20 Abr

El papel de la corporeidad

El cuerpo y la sexualidad son expresiones de la existencia, y sólo desde esta perspectiva se puede entender su significado.

En particular, por cuanto se refiere a la objetividad del cuerpo sexuado, considera al varón y a la mujer como dos individuos, dentro de una misma especie, que se diferencian para fines reproductivos. La diferencia parece ser, entonces, funcional a la sola especie, sin que la sexualización pueda decir nada del individuo.

De Beauvoir no niega el dato de la biología, pero rechaza que el cuerpo pueda definir a la mujer.

La inferioridad del cuerpo de la mujer en términos de fuerza y de poder no tiene otro significado que aquel que le es asignado por la cultura.

Así pues, Arendt cree que la actividad práctica tiene tres dimensiones fundamentales:

La labor: es aquello que se relaciona con lo biológico y, por lo tanto, con la supervivencia como proceso natural. Esta actividad se corresponde con la vida, hacer lo necesario para sobrevivir.

El Trabajo: Todas aquellas acciones en las que el ser humano transforma la naturaleza y dan como resultado obras permanentes. El trabajo nos permite independizarnos de las necesidades naturales y crear un mundo artificial carácterísticamente humano.

Al trabajo, que está unido a lo no-natural y a la producción artificial, le corresponde la mundaneidad, puede utilizarse para fines que no son necesidades primarias.

La acción: En la acción nos relacionamos ya no con la naturaleza o con los productos creados por el trabajo, sino con los propios seres humanos. La acción supone la culminación de la creación de un mundo humano, en el cual cada individuo entra en relación con su propia conciencia y la de los otros. Así, se realiza la construcción de un modelo social y político, con el lenguaje y el diálogo como instrumentos fundamentales, que establece el marco en el que se produce la interacción humana. Con la acción surge el reconocimiento de la pluralidad de las diferentes conciencias, descubrimos a los otros y, con ellos, también a nosotros mismos, y la necesidad del diálogo y el acuerdo. Es la acción lo que hace que cada nacimiento signifique el comienzo de algo nuevo, que la vida humana no sea solamente un dirigirse hacia la muerte. Por todo ello, la acción es la actividad humana más importante. Efectivamente, la filosofía, la actividad teórica, se podría dar en soledad, pero la acción requiere a los otros y, por lo tanto, la apertura a las otras conciencias.

Distinción entre el mal radical y el mal banal


El mal radical del ser humano es aquel mal que se da cuando uno es consciente de que sus acciones dañarán a los demás, a pesar de haber pensado y deliberado sobre ello previamente, y no le importa. Un mal que no es punible, ni perdonable, ya que se escapa a los parámetros que empleamos habitualmente para ello. Frente a ello, el mal banal se da cuando la persona no reflexiona sobre el acto a realizar ni sus consecuencias. Ocurre cuando el mal se deja de pensar como una acción valorable moralmente y se considera un acto cotidiano, normalizado, sobre el que el sujeto se niega a reflexionar huyendo de la contradicción. Para Arendt, el paradigma de esta banalidad del mal es Adolf Eichmann, alto cargo de la SS nazi y partícipe de la solución final, que solo juzga sus actos desde la eficacia productiva y no moralmente.

El eterno retorno

Nietzsche afirma la vida como algo que desea repetirse eternamente. Inspirado en Heráclito, sostiene que todo en el mundo se repite una y otra vez en ciclos infinitos, incluyendo tanto lo bueno como lo malo.

Esta idea exige aceptar plenamente la vida tal como es. En este contexto aparece el superhombre, capaz de transformar el mundo y a sí mismo mediante nuevos valores.

La transmutación de los valores y el Nihilismo

El Nihilismo significa la negación del valor de la vida al sustituirla por valores ficticios como Dios o el mundo ideal de Platón. También implica la reacción contra esos valores, expresada en la «muerte de Dios».

Nietzsche considera que la cultura occidental está en decadencia y propone una transmutación de todos los valores para devolver su importancia a la vida real.

La moral de los señores y los esclavos

Nietzsche distingue dos tipos de moral: la moral de señores, propia de individuos fuertes que afirman la vida y sus impulsos, y la moral de esclavos, propia de los débiles, basada en la humildad, la compasión y el resentimiento. Critica especialmente la moral cristiana por oponerse a la vitalidad.

El Superhombre

El hombre es un ser incompleto, un paso entre el animal y el superhombre.
Este último representa el ideal de un individuo autónomo, creador de valores y afirmador de la vida, incluso del dolor. Se guía por la voluntad de poder, entendida como fuerza de superación y creatividad. Para alcanzarlo, el hombre debe superar tres fases: camello (sumisión), león (rebeldía) y niño (creación de nuevos valores). El superhombre simboliza una nueva forma de vivir basada en la afirmación de la vida, la tierra y los instintos

Deja un comentario