09 Mar

Introducción a la Filosofía Política

Vamos a hacer un recorrido filosófico que nos va a llevar a conocer distintas filosofías que han analizado la vida en sociedad de los seres humanos.

La teoría política en Grecia

Las ideas básicas del ideal griego de sociedad nos las ofrecen dos grandes filósofos griegos: Platón y Aristóteles. Estas ideas son las siguientes:

  • Para los filósofos griegos, el ser humano es un ser social por naturaleza. La naturaleza social del ser humano se considera algo positivo y bueno para él.
  • El ser humano no vive en sociedad por egoísmo o por satisfacer sus necesidades, sino porque esa manera de vivir pertenece a la esencia del ser humano. Solo en la sociedad encuentra el ser humano su realización y su perfección.
  • Hemos definido al ser humano como un ser racional; ahora también lo vamos a definir como un ser social.
  • Para los filósofos griegos, el bien común de la sociedad (de la polis) está por encima del bien particular de los individuos.
  • La vida virtuosa debe presidir la vida en sociedad, de tal manera que la sociedad y sus instituciones deben ser virtuosas al igual que lo deben ser sus ciudadanos. Ciudadanos virtuosos hacen a su sociedad virtuosa.

La teoría política en la Edad Media

Durante toda la Edad Media, la filosofía cristiana de Santo Tomás afirma que todas las leyes de la sociedad deben supeditarse a la ley divina.

La teoría política en la Edad Moderna

En esta época comienza a criticarse el poder absoluto de los monarcas, lo que nos llevará a la caída de las monarquías absolutas y la aparición de otras formas de gobierno como el parlamentarismo.

La Edad Moderna supone la separación entre la política y la religión. Las leyes políticas no podían depender del poder divino ni estar supeditadas a la autoridad de Dios. Durante esta época surge la llamada teoría del contrato social. La vida en sociedad surge de un pacto entre los seres humanos y no porque nuestra naturaleza nos lleve a vivir en sociedad.

Thomas Hobbes

Hobbes afirma que el ser humano es egoísta por naturaleza, ya que este solo persigue su propio bien y la consecución del propio placer. Su visión del ser humano se refleja en su famosa frase: «El hombre es un lobo para el hombre».

En esta situación, el ser humano se ve en la necesidad de realizar un contrato para que ese egoísmo natural no acabe con él mismo. Sin ese pacto para poder convivir, la humanidad acabaría en un estado de guerra de todos contra todos. Ante la imposibilidad de mantener ese estado de guerra, los seres humanos ceden el poder a un monarca absoluto para vivir con seguridad. Ese pacto es irreversible.

Hobbes le otorga el poder al monarca para que haga cumplir ese pacto. Hobbes defiende como sistema político ideal la monarquía absoluta, el Leviatán. El monarca debe ejercer un poder absoluto sobre sus súbditos.

John Locke

Locke afirma también que la sociedad es fruto de un pacto entre los seres humanos, pero tiene una visión más positiva sobre el ser humano. Para Locke, el ser humano vivía en un estado presocial, un estado de naturaleza en el que vivíamos en completa libertad e igualdad.

En ese estado, el ser humano tenía dos derechos: el derecho a la libertad y el derecho a la propiedad privada. Incluso en ese estado que nos parece ideal, la vida se haría insostenible porque, al no haber leyes ni nadie que imparta justicia, se degeneraría en un estado de guerra. En esa situación de violencia y guerra, el ser humano buscaría posibles soluciones.

La solución sería un pacto en el que cada uno cedería el poder de castigar a un poder legítimo y así todos viviríamos en un estado de paz y armonía. Con el pacto social se cede el derecho a castigar para preservar la libertad y la propiedad privada. Los ciudadanos le conceden ese poder a la autoridad para poder sobrevivir.

Locke defiende un sistema político en el que se dé una separación de poderes: legislativo (elaboración de las leyes), ejecutivo (encargado de ponerlas en práctica) y judicial (encargado de resolver los posibles conflictos). La independencia de los tres poderes es la base del sistema democrático actual.

Jean-Jacques Rousseau

Rousseau presenta al ser humano en un estado presocial como bueno por naturaleza, y su bondad le hará vivir en plena libertad e igualdad. En ese estado de naturaleza vive en contacto directo con la naturaleza; de ella obtiene todo lo necesario para cubrir sus necesidades primarias. Ese ser humano es más emocional que racional, solo desea satisfacer sus necesidades.

Rousseau describe al buen salvaje que vive en estado de feliz ignorancia. Si ese estado natural es tan sublime, ¿por qué lo abandona para vivir en una sociedad que lo corrompe? ¿Se ha impuesto la sociedad por la fuerza o voluntariamente? Rousseau no da respuestas a estos interrogantes.

Rousseau defiende una sociedad regida por la «voluntad general»; esto significa que cada uno de nosotros debemos sentirnos integrantes del Estado, de manera que defender el todo sería defender a cada una de sus partes. El sistema de gobierno que Rousseau defiende es la democracia asamblearia, una democracia directa.

Otras teorías políticas

Nicolás Maquiavelo

Durante el Renacimiento adquirió una gran importancia el pensamiento político de Nicolás Maquiavelo, que recoge en su obra «El príncipe». Pensaba que el hombre era esencialmente malo y se necesita un orden político para controlar a ese hombre. Todo lo que resulte útil para ejercer el poder y controlar a la humanidad es bueno.

Las leyes deben obligar a todos los ciudadanos, pero no por el bien común sino por el bien del Estado. El fin del Estado es la vida en paz de los ciudadanos y, para conseguirlo, es lícito emplear medios amorales si las circunstancias lo exigen. Maquiavelo afirma que hay leyes específicas de la política que no siempre coinciden con las leyes morales y éticas. Esas leyes tienen una utilidad práctica que deben guiar al príncipe.

El príncipe ha de combinar la fuerza del león y la astucia del zorro. Ha de incumplir su palabra y recurrir a la traición si es necesario; ha de procurar ser amado por sus súbditos, pero si no es así, ha de hacerse temer porque el miedo asegura la obediencia. Maquiavelo propone actitudes contrarias abiertamente a la moral. Si el príncipe se ve obligado a actuar en contra de la ética para conservar su Estado, debe aparentar ser íntegro y piadoso, aunque no lo sea. Solo si un Estado tiene el poder suficiente puede lograr estabilidad, paz y seguridad.

El objetivo de la política es mantenerse en el poder y aumentarlo si se puede, y para este fin justifica todos los medios empleados. El fin del Estado es la paz y la prosperidad económica y, para conseguirlo, es lícito emplear medios amorales si las circunstancias lo exigen.

Karl Marx

Marx afirma que la característica esencial del ser humano no es la racionalidad sino su actividad material, que le conduce a satisfacer sus necesidades mediante el dominio de la naturaleza, y eso no es otra cosa que el trabajo. No es la actividad de un ser humano en concreto sino la de todos los seres humanos que forman una sociedad, un todo organizado y ordenado. Solo en el seno de esa sociedad puede el ser humano realizarse como ser humano.

Para el marxismo, el ser humano forma parte de la sociedad de tal manera que debe someterse a esa sociedad por el bien de la colectividad. Una sociedad que Marx considera igualitaria. El ideal de sociedad es la sociedad comunista, que se caracteriza por la abolición de las clases sociales, la propiedad privada y la eliminación del Estado. El comunismo supone la subordinación de la persona a la colectividad. Solo en esa sociedad igualitaria quedan garantizados los derechos individuales. El marxismo como sistema político ha fracasado en la historia porque anula la libertad personal de los ciudadanos.

La teoría de la justicia de Rawls

Del mismo modo que todo individuo busca el bien, toda sociedad busca la justicia, que es el bien de todos. La ética del bien es una ética personal y la ética de la justicia es una ética social.

El filósofo norteamericano John Rawls ofrece un modelo de ética pública basado en el consenso y el diálogo para hallar un concepto de justicia válido para todos. Los principios de esa justicia han de ser elaborados por los propios destinatarios de esa justicia. Propone un procedimiento llamado el «velo de la ignorancia», que consiste en reflexionar sobre lo siguiente: si no supiéramos cuál va a ser nuestro lugar en el mundo (riqueza, sexo, inteligencia, raza, fortaleza, estatus social, etc.), ¿qué principios de justicia querríamos que tuviera el lugar en el que vamos a vivir?

Si antes de ser arrojados a una sociedad concreta desconocemos qué ventajas o desventajas personales va a tener cada uno para desenvolverse, seguramente seríamos capaces de acordar unos mínimos exigibles para poder vivir justa y dignamente. Rawls propone algunos principios de justicia que se elegirían:

  • Todos somos libres e iguales, con los mismos derechos y libertades.
  • Ya que somos libres, cada individuo es responsable de sus propios actos y decisiones.
  • Y si somos iguales, el Estado no puede abandonar a los que han nacido con desventajas de las que no son responsables. El Estado ha de intervenir para garantizar la igualdad de oportunidades.

La ética del consenso de Habermas

El filósofo alemán Jürgen Habermas defendió la ética discursiva o del diálogo. Afirma que una norma moral es buena si se alcanza como resultado de un consenso entre todos a los que esa norma afecte. Las normas tienen validez universal si son aceptadas por consenso en una situación ideal de diálogo. El diálogo debe tener los siguientes requisitos:

  • Todos los afectados por una determinada norma deben participar en el diálogo.
  • Todos deben tener las mismas oportunidades de argumentar su postura.
  • No puede existir coacción de ningún tipo.
  • No se ha de tener en cuenta solo el interés particular, sino el interés común.

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