28 Nov

Comparación de la Idea de Dios en Aristóteles, San Agustín y Santo Tomás de Aquino

En Aristóteles, Dios es el Primer Motor Inmóvil, una sustancia eterna e inmaterial que explica el orden del universo sin haber creado el mundo. Su función es la de causa final: atrae a todas las cosas hacia su perfección mediante su propia actividad contemplativa. Es un Dios puramente filosófico, racional y ajeno al mundo, que no interviene en él ni mantiene una relación personal con los seres humanos.

Para San Agustín, Dios es el creador del mundo a partir de la nada, omnipotente y cercano al ser humano. No solo es causa del mundo, sino también fuente del conocimiento y del bien. La iluminación divina es necesaria para que el alma acceda a la verdad, y la gracia es indispensable para que la voluntad pueda obrar rectamente. Se trata de un Dios personal, que ama y se relaciona con los seres humanos.

Santo Tomás de Aquino integra ambas perspectivas: acepta de Aristóteles la noción de Dios como acto puro y causa primera, pero la inserta en el marco cristiano de un Dios creador y providente. Sus cinco vías intentan demostrar racionalmente la existencia de Dios desde la experiencia sensible. Para Tomás, Dios puede ser conocido por la razón, pero su esencia solo se revela plenamente mediante la fe. Así, armoniza la filosofía aristotélica con la teología cristiana.

La Noción de Felicidad (*Eudaimonía*) en Aristóteles y San Agustín

Aristóteles entiende la felicidad (eudaimonía) como la realización plena de la naturaleza humana. Dado que lo propio del ser humano es la razón, la felicidad consiste en vivir de acuerdo con la virtud y alcanzar la excelencia racional. Aunque admite bienes externos, considera que la forma más alta de felicidad es la vida contemplativa, en la que el intelecto ejerce su actividad más perfecta. Es una visión basada en la naturaleza humana y accesible mediante el esfuerzo personal.

San Agustín, en cambio, sostiene que la felicidad solo puede encontrarse en Dios. Los bienes terrenales son limitados y no pueden colmar el deseo profundo del alma. El ser humano, creado por Dios, solo halla plenitud al unirse a Él mediante el amor. Además, debido al pecado y a la fragilidad de la voluntad, necesita la gracia divina para dirigirse al bien. Frente a la visión racional y naturalista de Aristóteles, Agustín propone una felicidad trascendente y teológica, que solo se alcanza plenamente en la vida eterna.

Relación entre Ética y Política en Aristóteles

Para Aristóteles, la ética y la política forman una unidad, pues la finalidad de la política es hacer posible la vida buena para los ciudadanos. La ética estudia cómo debe comportarse el individuo para alcanzar la virtud y la felicidad. Sin embargo, el ser humano solo puede realizar plenamente su naturaleza racional en el marco de una comunidad organizada: la polis. Por eso la política es la ciencia más alta, ya que se ocupa del bien común y de establecer las condiciones —leyes, instituciones y educación— que permiten a los ciudadanos vivir virtuosamente. Así, la polis no existe solo para satisfacer necesidades materiales, sino para posibilitar la perfección moral de sus miembros. En Aristóteles, la ética proporciona el ideal de vida buena y la política crea su marco de realización.

La Integración de Elementos Aristotélicos y Cristianos en Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino realiza una síntesis magistral entre la filosofía aristotélica y la fe cristiana. De Aristóteles toma su metafísica del acto y la potencia, la teoría de las cuatro causas y su concepción racional del conocimiento, que comienza por los sentidos y culmina en la abstracción de esencias universales. También adopta la noción de Dios como acto puro y causa primera.

Sin embargo, Tomás inserta estos conceptos en el marco cristiano: Dios no solo es primer motor, sino creador del mundo de la nada; no solo es causa primera, sino ser personal que ama y salva. Además, afirma que la razón puede demostrar la existencia de Dios —mediante las cinco vías—, pero la revelación es necesaria para conocer verdades superiores como la Trinidad o la encarnación. De este modo, Tomás armoniza razón y fe, mostrando que ambas proceden de Dios y no pueden contradecirse.

Comparación de las Teorías del Conocimiento en Aristóteles, San Agustín y Santo Tomás

Para Aristóteles, el conocimiento comienza por los sentidos. A partir de la experiencia, el entendimiento abstrae las formas universales y adquiere ciencia. El proceso es racional y natural, sin intervención sobrenatural. El objetivo es alcanzar conocimiento demostrativo basado en causas.

San Agustín, en cambio, defiende que el conocimiento verdadero procede del interior del alma iluminada por Dios. La razón sola no basta: necesita la iluminación divina para acceder a las verdades eternas. Los sentidos son inferiores, y la verdad se halla en la interioridad espiritual.

Santo Tomás combina ambas perspectivas: acepta que el conocimiento comienza en los sentidos (como Aristóteles), pero añade que algunas verdades —especialmente las religiosas— solo pueden conocerse mediante la revelación divina. El entendimiento agente abstrae las esencias, pero la fe completa lo que la razón no puede alcanzar. Así, Tomás logra una síntesis entre el racionalismo aristotélico y el espiritualismo cristiano.

Deja un comentario