30 Abr

El teatro convencional o comedia burguesa

En la posguerra se consolidó el dominio del drama burgués, un teatro que halagaba los gustos del público y no buscaba modificarlos. El modelo de Jacinto Benavente prevalecía: obras en tres actos, decorado único, minuciosas acotaciones, problemas amorosos resueltos según la moral ortodoxa, presencia de la clase media con criado y diálogos perfectos. La temática reflejaba una visión conservadora de la sociedad. Este tipo de teatro se manifiesta en varias direcciones:

A) El teatro de evasión

El teatro de evasión crea una dramaturgia destinada a agradar al público, evitando cualquier tema que pudiera preocupar al espectador. Sigue los modelos benaventinos y logra un cierto grado de perfección formal.

  • Alejandro Casona es su principal representante. Sus primeras obras exitosas —La sirena varada, Prohibido suicidarse en primavera, La dama del alba— mantienen la temática y formas anteriores a 1936. Aunque gustaban al público, algunos críticos rechazaron su actitud escapista, su falta de vigencia cultural y su desarraigo de los problemas sociales españoles.
  • José López Rubio comparte rasgos con Casona. En su obra domina el tema del amor, tratado desde la realidad y la ilusión. Su mayor éxito, La venda en los ojos, presenta a una mujer que abandona a su marido y se crea una realidad a su medida.

B) El teatro ideológico

Tuvo gran difusión y éxito porque transmitía la ideología dominante. Se caracterizó por la exaltación de instituciones como la familia y el principio de autoridad, una confesionalidad católica abierta y continuas alusiones a la Guerra Civil, con desprecio hacia el vencido.

Entre sus autores destacan:

  • José María Pemán: escritor muy fecundo que buscó satisfacer las necesidades ideológicas del sector más conservador; más tarde tendió a una comedia costumbrista en obras como Los tres etcéteras de don Simón y La viudita naviera.
  • Joaquín Calvo Sotelo: cuya obra más exitosa es el drama ideológico La muralla.
  • Juan Ignacio Luca de Tena: autor de El cóndor sin alas, un drama histórico claramente orientado a la manipulación ideológica, con personajes inverosímiles.

El teatro cómico

Enrique Jardiel Poncela renovó el humor español con una comicidad de lo inverosímil, alejándose del humor tradicional. Sus obras, como Eloísa está debajo de un almendro y Los ladrones somos gente honrada, presentan situaciones incoherentes que cobran sentido al inicio o al final.

Miguel Mihura alcanzó junto a Jardiel la cima del teatro cómico renovador. Su obra Tres sombreros de copa destaca por su perfección y su cercanía al absurdo. En su teatro predominan la relación hombre-mujer, la crítica a los convencionalismos, el humor agudo y los giros lingüísticos inesperados, aunque la crítica social disminuyó por presión comercial. Según Emilio de Miguel, sus temas se agrupan en:

  • Conflicto individuo-sociedad en relaciones hombre-mujer: Tres sombreros de copa, Ni pobre, ni rico…, Maribel y la extraña familia.
  • Relaciones intersexuales: entre solteros (Ninette y un señor de Murcia), matrimoniales (El caso de la mujer asesinadita) y conflictos marginales (El caso de la señora estupenda, Melocotón en almíbar).

Teatro experimental y vanguardias

Este nuevo teatro se caracteriza por la abstracción, el uso de símbolos y la creación de un lenguaje complejo y difícil de interpretar, unido a elementos provocadores que generan un cierto alejamiento del público. Su principal aportación se encuentra en el plano formal, especialmente en el lenguaje, la estructura dramática, la concepción del escenario y la relación entre texto y representación.

En este ámbito destacan autores como Luis Riaza y Miguel Romero Esteo, este último con un lenguaje especialmente barroquizante. Por último, destaca la figura de Fernando Arrabal, cuyo teatro tuvo gran éxito en el extranjero pero fue rechazado en España. Su obra combina elementos del surrealismo, el teatro del absurdo y el teatro de la crueldad, con un carácter provocador y un lenguaje alejado de la lógica racional. Entre sus obras más importantes se encuentran Los hombres del triciclo, El arquitecto y el emperador de Asiria y El cementerio de automóviles.

La renovación de los años sesenta y el teatro independiente

En los años sesenta, el teatro convencional continúa la línea anterior en busca de la obra “bien hecha”, orientada al éxito de público. En las carteleras predominan autores jóvenes, entre los que destaca Antonio Gala, cuya obra Los verdes campos del Edén (1963) obtuvo un gran éxito. Sus obras posteriores se caracterizan por desarrollarse en espacios cerrados, con predominio del diálogo, tono melancólico y el tema amoroso como eje.

A finales de los años setenta surge un movimiento de renovación teatral caracterizado por el acercamiento a obras extranjeras y la valoración del teatro independiente, en busca de nuevas técnicas y formas de expresión. Este teatro independiente se centra más en la creación de espectáculos que en el texto literario y tiene su origen en el ámbito universitario. Entre los grupos más importantes destacan el T.E.I. (Teatro Español Independiente), Els Joglars y Tábano, cuya obra Castañuela 70 tuvo gran aceptación. También aparece el llamado teatro subterráneo, formado por obras que no llegaron a representarse en su momento, aunque algunas fueron llevadas a escena posteriormente con relativo éxito.

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