Doctrinas Filosóficas Clave en la Historia del Pensamiento
San Agustín de Hipona
La Duda Agustiniana
La duda en San Agustín aparece en el contexto de su enfrentamiento con el escepticismo académico. No es una duda definitiva, sino transitoria y metodológica, utilizada para refutar a los escépticos y demostrar que la verdad existe. En Contra Académicos intenta probar que es posible alcanzar la certeza.
- De la propia duda surge una verdad indudable: si dudo, pienso; y si pienso, existo.
- La experiencia interior del pensar es una certeza inmediata.
- La duda, por tanto, no conduce al escepticismo, sino a la afirmación de la capacidad de la razón para alcanzar verdades firmes, aunque limitadas.
Relación entre Fe y Razón
San Agustín sostiene una concordia entre fe y razón, integrándolas en un mismo camino hacia la Verdad. No establece una separación estricta entre ambas, sino que considera que se necesitan mutuamente. La razón ayuda al hombre a alcanzar la fe, pero la fe ilumina y orienta a la razón. Esta idea se resume en la fórmula:
“Entiende para creer, cree para entender”.
Para Agustín, el cristianismo es la verdadera filosofía, porque Dios es la Verdad y la Sabiduría. Así, fe y razón colaboran en la búsqueda de la felicidad y la salvación.
Libertas y Libre Albedrío
Libertas
La libertas es, en San Agustín, la capacidad de hacer el bien. No es una facultad natural del ser humano, sino un don concedido por Dios mediante la gracia. Se relaciona directamente con la voluntad cuando esta ama y busca a Dios. Solo cuando el ser humano orienta su voluntad hacia el Bien supremo puede ejercer plenamente la libertad. En el contexto del pecado original, la naturaleza humana está debilitada, por lo que necesita la ayuda divina para realizar el bien. La libertas expresa, por tanto, la verdadera libertad moral en sentido cristiano.
Libre Albedrío
Según San Agustín, el libre albedrío es la capacidad natural del ser humano para elegir entre distintas opciones. A diferencia de la libertas, sí pertenece a la naturaleza humana. Permite decidir y actuar voluntariamente, tanto para el bien como para el mal. Sin embargo, debido al pecado original, el hombre tiende al mal y su capacidad para elegir el bien está debilitada. El libre albedrío explica la responsabilidad moral del individuo, pero no garantiza que elija correctamente. Para realizar el bien necesita la gracia divina.
La Doctrina del Mal
Mal Moral
Según San Agustín, el mal moral está vinculado al mal uso del libre albedrío. No es una sustancia ni una realidad creada por Dios, sino el resultado de la elección equivocada del ser humano. Cuando la voluntad se aparta del Bien supremo (Dios) y se orienta hacia bienes inferiores, comete pecado. El mal moral es, por tanto, consecuencia de la libertad humana mal empleada. Se relaciona directamente con la doctrina del pecado original y con la necesidad de la gracia para poder obrar correctamente.
Mal Físico
Según San Agustín, el mal físico no es una realidad positiva ni un principio autónomo (como sostenían los maniqueos), sino una privación de bien. Influido por el neoplatonismo, Agustín entiende el mal como defecto o carencia, no como sustancia. El sufrimiento, el dolor o la enfermedad no proceden de un principio del mal opuesto a Dios, sino que forman parte del orden creado y de la limitación propia de las criaturas. Así rechaza el dualismo maniqueo y afirma que todo lo creado por Dios es bueno en su origen.
Santo Tomás de Aquino: Teología y Conocimiento de Dios
La Teología Tomista
En Santo Tomás de Aquino, la teología es la ciencia de la fe, es decir, el saber que parte de las verdades reveladas por Dios en la Sagrada Escritura e intenta comprender su significado. Se distingue de la filosofía no por su objeto —ya que ambas pueden tratar de Dios, del hombre y del mundo— sino por el modo de conocer: la teología se basa en la revelación divina, mientras que la filosofía se basa en la razón natural. Para Tomás, la teología perfecciona y eleva a la filosofía, pues la fe mejora y completa el conocimiento racional.
Evidencia y Conocimiento de Dios
Evidente en Sí (Quod Se)
Santo Tomás distingue entre lo que es evidente en sí y lo que es evidente para nosotros. Algo es evidente en sí (quod se) cuando su predicado está contenido en el sujeto y, por tanto, no necesita demostración en cuanto a su verdad objetiva. Sin embargo, que algo sea evidente en sí no implica que lo sea para el entendimiento humano. En el caso de Dios, su existencia puede ser evidente en sí misma, pero no es evidente para nosotros, ya que no conocemos directamente su esencia.
Evidente para Nosotros (Quod Nos)
En Santo Tomás de Aquino lo evidente para nosotros (quod nos) es aquello que nuestro entendimiento puede captar inmediatamente. La existencia de Dios no es evidente para nosotros porque no poseemos una intuición directa de su esencia. Por ello, rechaza el argumento ontológico de San Anselmo, ya que no acepta el paso inmediato del orden mental al real. La existencia de Dios debe demostrarse a posteriori, partiendo de los efectos sensibles.
Causas Quia y Propter Quid
Causas Quia
Tomás de Aquino distingue entre causas propter quid y causas quia. Las causas quia son aquellas que no vemos directamente, sino que deducimos a partir de sus efectos. En el caso de Dios, como no es evidente ni observable directamente, su existencia debe demostrarse como causa quia: partiendo de los efectos visibles en el mundo (movimiento, causalidad, contingencia, etc.) para inferir la existencia de una causa primera. Este procedimiento caracteriza sus cinco vías.
Causas Propter Quid
En Santo Tomás de Aquino, las causas propter quid son aquellas cuya relación causal conocemos directamente, es decir, vemos tanto la causa como el efecto. Son causas explicadas desde el fundamento mismo de la realidad observada. Sin embargo, Dios no puede ser causa propter quid para nosotros, porque no lo percibimos directamente; por ello, su existencia no puede demostrarse de este modo, sino mediante causas quia, partiendo de la experiencia sensible.
Ética Tomista: Felicidad y Virtudes
Beatitudo
La beatitudo es, en la ética de Santo Tomás, la felicidad plena o bienaventuranza que constituye el fin último del ser humano. Siguiendo la teleología aristotélica, Tomás afirma que todo ser tiende a un fin, y en el caso del hombre ese fin es la felicidad. Sin embargo, corrige a Aristóteles al afirmar que la felicidad suprema no consiste solo en la vida contemplativa racional, sino en la contemplación de Dios. La beatitudo es, por tanto, la visión beatífica de Dios.
Virtudes Teologales
Las virtudes teologales, en la ética tomista, son disposiciones infundidas por Dios que orientan al ser humano hacia el orden sobrenatural. A diferencia de las virtudes morales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), las virtudes teologales tienen como objeto directo a Dios. Son tres:
- La fe (creer en Dios y en su revelación).
- La esperanza (confiar en la gracia divina para alcanzar la felicidad eterna).
- La caridad (amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por amor a Dios).
René Descartes: El Método Racionalista
El Método Cartesiano
El método es el eje central de la filosofía de René Descartes y aparece formulado principalmente en el Discurso del método. Se trata de un conjunto de reglas destinadas a dirigir correctamente la razón para alcanzar verdades ciertas e indudables. Surge en el contexto del racionalismo del siglo XVII y pretende superar la inseguridad del saber tradicional. El método cartesiano se inspira en las matemáticas y busca evitar la precipitación y la confusión. Sin método, según Descartes, no puede haber ciencia verdadera ni conocimiento seguro.
Las Reglas del Método
Duda Cartesiana
La duda cartesiana es el punto de partida del conocimiento en la obra Meditaciones metafísicas. En el pensamiento de Descartes, se trata de una duda metódica, hiperbólica y provisional, no escéptica en sentido definitivo. Su función es eliminar todo aquello que pueda ser cuestionado: los sentidos, la diferencia entre sueño y vigilia e incluso la hipótesis del genio maligno. Forma parte del proyecto racionalista de hallar una verdad absolutamente indudable. Gracias a esta duda radical, Descartes llega a la primera certeza: el cogito.
“Pienso, luego existo” (Cogito)
El “pienso, luego existo” es la primera verdad indudable descubierta por Descartes en su proceso de duda metódica. Aparece formulado en el Discurso del método y desarrollado en las Meditaciones metafísicas. No es un razonamiento deductivo, sino una intuición inmediata y evidente: mientras pienso, no puedo dudar de que existo. Esta certeza funda el conocimiento y revela al sujeto como sustancia pensante. El cogito se convierte así en el principio básico de toda la filosofía cartesiana.
Análisis y Síntesis
Análisis
En la filosofía de René Descartes, el análisis es la segunda regla del método expuesta en el Discurso del método. Consiste en dividir cada problema complejo en partes más simples hasta llegar a elementos claros y distintos, que la razón pueda captar con evidencia. Este procedimiento refleja la influencia del modelo matemático en su pensamiento. El análisis permite descomponer lo confuso y prepara el paso siguiente del método: la síntesis.
Síntesis
En el sistema cartesiano, la síntesis es la tercera regla del método, complementaria al análisis. Tras descomponer el problema, el entendimiento debe recomponerlo ordenadamente, partiendo de las ideas más simples y evidentes para avanzar hacia las más complejas. Este proceso se basa en la deducción racional y sigue el modelo de la geometría. Con la síntesis, Descartes construye un conocimiento sistemático y seguro.
Enumeración
La enumeración constituye la cuarta regla del método cartesiano y cumple una función de verificación final. Busca asegurar la certeza absoluta del conocimiento. Consiste en realizar revisiones completas del proceso de análisis y síntesis para comprobar que no se ha omitido ningún paso. Su finalidad es evitar errores por descuido o precipitación.
Sustancias y Tipos de Ideas
Ideas (Tipos)
En la teoría del conocimiento de Descartes, el pensamiento no conoce directamente las cosas, sino ideas. Distingue tres tipos en las Meditaciones:
- Ideas adventicias: parecen proceder de la experiencia sensible.
- Ideas facticias: construidas por la imaginación.
- Ideas innatas: pertenecen al entendimiento mismo.
Entre las ideas innatas destaca la idea de Dios, clave para demostrar su existencia y garantizar la verdad del conocimiento.
Res Cogitans
La res cogitans significa “sustancia pensante”. Se descubre a partir del cogito y constituye la esencia del yo. Su atributo principal es el pensamiento (incluyendo dudar, afirmar, imaginar o sentir). Es una sustancia inmaterial, independiente del cuerpo. En el dualismo cartesiano, corresponde al alma humana.
Res Extensa
La res extensa es, en la metafísica de Descartes, la sustancia material cuya propiedad esencial es la extensión en el espacio. Forma parte de su concepción mecanicista del universo. Todo cuerpo pertenece a la res extensa y está sometido a leyes matemáticas y físicas. A diferencia de la res cogitans, no piensa ni tiene conciencia.
David Hume: Empirismo Radical y Moral
Teoría del Conocimiento
Impresión
Para Hume, las impresiones son las percepciones originarias, las primeras y más intensas: entran en el alma con “máxima dureza y violencia”. Son el conocimiento inmediato e intuitivo de algo externo o interno. Las impresiones externas se llaman sensaciones, y las internas son pasiones o emociones. Esta distinción es clave porque las ideas derivan de las impresiones y marcan el límite del conocimiento.
Idea
En Hume, una idea es una percepción más débil y menos viva que una impresión: funciona como una imagen debilitada o copia difusa producida por la memoria a partir de lo que antes sentimos con fuerza. No hay ideas “nuevas” independientes: toda idea válida procede de alguna impresión.
Impresión de Sensación
Las impresiones de sensación son las que proceden de los sentidos, como el olor de un pastel o el color de una flor. Son el primer material sensible con el que empieza el conocimiento.
Pasiones
Para Hume, las pasiones (sentimientos o emociones) son impresiones de reflexión: no vienen directamente del sentido externo, sino que se forman en el entendimiento a partir de impresiones de sensación o de ideas. Son “percepciones de nuestras propias percepciones”.
Asociación y Juicios
Leyes de Asociación
Las leyes de asociación de ideas explican cómo la mente conecta y pasa de una idea a otra con facilidad. Son tres:
- Semejanza (una idea llama a otra parecida).
- Contigüidad en el espacio o el tiempo (proximidad espacial/temporal).
- Relación causa-efecto (costumbre de esperar un hecho tras otro).
Relaciones entre Ideas
Las relaciones entre ideas son proposiciones que trabajan solo con contenidos ideales, no con hechos del mundo. No proceden de la experiencia, sino del razonamiento, y se justifican por el principio de no contradicción. Por eso son universales y necesarias (ejemplo: verdades matemáticas).
Cuestiones de Hecho
Las cuestiones de hecho son juicios que describen cómo es el mundo y, por tanto, surgen de la experiencia o de la memoria de una experiencia. Se apoyan en la relación causa-efecto y en la inducción, no en necesidad lógica. Son verdades probables y contingentes.
Ética Emotivista Humeana
Utilidad
En la ética emotivista de Hume, la utilidad explica por qué aprobamos o reprobamos acciones y cualidades: la causa de esos sentimientos morales se halla en lo útil. Una acción despierta un sentimiento agradable cuando es útil para uno mismo y para los demás, orientándose a la mayor felicidad posible para el mayor número.
Simpatía
En Hume, la simpatía es una tendencia natural humana que permite sintonizar con la felicidad y el malestar ajenos, y sostiene la dimensión social de la moral. Se define como la inclinación a participar y revivir las emociones de los demás, haciendo naturales sentimientos como la compasión y la solidaridad. Gracias a la simpatía, podemos rechazar injusticias y crueldades incluso si no nos afectan directamente.
Etiquetas: Descartes, Filosofia, Hume, Metafísica, San Agustín, Santo Tomás de Aquino
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