19 Feb

Movimientos Literarios desde el Realismo hasta la Posguerra

El Realismo y el Naturalismo

El Realismo, que se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, es un movimiento literario que surge como reacción contra el Romanticismo. Abandona el subjetivismo, la exaltación sentimental y la idealización para centrarse en la representación objetiva y fiel de la realidad cotidiana. Su objetivo es analizar la sociedad de su tiempo con una intención crítica y casi científica. Se caracteriza por la observación minuciosa de la realidad, la búsqueda de la verosimilitud, el uso de un narrador omnisciente, el profundo análisis psicológico de los personajes y el predominio de la novela como género principal. Sus principales autores son Benito Pérez Galdós, con obras como Fortunata y Jacinta y los Episodios Nacionales, y Leopoldo Alas “Clarín”, autor de La Regenta.

El Naturalismo es una corriente derivada del Realismo que lleva sus principios al extremo. Introduce una visión determinista de la existencia humana, influida por el positivismo y las teorías científicas del siglo XIX, y considera que el ser humano está condicionado inevitablemente por su herencia biológica y el ambiente social en el que vive. Se caracteriza por el determinismo, la influencia de Émile Zola, la descripción de ambientes marginales y una visión pesimista y cruda de la realidad. Destacan Emilia Pardo Bazán, con Los pazos de Ulloa, y Vicente Blasco Ibáñez, con Cañas y barro.

Poesía, Teatro y Modernismo

La poesía y el teatro del siglo XIX son géneros menos renovadores frente a la novela, ya que mantienen rasgos posrománticos y convencionales, con un teatro neorromántico y un tono grandilocuente. El autor más representativo es José Echegaray, con obras como El gran Galeoto.

El Modernismo, que surge a finales del siglo XIX, es un movimiento de renovación estética originado en Hispanoamérica y extendido a España como respuesta a la crisis espiritual y política del 98. Busca la belleza absoluta y la evasión de la realidad mediante un lenguaje refinado, musical y sensorial, caracterizado por el esteticismo, la musicalidad, el cosmopolitismo y la sensualidad. Sus principales representantes son Rubén Darío, con Azul… y Prosas profanas, y Manuel Machado, con Alma.

La Generación del 98 y el Novecentismo

La Generación del 98 es un grupo de escritores que reflexionan sobre la decadencia de España tras el Desastre del 98. Más que un movimiento estético, constituye una actitud intelectual preocupada por el sentido de la vida y la identidad nacional. Sus obras se caracterizan por la reflexión sobre el problema de España, el estilo sobrio, el existencialismo y la renovación narrativa. Destacan Unamuno, autor de San Manuel Bueno, mártir y Niebla, Pío Baroja, con El árbol de la ciencia, y Antonio Machado, con Campos de Castilla.

El teatro anterior a 1936 evoluciona desde fórmulas burguesas hacia propuestas innovadoras que transforman profundamente la escena española. Se caracteriza por la crítica social y la deformación expresionista. Sobresalen Valle-Inclán, con Luces de bohemia, donde desarrolla el esperpento, y Jacinto Benavente, con Los intereses creados.

El Novecentismo, también conocido como Generación del 14, surge con una nueva generación de intelectuales que defienden la modernización cultural de España y su europeización. Buscan un arte intelectual, minoritario y deshumanizado, alejado del sentimentalismo anterior, y conceden gran importancia al ensayo. Se caracteriza por el intelectualismo, el ideal de arte puro y el predominio del pensamiento racional. Sus autores más representativos son Ortega y Gasset, con La deshumanización del arte, y Gabriel Miró, con Nuestro padre San Daniel.

Juan Ramón Jiménez es una figura puente entre el Modernismo y el Novecentismo. Su obra evoluciona hacia la llamada poesía desnuda, depurada y esencial, que busca la perfección estética y la eternidad mediante la depuración formal y la búsqueda de la belleza absoluta. Entre sus obras destacan Diario de un poeta recién casado y Platero y yo.

Vanguardias y Generación del 27

Las Vanguardias constituyen un conjunto de movimientos artísticos que suponen una ruptura radical con la tradición y el realismo. Defienden la libertad creativa, la experimentación formal y la provocación, y se caracterizan por el antirrealismo, la innovación formal y el espíritu rupturista. En Europa destacan movimientos como el Futurismo, el Dadaísmo y el Surrealismo. En España sobresale Ramón Gómez de la Serna, creador de las Greguerías, y en Latinoamérica destaca Vicente Huidobro con Altazor.

La Generación del 27 es un grupo de poetas que logra equilibrar la tradición literaria, especialmente Góngora y el Romancero, con las innovaciones vanguardistas, sobre todo el Surrealismo. Evolucionan desde una etapa de poesía pura hacia una rehumanización con compromiso social a partir de 1930. Se caracterizan por la síntesis entre tradición e innovación, la influencia surrealista y el compromiso social. Sus autores más importantes son Federico García Lorca, con Poeta en Nueva York, Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba, Rafael Alberti, con Sobre los ángeles, y Luis Cernuda, con Donde habite el olvido.

La Novela hasta la Posguerra

La novela anterior a 1936 continúa la renovación iniciada por la Generación del 98, incorporando una mayor experimentación técnica y una profunda reflexión filosófica. Destaca especialmente Unamuno, con su concepto de “nivola”.

La novela de posguerra de los años cuarenta refleja la crisis moral y social tras la Guerra Civil española, con una visión pesimista y existencial de la realidad. Se caracteriza por el tremendismo, el existencialismo y un realismo crudo. Los autores más representativos son Camilo José Cela, con La familia de Pascual Duarte, y Carmen Laforet, con Nada.

Temario de Historia de España

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Crisis del Antiguo Régimen (1788-1833)

Durante el reinado de Fernando VII, entre 1814 y 1833, España vivió un conflicto permanente entre absolutismo y liberalismo. Tras la Guerra de la Independencia, el rey regresó en 1814 y restauró la monarquía absoluta con el apoyo del Manifiesto de los Persas, derogando la Constitución de 1812 y persiguiendo duramente a los liberales. Esta constitución, aprobada por las Cortes de Cádiz durante la guerra, tenía un carácter liberal, pero Fernando VII nunca la aceptó. Durante los años siguientes, los liberales intentaron varios pronunciamientos militares para restablecerla, aunque todos fracasaron hasta 1820. Ese año, el pronunciamiento de Rafael de Riego en Cabezas de San Juan triunfó y obligó al rey a jurar la Constitución, iniciándose el Trienio Liberal (1820-1823), una etapa de reformas como la desamortización, la supresión de la Inquisición y la creación de la Milicia Nacional. Sin embargo, Fernando VII conspiró contra su propio gobierno y pidió ayuda a las potencias absolutistas europeas. La Santa Alianza envió a los Cien Mil Hijos de San Luis, que restauraron el absolutismo en 1823 y dieron inicio a la Década Ominosa (1823-1833), caracterizada por la represión política. En 1830, el rey promulgó la Pragmática Sanción, que permitía reinar a su hija Isabel y anulaba los derechos de su hermano Carlos María Isidro, lo que provocó un grave conflicto sucesorio. A la muerte de Fernando VII en 1833, este problema desembocó en la Primera Guerra Carlista. Su reinado supuso el fracaso del primer liberalismo español y un fuerte retraso en las reformas políticas y sociales, dejando como herencia un país dividido que entraría en un largo ciclo de guerras civiles.

Isabel II y el Sexenio Democrático (1833-1874)

Tras la muerte de Fernando VII en 1833 se inicia la regencia de María Cristina, ya que Isabel II solo tenía tres años. Carlos María Isidro no acepta la Pragmática Sanción y estalla la Primera Guerra Carlista, que enfrenta a absolutistas y liberales. Para ganar la guerra, la regente se apoya en los liberales. Primero gobiernan los moderados con el Estatuto Real de 1834, una carta otorgada sin soberanía nacional, pero las reformas son insuficientes y las derrotas militares provocan la sublevación de los sargentos de La Granja en 1836, que obliga a formar un gobierno progresista. Este gobierno, presidido por Calatrava y con Mendizábal en Hacienda, aprueba la Constitución de 1837, de soberanía compartida, y la desamortización del clero regular para financiar la guerra y crear una burguesía propietaria fiel al liberalismo. En 1840, el general Espartero se convierte en regente, pero su autoritarismo provoca su caída en 1843 y las Cortes adelantan la mayoría de edad de Isabel II. Durante su reinado efectivo se suceden varias etapas: la Década Moderada, en la que Narváez impulsa la Constitución de 1845, la Guardia Civil y el concordato con la Iglesia; el Bienio Progresista, con la desamortización de Madoz y la Constitución non nata de 1856; el gobierno de la Unión Liberal de O’Donnell y, finalmente, una etapa de crisis política que culmina en la Revolución Gloriosa de 1868, que expulsa a Isabel II del trono. El Sexenio Democrático intenta implantar un sistema democrático con la Constitución de 1869, el reinado de Amadeo I y la Primera República, pero fracasa por la inestabilidad, los conflictos sociales, el cantonalismo y las guerras. En 1874 se restaura la monarquía borbónica con Alfonso XII. Este periodo construyó el Estado liberal en España, pero de forma inestable, con fuerte protagonismo militar y exclusión de amplios sectores sociales.

La Restauración (1874-1902)

Tras el fracaso del Sexenio Democrático, el general Martínez Campos proclama rey a Alfonso XII en 1874. Cánovas del Castillo diseña el sistema político de la Restauración con el objetivo de dar estabilidad al país. La Constitución de 1876 establece la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, un sistema bicameral, la confesionalidad católica del Estado y un sistema electoral inicialmente censitario, que se convierte en sufragio universal masculino en 1890. El sistema político se basa en el turno pacífico entre el Partido Conservador y el Partido Liberal, que se alternan en el poder mediante elecciones manipuladas a través del encasillado, el pucherazo y el caciquismo. Aunque aporta estabilidad, el sistema excluye a gran parte de la sociedad. Surgen fuerzas opositoras como republicanos, carlistas, socialistas, anarquistas y nacionalismos periféricos. En 1895 estalla la guerra de Cuba y, tras la intervención de Estados Unidos en 1898, España es derrotada y pierde Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Esta derrota provoca la crisis del 98 y el surgimiento del regeneracionismo, que critica el sistema y pide reformas profundas. Aunque se intentará reformar desde dentro, el sistema entra en una crisis irreversible durante el reinado de Alfonso XIII.

Transformaciones económicas y sociales del siglo XIX

Las desamortizaciones fueron la principal medida económica del liberalismo. Consistieron en la expropiación y venta en subasta pública de tierras de la Iglesia y los municipios con el objetivo de obtener recursos para el Estado, poner en explotación tierras improductivas y crear una burguesía propietaria leal al régimen liberal. Las más importantes fueron la de Mendizábal en 1836 y la de Madoz en 1855. Sin embargo, sus consecuencias fueron negativas para la mayoría de la población, ya que las tierras fueron compradas por grandes propietarios, consolidando el latifundismo y expulsando a los campesinos de sus medios de subsistencia. La agricultura siguió siendo atrasada, con bajos rendimientos y crisis periódicas, y la mayoría de la población vivía en el campo en condiciones muy duras. La industrialización fue tardía y débil debido a la falta de capitales, materias primas, mercado interior y desarrollo agrícola. Solo destacaron el textil catalán y la siderurgia vasca. El ferrocarril se desarrolló con capital extranjero y el comercio mejoró, pero España mantuvo un fuerte atraso económico respecto a Europa.

El reinado de Alfonso XIII (1902-1931)

El reinado de Alfonso XIII se inicia en un contexto de crisis del sistema de la Restauración. El regeneracionismo critica el caciquismo y el turno de partidos. Maura y Canalejas intentan reformas, pero la inestabilidad política, la conflictividad social y los problemas coloniales impiden la regeneración del sistema. La crisis de 1917, la influencia de la Revolución Rusa, el impacto de la Primera Guerra Mundial y el desastre de Annual en Marruecos agravan la situación. En 1923, Primo de Rivera da un golpe de Estado con apoyo del rey e instaura una dictadura. En una primera etapa militar impone el orden y acaba con la guerra de Marruecos, y en una segunda etapa civil intenta institucionalizar el régimen, pero fracasa. La crisis económica de 1929, la pérdida de apoyos y el auge del republicanismo provocan su dimisión en 1930. El Pacto de San Sebastián une a las fuerzas republicanas y socialistas, y tras el fracaso del gobierno de Berenguer, las elecciones municipales de abril de 1931 dan la victoria a los republicanos en las ciudades. El 14 de abril se proclama la Segunda República y Alfonso XIII se exilia, poniendo fin a la monarquía y al sistema de la Restauración.

La Segunda República (1931-1936)

La Segunda República se proclama el 14 de abril de 1931 tras la victoria republicana en las elecciones municipales. Se forma un gobierno provisional que convoca Cortes Constituyentes y aprueba la Constitución de 1931, que establece un régimen democrático basado en la soberanía popular, el sufragio universal, la separación Iglesia-Estado, el divorcio, la enseñanza laica y un modelo territorial con autonomías. El bienio reformista impulsa profundas reformas militares, agrarias, educativas, laborales y territoriales, pero encuentra una fuerte oposición tanto de la derecha como de la izquierda radical. Tras la victoria de la derecha en 1933 se inicia el bienio radical-cedista, que paraliza las reformas y provoca una fuerte conflictividad social, destacando la Revolución de Asturias de 1934. En 1936 el Frente Popular gana las elecciones y se retoman las reformas, pero la radicalización política y la violencia aumentan. El asesinato de Calvo Sotelo en julio de 1936 precipita la conspiración militar y el golpe de Estado del 17 y 18 de julio, que fracasa parcialmente y da inicio a la Guerra Civil. La República no logró consolidar la democracia por la polarización ideológica, la violencia social y la intervención del ejército en la política.

Propiedades del Texto y Funciones del Lenguaje

La adecuación es la propiedad por la que un texto se ajusta a la situación comunicativa, y se analiza según la intención del emisor (informar, persuadir, expresar), el receptor (especializado, general), el canal (oral, escrito, digital) y el registro (formal, informal). La coherencia es la propiedad semántica que da sentido global al texto, implicando una estructura lógica, una progresión temática clara y la ausencia de contradicciones. La cohesión conecta formalmente los elementos del texto mediante distintos mecanismos.

  • Mecanismos de referencia: La anáfora (sustituye algo ya mencionado), la catáfora (anticipa algo posterior) y la elipsis (omite elementos sobrentendidos).
  • Mecanismos léxicos: La reiteración, la sinonimia, la antonimia, la hiperonimia (términos generales que engloban específicos) y el campo semántico.
  • Conectores discursivos: Enlazan ideas mediante la adición, oposición, causa, consecuencia y ordenación.

Las funciones del lenguaje incluyen la función expresiva o emotiva (centrada en el emisor, usa la primera persona y léxico valorativo) y la función referencial o representativa (centrada en la realidad, usa la tercera persona y léxico denotativo). En los textos literarios se emplean recursos estilísticos como el léxico connotativo y figuras retóricas: símil, hipérbole, anáfora, antítesis, personificación, rima y ritmo.

Además, los textos expositivos u argumentativos pueden organizarse siguiendo dos tipos de estructura: la estructura deductiva (tesis-argumentos-conclusión) y la estructura inductiva (conclusión-argumentos-tesis).

Estudio de la Obra: San Manuel Bueno, mártir

San Manuel Bueno, mártir es una novela corta o relato largo de Miguel de Unamuno publicada en 1930, que pertenece al género de la novela filosófica y existencial. La obra se sitúa en un pequeño pueblo ficticio de España, Valverde de Lucerna, y refleja un ambiente rural marcado por la tradición y la religiosidad. La novela aborda cuestiones fundamentales sobre la fe, la duda, la vida y la muerte, centrándose en la figura de Don Manuel, sacerdote del pueblo, y en su influencia sobre los vecinos.

Miguel de Unamuno, destacado autor de la Generación del 98, refleja aquí su interés por los dilemas existenciales, la angustia interior y la tensión entre la fe y la razón. La novela plantea el conflicto de un sacerdote que alberga dudas profundas sobre la existencia de Dios y la vida eterna, pero decide ocultar su incredulidad para proteger la felicidad de sus feligreses. La obra reflexiona sobre la fe fingida, el sacrificio personal y la responsabilidad moral.

El argumento se centra en la narración en primera persona de Ángela, quien relata la vida de Don Manuel. Los personajes están profundamente marcados por la moralidad: Don Manuel (el sacerdote sacrificado), Ángela (el testimonio y la sensibilidad), Lázaro (la inquietud intelectual y la duda) y Blanca (la tradición). El espacio de Valverde de Lucerna simboliza la pureza de la fe popular frente a los conflictos interiores. La técnica narrativa combina observación y reflexión, aportando subjetividad e intimismo. El estilo es sobrio, elegante y profundo, transmitiendo la angustia universal sobre la búsqueda de sentido en la existencia humana.

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