03 Mar

1. Introducción

Para muchos historiadores, la crisis del 98 representa el comienzo de la propia crisis del sistema de la Restauración debido al desprestigio del sistema turnista y al desgaste de los partidos liberal y conservador. El detonante de tal crisis será la pérdida de las colonias, que supone mucho más que la simple desaparición de lo que fue uno de los imperios más grandes de la historia; para España supondrá también una crisis de identidad de la que tardará mucho tiempo en reponerse.

2. El problema cubano (1868 – 1898)

Cuba era una importante colonia para España, ya que aportaba importantes recursos económicos, destacando la producción y exportación de azúcar y tabaco, y la importación de productos textiles de Cataluña o el trigo de Castilla, además de un gran flujo de emigración española. Por otra parte, el comercio cubano se veía limitado por los aranceles que España imponía y que forzaban a la isla a comprar los productos españoles a elevados precios, mientras dificultaban las exportaciones hacia Estados Unidos.

En la isla, el poder político estaba en manos de los peninsulares, mientras que el poder económico y social reposaba en los criollos (que no podían acceder a los cargos de gobierno), aunque la mayor parte de la población era indígena o esclavos que trabajaban en las grandes plantaciones. A diferencia de las colonias continentales, no se produjeron en Cuba movimientos emancipadores a principios del siglo XIX. Sin embargo, desde los años treinta de dicho siglo, las élites económicas comenzaron a mostrar su deseo de una mayor autonomía. Al mismo tiempo, las ideas liberales se fueron extendiendo entre los intelectuales y las clases medias, que cada vez se mostraban más admiradoras de los vecinos Estados Unidos. La independencia cubana se logrará a raíz de tres guerras sucesivas:

2.1. La Guerra de los Diez Años (1868-1878)

En 1868 comenzará la primera de las insurrecciones cubanas con el Grito de Yara, liderada por Carlos Manuel de Céspedes, junto a importantes generales como Antonio Maceo y Máximo Gómez, así como el apoyo internacional de Estados Unidos. La sublevación, organizada en guerrillas, se ganó el apoyo popular con la promesa de acabar con la esclavitud, y mantuvo en jaque a los diferentes gobiernos del Sexenio Democrático y la Restauración hasta su derrota en 1878, gracias a la intervención del general Arsenio Martínez Campos.

En la Paz de Zanjón se acordaron un indulto generalizado, un régimen autonómico para la isla, la abolición de la esclavitud y la inclusión de representantes cubanos en las Cortes españolas. Sin embargo, el gobierno de Cánovas incumplió radicalmente estas promesas debido a las presiones de la oligarquía económica peninsular y la negativa del ejército. El incumplimiento de los acuerdos provocó un nuevo levantamiento en 1879: la Guerra Chiquita.

2.2. La Guerra Chiquita (1879-1880)

La nueva sublevación de los mambises fue sofocada al año siguiente debido a la falta de apoyos populares, la escasez de armamento y la superioridad del ejército español.

2.3. La Guerra de Independencia Cubana (1895 – 1898)

Tras la pacificación, se crearon dos grandes partidos: el Partido Autonomista y la Unión Constitucional. Sin embargo, a excepción de la abolición de la esclavitud en 1888, las reformas no llegaron. Esto favoreció la fundación del Partido Revolucionario Cubano en 1892 por José Martí. El 24 de febrero de 1895 se produce un nuevo levantamiento: el Grito de Baire.

Para recabar sustento popular, Martí publicó el Manifiesto de Montecristi. Cánovas envió al general Martínez Campos, quien buscaba la conciliación, pero fue relevado por el general Valeriano Weyler. Weyler aplicó medidas extremas como la quema de cosechas y la reclusión de la población en campos de concentración, lo que generó protestas internacionales lideradas por el presidente norteamericano McKinley. Tras el asesinato de Cánovas en 1897, el nuevo gobierno de Sagasta intentó una solución pactada y la concesión de la autonomía, pero los insurrectos ya se sentían con fuerza para lograr la independencia total.

2.4. La Guerra Hispano-Estadounidense (1898)

En 1898, el acorazado norteamericano Maine explotó en el puerto de La Habana, sirviendo de pretexto para la intervención de EE. UU. La guerra fue desigual: la armada española fue derrotada en Cavite (Filipinas) y en la bahía de Santiago de Cuba. España se rindió en agosto de 1898 y en diciembre se firmó el Tratado de París. En dicho acuerdo, España cedía a Estados Unidos Puerto Rico, Guam y Filipinas a cambio de 20 millones de dólares, y renunciaba a la soberanía sobre Cuba, que pasaría a depender económicamente de la potencia norteamericana bajo la Enmienda Platt.

3. La independencia de Filipinas

Filipinas era un centro estratégico y económico fundamental como puerta al comercio asiático. En 1892, los nacionalistas fueron organizados por José Rizal. Tras una dura represión inicial, el general Aguinaldo, apoyado por Estados Unidos, reanudó la lucha en 1897. Con la derrota española en 1898, Filipinas pasó a manos estadounidenses. Cabe destacar el caso de “los últimos de Filipinas”, un contingente que resistió sitiado en la iglesia de Baler hasta el verano de 1899.

4. La independencia de Puerto Rico

Desde 1868 nacen guerrillas lideradas por Emeterio Betances. Tras el Grito de Lares, España abolió la esclavitud en 1873 y concedió la autonomía en 1897. Sin embargo, en 1898, el ejército estadounidense ocupó militarmente la isla y disolvió el gobierno autónomo.

5. Consecuencias de la independencia de las colonias

5.1. La Paz de París y el imperialismo de EE. UU.

La firma del Tratado de París (10 de diciembre de 1898) supuso:

  • Independencia de Cuba (bajo control indirecto de EE. UU.).
  • Cesión de Puerto Rico y Guam.
  • Cesión de Filipinas.

En 1899, España vendió a Alemania los archipiélagos de las Marianas, Carolinas y Palaos por el Tratado Hispano-Alemán. Era el fin definitivo del Imperio colonial. Para EE. UU., esto marcó el inicio de un marcado imperialismo bajo la política del Big Stick de Theodore Roosevelt.

5.2. Crisis económica, social y política

La derrota afectó a todas las estructuras de la sociedad española:

  • Políticamente: España quedó como una potencia de segundo orden. El sistema de la Restauración entró en crisis y Sagasta dimitió.
  • Económicamente: Se perdieron mercados privilegiados y materias primas baratas, aunque se produjo una repatriación de capitales que ayudaría a la banca nacional.
  • Socialmente: Hubo unas 60.000 bajas, muchas por enfermedades. El regreso de los soldados heridos y hambrientos aumentó el pesimismo. Creció el movimiento obrero y el rechazo al sistema de quintas.
  • Militarmente: El ejército culpó a los políticos de la derrota, lo que fomentó posturas autoritarias y el retorno de la injerencia militar en la política.

6. Regeneracionismo y Crisis de 1898

La derrota abrió una profunda herida de pesimismo y frustración. Surgió el Regeneracionismo, un movimiento intelectual que buscaba soluciones científicas a la decadencia española. Su figura principal fue Joaquín Costa, autor de Oligarquía y caciquismo.

Costa identificó los “males de España” (corrupción, caciquismo, atraso educativo) y propuso la figura de un “cirujano de hierro”: un gobernante autoritario que modernizara el país mediante una “revolución desde arriba”. Culturalmente, este sentimiento fue plasmado por la Generación del 98 (Unamuno, Machado, Baroja, etc.), creando una nueva Edad de Oro literaria basada en la preocupación por España.

7. Conclusiones

La crisis de 1898 cierra el siglo XIX español. Los conflictos internos y coloniales otorgaron a los militares un papel protagonista que marcaría el siglo XX. El sentimiento de fracaso del 98 es fundamental para entender acontecimientos posteriores como la dictadura de Primo de Rivera y la inestabilidad que desembocaría en la sublevación de 1936.

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