y el progreso humano.

Escepticismo y Fenomenismo

Esta crítica desemboca en un escepticismo que cuestiona las tres sustancias cartesianas (Yo, Mundo y Dios), afirmando que la razón humana no puede demostrar su existencia fuera de toda duda.

  • Sobre el Yo: Hume niega que sea una sustancia estable, ya que no existe una impresión permanente del mismo; lo define como un simple «haz de percepciones» que la memoria unifica erróneamente para darnos una falsa sensación de identidad.
  • Respecto a la realidad exterior y Dios: Hume concluye que son incognoscibles. No podemos asegurar que nuestras impresiones provengan de un mundo externo al no poder aplicar la causalidad con rigor, ni podemos afirmar la existencia de Dios al carecer de una impresión directa de él y haber invalidado las pruebas metafísicas basadas en causas primeras.

Finalmente, Hume culmina en el fenomenismo, reduciendo la realidad a puros hechos mentales o impresiones, y en un escepticismo que asume la imposibilidad de alcanzar verdades definitivas sobre la esencia de las cosas.

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