17 Ene
El nacimiento de la modernidad europea
Contexto cultural y social
La modernidad europea comienza entre los siglos XV y XVI, principalmente con el Renacimiento, un movimiento cultural e intelectual que supuso una ruptura con la Edad Media. Frente al teocentrismo medieval, se impuso una visión antropocéntrica, en la que el ser humano, su razón y su libertad pasaron a ocupar el centro del pensamiento. El humanismo renacentista recuperó los textos de la Antigüedad clásica y defendió la dignidad, creatividad y capacidad racional del ser humano.
Este cambio estuvo favorecido por diversas crisis medievales, como la peste, las guerras y el debilitamiento de la Iglesia, y por profundas transformaciones sociales. El desarrollo de las ciudades y del comercio fortaleció a la burguesía, debilitando el sistema feudal. Además, la imprenta permitió la difusión masiva del conocimiento, aumentando la alfabetización y el pensamiento crítico.
Religión y secularización
En el plano religioso, la Reforma protestante, iniciada por Martín Lutero en 1517, cuestionó la autoridad del Papa y defendió la salvación por la fe, la lectura directa de la Biblia y una religión más personal. Esto provocó una división religiosa en Europa y aceleró el proceso de secularización del poder político.
Ciencia y método
En el ámbito científico, la Revolución científica transformó radicalmente la visión del mundo. Autores como Copérnico, Galileo y Kepler defendieron el heliocentrismo y promovieron un nuevo método basado en la observación, la experimentación y la razón, sentando las bases de la ciencia moderna.
Positivismo y consolidación de la visión moderna
Más adelante, en el siglo XIX, Auguste Comte desarrolló el positivismo, corriente que sostuvo que el único conocimiento válido es el científico y que la humanidad progresa pasando por tres etapas: teológica, metafísica y positiva. Con ello, se consolidó definitivamente una visión moderna, racional y científica de la realidad.
Racionalismo y empirismo: Descartes y Hume
El problema del conocimiento
En la Edad Moderna, el problema del conocimiento se convirtió en una cuestión central. Surgieron dos grandes corrientes filosóficas enfrentadas: el racionalismo y el empirismo, ambas alejadas de la fe como vía de conocimiento.
Racionalismo: René Descartes
El racionalismo, cuyo máximo representante es René Descartes, sostiene que la razón es el único instrumento fiable para alcanzar la verdad. Descartes parte de la duda metódica, cuestionando todo aquello que pueda ser falso, hasta encontrar una verdad indudable: «Pienso, luego existo». A partir de esta certeza, deduce la existencia de Dios y del mundo material. Defiende la existencia de ideas innatas, claras y distintas, y considera que la razón no tiene límites. Su método es el matemático-deductivo, y su visión del ser humano es dualista: alma (res cogitans) y cuerpo (res extensa).
Empirismo: David Hume
El empirismo, desarrollado principalmente por David Hume, afirma que todo conocimiento procede de la experiencia sensible. La mente humana es una tabula rasa, vacía al nacer, y se llena a través de los sentidos. Por ello, el conocimiento es a posteriori y tiene límites. Hume critica el principio de causalidad, afirmando que no podemos conocer leyes necesarias de la naturaleza, sino solo hábitos mentales basados en la repetición. El conocimiento empírico es, por tanto, probable, no seguro.
Consecuencias del debate
Ambas corrientes comparten el rechazo de la fe como fuente de conocimiento, pero discrepan radicalmente sobre el origen y alcance del saber. Este debate fue clave para el desarrollo posterior de la filosofía moderna.
El debate metafísico moderno y el materialismo
Dualismo cartesiano y problemas de interacción
El debate metafísico moderno surge como respuesta al dualismo cartesiano, que distingue entre tres sustancias: Dios (res infinita), el alma (res cogitans) y el cuerpo (res extensa). El principal problema de esta teoría es explicar cómo interactúan alma y cuerpo, al ser sustancias cualitativamente distintas.
Respuestas racionalistas
Diversos filósofos racionalistas intentaron resolver esta dificultad:
- Nicolas Malebranche: defendió el ocasionalismo, según el cual no existe causalidad directa entre alma y cuerpo, sino que Dios interviene en cada ocasión para producir los efectos.
- Baruch Spinoza: propuso un monismo radical: solo existe una sustancia, «Dios o la Naturaleza», de la que pensamiento y extensión son atributos. Esta visión conduce al panteísmo.
- Gottfried Wilhelm Leibniz: defendió la teoría de las mónadas, sustancias simples e inmateriales que no interactúan entre sí. La coordinación entre ellas se explica mediante la armonía preestablecida, programada por Dios desde el inicio del universo.
Materialismo moderno
Frente a estas posiciones, se desarrolló el materialismo moderno, especialmente desde Thomas Hobbes hasta la Ilustración. El materialismo sostiene que solo existe la materia y que la realidad puede explicarse mediante leyes físicas y mecánicas. El ser humano es entendido como un cuerpo sometido a las mismas leyes que el resto de la naturaleza, y la mente se reduce a procesos materiales.
Este debate metafísico refleja el intento moderno de comprender la realidad desde la razón, abandonando progresivamente las explicaciones teológicas tradicionales y abriendo el camino a una visión científica del mundo.
El origen y fundamento de la sociedad y el poder
Del fundamento teológico a la legitimidad laica
En la Edad Media, la política tenía un fundamento teológico: el poder provenía de Dios y se legitimaba a través de la Iglesia. Con la crisis de la Escolástica y el avance del pensamiento moderno, esta visión fue sustituida por una concepción laica y secular del poder.
Maquiavelo y el realismo político
Maquiavelo es el fundador del pensamiento político moderno. Separó la política de la moral cristiana y defendió el realismo político: el objetivo del gobernante es mantener el poder y garantizar la estabilidad del Estado, incluso mediante medios duros. Su visión del ser humano es pesimista, lo que justifica el uso del miedo como herramienta política.
Contractualismo: Hobbes, Locke y Rousseau
A partir de esta ruptura, surgen las teorías del contractualismo, que explican el origen del Estado mediante un pacto social:
- Thomas Hobbes: parte de una visión extremadamente pesimista del ser humano, que vive en un estado de guerra de todos contra todos. Para garantizar la seguridad, los individuos ceden todos sus derechos a un soberano absoluto: el Leviatán.
- John Locke: ofrece una visión más optimista: el ser humano es racional y posee derechos naturales (vida, libertad y propiedad). El Estado se crea para protegerlos, pero su poder debe ser limitado y revocable.
- Jean-Jacques Rousseau: con un optimismo antropológico mayor, considera que el ser humano es bueno por naturaleza y que la sociedad lo corrompe. El pacto social debe restaurar la libertad e igualdad mediante la voluntad general, base de la soberanía popular.
Estas teorías sentaron las bases de las democracias modernas y del pensamiento político contemporáneo.
Utilitarismo, liberalismo y sociedad capitalista
Capitalismo y Estado
El capitalismo es un sistema económico y político basado en el mercado, la producción privada y la búsqueda de beneficios. Su desarrollo ha estado estrechamente ligado al Estado, que protege los intereses económicos a cambio de recursos.
Liberalismo político
El liberalismo político, surgido en la Edad Moderna, defiende la primacía del individuo, la propiedad privada, la competitividad y la neutralidad del Estado. Considera que la sociabilidad no es natural, sino fruto del interés personal, y adopta una visión pesimista de la naturaleza humana.
Utilitarismo y economía moral
El utilitarismo, desarrollado por Jeremy Bentham y John Stuart Mill, propone evaluar las acciones según sus consecuencias, buscando la mayor felicidad para el mayor número de personas. Mill distingue entre placeres inferiores y superiores, otorgando más valor a los intelectuales. Esta ética se aplica también a la política y la economía.
La mano invisible y críticas
Adam Smith combina liberalismo y utilitarismo al defender que la búsqueda del interés individual beneficia al conjunto de la sociedad mediante la mano invisible del mercado, que se autorregula sin intervención estatal.
Sin embargo, esta visión ha sido criticada por presentar la competitividad como rasgo natural del ser humano. Pensadores como Piotr Kropotkin, Edward O. Wilson y Joxe Azurmendi subrayan la cooperación como elemento clave de la evolución humana. Azurmendi critica el uso ideológico del darwinismo para justificar sistemas sociales agresivos y defiende que la solidaridad y la cooperación forman parte de la naturaleza humana.
Debate contemporáneo
Este debate sigue siendo central para comprender las bases éticas y políticas del capitalismo contemporáneo.

Deja un comentario