21 Ene

El Fundamento del Conocimiento en el Discurso del Método de René Descartes

El texto pertenece al Discurso del método, una obra escrita por René Descartes, filósofo del siglo XVII, considerado el padre de la filosofía moderna. En esta obra, Descartes reflexiona sobre cómo debe utilizarse correctamente la razón para llegar a un conocimiento verdadero y seguro. En el fragmento, el autor explica que lo más importante de su método no es haber descubierto verdades concretas, sino haber aprendido a pensar de forma ordenada y correcta.

La Necesidad de un Método Riguroso

Desde el inicio del texto se observa que Descartes está muy preocupado por evitar el error y por encontrar un camino seguro para el conocimiento. Por eso critica la improvisación, los prejuicios y la aceptación sin reflexión de las ideas tradicionales. Descartes considera que muchas ideas aceptadas por la filosofía anterior no son seguras, ya que no han sido examinadas con cuidado. Frente a esto, propone usar un método racional que permita pensar de forma clara y sin confusión.

En el fragmento, Descartes explica que gracias a su método ha aprendido a usar la razón poco a poco y de forma ordenada. Esto le ha ayudado a entrenar su mente para pensar mejor y tener ideas claras y distintas. Pensar con claridad significa entender bien una idea, y pensar con distinción significa no confundirla con otras. Esto se relaciona con la primera regla del método cartesiano, llamada regla de la evidencia.

La Regla de la Evidencia

Esta regla dice que solo debemos aceptar como verdadero aquello que entendemos perfectamente y sobre lo que no tenemos ninguna duda. Por eso, Descartes no quiere aceptar ideas sin pensarlas ni creer opiniones porque otros las digan, sino tener un criterio seguro que le permita distinguir lo verdadero de lo falso.

La Importancia del Orden y las Reglas del Método

Además, en el fragmento se insiste mucho en la importancia del orden en el conocimiento. Descartes piensa que el pensamiento no debe avanzar de cualquier manera, sino de forma ordenada. Para explicarlo, compara el conocimiento con las matemáticas, ya que estas siguen reglas claras y permiten llegar a conclusiones seguras. En especial, menciona el álgebra como ejemplo de rigor y precisión. Para Descartes, las matemáticas son un buen modelo porque muestran cómo la razón puede funcionar correctamente cuando sigue un método. Esta manera de pensar se apoya en las cuatro reglas del método, que aunque no aparecen enumeradas en el fragmento, están presentes en la forma en la que Descartes razona.

Las Cuatro Reglas del Método Cartesiano

  • La regla del análisis: Consiste en dividir los problemas difíciles en partes más pequeñas y sencillas para poder entenderlos mejor. En el texto esto se ve cuando Descartes afirma que su método no se aplica solo a un tipo de conocimiento, sino que puede utilizarse para cualquier dificultad.
  • La regla de la síntesis: Consiste en avanzar paso a paso, empezando por las ideas más simples y fáciles de entender, y llegando poco a poco a las más complejas.
  • La regla de la enumeración o revisión: Consiste en revisar todo el proceso para asegurarse de que no se ha olvidado nada. Gracias a esta regla, el conocimiento obtenido es más seguro y completo.

La Duda Metódica y el Descubrimiento del Cogito

La idea de no aceptar nada sin una evidencia clara lleva a Descartes a utilizar la duda metódica. Aunque en el fragmento no se explica esta duda de forma directa, sí se puede ver cuando Descartes rechaza aceptar los principios de la filosofía tradicional sin haberlos examinado antes con la razón. Esta duda no es una duda escéptica, ya que no pretende negar que el conocimiento sea posible. Es una duda metodológica, cuyo objetivo es eliminar todo aquello que pueda ser falso para poder encontrar una verdad totalmente segura.

El uso radical de la duda llevará a Descartes al descubrimiento del primer principio indudable de su filosofía: el cogito, ergo sum, que significa “pienso, luego existo”. Esta afirmación es completamente segura porque, aunque se pueda dudar de todo, no se puede dudar del hecho de que se está pensando. Si una persona piensa, entonces existe. A partir de esta primera verdad segura, Descartes podrá reconstruir todo el conocimiento.

Consecuencias Metafísicas: Sustancia, Ideas y Dios

Este descubrimiento tiene consecuencias muy importantes en la metafísica de Descartes, especialmente en relación con la idea de sustancia. Para Descartes, una sustancia es aquello que existe sin necesitar de otra cosa para existir. Esta definición solo se aplica completamente a Dios, al que considera una sustancia infinita. Sin embargo, también existen sustancias finitas que dependen de Dios: la res cogitans, que es la sustancia pensante, y la res extensa, que es la sustancia material. En el fragmento ya se puede observar la importancia del pensamiento, ya que el método se basa únicamente en el uso de la razón, lo que muestra que la res cogitans tiene un papel principal.

La Teoría Cartesiana de las Ideas

La importancia del pensamiento se relaciona con la teoría cartesiana de las ideas. Para Descartes, las ideas son contenidos de la mente y pueden dividirse en tres tipos:

  1. Ideas adventicias: Aquellas que parecen venir de la experiencia y de los sentidos.
  2. Ideas facticias: Las que crea la imaginación.
  3. Ideas innatas: Aquellas que pertenecen al entendimiento desde el nacimiento.

El método permite distinguir cuáles son las ideas verdaderas, que son las que se presentan de forma clara y distinta y no dependen de los sentidos, sino del uso correcto de la razón. Esto demuestra que la filosofía de Descartes es racionalista, ya que da más importancia a la razón que a la experiencia.

A partir de esta base racional, Descartes podrá demostrar la existencia de Dios, aunque en este fragmento solo se prepare este paso. Gracias al método, Descartes afirmará que la Idea de infinito no puede proceder de un ser finito como el ser humano, lo que lleva a afirmar la existencia de un Dios perfecto. Dios ocupa un lugar fundamental en la filosofía cartesiana, ya que, al no ser engañador, garantiza que las ideas claras y distintas sean verdaderas.

El Mecanicismo y la Naturaleza

Por último, el orden racional defendido por Descartes se aplica también a su forma de entender la naturaleza, dando lugar al mecanicismo cartesiano. La realidad material será entendida como una res extensa sometida a leyes matemáticas, del mismo modo que el pensamiento humano debe seguir un método riguroso. De esta manera, el método cartesiano no solo sirve para fundamentar la filosofía, sino también la nueva ciencia moderna.

Conclusión

En conclusión, el fragmento muestra el punto de partida de la filosofía de Descartes: la confianza en la razón cuando se utiliza siguiendo un método riguroso. En el texto se relacionan las ideas del fragmento con otros aspectos fundamentales de su pensamiento, como la duda metódica, el cogito, la teoría de la sustancia, la teoría de las ideas, la demostración de la existencia de Dios y la concepción mecanicista de la naturaleza.


Segunda Perspectiva: El Cogito como Primera Certeza

Este texto pertenece a la cuarta parte del Discurso del método de Descartes. En este fragmento, el filósofo explica qué es lo único de lo que puede estar completamente seguro después de haber dudado de todo. Descartes cuenta que puede dudar de su cuerpo, del mundo exterior e incluso del lugar en el que se encuentra, pero descubre que hay algo de lo que no puede dudar: de que existe mientras piensa. A partir de esta idea, el texto se relaciona con los puntos principales de su filosofía.

Relación con el Método Cartesiano

Para empezar, el texto está directamente relacionado con el método cartesiano. Descartes busca un conocimiento totalmente seguro y cree que la filosofía debe seguir un método tan riguroso como el de las matemáticas. Por eso propone cuatro reglas: aceptar solo lo evidente, dividir los problemas en partes, ir de lo simple a lo complejo y revisar todo para no cometer errores. En el fragmento se ve claramente la primera regla, la de la evidencia, porque Descartes solo acepta como verdadero aquello que no puede poner en duda. El hecho de que exista mientras piensa es una verdad clara y evidente para la razón.

La Duda como Herramienta

Para llegar a esta verdad, Descartes utiliza la duda metódica. Esta duda consiste en cuestionar todo aquello de lo que no se pueda estar totalmente seguro. En el texto explica que puede dudar de su cuerpo, ya que los sentidos a veces nos engañan, y también del mundo exterior, porque podría estar soñando. Incluso puede dudar de muchas ideas que antes creía verdaderas. Sin embargo, esta duda no significa que Descartes piense que todo es falso, sino que la usa como una herramienta para encontrar una verdad completamente segura, que no pueda ponerse en duda.

El Axioma del Cogito

Gracias a este proceso de duda, Descartes descubre el primer axioma de su filosofía, conocido como el cogito. Aunque no utiliza exactamente la frase “pienso, luego existo”, la idea aparece claramente cuando dice que no podía dudar de que existía mientras pensaba. Esto quiere decir que el simple hecho de pensar demuestra que el yo existe. No se trata de una conclusión a la que llega tras razonar mucho tiempo, sino de una verdad que se capta de forma inmediata: en el mismo momento en que pienso, sé con certeza que existo.

El Dualismo Cartesiano: Res Cogitans

A partir del cogito, Descartes llega a una conclusión muy importante sobre lo que es el ser humano. En el texto afirma que es “una sustancia cuya esencia o naturaleza no reside sino en pensar”. Esto significa que el yo es una sustancia pensante, es decir, algo que existe por sí mismo y cuya característica principal es el pensamiento. Descartes se da cuenta de que puede imaginar que no tiene cuerpo, pero no puede imaginar que no piensa. Por eso afirma que el alma puede existir sin el cuerpo, lo que da lugar a su famoso dualismo, según el cual el alma y el cuerpo son dos realidades distintas.

Ideas Innatas y el Conocimiento del Yo

Esta idea se relaciona con la teoría de las ideas de Descartes. El conocimiento que el yo tiene de sí mismo no viene de los sentidos ni de la experiencia, sino de la razón. Por ello, se trata de una idea innata, es decir, una idea que no aprendemos a través de los sentidos, sino que está en nuestra mente de forma natural. Descartes distingue entre ideas adventicias, que proceden de los sentidos; ideas facticias, que son creadas por la imaginación; e ideas innatas. En este texto se ve claramente la importancia de las ideas innatas, ya que el conocimiento del yo no depende de nada externo.

La Función de Dios y el Mecanicismo

Aunque el texto no lo explica de manera directa, la afirmación del yo pensante sirve como base para los argumentos de la existencia de Dios. Más adelante, Descartes afirmará que la idea de un ser infinito y perfecto no puede proceder de un ser imperfecto como el ser humano. Por lo tanto, esa idea solo puede haber sido puesta en nuestra mente por Dios. Dios ocupa un lugar muy importante en su filosofía, ya que garantiza que las ideas claras y distintas, como el cogito, sean verdaderas y no producto de un engaño.

Por último, el texto también se puede relacionar con la idea de mecanicismo. Al separar el alma del cuerpo, Descartes considera que todo lo material funciona como una máquina, siguiendo leyes matemáticas. El cuerpo humano forma parte de la sustancia extensa y puede explicarse como un mecanismo, mientras que el pensamiento pertenece únicamente al alma. En el fragmento se observa que el cuerpo es algo de lo que se puede dudar, mientras que el pensamiento es totalmente seguro, lo que encaja con esta forma de entender la realidad.

Síntesis Final

En conclusión, el texto muestra cómo Descartes llega a la primera verdad segura de su filosofía: la existencia del yo como ser pensante. A partir de esta verdad, construye todo su sistema filosófico, que incluye el método, la duda metódica, el cogito, la distinción entre alma y cuerpo, la teoría de las ideas, la demostración de la existencia de Dios y su explicación mecanicista de la naturaleza.

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