14 Ene
El período entreguerras y las vanguardias
El período entreguerras fue una época de grandes y profundos cambios ligados al desarrollo del Novecentismo, un movimiento de transición y precursor de las vanguardias. El término vanguardismo procede del francés avant-garde, y con él se designa a los movimientos que se oponen a la estética anterior y que proponen, en sus manifiestos, concepciones profundamente nuevas del arte y las letras.
Principales movimientos de vanguardia
Futurismo
El futurismo apareció en 1909 promovido por Marinetti. Tiene una profunda admiración por el progreso y por todo aquello que lo caracteriza: las máquinas, la velocidad, las fábricas… Los futuristas rompen con la sintaxis tradicional. Su postura rompedora hace que lleguen a sustituir los signos de puntuación por símbolos matemáticos.
Cubismo
El cubismo es un movimiento fundamentalmente pictórico iniciado por Picasso (Las señoritas de Aviñón), que Apollinaire adaptó a la literatura en los caligramas, poemas cuya disposición tipográfica también tiene valor expresivo. Destaca también el collage, en el que se mezclan materiales diversos.
Dadaísmo
El dadaísmo surgió en 1916 con Tristán Tzara. Es el movimiento en el que más claramente se observa la destrucción de las formas estéticas tradicionales para incidir en lo absurdo de la vida. El nombre procede de «dadá» (balbuceo de un niño), tomado al azar al abrir un diccionario. Propone liberar la fantasía y recuperar el lenguaje incoherente. Fue un movimiento fugaz, pero sirvió de precedente al surrealismo.
Expresionismo
El expresionismo crea un arte político que recoge el malestar de ciertos sectores en torno a la Primera Guerra Mundial. Es antirrealista, de ahí que deforme la realidad, exagerándola y caricaturizándola, para mostrar lo más desagradable de ella.
Surrealismo
El surrealismo es el movimiento de vanguardia que mayor relevancia tuvo. Apareció en 1916 en París gracias a André Breton. Los surrealistas muestran especial interés por el subconsciente, por los sueños y por los aspectos del pensamiento humano no sometidos a la lógica ni a la razón: la obra debe ser donde aflore lo que reprimimos en el subconsciente (según Freud). Esto se consigue a través de la escritura automática. Todo ello tiene como consecuencia una renovación estilística de la forma al dar entrada a las asociaciones insólitas de palabras, metáforas sorprendentes y, en definitiva, a relaciones antes inadvertidas entre las cosas, los seres y las palabras. Por otro lado, se recupera la emoción y se vuelve a un arte humanizado. Este movimiento influyó en autores de la Generación del 27, como Lorca o Alberti.
Las vanguardias en España
En España, los artistas y escritores mantienen amplios contactos con la vanguardia europea, destacando la labor de mentores como Antonio Machado, Ramón Gómez de la Serna o Juan Ramón Jiménez y de las revistas literarias.
Ramón Gómez de la Serna y la greguería
Ramón Gómez de la Serna es el vanguardista español por antonomasia. Su obra supone una perpetua ruptura de las convenciones, teniendo como base la greguería, que significa algarabía, alboroto y lenguaje incomprensible. Son apuntes breves que encierran una pirueta conceptual o una metáfora insólita. Buscan descomponer la realidad por medio de un chiste o una sentencia filosófica. De la Serna también escribió relatos breves y varias novelas, donde rompe con los moldes del género: se desentiende del argumento y lo sustituye por cuadros, divagaciones e imágenes; es lo que se conoce como «novela libre».
Ultraísmo y creacionismo
Los movimientos vanguardistas españoles más destacados son el ultraísmo y el creacionismo.
Ultraísmo
El ultraísmo es el «ismo que quiere ir más allá de todos». Pretendía dar una mayor importancia a la imagen y a la metáfora, suprimiendo la anécdota, lo narrativo, lo humano y el exceso retórico. En la temática, frente a los motivos sentimentales y eróticos, se incorporaron aspectos del mundo moderno, como el cine, la técnica o la ciencia. Destaca, dentro de este movimiento, Hélices de Guillermo de la Torre.
Creacionismo
El creacionismo se desarrolló con la llegada a España en 1918 de Vicente Huidobro, poeta chileno. Buscaba que su obra se alejara lo más posible de la realidad. Para él la poesía es creación, lo que hizo que el poema fuera autónomo y libre. Consideró que las palabras son producto del azar. En este sentido, la metáfora adquirió un valor muy importante. Gerardo Diego aportó importantes reflexiones a la estética creacionista. Entre 1918 y 1922 escribió Manual de espumas y Poemas adrede. Para este autor, el poema creacionista carece de toda anécdota y está depurado de cualquier sentimiento; es libre y no tiene nada que ver con la realidad inmediata.
Humanismo y rehumanización
La influencia surrealista inició la rehumanización, pues recoge las emociones (angustia, rebeldía…) ante la sociedad moderna.
La Generación del 27
Surgió un grupo de escritores cuyo momento culminante de su actividad conjunta tuvo lugar en 1925, con la celebración del centenario de la muerte de Góngora en el Ateneo de Sevilla. En este grupo se incluyen poetas como Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Gerardo Diego o Luis Cernuda.
El grupo del 27 ayudó a nacer a los vanguardismos en España, aunque existe una diferencia fundamental: las vanguardias suponen una ruptura con la tradición, mientras que los del 27 la mezclan con lo renovador, por ejemplo empleando la métrica clásica o las formas líricas populares con el verso libre. Esto se conoce como neopopularismo, que consiste en reinterpretar lo popular y conducirlo con lo más renovador y vanguardista de la lírica moderna. Un claro ejemplo es Romancero gitano de Lorca.
Etapas de la Generación del 27
- Hasta aproximadamente 1927: etapa de gran unidad estilística con poesía pura o deshumanizada, con las influencias de Juan Ramón Jiménez (heredando la abstracción, el intelectualismo, el elitismo o la eliminación de lo sentimental) y de los movimientos de vanguardia (notándose en el cosmopolitismo, lo urbano, las temáticas modernas o el uso de la tipografía).
- Desde 1927 hasta la Guerra Civil: se observa una importante politización que influye en la literatura. Se requiere una literatura social y políticamente comprometida con los problemas de la época (los poetas del 27 son afines a la República y a las ideas de izquierda). Esta etapa se caracteriza por la irrupción del surrealismo francés, que deja imágenes oníricas, un verso amplio y libre y una temática de rebeldía y denuncia social. Algunas obras fundamentales son Los placeres prohibidos de Cernuda o Poeta en Nueva York de Lorca.
- Desde el final de la guerra y el exilio: la guerra supone la dispersión del grupo del 27 y, tras años de silencio literario, el grupo se ve desintegrado por la muerte de Lorca y el exilio de muchos de ellos. Predominan el dolor, la denuncia social y la nostalgia. Aquellos que quedan en España (Alonso, Aleixandre y Diego) desarrollan un tono angustiado combinado con preocupaciones existenciales. El libro fundamental de esta etapa que da pie a la llamada poesía desarraigada de la posguerra es Hijos de la ira de Dámaso Alonso.
Principales autores y rasgos
El malestar y la frustración vital de Federico García Lorca aparecen en toda su obra junto a manifestaciones llenas de gracia, pues su tema principal es el destino trágico. Su poesía tiene profundas raíces populares combinadas con la influencia vanguardista. Destacan Romancero gitano y Poeta en Nueva York.
De Rafael Alberti asombran la gran variedad de temas, tonos y estilos empleados en su obra, donde se alternan la poesía pura con el humor, la angustia, la pasión política, etc. Su primera obra, Marinero en tierra (de inspiración en la nostalgia de su tierra natal), le llevó a convertirse en Premio Nacional de Literatura. Sus poemas se inspiran en las formas ligeras de la lírica popular y, en algunas de sus obras, como Sobre los ángeles, es más notable la influencia surrealista, aunque también en su obra es fundamental el compromiso social y su condición de poeta del exilio.
El surrealismo marca buena parte de la producción de Vicente Aleixandre, caracterizada por el hermetismo y las imágenes visionarias. Sobresalen obras como Espadas como labios o La destrucción o el amor.
Luis Cernuda tituló La realidad y el deseo a la recopilación que, además de expresar su vida angustiada, ampara los diversos libros que escribió. En ella se incluyen obras como Perfil del aire (poesía pura en un tono adolescente), Los placeres prohibidos (donde domina el verso libre y el malestar; la osadía se mezcla con sus problemas íntimos) o Donde habita el olvido.
Pedro Salinas se consolida como gran poeta del amor con sus dos obras maestras: La voz a ti debida y Razón de amor, aunque ya entre 1923 y 1931 publicó sus primeros libros (Presagios, Seguro azar y Fábula y signo), que lo inscriben en la poesía pura bajo la influencia de Juan Ramón Jiménez.
Jorge Guillén, máximo representante de la poesía pura, dio a su obra entera un título único, Aire nuestro, que abarca tres ciclos poéticos: Cántico (libro más representativo por ser una expresión de entusiasmo ante el mundo y la vida en un verso intelectual y exigente), Clamor y Homenaje.
En la obra de Gerardo Diego distinguimos dos direcciones: una poesía de vanguardia que le hace destacar como representante español del creacionismo, y una poesía clásica o tradicional que le hizo cultivar temas y formas variadas. A esta última vertiente corresponde una colección de sonetos titulada Alondra de verdad.
Hijos de la ira es la obra fundamental de la posguerra de Dámaso Alonso, perteneciente a la poesía desarraigada.

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