23 Feb

Contextos o esferas espaciales:


Contextos espaciales ligados a los desplazamientos físicos

En estos contextos pensar el espacio supone resolver problemas de orientación, tomar decisiones sobre itinerarios, saber leer un mapa de carreteras, un plano topológico del metro… En resumen, aprender a pensar el espacio en el que vivimos.

Contextos espaciales vinculados a la comprensión de las redes espaciales de las que formamos parte

Tiene diferentes carácterísticas, diferentes escalas, como es el caso de las redes de carácter eminentemente administrativo (el municipio, la comarca, la comunidad autónoma, el estado). También las redes como área de influencia económica que es el área en la que la ciudad ofrece sus servicios, que será más o menos grande en función del tamaño de la ciudad.

Contextos espaciales relacionados con el procesamiento de la información de los medios de comunicación

Son los trozos de espacio virtual donde los conceptos geopolíticos son muy abundantes y reflejan teorías explicativas que nos plantean dudas  y dilemas morales como es el caso de la división del mundo en norte y sur, la Uníón Europea, las pruebas atómicas, la globalización, etc. Pensar el espacio en este contexto implica un proceso riguroso de análisis de racionalidad que es lo que en definitiva hay que ayudar a construir a partir de nuestras clases de ciencias sociales.

Teoría de Hubert Hannoun


Introducción

El mundo exterior que percibe el niño es inseparable del espacio en el que se mueve. El espacio está por todas partes pero el niño no sabe comprenderlo.

Como percibe el niño el espacio:

Los efectos del egocentrismo infantil sobre la percepción del espacio

Los efectos del egocentrismo infantil aparecen en tres áreas diferentes:

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El niño sólo puede percibir el espacio acorde con sus propias dimensiones

El niño poco preparado para comprender el mundo y el espacio de los adultos lo transformará de alguna manera para reducirlo a sus propias dimensiones. En un primer momento, ese espacio será su propio cuerpo. Este espacio que el niño descubre desde sus primeras semanas de vida pronto que evidentemente no se corresponden con las dimensiones de un ser que acaba de salir de la estrechez de su cunita. El niño reconstituirá las cosas también con la imaginación. Podemos por tanto, suponer que el niño está limitando el espacio con el fin de reducirlo a unas dimensiones comprensibles para él. A esas edades podemos decir que los niños «no saben llenar el espacio» hay que enseñarselo. 2.

El niño percibe el espacio como lo piensa y no como lo ve

El espacio es algo ajeno a ellos, no lo entienden. Una forma de acercarlo es transformarlo gracias a la fantasía. El niño transforma el espacio no sólo desde el punto de vista ->sigue


cuantitativo sino también desde el punto de vista cualitativo, es decir, referido a su significación. El papel del profesor es el de ayudar al niño a penetrar en espacios más amplios y verdaderos. En cuanto al Realismo intelect del niño se pueden retomar las conclusiones de Piaget que dice que la noción de perspectiva durante mucho tiempo resulta inconcebible para el niño aunque alrededor de los 8 años consigue reconocer en él la perspectiva pero si le decimos que la dibuje el no sabrá representar. Por lo tanto el espacio y su representación todavía se hayan mezclados.

3.La lateralización. El reconocimiento de la izquierda y la derecha que presentan en el niño una gran dificultad

Respecto a la lateralización, la distinción entre la derecha y la izquierda presentan una gran dificultad para el niño. El niño divide el espacio en cuatro partes: lo que está delante de mí, detrás, a la derecha o a la izquierda. El reconocimiento de los objetos que están delante o detrás suele ser fácil porque delante es lo que ve con los ojos, es también el sentido de la marcha y también lo que la mano alcanza con mayor facilidad. Por el contrario, lo que está detrás es lo opuesto a lo que está delante. Estos dos criterios son vividos por el niño y por eso los adquiere con mayor facilidad, pero no sucede lo mismo con la izquierda y con la derecha. El reconocimiento de los objetos que están delante o detrás suele ser fácil porque delante es lo que ve con los ojos, es también el sentido de la marcha y también lo que la mano alcanza con mayor facilidad. Por el contrario, lo que está detrás es lo opuesto a lo que está delante. Estos dos criterios son vividos por el niño y por eso los adquiere con mayor facilidad, pero no sucede lo mismo con la izquierda y con la derecha. Piaget, llegó a las siguientes conclusiones:
El niño llegado a los 5 años distingue lo que está a su derecha y a su izquierda pero le resulta imposible señalar la de su interlocutor.  El niño de 8 a 11 años consigue señalar la parte izquierda y derecha de su interlocutor. Y por último, a partir de los 11 o 12 años sabe situar los objetos en su relación recíproca se puede llegar a la conclusión de que el niño al principio no es capaz de comprender el espacio en sus dimensiones reales ni en su significación verdadera, tampoco sabrá representarlo y por tanto el profesor es el que subsanará estas dificultades.

Como percibe el niño el espacio: Los efectos del sincretismo sobre la percepción del espacio

Una de las consecuencias del sincretismo es el hecho de que las propiedades de un objeto se consideran como adheridas o pegadas a él. Esta uníón o confusión entre lo accidental y lo esencial vuelve a encontrarse en el nivel de comprensión del espacio en la medida en que el niño no sabe separar el objeto del espacio que ocupa.

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