31 Ene
Santo Tomás de Aquino: Fe y razón
Contexto histórico
Su filosofía supone el culmen de la segunda etapa de la filosofía medieval, conocida como Escolástica. Estamos en el siglo XIII, época del auge del gótico y de la expansión urbana.
Ha habido un avance cultural importantísimo: primero las escuelas catedralicias y episcopales y, después, sobre todo, la creación de las universidades, también a instancias de la Iglesia. Pero, sobre todo, se redescubre a Aristóteles y su legado, perdido durante siglos, y se hace por medio de los árabes.
Recuperación del legado aristotélico y problemas
Esta recuperación del legado no estaba exenta de problemas que, aparentemente, chocaban con el dogma de las creencias cristianas. Santo Tomás va a hacer un esfuerzo por mostrar que no es así y, por otra parte, siguiendo el legado de su maestro San Alberto Magno y de otros, dará una imagen del mundo material no como un oscuro reflejo de lo sobrenatural, sino como un mundo lógico, inteligible, con leyes y capacidades propias.
Cuanto más sepamos de él —conocimiento que entra por los sentidos, pues es aristotélico—, tantas más serán las pistas para el conocimiento de Dios. Igualmente, Santo Tomás enfatiza la capacidad del entendimiento agente de cada individuo y su capacidad de decisión moral, su libertad. Esta valorización de lo creado, del mundo y del hombre, le aparta de ciertos excesos agustinianos según los cuales todo depende hasta en el último detalle de la voluntad divina y la criatura no puede nada. Tomás revaloriza las causas segundas, la capacidad de acción de las criaturas.
San Agustín y Santo Tomás: dos modelos
San Agustín fue como el Platón cristiano y Santo Tomás como el Aristóteles cristiano. A ambos les iba a preocupar mucho un problema típicamente medieval: el de la relación fe y razón.
Fe y razón según Santo Tomás
La fe y la razón, dirá Tomás, son dos modos diferentes por los cuales el hombre puede alcanzar la verdad. No pueden contradecirse, pues la primera es un don de Dios y la segunda es una facultad puesta por Dios mismo en el hombre. Ambas proceden de Dios.
Objeto formal y objeto material en cada ciencia
Siguiendo a Aristóteles, Santo Tomás distingue en cada ciencia su objeto formal y su objeto material.
- Objeto material: aquello de lo que se ocupa una ciencia.
- Objeto formal: el punto de vista con el que es estudiado ese objeto material.
Teología y filosofía —fe y razón— son ciencias que poseen el mismo objeto material, pues ambas se ocupan de toda la realidad en su conjunto. Pero difieren en su objeto formal: la filosofía estudia esa realidad atendiendo a sus causas últimas naturales haciendo uso de la razón, y la teología considera esa realidad causada por Dios, según consta en la Biblia. Además, la filosofía utiliza el entendimiento y la teología la revelación (conjunto de creencias transmitidas por la Biblia y la Iglesia). Siendo el objeto material el mismo en ambas, no ha de temerse que las dos ciencias lleguen a conclusiones contradictorias, como sostenía la teoría de la doble verdad de Averroes.
Tipos de verdades
Además, hay varios tipos de verdades: unas solo las capta la fe, otras la fe y la razón, y otras solo la razón.
- Verdades que capta la fe: verdades reveladas por Dios, cuestiones que Dios ha dicho sobre sí mismo en la Biblia o mediante el magisterio de la Iglesia. Son aquellas verdades que, de no haber sido reveladas, nos serían inaccesibles, pues no pueden alcanzarse desde la razón. Por ejemplo, el misterio de la Santísima Trinidad.
- Verdades que captan la fe y la razón: también llamadas praeambula fidei, son verdades reveladas por Dios pero que son también alcanzables por la razón. Dios revela a los hombres que no se debe matar, que hay que honrar a los padres, o que Él mismo existe. La razón puede alcanzar estas verdades sin necesidad de que hayan sido reveladas.
- Verdades que capta la razón: también llamadas verdades naturales. Son aquellas alcanzables por el uso exclusivo de la razón, como por ejemplo las leyes de la física.
Relación entre teología y filosofía
Teología y filosofía son saberes diferentes, pero pueden complementarse y ayudarse mutuamente. Algunos misterios de la fe son, ciertamente, impenetrables para la razón, pero no repugnan a la razón: esta puede hacerlos, hasta cierto punto, más inteligibles para el entendimiento humano.
En cuanto al segundo tipo de verdades, las comunes a la fe y a la razón, puntualiza el Aquinate que Dios las ha revelado aunque se puedan demostrar, pues no todos los hombres tienen las luces ni el tiempo necesario para poderlas descubrir desde la razón, y Dios facilita esta información para la salvación del hombre.
Conclusión
Santo Tomás se aparta de la supeditación que San Agustín hacía de la razón respecto a la fe.

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