26 Ene

La Guerra Hispano-Estadounidense (1898) y el Desastre del 98

La Intervención de Estados Unidos y el Inicio del Conflicto

El gobierno español decidió enviar al general Martínez Campos para negociar y cortar el avance de los insurrectos, pero, al no conseguirlo, fue sustituido por el enérgico general Valeriano Weyler.

Estados Unidos (EE. UU.) apoyó a los rebeldes no para lograr la liberación de Cuba, como proclamaba el gobierno norteamericano, sino para conseguir dominar la isla. Los motivos que explican este proyecto expansionista estadounidense son:

  • El interés económico en las minas y en las plantaciones de azúcar cubanas.
  • El deseo de afianzar el control militar sobre el mar Caribe.

La Escalada y la Declaración de Guerra

El gobierno del presidente McKinley (1897-1900) protestó ante el gobierno de Sagasta por la dura actitud de Weyler e incluso trató de comprar la isla a España por trescientos millones de dólares, a lo que la Reina regente y el gobierno español se opusieron rotundamente.

Por ello, EE. UU., que estaba decidido a intervenir, aprovechó la misteriosa voladura del acorazado Maine, buque de guerra americano anclado en el puerto de La Habana, el 20 de abril de 1898, para presentar un ultimátum exigiendo la renuncia española a la soberanía sobre Cuba y la retirada de la isla en un plazo de tres días, lo que equivalía a la declaración de guerra.

El Desarrollo Bélico y la Derrota Española

En España se vivieron días de verdadero entusiasmo, alentado irresponsablemente por los poderes públicos y la mayor parte de la prensa, que planteaban la posibilidad de ganar la guerra a EE. UU., cuya potencia económica y militar se desconocía y se minimizaba. Los combates resultaron muy desiguales y la armada española quedó destruida en dos enfrentamientos navales clave:

  • La Batalla de Manila (1 de mayo de 1898, Filipinas): La escuadra española, al mando del almirante Montojo, fue aniquilada por la flota norteamericana. Tras la rendición de Cavite, las islas Filipinas se sublevaron al frente de Emilio Aguinaldo.
  • La Batalla de Santiago de Cuba (3 de julio de 1898, Caribe): La escuadra española del almirante Cervera fue bloqueada en el puerto de Santiago de Cuba. La desigualdad de fuerzas fue patente: murieron 300 marinos españoles y solo un soldado enemigo.

Durante el conflicto bélico, EE. UU. conquistó las colonias españolas de Puerto Rico, que sirvió de excelente base militar, y Filipinas, donde encontraron un centro de operaciones para penetrar en los nuevos mercados de Asia.

3.4. El Tratado de Paz de París (10 de diciembre de 1898)

El tratado formalizó la liquidación del imperio colonial español en América y Asia:

  • Cesiones territoriales a EE. UU.: España cedía a EE. UU. la isla de Puerto Rico (actualmente «estado asociado» de EE. UU.), la isla de Guam, en el archipiélago de las Marianas (que permanece en poder de EE. UU.), y las islas Filipinas. Estas últimas fueron cedidas a cambio de 20 millones de dólares.
  • Independencia de Cuba: Cuba alcanzó la independencia, aunque de hecho quedó bajo «protección» estadounidense hasta mediados del siglo XX. España hizo posible, de forma indirecta, su emancipación al negarse a vender la isla antes del inicio del conflicto hispano-norteamericano.

EE. UU., una de las grandes potencias de la Segunda Revolución Industrial, impulsó así su política imperialista, mientras que España, con el “Desastre del 98”, puso fin a su imperio en ultramar.

3.5. El 98 y sus Repercusiones

El impacto de la derrota fue profundo y multifacético en la sociedad española:

  • A nivel internacional: Tuvo como consecuencia la liquidación de los restos del imperio colonial ultramarino con la venta en febrero de 1899 a Alemania de las últimas islas que quedaban en el Pacífico (Marianas, excepto Guam; Carolinas y Palaos).
  • A nivel de política interior: El clima de pesimismo llevó a una crítica del sistema de la Restauración, al considerarlo una lacra para el progreso de España, y al surgimiento de una idea de regeneración del país. La máxima figura del Regeneracionismo fue Joaquín Costa, que defendió la concentración de todos los esfuerzos en una gran obra económica y educativa para sacar a España de su atraso, que resumía en su lema: «despensa y escuela».
  • En el plano psicológico: El pueblo español vivió la derrota como un trauma nacional, extendiéndose los sentimientos de inferioridad e impotencia. Los militares mostraron su resentimiento hacia los políticos, que los habían utilizado haciéndoles perder la guerra.
  • En el aspecto intelectual y literario: El desastre colonial influyó en las amargas y pesimistas reflexiones de los autores de la Generación del 98 (Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno…), interesados en una labor de cambio y modernización de España.
  • Desde el punto de vista económico y social: La pérdida de las colonias conllevó la repatriación de capitales y las indemnizaciones que favorecerían el desarrollo económico español. En lo social, creció el antimilitarismo popular, ya que los verdaderos perdedores fueron 200.000 soldados en Cuba, 25.000 en Filipinas y 4.500 en Puerto Rico; todos ellos reclutados entre las clases trabajadoras por el injusto y clasista sistema de cuota, que permitía a los hijos de la burguesía librarse del servicio militar a cambio de una cantidad de dinero. Es comprensible, por tanto, la oposición al sistema de quintas de las clases populares.

El Intento de Regeneración Política

El nuevo jefe del Partido Conservador, Francisco Silvela, creó en 1899 dos nuevos ministerios, separados del de Fomento, que encarnaban las reivindicaciones del Regeneracionismo: el de Instrucción Pública y el de Agricultura. Silvela planteó reformas tributarias, militares y de descentralización administrativa, pretendiendo acabar con el caciquismo. Pero estos propósitos no pudieron cumplirse, y en 1902 Sagasta volvió al poder, utilizando los viejos métodos electorales.

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