02 Ene

Modelos de explicación del conocimiento y de acceso a la verdad

A lo largo de la historia se han propuesto tres formas diferentes de explicar el conocimiento y el modo de acceder a la verdad: la naturalista, la racionalista y la empirista.

El modelo naturalista

Desde el nacimiento de la filosofía en Grecia, en el siglo VI a. C., hasta el Renacimiento en el siglo XVI, la filosofía de esta época es mayoritariamente naturalista o realista. Lo que existe, lo real, son las cosas que componen la naturaleza. Las cosas persisten invariables para la razón; el cambio no tiene valor. El árbol se define de la misma manera a lo largo del tiempo. Por eso, para los griegos, la auténtica realidad no está inmediatamente dada: lo inmediato es la apariencia, el devenir, el cambio, que ocultan la auténtica realidad, la naturaleza de las cosas.

Platón, uno de los grandes filósofos griegos (siglo IV a. C.) y maestro de Aristóteles, representa claramente esta forma de pensar, como se aprecia en su alegoría de la caverna. Esta filosofía intelectualista piensa que la realidad posee una estructura inteligible, una estructura que se puede conocer y comprender y que la razón humana está plenamente capacitada para descubrirla. El conocimiento es la captación de la realidad, la apropiación intelectual de la naturaleza. El ser humano, gracias a su capacidad de conocer, se hace dueño de ella.

La filosofía intelectualista alcanza una formulación muy desarrollada en Aristóteles y en su teoría de la verdad, que sostiene que.

El modelo racionalista

Esta corriente filosófica se inicia con René Descartes en el siglo XVII y alcanza su apogeo con Hegel en el siglo XIX. La revolución científica supuso el nacimiento de una nueva ciencia y el debilitamiento del prestigio de Aristóteles. Los pensadores de esa época vivieron el derrumbamiento de una ciencia que había estado vigente durante más de veinte siglos y, como consecuencia de esta experiencia histórica de fracaso, tuvieron miedo al error. Por eso trataron de establecer cómo hay que pensar y qué método seguir para no caer de nuevo en el error.

Descartes propone utilizar el método de las matemáticas para elaborar una filosofía libre de errores, que permita obtener verdades absolutas. A la hora de buscar una evidencia sobre la que basar su filosofía, Descartes solo encuentra el hecho del pensamiento: la conciencia. «Yo soy una cosa que piensa». El ser humano, cuando piensa, puede estar equivocado en lo que piensa, pero donde no puede haber ningún error es en el hecho de estar pensando. Apoyándose en esta afirmación —«pienso, luego existo»— descubre el criterio de verdad: la idea clara y distinta. Una afirmación será verdadera cuando sea clara y distinta; es decir, cuando sea coherente lógicamente. Para el racionalismo, la única realidad existente es la idea y lo que llamamos realidad material no es sino un momento de su desarrollo. Un enunciado es verdadero si corresponde a los hechos tal como se conocen.

El modelo empirista

El fundador de esta escuela filosófica es el inglés John Locke (siglo XVII), aunque su desarrollo más completo se produce un siglo después con David Hume. La filosofía empirista se plantea cuáles son los límites dentro de los que debe moverse la razón humana para no caer en el error: cómo hay que pensar para no equivocarse. Pero resuelven el problema de forma diferente a los racionalistas.

Locke propone como método para saber si un contenido mental es válido analizar su origen, es decir, cómo ha llegado a la mente humana. Si al realizar este análisis se observa que procede de la experiencia sensible, el contenido será válido; si, por el contrario, no se logra descubrir ninguna experiencia sensible en su origen, esos contenidos mentales no serán válidos.

Con Hume, el empirismo desemboca en un escepticismo psicológico total: si sólo son válidas las ideas que proceden de la experiencia sensible, lo único que existe realmente son cualidades, no objetos ni cosas como tales; esas cualidades nos hacen creer que existe un mundo compuesto de cosas y de sujetos que las captan.

La ciencia

El conocimiento científico

Aristóteles definía la ciencia como el conocimiento de las cosas por sus causas. Mientras que el conocimiento vulgar se limitaba a conocer los hechos, el conocimiento científico descubría también la causa de esos hechos, entendiendo por causa «la realidad que con su acción produce la aparición o modificación de otra realidad», que recibe el nombre de efecto.

Sin embargo, tras la crítica de la filosofía empirista al concepto de causa, las definiciones modernas de ciencia no suelen utilizar ese término. La ciencia puede concebirse como un conjunto de conocimientos que se refieren al mismo objeto y están relacionados entre sí de forma sistemática. Los conocimientos científicos se adquieren observando y pensando conforme a un plan, es decir, metódicamente, y no aisladamente ni sin organización. Este es el motivo por el que las diversas ciencias se diferencian entre sí: por utilizar métodos diferentes. El método es el conjunto sistemático de operaciones orientadas a la obtención de un resultado.

Diversos tipos de ciencias

Existen dos grandes bloques de ciencias: las ciencias formales y las ciencias experimentales. Las ciencias experimentales se dividen en naturales y humanas. A las ciencias humanas se las llama también sociales.

La distinción entre ciencias formales y ciencias experimentales está clara, puesto que mientras las primeras no se ocupan de «hechos» y no proporcionan información acerca de la realidad empírica, las experimentales tienen un carácter opuesto. La distinción entre ciencias naturales y humanas es menos nítida.

Las ciencias formales

Una proposición de las ciencias formales se demuestra haciendo ver que es tautológica, que dice lo mismo que otras proposiciones cuya verdad ya se conocía. Las ciencias formales contienen extensas tautologías. ¿Se pueden, a su vez, demostrar esas proposiciones? Sí: demostrando que se deducen necesariamente de otras ya admitidas o cuya verdad era conocida.

En todo sistema formal existen unas primeras proposiciones que sirven de base para todas las demostraciones que se hacen dentro de ese sistema; ellas son indemostrables. Estas primeras proposiciones o primeros principios se llaman axiomas.

Geometrías no euclidianas

¿Cómo es posible esta situación? ¿Cómo puede ser que lo que fundamenta y sirve para demostrar no se pueda fundamentar o demostrar? Durante mucho tiempo se pensó que estas primeras proposiciones no se podían demostrar porque eran evidentes. Sin embargo, la aparición a finales del siglo XIX de geometrías no euclidianas puso en cuestión esa postura. La geometría euclidiana se fundamenta en los axiomas; se consideró evidente y se basó en la evidencia, pero el descubrimiento de sistemas alternativos mostró que la evidencia no garantiza la univocidad de la fundamentación.

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