23 Abr

La Guerra Civil Española comenzó en 1936, duró tres años y acabó con un país arrasado en todos los aspectos. En el que nos ocupa, el cultural y literario, el drama fue enorme ya que disolvíó una de las generaciones artísticas más brillantes que se hayan dado en nuestro país. La llamada Edad de Plata de las letras españolas acabó de golpe y de forma trágica. Federico García Lorca fue asesinado al principio de la guerra y del resto de la Generación del 27 solamente Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre permanecieron en España, donde el panorama desolador cambió el rumbo de sus poéticas. El resto permanecíó expatriado en diferentes puntos de Europa y América.Entre 1936-1939 se desarrolló una literatura de propaganda ideológica de escasa calidad. Sin embargo, Miguel Hernández, el poeta de Orihuela, desde su autodidactismo, llegó a convertirse “genial epígono” del grupo del 27, a los que admiraba enormemente, y a hacer amistad con Aleixandre, su padrino poético. A pesar de su corta vida su trayectoria, ejemplo magistral de fusión
entre la tradición y vanguardia, fue capaz de abarcar las tendencias de etapas posteriores: el Vanguardismo de Perito en lunas, la inspiración petrarquista de El rayo que no cesa, el compromiso social y político de Viento del pueblo y el doloroso intimismo de Cancionero y romancero de
ausencias. 2.- Etapas. Desde el fin de la guerra hasta la actualidad la poesía ha atravesado momentos muy dispares,marcados por la circunstancias histórico-sociales. Se consideran las siguientes etapas:
1) AÑOS 40: POESÍA ARRAIGADA Y POESÍA DESARRAIGADA. Dámaso Alonso bautizó dos tendencias antagónicas que surgieron en este panorama desolador: a) La poesía arraigada: Se basa en la exaltación nacionalista y en la evasión de la realidad con temas como la familia, el orden, el amor, Dios y la patria. Lo hacen con un estilo clasicista y elegante. Su revista de referencia es Garcilaso. Sus representantes son Leopoldo Panero con
Canto personal, Dionisio Ridruejo y sus Sonetos a la piedra y Luis Rosales, cuya obra
La casa encendida, considerada cumbre de esta tendencia, reivindica la memoria de seres queridos como medio de esperanza y seguridad. B) La poesía desarraigada: Incluye a los poetas marcados por la destrucción de la guerra. Su visión es desesperanzada y existencial y presenta gran influencia del último periodo de M. Hernández.
Sus temas son la muerte, la soledad, la violencia, la injusticia y el caos, expresados en un estilo sin ataduras, de verso libre, versículo y lenguaje conversacional. 1944 será crucial porque coinciden dos publicaciones: Hijos de la ira de D. Alonso, grito de angustia y denuncia, junto al
canto surrealista de la felicidad perdida, Sombra del paraíso del Nobel V. Aleixandre. El cambio de rumbo de la poesía fue representado por los poetas que empezaron a publicar en la revista Espadaña (1944-1951), pues contribuyeron al proceso de rehumanización de lírica atacando la poesía de evasión y estilo clasicista a favor de un tono más humano y existencial.
Aparecen los primeros libros de Blas de Otero, Gabriel Celaya y Carlos Bousoño. Es el inicio de la poesía social. 2) AÑOS 50: POESÍA SOCIAL.
Esta década de los 50 está marcada por la necesidad de ofrecer un testimonio crítico de la realidad y de adoptar un compromiso ante la situación de España. La poesía es ahora comunicación dirigida “a la inmensa mayoría” y su tono es sencillo y coloquial, cercano en ocasiones al prosaísmo. La poesía social se convierte en arma ideológica y de denuncia contra las injusticias para exigir justicia y libertad. Gabriel Celaya, uno de los autores clave, con títulos como Las cartas boca arriba y Paz y concierto, dice literalmente en su poema “La poesía es un arma cargada de futuro” que el poeta tiene que “tomar partido hasta mancharse”. Por su parte, José Hierro escribe en esta línea Con las piedras, con el viento y Quinta del 42, pero su tendencia hacia la irrealidad y el carácter alucinado de sus composiciones lo alejarán cada vez más de los márgenes espacio-temporales hasta desembocar en obras como Libro de las alucinaciones o su último Cuaderno de Nueva York. En cambio, en Blas de Otero se percibe una trayectoria desde lo existencial a lo social. Pido la paz y la palabra o Que trata de España son ejemplos de una poesía hecha para sacudir conciencias y compartir con el resto de la humanidad su “tragedia viva”. 3) AÑOS 60: POESÍA DEL CONOCIMIENTO. Convive con el desarrollo de la poesía social la llamada generación de los 50, que buscaba una mayor elaboración del lenguaje poético y un desplazamiento de lo colectivo a lo personal. Para ellos,
la poesía no es comunicación, sino un acto de conocimiento. Aunque las voces poéticas serán muy distintas, se detectan temas comunes como el paso del tiempo, la amistad (muchos fueron grandes amigos) y la reflexión sobre la poesía. Mantienen el lenguaje coloquial y el verso libre. Destacan
J.A.Goytisolo con un estilo directo y cotidiano en Algo sucede; Claudio Rodríguez y el Surrealismo clasicista de Alianza y condena; Ángel González, irónico e intimista, con Tratado de urbanismo y Jaime Gil de Biedma con Compañeros de viaje, una obra sensual, ROMántica y desencantada.
4) AÑOS 70: LOS NOVÍSIMOS Este grupo se da a conocer a través de la antología Nueve novísimos poetas españoles, de J.M. Castellet. Sus obras rompen con las tendencias anteriores para entregarse a la experimentación y la indagación en lo puramente lingüístico-poético. Introducen elementos de la vida urbana como la cultura pop, el cine y los medios de masas a través de recursos como el collage y la intertextualidad constante. Pere Gimferrer es el abanderado de esta generación con Arde el mar, al que siguen Leopoldo Panero con Así se fundó Carnaby Street y Guillermo Carnero con El sueño de Escipión. 3.- Conclusión.A mediados de los setenta, se produce un cambio en la poesía, que recurre al pasado literario y halla sus modelos en los poetas de fin de siglo, en los del 27 y en el grupo de los 50, especialmente Gil de Biedma y Valente. La tendencia con más recorrido y éxito de público es la poesía de la experiencia. Con títulos como Completamente viernes su máximo representante es L. García
Montero, defensor de una temática urbana plagada de motivos cotidianos. Destacan también las voces femeninas, en el neosurrealismo de Blanca Andreu y De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall y la vertiente erótica de Ana Rosetti con Los devaneos de Erato. En definitiva,todas estas líneas configurarán el mapa de una geografía poética marcada por la diversidad de tendencias.

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