21 May
Clases medias: ascenso, crisis y nueva pobreza
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, una parte importante de las clases populares argentinas experimentó un movimiento social ascendente. Hacia el fin de la dictadura, se destacan dos rasgos fundamentales: la consolidación de un proceso de polarización social debido al empeoramiento en la distribución de los ingresos y el aumento y heterogeneidad de la pobreza.
En este contexto, incidieron la caída generalizada de los salarios reales y el aumento de la dispersión salarial entre categorías de trabajadores. Se hizo visible la “nueva pobreza”, compuesta por sectores recientemente empobrecidos que poseían recursos específicos (saberes, habilidades y relaciones sociales diferentes a los tradicionalmente considerados pobres).
Características del empobrecimiento en sectores medios
- Respuesta familiar: La estrategia frente a la pauperización se gestionó principalmente en el ámbito doméstico.
- Ocultamiento: Al ser una forma de pobreza que se busca esconder, se mantuvo dentro de las relaciones cercanas, evitando aparecer en la agenda pública.
- Desprotección: Los nuevos pobres enfrentaron una vulnerabilidad que afectó no solo sus condiciones de vida, sino también la promesa de movilidad social ascendente.
La estructura social y los nuevos pobres
Desde el punto de vista de la estructura social, los nuevos pobres conforman un estrato híbrido. Esto significa que se asemejan a la población pobre en cuanto a ingresos, inserción laboral y acceso a la protección social, pero comparten con los sectores medios rasgos como el nivel educativo y la composición familiar (capital cultural y social). A lo largo de los años 90, esta categoría se visibilizó en espacios como los clubes de trueque. Tras la crisis de 2001, la movilidad social descendente se convirtió en un aprendizaje, dando lugar a nuevos métodos de supervivencia. A partir de 2003, se observó una movilidad ascendente, aunque de corta distancia y fácilmente reversible.
Fragmentación social y nuevos estilos de vida
Las clases medias que protagonizaron el ascenso social en los años 90 experimentaron una fragmentación que tuvo su correlato en los modelos de socialización y la difusión de nuevos estilos residenciales, como las urbanizaciones cerradas. Si bien las clases medias eran heterogéneas en su inserción ocupacional, mantenían una homogeneidad cultural que se quebró en los 90.
Las nuevas formas de residencia (countries) ejemplifican la desarticulación de las formas de sociabilidad tradicionales. Se consolidó una estructura de relaciones más rígida y jerárquica, acompañada por escuelas privadas exclusivas. Esta nueva sociabilidad se caracteriza por la creciente homogeneidad de los círculos sociales, donde las relaciones se establecen únicamente entre semejantes, configurando grupos de pertenencia cerrados.
Las clases altas: exclusividad y brecha social
Existe escasez de trabajos académicos sobre la composición de los sectores altos; la mayor parte de los estudios surge de organizaciones que representan a estos sectores económicos, como la Sociedad Rural Argentina. El sector de servicios, especialmente el financiero, fue el más beneficiado.
Distinción y consumo
Se amplió la brecha que separa a estos grupos del resto de la sociedad, no solo en ingresos, sino también en consumos y estilos de vida, caracterizados por:
- La constitución de círculos homogéneos.
- La búsqueda de una sociabilidad exclusiva y excluyente.
- El acceso a la “alta cultura” y viajes al exterior como elementos de distinción.
Aunque en los años 90 la estabilidad económica permitió que las clases medias accedieran a ciertos consumos de élite, la crisis de 2001 revirtió esta tendencia, devolviendo estos privilegios al patrimonio exclusivo de las clases altas. El repunte posterior estuvo ligado a los sectores más altos y al impulso de las actividades agropecuarias.
En conclusión, la fragmentación social aumentó las distancias entre grupos y el deterioro de las condiciones de vida ha sido clave para entender los cambios en la estructura social argentina. Se observa que procesos como la segregación espacial de los sectores altos y la territorialización de los sectores populares son fenómenos complejos que difícilmente puedan revertirse únicamente mediante políticas públicas tradicionales.

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