25 Abr
La naturaleza de la verdad: ¿Objetividad o construcción del poder?
La pregunta por la naturaleza de la verdad ha acompañado al pensamiento humano desde sus orígenes. ¿Existe una verdad objetiva, independiente de quien la enuncia, o es la verdad una construcción ajustada por quienes tienen el poder? Esta cuestión adquiere una relevancia particular en el contexto de las sociedades contemporáneas, donde los medios de comunicación permiten una difusión masiva de información o desinformación. Cabe preguntarse, por tanto, si el ser humano puede acceder a una realidad externa verificable o si, por el contrario, la verdad es el resultado de un consenso impuesto por los individuos al poder. En esta disertación defenderé una tesis que, sin renunciar a la posibilidad de conocer la realidad, reconoce la influencia que el poder ejerce sobre nuestra percepción de esta. Para desarrollar esta idea, analizaré, por un lado, la concepción clásica que defiende la existencia de una verdad objetiva accesible mediante la razón; por otro, la perspectiva que sostiene que la verdad es una construcción social determinada por el poder.
La concepción clásica: La verdad como correspondencia
La primera postura que debemos considerar es aquella que afirma la existencia de una verdad objetiva e independiente del individuo que la conoce. Esta idea, originada en el pensamiento griego clásico, tiene su versión más conocida en la teoría de la verdad como correspondencia de Aristóteles: C1. Según esta perspectiva, la verdad consiste en la adaptación entre el entendimiento y la realidad. El agua hierve a cien grados centígrados al nivel del mar, la Tierra gira alrededor del Sol… son hechos que no dependen de nuestra voluntad ni de las estructuras de poder que gobiernan la sociedad.
Los defensores de esta postura argumentan que la capacidad humana de razonar, de observar empíricamente el mundo y de contrastar nuestras ideas con las ajenas constituye una garantía suficiente para acceder a la verdad. El método científico, basado en la formulación de hipótesis, la experimentación y la revisión por pares, representa el ejemplo más completo de este ideal de conocimiento objetivo. Desde este punto de vista, el poder puede intentar ocultar, distorsionar o manipular la verdad, pero no puede crearla ni destruirla.
La verdad como instrumento de control: La visión de Orwell
Frente a esta concepción se alza una postura radicalmente distinta, que encuentra una de sus expresiones más inquietantes en la novela 1984 de George Orwell. Según esta perspectiva, la verdad no es más que aquello que el poder establece como tal. Quien controla los mecanismos de producción y difusión del conocimiento controla también lo que los individuos considerarán verdadero. No existe una realidad externa a la que podamos llegar independientemente del lenguaje y de las estructuras sociales que definen nuestra experiencia.
Esta segunda postura se manifiesta en su forma más directa en el lema del Partido: C2. La novela ilustra de manera perfecta cómo el Ministerio de la Verdad se dedica a reescribir la historia, alterando registros, modificando periódicos atrasados y eliminando cualquier evidencia que contradiga la versión oficial de los hechos. C3
El doblepensar y la anulación de la resistencia
El instrumento fundamental es el «doblepensar». Mediante esta técnica, el Partido consigue que sus miembros acepten como verdadero aquello que saben que es falso, anulando cualquier posibilidad de resistencia intelectual. La verdad deja de reflejar la realidad. C4
El proceso de «curación» al que es sometido Winston es una demostración clara de esta postura. Mediante la tortura física y psicológica, O’Brien consigue que Winston vea cinco dedos donde solo hay cuatro. La verdad objetiva desaparece ante el poder del Estado. Cuando Winston, finalmente derrotado, llega a amar al Gran Hermano, ha aceptado que la realidad es aquello que el Partido decide.
La resistencia de la realidad
Cabe preguntarse, sin embargo, si esta dominación del poder sobre la verdad es realmente absoluta. La propia novela ofrece indicios de que no lo es. Winston escribe: C5. Los proles, precisamente por estar al margen del sistema de vigilancia y adoctrinamiento, conservan indicios de una verdad no manipulada. La existencia misma de estos restos del pasado sugiere que la realidad, por mucho que el poder se empeñe en negarla, deja huellas que no pueden ser completamente borradas.
Conclusión: La verdad como acto de libertad
Teniendo en cuenta los argumentos expuestos, considero que la verdad no puede reducirse por completo a un producto del poder, pero tampoco cabe afirmar que sea completamente independiente de él. La verdad objetiva existe —dos y dos seguirán siendo cuatro por mucho que el Partido sostenga lo contrario—, pero nuestra capacidad de acceder a ella y de mantenerla viva en la memoria de todos depende en gran medida de nuestra resistencia frente a los mecanismos de manipulación.
En este aspecto, el relato de Winston es muy revelador. Su derrota final, amar al Gran Hermano, demuestra hasta qué punto el poder puede dominar al individuo. Sin embargo, el hecho mismo de que Orwell escribiera esta novela como advertencia, y que nosotros, como lectores, podamos reconocer la monstruosidad del mundo que describe, demuestra que la verdad posee una capacidad de resistencia que el poder no logra eliminar del todo. Quizá la libertad, como dijo Winston en sus momentos de lucidez, consista precisamente en C6. Y mientras haya alguien dispuesto a afirmarlo, incluso en un susurro, el poder no tendrá su victoria definitiva.

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