23 Ene

John Storey: Teoría Cultural y Cultura Popular

Las Tres Definiciones de Cultura según Raymond Williams

1. Cultura como proceso de desarrollo intelectual, espiritual y estético

Según Williams, la primera forma de entender la cultura se centra en el desarrollo intelectual, espiritual y estético de una sociedad o región. Por ejemplo, cuando hablamos del desarrollo cultural de Europa Occidental en este sentido, nos referimos a grandes logros en filosofía, literatura, arte y música. Aquí, cultura es sinónimo de excelencia, de grandes creaciones humanas que reflejan la evolución del pensamiento y del gusto estético. Sin embargo, esta definición rara vez se usa al hablar de cultura popular, porque la cultura popular no se centra en obras de élite ni en el desarrollo de “grandes figuras”, sino en la vida cotidiana y en la producción de significados compartidos por muchas personas. Por eso, para Williams, esta primera definición es más relevante para lo que llamaríamos alta cultura, no para lo popular.

2. Cultura como modo de vida específica

La segunda definición de Williams es la más útil para entender la cultura popular: la cultura como modo de vida de un pueblo, grupo social o período histórico. Esta visión amplía la cultura más allá de los grandes logros intelectuales o artísticos, e incluye las prácticas, hábitos y costumbres cotidianas: alfabetización, vacaciones, deportes, fiestas religiosas, celebraciones colectivas, e incluso subculturas juveniles. Este enfoque permite ver la cultura popular como la experiencia vivida de las personas, no como un conjunto de obras producidas por élites. Por ejemplo, las vacaciones en la playa o la Navidad no son “alta cultura”, pero forman parte de la vida cotidiana de millones de personas y reflejan valores, normas y relaciones sociales de la sociedad. Aquí, cultura popular se entiende como “culturas vividas” o prácticas culturales, porque su importancia está en cómo moldean la vida diaria y los significados compartidos entre grupos sociales.

3. Cultura como prácticas significativas

La tercera definición de Williams combina la cultura con la producción de significados, es decir, se centra en los textos y prácticas culturales que expresan ideas y crean sentido: novelas, poesía, cómics, series de televisión, música pop, obras de teatro, ballet u ópera. En este sentido, la cultura popular se ve a través de los textos culturales, que permiten analizar qué significados se producen, cómo se transmiten y cómo son interpretados por los públicos. Por ejemplo, una serie de televisión o un cómic no solo entretiene, sino que también ofrece mensajes sobre la sociedad, la política, las relaciones humanas, las aspiraciones y los valores. Esta definición permite estudiar la cultura popular desde un punto de vista analítico y crítico, identificando cómo los textos influyen en la percepción de la realidad y en las relaciones sociales.

4. La combinación de las dos últimas definiciones para la cultura popular

Por un lado, vemos la cultura como modo de vida: la gente en su día a día, sus costumbres, sus subculturas y rituales sociales. Por otro, la vemos como prácticas significativas: los textos culturales que producen y transmiten significados dentro de ese modo de vida.


La Ideología según Diferentes Perspectivas

El texto comienza explicando cómo la ideología se ha entendido de distintas maneras, todas relacionadas con las relaciones de poder.

  1. Definición Clásica (Marxismo): Sostiene que la economía tiene un papel privilegiado en la sociedad y que las relaciones políticas y culturales dependen de ella. Sin embargo, abandonar esta visión no elimina la relevancia del marxismo; simplemente se reconoce que las relaciones de poder no siempre fluyen solo desde lo económico.
  2. Ampliación del Concepto (Género y Poder): Amplía el concepto de ideología más allá de la clase, incluyendo otras relaciones de poder, como las de género. Por ejemplo, el feminismo identifica la ideología patriarcal como un conjunto de prácticas y discursos que ocultan desigualdades y presentan verdades parciales como universales. La ideología, por tanto, no siempre miente, sino que ofrece una versión parcial de la realidad que favorece ciertos intereses.
  3. Formas Ideológicas en Textos Culturales: Se centra en las formas ideológicas en los textos culturales (televisión, música, cine, literatura). Esta perspectiva sostiene que todos los textos culturales representan una visión del mundo, consciente o inconsciente, y por tanto son políticos, ya que promueven modos específicos de entender la realidad.
  4. Ideología como Práctica Material (Louis Althusser): Propone que la ideología no es solo un conjunto de ideas, sino una práctica material. La ideología se encuentra en rituales y costumbres que refuerzan el orden social existente. Por ejemplo, celebraciones como la Navidad o las vacaciones en la playa ofrecen placer y descanso, pero al mismo tiempo nos devuelven a nuestras posiciones dentro del orden social, reproduciendo la estructura económica y social.
  5. Connotaciones y Significado Secundario (Roland Barthes): Aporta una quinta definición centrada en las connotaciones de los textos culturales, es decir, los significados secundarios que transmiten ideológicamente. Por ejemplo, en propaganda política, ciertos símbolos o palabras se utilizan para asociar ideas con valores específicos y legitimar lo particular como universal, como cuando se presenta el socialismo como “prisión” mientras que el conservadurismo se asocia con libertad.

Cultura Popular: Definición y Complejidad del Término

La cultura popular no tiene una definición única; depende de cómo se contraste con otras formas de cultura y del contexto histórico. Williams identifica cuatro significados de “popular”: lo que gusta a muchas personas, lo que se considera inferior, lo que busca atraer al público y lo que es creado por la gente para sí misma.

Los Cuatro Significados de ‘Popular’

2.1 Cultura popular como “inferior”

Una visión clásica considera la cultura popular como inferior frente a la alta cultura, es decir, algo menos valioso intelectualmente o moralmente. Esto se refleja en oposiciones binarias: prensa popular/prensa de calidad, cine popular/cine artístico, entretenimiento popular/cultura artística. Lo popular está marcado por la cantidad de gente que lo consume, pero esta popularidad también se interpreta como falta de calidad o de sofisticación. Hall señala que lo importante no es tanto el contenido popular como las instituciones y procesos que sostienen esta distinción, por ejemplo, el sistema educativo.

2.2 Cultura popular como “cultura de masas”

La cultura de masas surge como un fenómeno comercial: se produce en masa para el consumo de una masa de espectadores considerados pasivos. Esta perspectiva critica que la cultura popular es manipuladora y alienante, aunque las estadísticas de fracaso comercial muestran que el consumo no es automático ni pasivo. Algunos críticos la ven como la imposición de la cultura norteamericana, mientras que otros reconocen que puede actuar como un mundo de fantasía colectiva, un escape que refleja deseos reprimidos de la sociedad.

2.3 Cultura popular como folclore o cultura de la gente

Otra definición enfatiza el origen en la gente, es decir, la cultura folclórica. Es “cultura de la gente para la gente” y muchas veces representa formas de resistencia simbólica frente al capitalismo. Sin embargo, el problema es que no toda cultura producida por la gente surge de manera espontánea: los recursos y materiales culturales suelen ser comerciales, y por lo tanto, siempre hay un componente de mediación económica.

Perspectivas Avanzadas sobre Cultura Popular

4. Cultura popular y hegemonía (perspectiva neo-gramsciana)

Gramsci plantea que la cultura popular es un terreno de lucha entre la resistencia de los subordinados y las fuerzas de incorporación de los grupos dominantes, es decir, un equilibrio de consenso. No es ni impuesta ni completamente espontánea, sino un espacio donde se negocian valores culturales e ideológicos. Este enfoque permite analizar conflictos de clase, género, raza, etnicidad, sexualidad y generación. Chantal Mouffe lo complementa con la idea de un proceso de “desarticulación-articulación”, en el que los significados y prácticas culturales son constantemente reconfigurados. Williams sugiere que dentro de un texto o práctica popular pueden coexistir elementos dominantes, emergentes y residuales, que se articulan según las condiciones sociales e históricas. Hall amplía esto para incluir las posiciones de lectura del público: subordinada, dominante o negociada, mostrando que el significado de la cultura popular depende también de cómo la interpreta la audiencia.

2.5 Cultura popular y construcción del “pueblo”

La perspectiva neo-gramsciana también ve la cultura popular como un medio para definir políticamente al “pueblo” frente al bloque de poder dominante. “El pueblo” no es homogéneo, sino un conjunto de grupos subordinados que podrían unirse si sus luchas específicas se conectan. Así, la cultura popular se convierte en un concepto profundamente político, revelando cómo la vida cotidiana y los intereses sociales están estructurados por relaciones de poder.

3. Cultura popular y posmodernidad

En el debate posmoderno, la distinción entre alta cultura y cultura popular se vuelve borrosa. Los anuncios de televisión y la música pop muestran cómo lo comercial y lo “auténtico” se mezclan: un tema musical puede vender un producto y viceversa. Esto genera un debate sobre el efecto de la comercialización en la capacidad de oposición de la cultura popular y sobre la pérdida de estatus de la alta cultura. La cultura posmoderna destaca la interpenetración de comercio y cultura, cuestionando jerarquías tradicionales.

4. La cultura popular como producto histórico

Finalmente, todos los enfoques coinciden en que la cultura popular, tal como la conocemos, surge tras la industrialización y la urbanización. Antes existía una cultura común y una cultura de élite; la industrialización cambió las relaciones laborales, la urbanización separó residencias por clases y las ansiedades políticas tras la Revolución Francesa obligaron a los movimientos radicales a organizarse fuera del control de la élite. Esto creó un espacio cultural autónomo, en el que se desarrolló la cultura popular moderna, más o menos alejada de la influencia directa de las clases dominantes.


Pierre Bourdieu: Cultura, Gusto y Clase Social

Pierre Bourdieu explica que la cultura y el gusto están profundamente relacionados con la clase social. Para él, los gustos culturales (por ejemplo, preferir la ópera o la música pop) no son naturales, sino que dependen de la educación, el capital cultural y la posición social de cada persona. Las clases altas suelen tener acceso a una educación y a un entorno que les permite desarrollar un gusto “refinado”, por obras consideradas “superiores”. En cambio, en las clases, el gusto se convierte en una herramienta de distinción, una forma de mostrar quién pertenece a una clase alta y quién no.


La Dificultad de Definir la Cultura (Monegal y Eagleton)

La Amplitud y Variabilidad del Concepto

Monegal y Eagleton destacan desde el principio que la cultura es un concepto extremadamente difícil de definir. Tiene significados muy amplios, como los hábitos cotidianos, estilos de vida o normas sociales, y a la vez muy restringidos, como ciertas formas de arte consideradas “elevadas”. Esta amplitud y variabilidad generan confusión, sobre todo en debates sobre políticas culturales. A menudo se reduce la cultura a las artes tradicionales o lo que gestionan los ministerios de cultura, ignorando que también está en la vida cotidiana y en prácticas sociales, lo que facilita que algunos políticos la consideren un lujo o entretenimiento y no le asignen relevancia social.

La Cultura como Intervención Humana y Relación con la Naturaleza

A partir de la etimología latina de “cultura” (colere, cultivar, habitar, proteger), Monegal muestra que la cultura no es algo separado de la vida cotidiana ni de la naturaleza. La cultura surge de la intervención humana sobre el mundo y de la relación con el entorno natural y social. Es un sistema de interpretación y acción que organiza, modifica y da sentido a la experiencia humana. Esta visión incluye la interacción entre lo innato y lo adquirido, integrando la naturaleza y la cultura en un proceso inseparable, como señala Eagleton: la cultura es lo que hacemos a la naturaleza y lo que la naturaleza hace a nosotros.

Definición Antropológica y Amplitud de la Cultura

Edward Burnett Tylor, en 1871, propuso una definición amplia de cultura como “ese todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y capacidades adquiridas por el hombre como miembro de una sociedad”. Esto incluye no solo obras artísticas o intelectuales, sino hábitos, valores y prácticas cotidianas. Entre las definiciones restrictivas (arte y letras) y las amplias (antropológicas), Williams propone un esquema de tres acepciones de la cultura:

  • Cultura como desarrollo intelectual, espiritual y estético: centrada en el progreso humano y la civilización, incluyendo filosofía, arte y pensamiento.
  • Cultura como manera de vivir específica: abarca modos de vida, costumbres, valores y prácticas cotidianas de pueblos, períodos o grupos.
  • Cultura como obras y prácticas significativas: incluye la producción simbólica y artística, que genera significado y reflexión sobre la experiencia humana.

Estas tres acepciones no son independientes; se superponen y forman un entramado dinámico. La cultura no es homónima, sino un sistema integrado donde lo cotidiano, lo simbólico y lo intelectual se influyen mutuamente.

La Dimensión Política de la Cultura

Contrario a la idea común de que la cultura está al margen de la política, Monegal y Eagleton señalan que todas las acepciones de la cultura tienen implicaciones políticas. La cultura como civilización establece ideales y modelos de progreso; la cultura como manera de vivir organiza comunidades y valores compartidos; y la cultura como producción simbólica permite reflexionar y criticar la sociedad. La cultura es ordinaria, accesible a todos, y combina tradición y creatividad: mantiene esquemas familiares y permite innovaciones y aportaciones individuales. Así, la producción simbólica tiene siempre un carácter ideológico y potencialmente político.

El Valor y la Función de la Cultura: Esquema de Monegal

La tesis central de Monegal es que el valor y la función de la cultura no pueden entenderse aislando una de sus dimensiones. Según él:

  • Las artes y el pensamiento permiten la creación de modelos de vida y aspiraciones sociales (cultura como práctica significativa).
  • La cultura como civilización proporciona un horizonte crítico y utópico, planteando lo que podría ser un mundo mejor.
  • La cultura como manera de vivir materializa en la vida cotidiana los valores, costumbres y pautas transmitidas socialmente.

Estas tres dimensiones integradas muestran que la cultura es un sistema complejo que organiza la experiencia humana, transmite valores, construye memoria colectiva y permite reflexión crítica sobre la sociedad. La cultura, por tanto, cumple tanto una función descriptiva (representar lo que es) como prescriptiva (proponer lo que podría ser), y es inseparable de la política y del debate social.

Por qué Entra en Crisis este Esquema

El esquema de Monegal entra en crisis principalmente por la fragilidad de la cultura como civilización. Las aspiraciones utópicas de perfeccionamiento humano y de progreso social se han visto frustradas por desigualdades, injusticias y eurocentrismo. La promesa de que la cultura podía guiar a la sociedad hacia un ideal de civilización se desploma ante la evidencia de que, en las sociedades estratificadas, los grupos hegemónicos imponen normas sobre lo que significa ser “culto” o “cultivado”. Esto genera un desencanto con la cultura como fuerza de cambio social y revela su carácter ideológico: las “virtudes” de la civilización occidental se mostraron incapaces de corregir injusticias. Sin embargo, a pesar de esta crisis, la cultura mantiene su potencial crítico y político: incluso si falla como gran narración de progreso, sigue ofreciendo herramientas para cuestionar la realidad, imaginar alternativas y movilizar acciones colectivas. La política sigue intrínsecamente ligada a la cultura porque toda producción simbólica refleja y propone modelos de vida, valores y aspiraciones sociales.


La Cultura como «Caja de Herramientas» (Itamar Even-Zohar)

1. La Cultura como Bienes Culturales

El texto comienza explicando la concepción tradicional de la cultura como bienes culturales. Esto significa que la cultura se entiende como una colección de objetos, textos, obras de arte, monumentos, eventos o actividades que poseen valor social, simbólico o estético. Ejemplos que da Swidler incluyen desde el Taj Mahal hasta Las meninas, pasando por festividades, música, literatura, tatuajes o prácticas deportivas.

Cómo concibe la UNESCO la cultura

Para la UNESCO, la cultura abarca tanto bienes materiales (como monumentos, arte o arquitectura) como inmateriales (como leyendas, música, rituales o prácticas tradicionales). Es decir, es cualquier producto que represente el patrimonio de la humanidad, reconocible socialmente y valioso para la identidad de grupos o naciones.

Características de los bienes culturales

  • Son prestigiosos o valorados socialmente, aunque este valor varía según época y contexto.
  • Son relativos y cambiantes, es decir, lo que se considera valioso en un lugar o tiempo puede no serlo en otro.
  • Pueden generar identificación colectiva, reforzando la pertenencia a un grupo, comunidad o nación.
  • Su posesión o dominio puede aportar distinción social o cultural.

Visión dominante sobre los bienes culturales

La concepción más extendida limita la cultura a esta idea de bienes, como si fueran objetos de prestigio que se acumulan o se exhiben. Esta visión es útil para promover turismo, marketing cultural o patrimonio, pero es parcial: no explica la función práctica de la cultura en la vida cotidiana ni su papel en la organización social o el progreso colectivo.

2. La Cultura como “Caja de Herramientas”

Una visión más integradora y dinámica, desarrollada por Itamar Even-Zohar, concibe la cultura no solo como bienes, sino como una caja de herramientas. Esto significa que los elementos culturales no solo se poseen o admiran, sino que sirven para orientar la acción, interpretar la realidad y organizar la vida social.

Qué significa entender la cultura como caja de herramientas

La cultura proporciona recursos simbólicos, normas, modelos y prácticas que las personas utilizan para enfrentar situaciones, tomar decisiones y construir relaciones sociales. No se limita a lo estético, sino que es instrumental y práctica: guía comportamientos, ayuda a resolver problemas y facilita la convivencia.

Tipos de herramientas que plantea Even-Zohar

  • Herramientas pasivas: Sirven para interpretar el mundo y dar sentido a la experiencia individual y colectiva. Por ejemplo, narraciones, símbolos o sistemas de signos que estructuran la realidad y ayudan a comprenderla.
  • Herramientas activas: Ofrecen hábitos, competencias y estrategias de acción, permitiendo enfrentar situaciones concretas de la vida diaria, como normas de conducta ante la muerte, rituales, roles de género o principios de organización social.

Estas herramientas se aprenden mediante ejemplos, narraciones, educación, medios de comunicación o tradiciones, y pueden mantenerse o modificarse según la presión social, la innovación o los cambios históricos.

3. Relevancia de los Emprendedores Culturales y Productores de Ideas

Even-Zohar también distingue entre los productores de ideas y los emprendedores culturales.

Relevancia de los emprendedores culturales

  • Los productores de ideas (intelectuales, escritores, cineastas, artistas) crean relatos, representaciones y modelos simbólicos que enriquecen el repertorio de herramientas culturales.
  • Los emprendedores culturales son quienes logran implantación social, es decir, quienes difunden, adaptan o hacen que estas ideas y herramientas sean efectivas en la práctica social.

Ejemplos históricos incluyen la literatura como herramienta de unificación nacional en Alemania o Italia en el siglo XIX. Otro ejemplo actual son los textos feministas en el movimiento #MeToo, que sirven de herramientas activas para transformar normas y conductas culturales. Incluso avances científicos o sanitarios, como la pasteurización de la leche o la vacunación, requieren activismo, política y cultura para ser socialmente efectivos, mostrando que la salud y la organización social también dependen de la cultura.

4. Funciones y Efectos de la Cultura

La combinación de bienes culturales y herramientas tiene varias funciones clave:

  • Cohesión social: La adopción de un repertorio cultural compartido genera identidad colectiva y solidaridad, tanto en valores como en conductas prácticas.
  • Opciones y estrategias de acción: La riqueza cultural de una sociedad se mide por la variedad de opciones disponibles para resolver problemas, organizar la vida o innovar.
  • Capacidad de adaptación y progreso: Una sociedad con un repertorio amplio de herramientas culturales puede enfrentar crisis, cambios y desafíos históricos de manera más efectiva.
  • Instrumento crítico y utópico: La producción simbólica también permite imaginar mundos posibles, criticar lo real y ofrecer modelos de vida alternativos.

Esto muestra que la cultura no solo es patrimonio o entretenimiento, sino un mecanismo de organización, supervivencia y transformación social, que abarca política, valores, arte, educación y vida cotidiana.


Economía y Cultura en la Política Pública (David Throsby)

1. Economía y Cultura en la Política Pública

David Throsby comienza señalando que la relación entre economía y cultura es especialmente clara en la política pública. Sin embargo, históricamente, los gobiernos no habían desarrollado políticas culturales explícitas, ya que el paradigma económico dominaba la toma de decisiones. Esto llevó a que la política pública se centrara en eficiencia, rentabilidad y prestación de servicios, incluso en áreas como educación, sanidad o desarrollo comunitario. Throsby destaca que existen bienes culturales con valor social irreductible, es decir, cuyo beneficio no puede asignarse a individuos específicos, sino que tiene un valor colectivo. Esta característica justifica la intervención del Estado, pues estos bienes requieren políticas que busquen resultados colectivos y no solo beneficios individuales.

2. Cultura y Estado: La Política de las Políticas Culturales

Desde el siglo XIX, la cultura dejó de ser vista únicamente como educación artística o formación intelectual y se entendió como el estilo de vida completo de una sociedad, incluyendo valores, costumbres y desarrollo intelectual. Filósofos y escritores como Wordsworth o Coleridge imaginaron al “individuo ejemplar”, una persona con sensibilidad y gusto refinado capaz de actuar como modelo para la sociedad.

La educación era el medio para alcanzar este ideal, lo que vinculaba la cultura directamente con la acción del Estado. Asimismo, pensadores como John Stuart Mill y Matthew Arnold subrayaban que la cultura tenía una función política, ya que formaba ciudadanos capaces de participar activamente en la democracia. Así, la cultura contribuye a legitimar y sostener el funcionamiento del Estado moderno, al formar ciudadanos informados y con valores compartidos.

3. Contexto Internacional y Políticas Culturales

Tras la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional reconoció la importancia de la cultura en el desarrollo y la cooperación global. Se incorporó el derecho a la participación cultural en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y se creó la UNESCO (1946) para promover educación, ciencia y cultura.

Se llevaron a cabo conferencias internacionales, como Venecia (1970) y México (1982), que subrayaron la necesidad de políticas culturales nacionales y la protección del patrimonio. Más tarde, la Década Mundial de la Cultura (1988-1997) buscó situar la cultura en el centro del desarrollo, reforzar la identidad cultural, ampliar la participación y promover la cooperación internacional. Estos esfuerzos mostraron que la cultura no solo es valor simbólico, sino también un componente estratégico del desarrollo económico, social y político.

4. Evolución de las Políticas Culturales Nacionales

En los países europeos y en los dominios británicos (Canadá, Australia, Nueva Zelanda) se identifican tres periodos principales en la evolución de la política cultural desde la posguerra:

  • Décadas de 1950-1960: Cultura para todos
    • Estado del bienestar y políticas igualitarias.
    • Apoyo a la educación artística y a la participación cultural.
    • Protección del patrimonio cultural y de colecciones de arte y edificios históricos.
  • Década de 1970: Cultura como motor de desarrollo
    • Reconocimiento de las industrias culturales como fuente de empleo, turismo y desarrollo urbano.
    • La cultura empieza a verse también con fines económicos, además de sociales y educativos.
  • Finales del siglo XX: Globalización y diversificación cultural
    • Mayor diversificación en el suministro y acceso a la cultura, con atención a minorías y grupos desfavorecidos.
    • Creciente influencia del sector privado en la financiación y gestión cultural.
    • Globalización y nuevas tecnologías influyen en los procesos culturales y en la capacidad del Estado de imponer políticas culturales nacionales.

5. Los Tres Grandes Cambios en las Políticas Culturales Posguerra

  1. Diversificación y ruptura del monoculturalismo: Se abandona la hegemonía de la alta cultura y se busca incluir cultura popular, minorías y valores locales.
  2. Mayor participación del sector privado: Disminución del poder estatal, entrada de mecenazgos, patrocinio y empresas culturales.
  3. Globalización: Movilidad del capital, revolución en comunicaciones e interdependencia económica afectan la política cultural, provocando tensiones entre homogeneización y mantenimiento de identidades locales.

6. Transformaciones que Llevan a una Reformulación de la Política Cultural

Según Throsby, la política cultural se ha reformulado debido a:

  • La privatización y liberalización del mercado, que reduce el control estatal sobre la cultura.
  • La globalización, que expone a los Estados a dinámicas económicas y culturales internacionales.
  • La necesidad de integrar objetivos económicos y culturales, reconociendo que la cultura tiene valor económico (industria, empleo, turismo) y valor intrínseco (identidad, creatividad, cohesión social).

Estas transformaciones implican que la política cultural debe ser cooperativa, involucrando tanto al Estado como al sector privado y la sociedad civil.

7. Agentes y Actores de la Política Cultural

Hasta hace pocos años, la política cultural se entendía principalmente como una prerrogativa del Estado, con objetivos de educación, protección del patrimonio y fomento de las artes.

  • Agentes estatales: Gobiernos y administraciones públicas, responsables de diseñar, financiar y regular la cultura.
  • Sector privado: Empresas y mecenazgos, cada vez más influyentes por la reducción de presupuestos públicos y el interés comercial en la cultura.
  • Sociedad civil y ONG: Participan en la promoción, difusión y desarrollo cultural.

Throsby sobre estos agentes

El Estado sigue siendo crucial para la protección del interés público y para asegurar acceso democrático a la cultura. El sector privado aporta recursos y dinamismo, pero también riesgos de mercantilización. La cooperación entre todos estos agentes permite alcanzar una política cultural más democrática y efectiva.

8. Internacionalización y Globalización

Throsby cita a García Canclini para explicar la “desterritorialización”, que se refiere a la pérdida de control exclusivo del Estado sobre la cultura frente a fuerzas externas, como mercados internacionales o tecnologías de comunicación que trascienden fronteras nacionales.

  • Internacionalización: Implica cooperación y acuerdos entre Estados para políticas culturales, como UNESCO o conferencias internacionales.
  • Globalización: Proceso más amplio y complejo que incluye la interdependencia económica, la movilidad de capital y la difusión de industrias culturales, afectando directamente a las identidades culturales locales y nacionales.

García Canclini advierte que la globalización puede tanto homogeneizar culturas como reforzar la diferenciación cultural, dependiendo de cómo reaccionen las comunidades ante estas fuerzas externas.

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