19 Feb
Las vanguardias europeas
Las vanguardias europeas, también llamadas “ismos”, son movimientos artísticos innovadores y radicales surgidos a comienzos del siglo XX que afectaron a todas las artes. Culminan la actitud de rebeldía iniciada en el Romanticismo y continuada por el simbolismo y el decadentismo, aunque con un deseo de ruptura mucho más profundo: pretenden romper totalmente con el arte del siglo XIX (romántico y realista) y con la sociedad burguesa que lo sustentaba.
Rasgos comunes
- Rechazo del realismo y del sentimentalismo.
- Defensa de la autonomía del arte: la obra no debe imitar la realidad ni expresar únicamente la intimidad del autor, sino existir como objeto independiente.
- Búsqueda de originalidad y experimentación formal: innovación en temas y formas para sorprender o provocar.
- Recursos formales: introducción de palabras inusuales, eliminación de la métrica tradicional, liberación del verso, supresión de la puntuación y alteración de la disposición tipográfica.
- Sustitución de temas clásicos por motivos de la vida moderna o asuntos tabú; la imagen y la metáfora se convierten en el núcleo del poema.
- Difusión mediante manifiestos y revistas; generalmente se dirigen a un público minoritario.
Movimientos principales
- Futurismo: Fundado por Filippo Tommaso Marinetti con el Manifiesto futurista (1909). Es anticlásico y antirromántico; exalta la civilización mecánica y urbana, la velocidad y la violencia. Trata temas como máquinas, automóviles o aviones y propone suprimir adjetivos y puntuación e incorporar signos matemáticos.
- Cubismo: Surgido en la pintura con Picasso (Las señoritas de Avignon, 1907), Juan Gris y Georges Braque. Descompone la realidad en formas geométricas y ofrece perspectivas simultáneas. En literatura influye a través de los caligramas de Guillaume Apollinaire, donde se elimina lo anecdótico y se yuxtaponen imágenes como en un collage.
- Dadaísmo: Nacido en Zúrich en 1916 con Tristán Tzara tras la Primera Guerra Mundial. Es destructivo y nihilista; rechaza el arte y la civilización occidental y defiende la incoherencia y el humor irreverente. Emplea el collage arbitrario y rompe la lógica, la gramática y la ortografía.
- Expresionismo: Nacido en Alemania durante la guerra, expresa el drama interior del ser humano ante la angustia y la deshumanización. Deforma la realidad con un lenguaje crudo y violento; influyó, por ejemplo, en los esperpentos de Valle-Inclán.
- Surrealismo: Iniciado por André Breton con el Manifiesto surrealista (1924) y inspirado en Freud. Propone el “automatismo psíquico puro” para expresar el subconsciente mediante la escritura automática, busca la realidad de los sueños y deseos ocultos y genera imágenes irracionales y temas tabú. Sus mejores obras combinan lo onírico con una elaboración consciente, como sucede en Dalí y en poetas como Lorca, Alberti y Vicente Aleixandre.
Las vanguardias en España e Hispanoamérica
En España una figura clave fue Ramón Gómez de la Serna, que, aunque por edad pertenece a la Generación del 98, fue un auténtico vanguardista. Fundó en 1908 la revista Prometeo y la tertulia del café Pombo, creó el “ramonismo” y desarrolló una obra antirrealista y experimental en todos los géneros (novela, ensayo, biografía, autobiografía y teatro). Su aportación más original son las greguerías, definidas como “humorismo más metáfora”.
Salvo su caso, las vanguardias españolas fueron poco productivas hasta la Generación del 27. Entre los movimientos destacados en España figuran:
- Ultraísmo: Impulsado por Rafael Cansinos-Assens, fusionó futurismo, cubismo y dadaísmo; eliminó el sentimentalismo y convirtió la metáfora en eje del poema. Entre sus autores están Guillermo de Torre, Pedro Garfias y Jorge Luis Borges.
- Creacionismo: Fundado por Vicente Huidobro y difundido en España desde 1918; defendía que el poeta crease una realidad nueva e independiente como un “dios creador”, eliminando la anécdota y utilizando imágenes sin referente real. Fue cultivado en España por Juan Larrea y Gerardo Diego.
En Hispanoamérica, el creacionismo de Huidobro y la participación de Borges en el ultraísmo muestran la conexión entre las vanguardias europeas y el ámbito hispanoamericano, donde también impulsaron una profunda renovación estética.
La Generación del 27
La Generación del 27 está formada por un grupo de escritores que llevaron a cabo una profunda renovación de la lírica española al unir de manera equilibrada la tradición literaria y las vanguardias. El nombre del grupo procede del homenaje que realizaron a Góngora en 1927, autor que admiraban por su perfección formal.
Características
- Gran conciencia artística y afán de perfección, visible en el cuidado del lenguaje y la elaboración rigurosa del poema.
- Integración de la tradición popular (romances, cancioneros, folclore) y culta (Góngora, Garcilaso y el Siglo de Oro) con las innovaciones vanguardistas y la influencia de la poesía pura de Juan Ramón Jiménez.
- Temas principales: el amor (plenitud o frustración), la naturaleza (que en el exilio simboliza la patria perdida), la ciudad y el progreso y, tras la Guerra Civil, el compromiso social y político.
- Combinación de estrofas clásicas con verso libre; cultivo del neopopularismo, caracterizado por la brevedad, el uso de versos de arte menor, la rima asonante y un tono aparentemente sencillo.
Etapas de la trayectoria
- Primera etapa (hasta 1927): influida por Bécquer, el modernismo, la poesía pura y las primeras vanguardias.
- Segunda etapa (de plenitud, hasta la Guerra Civil): marcada por la irrupción del surrealismo y la rehumanización de la poesía.
- Tercera etapa (tras la Guerra Civil): dispersión del grupo, exilio de muchos autores y desarrollo en España de una poesía existencial y angustiada.
Autores destacados
- Pedro Salinas: Poeta del amor como fuerza vital, con un estilo claro e intelectual; autor de La voz a ti debida.
- Jorge Guillén: Representante de la poesía pura; muestra entusiasmo ante la vida en Cántico y un tono más crítico en Clamor.
- Gerardo Diego: Combina vanguardia y tradición; autor creacionista de Manual de espumas y de sonetos clásicos.
- Dámaso Alonso: Iniciador de la poesía existencial de posguerra, con lenguaje angustiado en Hijos de la ira.
- Vicente Aleixandre: Influido por el surrealismo; autor de Espadas como labios y Historia del corazón, donde evoluciona de imágenes poderosas a un tono más solidario.
- Rafael Alberti: Pasa del neopopularismo andaluz (Marinero en tierra) al surrealismo (Sobre los ángeles) y a la poesía política del exilio.
- Luis Cernuda: Explora el conflicto entre realidad y deseo en La realidad y el deseo.
- Emilio Prados: Evoluciona de la poesía pura y popular al surrealismo y la poesía política; presente en Jardín cerrado.
- Manuel Altolaguirre: Autor de poesía sencilla y emotiva sobre el amor y el tiempo, como en Embrujo de la sombra.
- Concha Méndez: Va del neopopularismo a la poesía íntima del exilio (Alga).
- Ernestina de Champourcín: De gran depuración formal y posteriormente religiosa, como en Del abreviado mar.
- Josefina de la Torre: Autora de poesía intimista y elegíaca (Versos de soledad).
- Rosa Chacel: Perfección formal y clasicismo en Versos prohibidos.
- Miguel Hernández: Puente con la Generación del 36; su obra evoluciona del gongorismo (Perito en lunas) a la poesía amorosa (El rayo que no cesa), social (Viento del pueblo) y carcelaria (Cancionero y romancero de ausencias).
Federico García Lorca
Federico García Lorca destaca como figura central dentro del grupo. Su poesía fusiona la tradición popular andaluza con técnicas vanguardistas, creando un estilo simbólico y musical. Aborda temas como el destino trágico, la frustración, el deseo imposible y la injusticia social. Entre sus obras más importantes se encuentran Poema del cante jondo, Romancero gitano (de inspiración popular), Poeta en Nueva York (obra surrealista que denuncia la deshumanización moderna), Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y los Sonetos del amor oscuro, de gran intensidad emotiva.
El teatro lorquiano también evoluciona por etapas: comienza con obras modernistas como El maleficio de la mariposa y Mariana Pineda, continúa con farsas como La zapatera prodigiosa y Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, y desarrolla un teatro de carácter surrealista con obras como Así que pasen cinco años y El público. Su etapa de plenitud la constituyen las grandes tragedias rurales Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba, donde combina realismo y simbolismo para tratar temas universales como el destino, la libertad, la frustración y la opresión social.
La novela española (1935-1975)
Entre 1935 y 1975, la novela española atraviesa una transformación profunda, condicionada por la Guerra Civil, la dictadura franquista, la censura y el exilio de muchos autores. Durante estas décadas se distinguen cuatro grandes líneas: la narrativa en el exilio, la novela de los años cuarenta, la novela social de los cincuenta y la novela experimental de los años sesenta hasta 1975.
Narrativa en el exilio
Agrupa a novelistas que, tras la Guerra Civil, desarrollaron su obra fuera de España, en países como México, Argentina, Estados Unidos o Francia, donde pudieron tratar con libertad la Guerra Civil y la tragedia del destierro. Entre ellos:
- Rosa Chacel: Narrativa introspectiva e intelectual en Memorias de Leticia Valle y La sinrazón.
- Ramón J. Sender: Refleja el compromiso social en Réquiem por un campesino español y el ciclo Crónica del alba.
- Max Aub: Reconstruyó la Guerra Civil con complejidad técnica en El laberinto mágico.
- Francisco Ayala: Combina estética y reflexión en Muertes de perro, El fondo del vaso y el cuentístico Los usurpadores.
La novela en los años cuarenta
En la España de los años cuarenta la novela se caracteriza por la desorientación y el empobrecimiento creativo debido al aislamiento cultural, la censura y el exilio. Se retoma la tradición realista de Galdós o Baroja, destacando autores como Antonio de Zunzunegui (La vida como es) e Ignacio Agustí (Mariona Rebull).
Surge también el realismo existencial: jóvenes escritores trasladan el malestar social al ámbito individual. Camilo José Cela inaugura esta etapa con La familia de Pascual Duarte (tremendismo, violencia y miseria); Carmen Laforet refleja la opresión de la posguerra en Nada; Miguel Delibes ofrece una visión pesimista de la existencia en La sombra del ciprés es alargada.
La novela social de los años cincuenta
En los años cincuenta se desarrolla la novela social, cultivada por los llamados “niños de la guerra”, con la intención de reflejar la realidad y denunciar injusticias sociales y políticas. Predomina la narración lineal, el lenguaje sencillo y protagonistas colectivos.
- El realismo objetivista aparece en El Jarama (Rafael Sánchez Ferlosio), Los bravos (Rafael Fernández Santos) y El fulgor y la sangre (Ignacio Aldecoa).
- El realismo crítico se refleja en La zanja (Alfonso Grosso), La piqueta (Antonio Ferres) y Las afueras (Luis Goytisolo).
- Camilo José Cela publica La colmena (1951), con estructura fragmentaria y protagonismo colectivo, influyendo en autores como Carmen Martín Gaite (Entre visillos), Ana María Matute (Pequeño teatro) e Ignacio Aldecoa (Gran sol).
Novela experimental (años sesenta hasta 1975)
Desde los años sesenta hasta 1975 surge la novela experimental, influida por autores europeos (Kafka, Proust, Joyce), estadounidenses (Faulkner) y el “boom” hispanoamericano (García Márquez, Cortázar, Vargas Llosa). Se rompen la linealidad y la división en capítulos; se fragmenta el relato y se utilizan técnicas como el monólogo interior, el estilo indirecto libre, el perspectivismo y la segunda persona narrativa.
Entre las obras y autores más destacados figuran Tiempo de silencio (Luis Martín-Santos), Últimas tardes con Teresa (Juan Marsé), Señas de identidad (Juan Goytisolo) y Volverás a Región (Juan Benet). También adoptaron estas técnicas autores anteriores: Cela en San Camilo, 1936, Delibes en Cinco horas con Mario y Gonzalo Torrente Ballester en La saga/fuga de J.B..
En conjunto, la novela española entre 1935 y 1975 evoluciona desde la ruptura traumática provocada por la Guerra Civil y el exilio, pasando por el realismo existencial y social, hasta desembocar en una narrativa experimental y técnicamente innovadora que vuelve a situar la literatura española en diálogo con las corrientes europeas e hispanoamericanas.

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