07 Ene


Autor:


Mons. Alejandro Goic Karmelic

Fecha:


07/08/2008

País:


Chile

Ciudad:


Rancagua


Ponerse en el lugar de los demás

Un fraterno saludo a todos. A las distinguidas autoridades que nos han acompañado y a todos y a cada uno de ustedes. Un saludo especial y lleno de gratitud a nuestros ilustres invitados Sres. Osvaldo Andrade, Ministro del Trabajo, Arturo Martínez, Presidente de la CUT Y Alfredo Ovalle, Presidente de la CPC. En un clima de respeto y diálogo hemos seguido con profundo interés este Foro-Panel El trabajo en un mundo globalizado, ¿herramienta de crecimiento humano o fuente de frustración?

Percibo claramente que todos queremos que realmente el trabajo humano sea efectivamente una herramienta de crecimiento humano. Sabemos y somos conscientes que no siempre es así pero queremos que sea así. Este foro panel es una muestra elocuente de ello.
El 23 de Agosto del 2007, la Presidenta de la República creó un Consejo Asesor Presidencial, formado por figuras públicas del más alto nivel y de diversas visiones para buscar caminos de mayor dignificación laboral y de equidad social.
El Informe Final (Mayo 2008) del Consejo Asesor pretende fomentar en la sociedad chilena un estilo de progreso que sea, a la vez, inclusivo y moderno, promoviendo la competencia y brindando oportunidades, y, así, forjar un futuro para todos. En definitiva, lo verdaderamente importante es que el tema de la equidad se haya instalado en nuestra sociedad y que todos, desde la propia perspectiva y responsabilidad trabajemos con ahínco por hacer verdaderamente un país más justo y equitativo para todos. Los que pretenden servir a Chile desde los Municipios, el Parlamento y la Presidencia de la República tienen una tarea prioritaria en este campo. El mejoramiento de las condiciones de vida de todos debe constituirse en un objetivo primordial de todo el proceso económico(Premio Nóbel Amartya Sen 1998).
La Iglesia tiene una palabra que decir en este campo, como en otros campos de la realidad:

«nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» (Gaudium et Spes, 1)


No es tarea de la Iglesia señalar los caminos concretos de realización de proyectos sociales, políticos y económicos que realicen una sociedad más justa y más equitativa. Lo afirmo con palabras claras y elocuentes de Benedicto XVI: La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia.
Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar.

La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política

No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien (Deus Caritas est, 28).
El trabajo humano tiene fuertes fundamentos bíblicos. El Antiguo Testamento presenta a Dios como creador omnipotente que plasma al hombre (varón y mujer) a su imagen y le invita a trabajar la tierra y a custodiar el jardín del Edén en donde lo ha puesto (Gén. 2).

En el designio del Creador, las realidades creadas, buenas en sí mismas, existen en función del hombre

En el Nuevo Testamento, Jesucristo en su predicación enseña a apreciar el trabajo. Con el trabajo y la laboriosidad, el hombre, participa del arte y de la sabiduría divina, embellece la creación, el cosmos ya ordenado por el Padre Dios, suscita las energías sociales y comunitarias que alimentan el bien común, en beneficio sobre todo de los más necesitados.
¿Qué dice la enseñanza social de la Iglesia en relación al tema trabajo, capital, equidad social?

Juan Pablo II en su carta acerca del Trabajo Humano destaca dos principios fundamentales:


·La prioridad de la persona del trabajador por sobre el trabajo que realiza.
·La prioridad del trabajo frente al capital
Y en relación a la justa remuneración y distribución de la renta, la enseñanza social de la Iglesia señala:

La remuneración es el instrumento más importante para practicar la justicia en las relaciones laborales

El salario justo es el fruto legítimo del trabajo; comete una grave injusticia quien lo niega o no lo da a su debido tiempo y en la justa proporción al trabajo realizado.
La remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a la familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presente el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común. El simple acuerdo entre el trabajador y el patrono acerca de la remuneración, no basta para calificar de justa la remuneración acordada, porque ésta no debe ser en manera alguna insuficiente para el sustento del trabajador, la justicia natural es anterior y superior a la libertad de contrato (DSI, 302).
El bienestar económico de un país no se mide exclusivamente por la cantidad de bienes producidos, sino también teniendo en cuenta el modo que son producidos y el grado de equidad en la distribución de la renta, que debería permitir a todos disponer de lo necesario para el desarrollo y perfeccionamiento de la propia persona. (DSI, 303)
Estos fueron algunos de los grandes principios que récordé el año pasado haciendo un llamado especial a los creyentes en Cristo en este país y también a quienes sin tener el don de la fe, quieren verdaderamente una sociedad más justa, fraterna y solidaria. Hice un llamado de pastor, a quien nada de lo humano le es ajeno. Hubo debates y aún continúan, gracias a Dios. Hubo detractores, con fuerte argumentación económica. Hubo quienes señalaron: ¡por fin! Se coloca en el debate nacional un tema que interesa a la gran mayoría. ¡Nadie quedó indiferente! Quiero traer aquí, entre otros muchos, dos hechos de vida:
1)Frente al debate ya instalado en Chile por el tema laboral, el Sr. Miguel Allamand, presidente de la exportadora de frutas Subsolé, se declara un decidido partidario de lo que hoy se ha denominado sueldo ético, siempre que esté en sintonía con la productividad del trabajador.
Dice: el sueldo ético no es más que la expresión de la Doctrina Social de la Iglesia, que es mucho más exigente y realista que la de tantas revoluciones vacías y empobrecedoras. Se trata, finalmente, de que de los frutos de la empresa todos podamos vivir con dignidad, ahorrar para la vejez y dar adecuada educación a nuestros hijos (10-IX-2007).
2)Con fecha
30 de Julio del 2008 recibí una carta de una empresa de 140 trabajadores del rubro metalmecánico de la regíón, en que su Gerente General, entre otros conceptos me señala: El motivo de la presente es informarle que desde que usted tuvo la ocurrencia de hacer público el llamado al empresariado nacional para colaborar en el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, estableciendo lo que usted denominó un sueldo ético es que su buena intención provocó en nosotros la necesidad de hacer posible tal planteamiento y plasmarlo en un mejoramiento efectivo en los ingresos de todos quienes formamos parte de esta familia laboral, es así como, a iniciativa propia de la administración de esta empresa hemos logrado materializar un mejoramiento en los ingresos de un altísimo porcentaje de quienes aquí nos desempeñamos estableciendo para la menor categoría de nuestra organización un sueldo mínimo de $ 250.000 mensuales, aparte de algunas otras regalías ya implementadas.
Hoy, con amor y respeto a todos, invito a seguir estos ejemplos y reitero mi llamado a ponernos en el lugar de los más pobres de Chile. Esa mirada de amor es la única capaz de hacer una realidad nueva.
Para los que creemos en Cristo es un imperativo de nuestra fe, para los que no tiene el don de la fe, es un imperativo humano.


¡Qué válidas siguen siendo las palabras del entonces P. Hurtado, hoy, San Alberto Hurtado!: Habrá justicia social cuando sea el bien común y no el interés particular el que regule la distribución de los bienes.

Sin justicia social no puede existir democracia integral

El mundo económico no puede regularse ni por la concurrencia, ni por la prepotencia económica, sino por la justicia y por la caridad social. Es que un orden social justo no puede ser creado cometiendo injusticias; la justicia no tiene partidos, porque se inclina ante el derecho sea de quien sea (Moral Social).
Termino con palabras más recientes de Benedicto XVI y que proclamo con convicción profunda: Es preciso elegir entre la lógica del lucro como criterio último de nuestra actividad y la lógica del compartir y de la solidaridad.
Cuando prevalece la lógica del lucro, aumenta la desproporción entre pobres y ricos, así como una explotación dañina del planeta. Por el contrario, cuando prevalece la lógica del compartir y de la solidaridad, se puede corregir la ruta y orientarla hacia un desarrollo equitativo, para el bien común de todos (27-IX-2007)
¡Dios nos ayude a construir una sociedad donde prime la lógica del compartir y de la solidaridad!

¡Dios les bendiga!
Muchas gracias.

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