30 Ago
Descartes: El Inicio de la Filosofía Moderna
René Descartes inaugura la filosofía moderna, que entiende el problema del ser como un problema del conocer, porque ¿qué es la realidad al margen de nuestro conocimiento de ella? La filosofía se centrará ahora en la legitimidad de los enunciados, pues nosotros tenemos un acceso a lo real a través de nuestras representaciones e ideas, pero estas no tienen por qué ser todas verdaderas. La verdad, lo que sea lo real, será ahora la certeza, la convicción subjetiva que tenemos sobre ciertas ideas. La realidad será aquello que la mente establezca de un modo cierto, no aquello que percibamos de un modo pasivo a través de la experiencia, sino aquello que concebimos de un modo riguroso y en cuya construcción racional asistimos. Lo real será aquello de lo que es imposible dudar, la seguridad en la mente, lo cierto. Se supera el período metafísico de la filosofía y se inaugura el período de la filosofía del conocimiento, en la que lo más importante ya no es el Ser (la sustancia), sino el Sujeto, entendido ahora como la mente: la sustancia que subyace a todos los contenidos y representaciones.
Razón y Método Cartesiano
La crisis del aristotelismo, la influencia decisiva en la escolástica de la baja Edad Media, el antropocentrismo renacentista y el nacimiento de la ciencia físico-matemática, impulsaron el pensamiento de Descartes. Este emprende su reto desde un nuevo principio: la **razón autónoma** del hombre. Nuestro autor considera que esta razón es idéntica en todos los humanos. Pero si esto es así, ¿por qué hay diversas opiniones acerca de los mismos objetos? La causa estriba en su inadecuado uso. Por eso es necesario un planteamiento adecuado acerca del uso de la razón, es decir, de su **método**.
El método consistiría en unas reglas ciertas y sencillas que nos conducirían a distinguir la verdad del error. Pero ¿qué fundamento tendrá el método si debemos desconfiar de los prejuicios de la tradición y de un saber escolástico periclitado? El método debe basarse en la propia estructura de la razón; tiene que sustentarse en la sujeción de la mente a sus propias leyes. La razón, en su operar puro, tiene como elementos fundamentales la **intuición** y la **deducción**.
- La **intuición** no es un percibir empírico, sino que se trata de un «ver en la mente», un construir conceptual en el cual somos espontáneos. Se trata de captar las verdades evidentes, imposibles de dudar, y que son claras y distintas. Esto es lo que él denomina el **criterio de certeza**. Por claro entiende lo presente y manifiesto, aquello que no está oculto; lo distinto, por su parte, sería aquello que se percibe de un modo independiente y separado, sin confusión. Lo que se intuye son las «**naturalezas simples**» que considera absolutas.
- La **deducción** es un derivar de estas naturalezas simples el resto del saber, lo complejo; pero no es un derivar silogístico, ya que cada paso debe estar justificado por una intuición. Se trata, entonces, de una cadena de intuiciones.
Vemos que el método tiene dos movimientos:
- Uno demoledor y destructivo, mediante el cual llegamos a las primeras verdades (el **Análisis**).
- Otro constructor y compositivo, a través del cual inferimos las verdades complejas (la **Síntesis**).
Sobre la base de estos momentos centrales del método –**análisis** y **síntesis**–, Descartes desarrolla y enumera cuatro reglas fundamentales:
- Regla de la evidencia: Consiste en no aceptar nada de lo que no estemos totalmente seguros; solo aceptaremos lo evidente, aquello que sea absolutamente imposible de dudar.
- Regla del análisis: Mediante la que dividir cada problema en tantas partes como sea posible y conveniente; de este modo, acceder a lo que podemos intuir: las **naturalezas simples**.
- Regla de la síntesis: Consistiría en deducir lo complejo a partir de lo simple, mediante una cadena de intuiciones.
- Regla de la enumeración: Dado que la deducción es menos fiable que la intuición, al depender de la memoria, es conveniente realizar un recuento exhaustivo para no omitir nada y confirmar las conclusiones.
La Duda Metódica y el Cogito
Al poner en práctica el método, debemos **dudar** y desconfiar de aquello que no se nos muestre como totalmente cierto. No se trata de una **duda escéptica**, lo que significaría que acabaríamos dudando y nos mantendríamos en esta incertidumbre e inseguridad; la duda en Descartes es una **duda metódica**, exigida por el propio método. No es una duda de hecho ni psicológica, sino una **imposibilidad absoluta de dudar de derecho**.
- Lo primero que sucumbe a la duda son las **sensaciones empíricas**: puedo dudar que el mundo sea como lo percibo porque ya me he equivocado otras veces, y podría ser una ilusión o una alucinación. Descartes considera que lo empírico es confuso y carece de **claridad y distinción**.
- Además, al no poder distinguir el **sueño** de la vigilia, tengo razones para dudar de la **existencia del mundo** y de los cuerpos. Psicológicamente, es posible que no dude de estar redactando apuntes en este momento, pero ¿cuántas veces he considerado como verdaderos muchos de mis sueños? Por tanto, no es imposible en sí mismo –aunque yo no lo haga de hecho– dudar que pueda ser un sueño.
- Sin embargo, dormidos o despiertos, tres y dos son cinco; es decir, las **verdades matemáticas** parecen ciertas. Aun así, propone la hipótesis de un «**Genio Maligno**» que ponga toda su industria en engañarnos. Esta hipótesis representa la **duda en la propia razón**, lo que significa que, aunque percibamos las verdades matemáticas como claras y distintas y estemos seguros de ellas en la mente, quizás en el mundo extramental no exista nada parecido a como nosotros lo concebimos matemáticamente.
- Pero si dudamos de todos nuestros pensamientos, de lo que no podemos dudar es de que los tenemos; lo absolutamente cierto es que los pensamos. Pues para dudar hay que existir. «**Pienso, luego existo**» (cogito ergo sum) se convierte en el principio fundamental de la filosofía que Descartes buscaba.
El **cogito** se eleva al principio metafísico de la ciencia moderna, pero también es el fundamento del **criterio de certeza**, pues el principio se acepta porque se percibe con **claridad y distinción**, es decir, se intuye de un modo evidente. Así, todo lo que perciba de igual modo lo aceptaré como verdadero. Pero ¿qué es el **cogito**? Una naturaleza que solo consiste en pensar; no es nada corporal ni psicológico, sino el **ego trascendental** que subyace a mis pensamientos. Mi cuerpo es tan dudable como el resto del mundo, porque es algo externo.
Las Ideas y la Existencia de Dios
Acabada la fase destructiva, se impone ahora la tarea constructiva. Hasta ahora, tan solo estamos seguros de que existe una realidad: el **cogito**. A partir de aquí, debemos deducir el resto de verdades. Tenemos el yo, pero el yo piensa **ideas**. Estas representaciones mentales son dudables, porque no sabemos si corresponden a una realidad extramental. Las ideas, en cuanto contenidos mentales y representaciones, todas tienen el mismo estatus; pero en cuanto a lo que parecen representar, es decir, en cuanto a la intencionalidad a la que tienden, Descartes las clasifica en tres tipos:
- Las **adventicias**: parecen venir de fuera y provenir de los objetos que percibimos por los sentidos; por ejemplo, las ideas de animales.
- Las **facticias**: las construidas por nosotros a través de nuestra imaginación; por ejemplo, la idea de sirena.
- Las **innatas**: aquellas que son consustanciales al **cogito**, y se encuentran en nuestra mente antes de cualquier experiencia o percepción del mundo; por ejemplo, ciertas ideas matemáticas y abstractas.
De entre las ideas innatas, encuentra la **idea de Dios**, que identificará con la idea de **perfección o infinito**. Pero ¿Dios existe solo como una idea o tiene una existencia trascendente al cogito? Demuestra, aplicando –de un modo que algunos consideran medieval e incoherente con su filosofía– el **principio de causalidad a la idea de Dios**, que nosotros no podemos ser la causa de la idea de Dios, ya que es una idea que contiene más perfección que nosotros, que somos una sustancia finita e imperfecta. La causa debe ser proporcional al efecto y superior jerárquicamente a este. Por lo tanto, **Dios existe como autor de la idea de Dios en mí**.
Pero además, debe existir de un modo formal y actual, es decir, no solo objetivamente como idea. También recurre al **Argumento ontológico**: si Dios contiene en su esencia todas las perfecciones, entonces debe existir, porque la existencia es una perfección. Es imposible pensar en un Dios inexistente, porque es imposible separar en Dios la esencia y la existencia.
Una vez demostrada la existencia de **Dios**, este se convierte en la **garantía que nos permite superar la duda** –para el resto de ideas que no son el cogito– y confirmar que nuestras ideas claras y distintas –las matemáticas– corresponden a una realidad extramental. Se supera así la hipótesis del «**Genio Maligno**», pues un Dios perfecto no puede consentir que razonemos de un modo erróneo con nuestras ideas científicas. Dios es el fundamento que permite al **cogito** salir de su soledad y garantizar la existencia de un mundo externo.
Las Sustancias: Dios, Res Cogitans y Res Extensa
El mundo externo existe y es como lo establecen nuestras verdades matemáticas, es decir, es **pura extensión**, pura cantidad. El primer momento de la duda, sobre si el mundo era como lo percibíamos, no se supera; pues el color, el calor, el sabor, el olor –las **cualidades secundarias** de Galileo– no pertenecen a las cosas, sino que solo tienen una existencia subjetiva. El mundo externo es **pura extensión**, pura cantidad; solo posee **cualidades primarias**: figura, movimiento, estructura matemática.
Tenemos entonces tres modos de ser a los que denomina **sustancias**. Sustancia sería un modo de ser independiente que, para existir, no necesita de los otros. Entendida así, solo Dios sería sustancia; pero podemos entender de modo analógico que el **cogito** y el mundo externo, en cuanto que son distintos y autónomos el uno del otro, son sustancias. A las sustancias las conocemos por su **atributo fundamental**, pues el resto de atributos se relacionan con él.
- **Dios** es la sustancia perfecta e infinita.
- El **cogito** se conoce y se define por su atributo fundamental, el **pensamiento**, por eso lo denominamos **res cogitans**. Consiste en percibir, dudar, imaginar, entender, etc., que serían **modos** de ese atributo que es el pensamiento.
- El mundo externo se conoce por el atributo de la **extensión**, y los modos de concretarse este serían el tamaño, el movimiento, la figura, los cuerpos, etc. Lo denomina **res extensa**.
La finalidad de la distinción entre la **res cogitans** y la **res extensa** estriba en la urgencia de separar el mundo físico de cualquier explicación teleológica y teológica; pues el mundo extramental es un ámbito mecánico y extenso, independiente de cualquier fin. El mundo es entendido como una máquina y no como un organismo. Esta esfera de la realidad solo se puede explicar ya de un modo físico-matemático.
Entendimiento y Voluntad: Libertad y Pasiones
El fundamento último de la separación entre la **res cogitans** y la **res extensa** es hacer de la primera una realidad distinta de la mecánica, en la que el hombre pueda ser **libre**. Descartes distingue dentro del pensamiento dos facultades: el **entendimiento** y la **voluntad**.
- En el entendimiento entran el sentir, imaginar, concebir.
- En la voluntad entran el desear, odiar, afirmar, negar, dudar, el asentir o no.
Pues bien, mientras el hombre percibe de un modo claro y distinto, no se equivoca; el origen del **error** estriba en que, como la voluntad es más amplia que el entendimiento, debemos tomar decisiones acerca de las cuales no tenemos convicciones últimas y que solo son verosímiles. Es por tanto que nos equivocamos muchas veces, lo cual revela que el **cogito** no es una sustancia absoluta, sino finita e imperfecta. Sin embargo, lo ideal de la **libertad** sería que la voluntad siguiera las reglas ciertas del entendimiento, no la arbitrariedad del deseo o el capricho, ni el dictado de las pasiones.
Aunque Descartes ha distinguido el alma del cuerpo y ha hecho a este algo meramente mecánico, está claro que deben tener alguna relación. Pero nuestro filósofo no da ninguna explicación convincente de su unión y llegó a hablar de una **glándula pineal** situada en el cerebro. Lo importante no es dónde se comunican, sino cómo actúan el uno sobre el otro: cómo el cuerpo mecánico se determina por el **cogito**, y cómo este padece los influjos de lo externo. A este último padecer lo trata con el término **pasiones**, y nos dirá que no todas son buenas; lo conveniente es que se determinen mediante la razón, y en eso radica la verdadera libertad.
Contextualización de Descartes
a) Obra, Otras Obras y Resumen de su Pensamiento
El texto pertenece a la cuarta parte del Discurso del Método. Se trata de una exposición resumida y en forma de autobiografía intelectual de las tesis esenciales de la filosofía cartesiana. La obra se divide en seis partes:
- La primera parte critica la situación de la ciencia en su época y expone la necesidad de que se libere de la autoridad y cualquier otro vínculo que le impida su constitución autónoma.
- La segunda, tras exponer la necesidad de unidad y coherencia en toda la ciencia, critica el silogismo y expone las reglas del método.
- En la tercera establece su llamada «**moral provisional**», a la que se atendrá mientras dure el proceso de la **duda metódica**.
- En la cuarta, la que nos ocupa, hace una síntesis de su metafísica: **duda metódica**, **cogito**, el yo y las ideas, el **criterio de certeza**, Dios y la superación de la duda.
- En la quinta y sexta habla de algunas cuestiones de física y medicina y explica el porqué de esta obra.
La primera obra de Descartes fue Reglas para la dirección del espíritu, escrita en 1628. Luego Descartes escribió El mundo o tratado de la luz y El hombre. En 1637 publicó el Discurso del método para dirigir bien la razón y hallar la verdad en las ciencias, seguido de tres ensayos científicos: La Geometría, Dióptrica y Los meteoros. Con estas obras, escritas en francés, Descartes acaba por presentarse ante el mundo erudito, aunque inicialmente intentó conservar el anonimato. En 1641 publicó las Meditaciones metafísicas, acompañadas de un conjunto de Objeciones y respuestas que amplió y volvió a publicar en 1642. Hacia 1642 puede fecharse también el diálogo, obra póstuma, La búsqueda de la verdad mediante la razón natural. En 1644 aparecen los Principios de filosofía, que Descartes idealmente habría planeado para la enseñanza. En 1649 publica un último tratado, Las pasiones del alma.
El proyecto cartesiano será claro: elaborar una filosofía capaz de **fundamentar metafísicamente la nueva ciencia** y la nueva imagen del hombre racional desde un mismo presupuesto: la **Razón**. El instrumento de un hombre emancipado de la tradición y de la tutela de la fe no puede ser otro que una **razón autónoma**. Si la filosofía clásica trataba del Ser, es decir, tenía un carácter metafísico, la **filosofía moderna trata del conocer**. El Ser es la **imposibilidad de dudar**, lo establecido de un modo cierto en la mente. La razón es idéntica en todos los hombres. Por este motivo, es primordial el problema del **método**, del camino para descubrir verdades. Este método no puede confiarse a la tradición ni a una iluminación trascendente, sino que se basa en la estructura de la misma razón: la **intuición** y la **deducción**. Las reglas del método consisten en estos dos momentos esenciales de la razón, intuición y deducción: **regla de evidencia**, **análisis**, **síntesis** y **revisión**. La **regla de la evidencia** nos fuerza a dudar de todo (la experiencia, los sueños, la propia razón) hasta que llegamos a lo imposible de dudar: el **sujeto**, que se impone como pilar metafísico de la modernidad. Desde este momento analítico, debemos reconstruir sintéticamente el resto de realidades. De estas ideas, la **idea de Dios** se convierte en la garantía metafísica que nos permite superar la duda y llegar a reconstruir el resto de la realidad, pues Dios no puede permitir que nos engañemos en nuestras evidencias físico-matemáticas. Por consiguiente, la realidad extramental existe y es como nos explica nuestra ciencia matemática.
b) Contexto Histórico, Antecedentes, Escuelas y Proyección
Con Descartes se inicia la **Filosofía Moderna**. La Edad Moderna se inicia con el **Renacimiento**, movimiento cultural de los siglos XV y principios del XVII, que representa una época de profunda crisis de la conciencia europea y de ruptura con la Edad Media. Con anterioridad, el **Nominalismo** y el **Voluntarismo** del siglo XIV constituyen una ruptura con la Escolástica medieval al postular un Dios omnipotente capaz de crear representaciones en el espíritu que no correspondan a una realidad extramental, y al defender que los conceptos universales son meros nombres.
Las características de este período son:
- La aparición del **Estado Absolutista** que supera la organización política del feudalismo del medievo. Las nuevas formas de producción, la industria y el comercio, requieren libertad de contrato y la superación de las servidumbres. Se necesita para ello una unidad jurídica y política. Los burgueses apoyan este poder central, sin otras mediaciones políticas entre el súbdito y el monarca soberano. El **Estado Absolutista** también se hace necesario para pacificar las guerras civiles religiosas que aparecen con la **Reforma Protestante**.
- La aparición del **capitalismo**.
- Surgimiento de la **burguesía** que, asociada a las nuevas formas de producción, representa la clase socialmente hegemónica, aun sin tener una relevancia política.
- El **antropocentrismo humanista** que demanda un nuevo modelo de hombre y sociedad, y que vuelve la mirada a la antigüedad clásica, superando el teocentrismo medieval y postulando una **autonomía de la razón**.
- La aparición de la **revolución científica** y de la **Ciencia Barroca** que inaugura un nuevo paradigma científico. **Copérnico**, **Kepler** y **Galileo** acaban con la imagen aristotélica del universo tanto en el campo de la astronomía como en el de la física. La sustitución del **geocentrismo** por el **heliocentrismo**, y la interpretación matemática del universo, impulsará una nueva concepción de la ciencia que exigirá un nuevo método científico. La vieja ciencia aristotélica, teleológica y cualitativa, dará paso a una nueva ciencia **mecanicista y cuantitativa**. Todo ello significará un determinado modo de interpretar la razón: la **razón matemática**.
- La ruina definitiva de la **filosofía escolástica**, sometida a una crítica demoledora, frente a la cual aparecen filosofías inspiradas directamente en los griegos ante la convicción de que estos habían sido deformados por los medievales. Esta convicción determinará el carácter **racionalista** de la filosofía moderna.
Descartes es el padre del llamado **Racionalismo moderno**, corriente filosófica cuyos representantes más destacados son, además de nuestro autor: **Malebranche**, **Pascal**, **Spinoza** y **Leibniz**. Esta corriente se caracteriza por entender la **Razón** como **razón matemática** y capacidad humana ilimitada, mediante la cual y a partir de sus propias **ideas innatas**, por vía deductiva –con cierto menosprecio de la experiencia sensible–, pretende construir todo el edificio del saber. Especialmente interesante resulta **Spinoza**, que defenderá la existencia de **una sola sustancia, Dios**, de la que el pensamiento y la extensión son atributos. Esta tesis constituye un **panteísmo** que identifica la naturaleza con Dios.
Frente a este «**optimismo dogmático**» –la razón es omnipotente– reaccionarán el **empirismo** y **Kant**. El **Empirismo** es una corriente filosófica de origen inglés que sostiene que **todo nuestro conocimiento comienza y acaba con la experiencia**. **Locke** considera que el contenido de nuestra conciencia, las ideas, tienen un origen empírico. **Hume** radicaliza el empirismo y postula que no podemos salirnos de nuestras representaciones –**impresiones e ideas**– a una supuesta «**realidad en sí**», porque entrañaría suposiciones metafísicas injustificadas. No podemos sostener que hay cosas independientemente de nuestras impresiones que constituyan la causa de las mismas. Solo podemos afirmar las impresiones y las ideas que se generan en las impresiones; **Dios**, la **Sustancia**, el **Sujeto**, son ideas que no se desprenden de ninguna impresión y, por tanto, ideas metafísicas injustificadas desde un punto de vista cognoscitivo. **Berkeley** afirma que «**ser es ser percibido**»: no se puede defender la realidad extramental; las percepciones son puestas directamente por Dios en la conciencia.
El planteamiento cartesiano del conocimiento y la solución que da al mismo, según la cual el único punto de partida firme de todo conocimiento es el yo y sus ideas y, en consecuencia, nuestro conocimiento acerca de la realidad es de nuestras ideas de la realidad, dará origen al **idealismo**, característica de toda la filosofía moderna frente al realismo ingenuo de la tradición aristotélica. Ahora bien, el idealismo cartesiano, a diferencia de otros idealismos posteriores –**Fichte**, **Schelling** y **Hegel**–, es solo **gnoseológico y subjetivo**: el **cogito** no crea el mundo, sino que solo lo conoce, aunque solo desde él conocemos con certeza. Subjetivo, porque no es algo independiente y objetivo, sino que pertenece al interior del sujeto particular.
Nociones Clave de la Filosofía Cartesiana
1. Noción: Duda y Certeza
La **duda** en Descartes tiene un sentido filosófico. La **verdad** para él es la **certeza**, y esta es algo que se impone a la mente como **evidencia**, como imposibilidad absoluta de dudar. Para Descartes, el ser y la realidad pasan a ser, en un primer momento, representaciones mentales; pero no todas nuestras ideas serán ciertas: la realidad será establecida por aquellas ideas de las cuales sea imposible dudar. En el texto se desarrolla el proceso de la **duda**.
De lo primero que duda es de la **sensibilidad**, pues cuestiona que el mundo sea como lo percibimos. Los sentidos solo nos muestran algo confuso, lo aparente, nuestras propias modificaciones subjetivas, las **cualidades secundarias**; pero tal vez la realidad en sí sea de otro modo. Seguidamente, también duda de la propia razón, pues si nos equivocamos algunas veces, ¿por qué no podemos hacerlo siempre? Aunque Descartes es un **racionalista** que considera la matemática como el saber adecuado a la realidad, entiende que no es imposible que a esta seguridad subjetiva no corresponda nada extramental.
En este contexto, es oportuno glosar las Meditaciones Metafísicas, en las que se establece la hipótesis de un **Genio Maligno** que nos podría engañar (Genio Maligno: un Dios omnipotente pero no bueno). En el texto también se nos dice que es imposible distinguir el **estado onírico** de la vigilia, pues no tenemos un criterio que pueda valer para hacer esa separación: cuántas veces creemos que es verdad lo que nos muestran nuestros sueños. Pero aunque todas nuestras representaciones mentales sean falsas, de lo que no podemos dudar es de nuestros pensamientos y, por tanto, de nuestra existencia: «**pienso, luego existo**» se convierte en el pilar metafísico y epistemológico de la filosofía moderna. El **sujeto** desplaza a la realidad extramental como la sustancia primordial en el conocimiento.
Como características de la duda podemos señalar que es **metódica**, exigida por su método filosófico. Método que consiste en el **análisis** y en la **síntesis** para averiguar verdades; y que propone como primera regla dudar de todo aquello que no sea del todo evidente. Es además una **duda universal**, pues el contenido de la duda tan solo hallará su límite en el **cogito**. También es **radical**, pues no solo hay que dudar de lo que consideremos que es falso, sino que se trata de una imposibilidad absoluta de dudar de derecho; por consiguiente, no es una duda psicológica, no es una duda de hecho. Además, no es una **duda escéptica** porque solo tiene una vigencia en el tiempo; por ejemplo, solo duda de la matemática hasta que puede postularla como la verdad de la realidad. Esta duda no descubre verdades nuevas, sino que solo sirve al propósito filosófico de buscar los principios de la filosofía. Se trata también de una **duda teórica**, no práctica, porque para Descartes en ética y en política hay que proponer una **moral provisional**: seguir la convención y la costumbre.
El **criterio de certeza** lo constituye el **cogito** y la evidencia que emana de su conocimiento; a partir de ahora, serán verdaderas aquellas cosas que percibimos con igual **claridad y distinción**. La certeza será la imposibilidad radical de dudar. Lo **claro** para Descartes es lo patente y manifiesto, lo contrario a lo oscuro; lo **distinto** es aquello que se percibe de un modo separado y nítido, lo contrario a lo confuso. Para Descartes, la certeza y la evidencia es un **intuir**, pero no sensible, sino un ver con precisión en la mente: las verdades que se imponen y que construye la mente. Recordemos que el método se basa en la estructura pura de la razón: **intuición** y **deducción**. La razón consiste en partir de verdades simples y absolutas que intuimos y, a partir de ahí, deducimos y construimos el resto del conocimiento y, por tanto, de la realidad.
2. Noción: Alma y Cuerpo (Res Cogitans y Res Extensa)
El **alma** es un término que se identifica en el texto con la **res cogitans** o **sustancia pensante**. Por **sustancia** entiende una cosa que existe de tal modo que no necesita de ninguna otra para existir. Si esto lo tomamos al pie de la letra, solo existiría Dios. Sin embargo, debemos entender desde el **dualismo** de Descartes que, al no necesitar el alma del cuerpo, ni este de aquella, podemos llamar también sustancias a la **res cogitans** y a la **res extensa**. La antropología de Descartes es **dualista** y distingue el cuerpo del alma; el cuerpo es una **sustancia extensa**, mecánica, determinada; el alma es una sustancia cuya esencia es el **pensamiento**, que tiene otras cualidades distintas a lo extenso y es libre. Las propiedades que encontramos en la **res cogitans** son diferentes **modos de pensar**: imaginar, sentir, querer, pero todas dependientes del pensamiento. **Pensar** en sentido estricto es ser consciente de algo. Una cosa que piensa es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, etc.
Descartes identifica al sujeto con un **yo** entendido como alma. Según la tradición aristotélica, el alma era el principio de la vida biológica, sensitiva y espiritual. Por lo tanto, también existía el alma en los animales y vegetales. Pero Descartes limita las capacidades del alma a la **vida psíquica consciente**. Por consiguiente, ni las plantas ni los animales tienen mente en sentido estricto, pues su conducta puede entenderse en términos mecánicos. El **yo cartesiano** es espíritu puro, por eso la **res cogitans** es concebida como independiente del cuerpo e inmortal; pero también como libre y poseedora de **ideas innatas**. El cuerpo, sin embargo, es algo mecánico y determinado. Es como una máquina que se explica por las leyes del movimiento. Este es parte del mundo exterior o **res extensa** y sabemos que ocupa un lugar en el espacio; por tanto, posee propiedades de esta sustancia como el tamaño, el movimiento, la figura…
Descartes solo considera como reales –pertenecientes a la **res extensa**– aquellas propiedades físicas que se pueden describir matemáticamente, pues el atributo fundamental de esta sustancia es la **extensión**. Lo que no se puede reducir a matemática (el color, el sabor, etc.) solo existe en la **res cogitans**. Estas serían las **cualidades secundarias**, que son subjetivas. El mundo mecánico de la **res extensa** solo tiene **cualidades primarias objetivas**, es decir, solo posee rasgos matemáticos (figura, tamaño…).
El problema surge de una **antropología dualista** que tiene problemas para relacionar el cuerpo y el alma; pues es claro que el alma interviene en el mundo externo a través de la voluntad, y que el alma sufre los influjos del mundo externo, lo que se llaman **pasiones**. En el fondo, a pesar del **dualismo antropológico cartesiano** y frente a la autonomía de ambas sustancias, está claro que tiene que existir una conexión entre ellas; pues el alma incide en los movimientos del cuerpo, lo que es incongruente con la cantidad de movimiento constante; y también padecemos los influjos externos. Descartes intenta solucionar el dualismo mediante la hipótesis de la **glándula pineal** como sede del alma y como contacto entre el alma y el cuerpo. Pero el problema no se resuelve diciendo dónde se produce la conexión, sino cómo esta es posible: cómo el ámbito de la libertad irrumpe en el mundo determinado de lo mecánico, y cómo lo mecánico incide en lo espiritual. Ese asunto lo aborda en el Tratado de las Pasiones, donde nos dice que el alma libre debe dominar estos sentimientos provocados por los influjos externos.
3. Noción: Pensamiento e Ideas
El **pensamiento** es el atributo esencial del **cogito**; es lo inmediatamente conocido por la conciencia; es idéntico el pensamiento y la conciencia, pues no hay pensamiento inconsciente. Descartes define el pensamiento como lo que ocurre en nosotros de manera que somos inmediatamente conscientes de ello; por ejemplo: sentir, imaginar, querer, dudar… Esta reducción de toda actividad anímica a lo consciente puede parecernos muy restrictiva. En contra de esto ya se pronunció **San Agustín**, que nos decía que el alma era insondable, pero también **Pascal**, que hablaba de las razones del corazón. **Nietzsche** y **Freud** también han sido críticos de la construcción de ese sujeto moderno limitado a lo consciente.
En el pensamiento podemos distinguir dos facultades: el **entendimiento** y la **voluntad**. Dentro del entendimiento está el sentir, imaginar, concebir, etc., y dentro de la voluntad está el desear, odiar, afirmar, negar, dudar, etc. Siempre que el entendimiento percibe de un modo claro y distinto, no nos equivocamos; pero como la voluntad es más amplia que el entendimiento, tenemos que adoptar decisiones de las que no tenemos una certeza absoluta, y ahí estriba el principio del **error**. Pero lo ideal de la **libertad** sería que la voluntad siguiera reglas ciertas del entendimiento, y no de las pasiones.
Hemos visto que el **cogito** es la primera verdad y realidad, porque es la única instancia que se resiste a la duda; pero también se constituye en el **criterio de la certeza**. A partir del **cogito**, Descartes debe deducir el resto de verdades y realidades. Yo pienso, y pienso **ideas**, no cosas; la realidad en Descartes se reduce primeramente a nuestras representaciones. Por eso, analiza las ideas que pensamos para juzgar en verdad, y de este modo poder deducir si estas ideas corresponden a alguna realidad extramental.
Las **ideas**, en cuanto contenidos mentales y representaciones, todas tienen el mismo estatus: contenidos de la mente. Pero en cuanto a lo que parecen representar, es decir, en cuanto a la intencionalidad a la que tienden, Descartes las clasifica en tres tipos:
- Las **adventicias**: parecen venir de fuera y provenir de los objetos que percibimos por los sentidos; por ejemplo: animales, plantas, etc.
- Las **facticias**: las construidas por nosotros a través de nuestra imaginación; por ejemplo: el unicornio, la sirena, etc.
- Las **innatas**: aquellas que son consustanciales al **cogito**, y se encuentran en nuestra mente antes de cualquier experiencia o percepción del mundo; por ejemplo: las ideas matemáticas o la **idea de Dios**.
Precisamente, Descartes se va a apoyar en estas últimas **ideas innatas** para, a partir de ellas, demostrar la existencia de otras sustancias distintas al **cogito**: **Dios** y el **mundo extenso**. La **idea de Dios** va a ser decisiva en esta argumentación, pues a partir de su análisis Descartes deduce la misma existencia de Dios. La función teológica de Dios en su filosofía es la de construir una solidez para el **criterio de certeza**; una garantía para el mismo: un Dios bueno no puede establecer que nos engañemos en nuestros razonamientos claros y distintos. Por consiguiente, nuestras ideas matemáticas corresponden a una realidad extramental.
1. El Cogito y el Criterio de Verdad
El **cogito** es la primera verdad en el orden del conocimiento; por consiguiente, es el **principio epistemológico y metafísico**, pues es la primera realidad de la que estamos seguros: la **sustancia pensante**. Es la primera verdad en dos sentidos: por un lado, porque llegamos a ella a través de la **duda**, y en segundo lugar, porque a partir de ella podemos fundamentar todas las demás. Para Descartes, el resto de verdades, lo que sea el ser y la realidad, se tienen que deducir partiendo del pensamiento.
Pero Descartes no llega al **cogito** mediante una argumentación o demostración; por ejemplo: todo lo que piensa existe, yo pienso, por consiguiente, existo. El anterior argumento no valdría porque la **duda metódica** pone entre paréntesis el valor de nuestros razonamientos mediante la hipótesis del **Genio Maligno**. Por tanto, el **cogito**, «*ergo sum*», es una **intuición**.
Pero no solo el **cogito** es indudable, sino que todo acto mental en cuanto contenido también es indudable; por lo que también vale decir: recuerdo, imagino, deseo, sufro, luego existo. El **cogito** señala que la mente es un ámbito privilegiado para la verdad, pues de los estados mentales propios (por ejemplo, un dolor) no cabe duda, pero sí de los estados mentales de otros (no puedo percibir el dolor ajeno, sino solo que se queja o grita). Esta primera verdad ya fue anticipada por **San Agustín** con su «**si me equivoco, existo**»; pero en San Agustín tenía un sentido teológico para hallar en el alma la trascendencia de Dios. En cambio, Descartes propone el **sujeto** como principio de la modernidad.
El **cogito** se va a convertir en **criterio de verdad y certeza**, pues el principio se acepta porque se percibe con **claridad y distinción**; es decir, de un modo evidente. Así que lo que perciba de igual modo lo aceptaré como verdadero. Pero el **cogito** es solo una naturaleza que consiste en pensar, no es nada corporal ni psicológico, sino el **ego trascendental** que subyace a mis pensamientos. Aunque Descartes no acaba distinguiendo con precisión este yo puro del sujeto empírico, psicológico y particular. Mi cuerpo sería tan dudable como el resto del mundo porque es algo externo y, por consiguiente, dudable.
Descartes distingue entre **res cogitans** y **res extensa** para establecer a esta última como el mundo mecánico y determinado que va a explicar la físico-matemática. Pero el **cogito** es el ámbito de la **libertad**, una realidad no mecánica ni determinada que necesitará de otras explicaciones. Sabemos que el **cogito** se constituye en **criterio de verdad**, pues lo aceptamos por su **claridad y distinción**. Por tanto, se convertirá en una regla general que todas las cosas que percibo muy clara y distintamente son verdaderas. Pero este criterio solo tiene una total garantía cuando se demuestra la existencia de Dios y su bondad. Descartes parece caer en un **círculo vicioso**: podemos llegar a la demostración de la existencia de Dios si vemos con claridad y distinción que cada uno de los pasos seguidos en la argumentación es verdadero; pero a su vez, la claridad y distinción como criterio de verdad para conocimientos que no son los del **cogito** solo queda suficientemente justificada si demostramos que Dios existe.
2. Las Demostraciones de la Existencia de Dios
Para Descartes, lo único que resiste a la duda es el **cogito**, pero cabe aún la duda ante otras evidencias, pues aún no se ha superado la hipótesis del **Genio Maligno** que nos engañe en nuestros razonamientos ciertos y evidentes. Por tanto, para seguir construyendo el resto de verdades, necesita de otro expediente que confirme y garantice el **criterio de la certeza** para otras verdades que no sean el **cogito**. El medio que emplea es recurrir a la **idea innata de Dios**, demostrar que existe y que esta existencia imposibilita la hipótesis del **Genio Maligno**. La inconsistencia de estas pruebas para la demostración de la existencia de Dios estriba en que Descartes ha puesto entre paréntesis la capacidad racional de nuestras demostraciones. Por consiguiente, parece haber un **círculo vicioso** en su filosofía, pues hasta que no llegue a la idea de Dios, nuestras evidencias racionales están en suspenso.
Descartes analiza las diversas **ideas** que tenemos y plantea el problema desde la objetividad de estas, es decir, si nuestras ideas corresponden a una realidad extramental. En cuanto representaciones subjetivas, las ideas tienen todas el mismo estatus; pero en cuanto al contenido al que tienden, es decir, en cuanto a lo que pretenden representar de un modo objetivo, parecen ser distintas. En los textos, intenta demostrar la existencia de Dios, y lo hace partiendo de la **idea de Dios**. A partir del análisis de la idea de Dios, debe extraer la demostración de su existencia. El principio que propone Descartes es que cuanto mayor es la percepción objetiva de nuestras ideas, tanto más perfecta debe ser su causa. La falacia que comete aquí Descartes es que emplea el concepto de **causa** en sentido medieval y aristotélico, pues el concepto de causa en la física moderna solo implica una anterioridad en el tiempo y una conexión regular entre dos fenómenos.
Argumentos para la Existencia de Dios:
- Argumento basado en la idea de un ser perfecto: Dado que somos seres imperfectos y limitados, pues dudamos, ¿cómo es posible que en nuestra mente encontremos la idea de un ser perfecto e infinito, es decir, Dios? Esa idea no la podemos crear nosotros, pues en la causa debe haber tanta perfección como en el efecto que produce. Por consiguiente, la **idea de Dios** ha sido puesta en nosotros por Dios mismo. Luego, Dios existe.
- Argumento basado en la imperfección y dependencia de mi ser (no se encuentra explícitamente en los textos): Además, yo no me he podido causar a mí mismo, pues de lo contrario me hubiera dado todas las perfecciones que soy capaz de concebir, sino que he sido causado por alguien superior a mí y capaz de hacer o crear todas las cosas. Vemos que estas dos primeras demostraciones se basan en un uso del **principio de causalidad** aplicado a la idea de Dios y a mi propio ser.
- Argumento ontológico: Partimos de la **idea de un ser perfecto, infinito y absoluto**. Descartes considera del análisis de la idea de Dios que si en su esencia deben estar comprendidas todas las perfecciones, es imposible, por tanto, que le falte el atributo de la existencia. En la esencia de Dios, en su idea, está comprendida de un modo necesario la existencia, pues la existencia es la perfección primordial. De otro modo, no estaríamos pensando en Dios; si pensamos en Dios, este tiene necesariamente que existir.
Este argumento tiene su origen en **San Anselmo**, quien propuso que negar a Dios sería contradictorio, pues hasta el ateo tiene la idea de Dios, es decir, de lo perfecto, y a lo perfecto no le puede faltar la existencia. El **argumento ontológico** ha sido muy criticado, sobre todo por **Tomás de Aquino**, porque no puede darse un salto del orden lógico (del pensamiento) al orden real (de la existencia): de la idea de Dios no cabría afirmar su existencia; una cosa es la esencia y otra la existencia. También **Kant** negó su validez porque para él la existencia no es un predicado real, no añade nada al concepto de una cosa. Además, como la validez de los otros argumentos para Kant se reducen al argumento ontológico, resultaría imposible demostrar racionalmente la existencia de Dios. No obstante, otros autores como **Leibniz** o **Hegel** lo consideran válido, pues estos autores reducen los hechos a lo racional y a las ideas, como hizo Descartes.
Pero mucho más importante que las demostraciones de la existencia de Dios es la **función de Dios en la filosofía cartesiana**. Pues Descartes, como ocurre en la teología clásica, identifica al Dios absoluto y omnipotente con el Dios bueno de la teología cristiana, en el cual destaca la **causalidad** y la **veracidad**. Dios es causa continua del mundo y crea las verdades eternas; por consiguiente, nuestras evidencias psicológicas tienen un referente en una mente arquetípica: la mente de Dios. Además, Dios es la verdad máxima y fundamento y garantía de toda verdad: **Dios no nos puede engañar**, ni permitir el engaño absoluto. Se refuta de este modo la hipótesis del **Genio Maligno** y, por tanto, podemos confiar en nuestras evidencias racionales. También se convierte en garantía de que nuestros sentidos tampoco nos confunden normalmente. Por consiguiente, aceptamos que hay mundo y cosas materiales. Sin la **idea de Dios**, Descartes nunca hubiera podido salir del laberinto de la mente a la realidad extramental.
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