11 Mar

Introducción

Fernando VII había designado como sucesor a su hermano Carlos María Isidro. Pero en 1830, su esposa María Cristina quedó en cinta y, ante la posibilidad de tener heredero, promulgó una Pragmática Sanción que suprimía la Ley Sálica. Esa Pragmática había sido aprobada por las Cortes en 1789, pero no se había hecho efectiva al faltar el trámite de la promulgación. Con la Pragmática, si el rey no tenía heredero varón, heredaría su hija mayor, recuperando así la tradición castellana. Isabel, la futura reina Isabel II, nació en octubre de 1830 y fue proclamada heredera, lo que produjo malestar entre los partidarios del infante don Carlos. Con una amnistía y algunas reformas políticas, Fernando VII intentó ganar el apoyo de los liberales para su hija, al tiempo que destituía de los puestos de importancia a los partidarios de su hermano.

Desarrollo

A) Revolución liberal

Fernando VII murió en 1833, y María Cristina actuó de regente hasta 1840, cuando fue sustituida por Espartero hasta que en 1843 se declaró la mayoría de edad de Isabel II. Para asegurarse el apoyo liberal, María Cristina designó presidente del gobierno a Martínez de la Rosa y promulgó el Estatuto Real en 1834, una Carta Otorgada que establecía dos cámaras, un sufragio censitario y Cortes sólo consultivas.

También para contentar a los liberales, Martínez de la Rosa decretó reformas:

  • Eliminación del monopolio de los gremios sobre la producción.
  • Libertad de industria y comercio.
  • Supresión de la Inquisición.

Estas reformas contentaron a los más moderados pero no a la mayoría de la población, por lo que estallaron revueltas que llegaron al saqueo de conventos y matanzas de frailes, a los que se acusaba de complicidad con el carlismo. Las revueltas llevaron a la regente a confiar el gobierno al liberal progresista Álvarez de Mendizábal, que promovió medidas revolucionarias, como la creación de la Guardia Nacional y el decreto de desamortización de los bienes inmuebles de las órdenes religiosas previamente disueltas. Esta política fue considerada excesiva por la regente, que forzó la dimisión de Mendizábal.

Entonces, temiendo un retroceso en las reformas, los progresistas volvieron a recurrir a las armas: los sargentos de La Granja obligaron a la regente a jurar la Constitución de 1812 y formar un nuevo gobierno progresista que convocó Cortes extraordinarias para reformar la Constitución de 1812 pero, finalmente, redactaron una nueva, promulgada en 1837, de carácter progresista con concesiones a los moderados, como el sufragio censitario.

La disconformidad con las restricciones en el sufragio desencadenó una revuelta progresista en 1840. La negativa de Espartero a reprimirla produjo una crisis que culminó con la destitución de María Cristina y el nombramiento de Espartero como presidente del Consejo de Regencia. El nuevo regente aceleró las medidas de signo progresista, como la ampliación de la desamortización iniciada por Mendizábal al clero secular. Otras medidas fueron el intento de liberalizar el comercio con Inglaterra, que le granjeó la oposición de los industriales catalanes, y la liberalización del precio del alquiler de viviendas, que supuso un levantamiento popular en Barcelona. El creciente personalismo de su gobierno llevó a la oposición incluso de sus partidarios, lo que fue aprovechado por los generales moderados: Narváez protagonizó en 1843 un golpe de estado que inauguraría una década de férreo dominio del liberalismo moderado.

B) Carlismo y guerra civil

A la muerte de Fernando VII, su hermano se proclamó rey con el nombre de Carlos V e hizo un llamamiento a la rebelión, consiguiendo un gran apoyo de los Voluntarios Realistas. Comenzó así la Primera Guerra Carlista, que duraría siete años. La guerra, más que un conflicto sucesorio, fue el enfrentamiento de dos concepciones políticas y sociales: Absolutismo contra liberalismo.

Los grupos sociales adscritos a una u otra ideología se agruparon como sigue:

  • Bando carlista: Pequeños nobles rurales, parte del bajo clero y muchos campesinos (mitad norte del país), navarros y vascos que temían perder sus fueros, y catalanes.
  • Bando isabelino: Altas jerarquías del ejército, de la Iglesia y del Estado, junto a los liberales (nobleza urbana, burguesía y profesionales).

Durante esta guerra, el ejército liberal recibió apoyo de Portugal, Francia y Reino Unido (Cuádruple Alianza). En el verano de 1839, el general carlista Maroto rindió una parte importante de su ejército ante el general isabelino Espartero en el Abrazo de Vergara. Poco después, Carlos V se exilió a Francia. La evolución del liberalismo quedó ligada a la victoria en la I Guerra Carlista, lo que determinó el papel protagonista del ejército en la política durante el reinado de Isabel II.

C) Construcción y evolución del Estado liberal

Con la mayoría de edad de Isabel II se instauró un régimen liberal de tendencia moderada fundamentado en la Constitución de 1845. Este sistema político estuvo marcado por la división de los moderados en camarillas que influían en la familia real, los núcleos de poder militar o religioso y la propia Reina. Mediante este tráfico de beneficios mutuos, se establecieron conexiones entre el Estado y la oligarquía de grandes propietarios. Este corrupto sistema tiene su fundamento legal en el inmenso poder que la Constitución del 45 otorga a la corona: nombramientos del Gobierno, disolución de Cortes, nombramiento del senado vitalicio y el carácter censitario de las elecciones.

Conclusión

El reinado de Isabel II supuso la consolidación del liberalismo en España, pero con la diferenciadora circunstancia de las guerras carlistas, que afianzaron el protagonismo militar en la política. La necesidad de apoyos militares por parte de Isabel II corrompió el sistema liberal moderado y abrió una brecha profunda entre moderados y progresistas. Ese régimen, fundamentado en la Constitución de 1845, fue duramente criticado por ser base del dominio de la oligarquía sobre toda la sociedad, frenando incluso el desarrollo del capitalismo mientras que éste se producía en Europa.

Deja un comentario