16 Ene

La vida monástica

El cristianismo y su fe ayudan a buscar la verdad de Dios y a realizar su verdadero bien. Gracias a esto, decimos que la fe genera cultura. La excelencia humana, también en su aspecto natural, la forma la vida monástica. Antiguamente había monjes que vivían solos; eran ermitaños, siguiendo a San Antonio (siglo III). En el siglo V, siguiendo a San Benito, se organizaban en comunidades dirigidas por un prior o un abad, los cuales dictaban reglas.

Estas reglas o regla, gracias a San Benito, han supuesto una renovación de la espiritualidad de Occidente; su regla ha llegado hasta nuestros días. Los monasterios eran lugares de protección para los vecinos, legados para la cultura y centros espirituales para la humanidad. Los monjes seguían los consejos evangélicos:

  • Pobreza
  • Obediencia
  • Castidad

Su espiritualidad muestra una serie de actitudes que debe vivir un cristiano: el desprendimiento de bienes, la intensa vida de oración, seguir una senda recta en la vida y la necesidad de dedicar tiempo a la contemplación. También construyeron hospitales con función médica y bibliotecas. En la scriptoria copiaron y tradujeron al latín obras de la Antigüedad.

El renacimiento espiritual

La Iglesia se vio afectada por los abusos de poder por parte de los señores feudales. Se intuyó la necesidad de una reforma espiritual que terminase con estos ataques. Esta reforma comenzó con la fundación del monasterio de Cluny (909), que dependía del Papa. Se formó así la Orden Cluniacense, que se extendió por Occidente.

Esta reforma continuó en el siglo XII con la Orden del Císter, a la cual pertenecía San Bernardo. San Bernardo fue muy importante en el siglo en que vivió, ya que fundó monasterios, ayudó a la fundación de otras órdenes, participó en debates intelectuales e inspiró el estilo arquitectónico cisterciense.

Tras las reformas de los siglos XI y XII, los frailes defendieron la pobreza evangélica como la virtud fundamental de la vida religiosa, fundando las primeras órdenes mendicantes. La cultura europea se ve influida por los franciscanos y dominicos. Los frailes vivían de donativos y eran predicadores; iban predicando al pueblo la palabra de Dios. La cristiandad medieval dio lugar a la Universidad, en la cual la comunicación entre alumnos y profesores era continua y se realizaba en latín.

Historia Antigua

Cuando nació Jesucristo, habían empezado las relaciones entre el cristianismo y el saber griego. Jesús desarrolló su vida en el contexto de la civilización helenística. Los cristianos empezaron a estudiar filosofía porque entendieron que lo más importante de la fe es que sea verdadera. Los cristianos buscaban dar razón de las cosas que creían gracias a la filosofía.

Esto introduce en la historia un optimismo decisivo sobre la posibilidad de conocer la verdad y hacer el bien moral. San Agustín formuló de un modo preciso la relación entre razón y fe. Para creer es necesario esforzarse en comprender. Creer requiere la luz de la inteligencia, y cuando se cree, la luz crece hasta alcanzar a Dios. La fe expande las posibilidades del conocimiento y esto nos hace más libres. San Agustín asentó las bases del desarrollo de la teología, la cual ayuda al cuidado de la fe. La Iglesia nunca ha perdido el interés en el desarrollo de instituciones de enseñanza.

Edad Media

La desaparición del Imperio romano de Occidente y el desarrollo del islamismo dio lugar a que la producción científica se desplazara a Oriente. Gracias a la Escuela de Traductores de Toledo llegó a Occidente la filosofía griega. En Occidente, Carlomagno formó en el siglo X una escuela en su palacio de Estrasburgo.

En ese momento, Europa estaba formada por muchos monasterios que permitían la copia y lectura de los textos clásicos y hacían posible un espacio para el intercambio de pensamientos. El desarrollo de la ciencia empírica en Occidente se basa en que Dios crea el mundo de forma inteligente y ordenada; crea la razón humana y esta puede descubrir las leyes del mundo mediante la investigación. La universalidad y la armonía de los saberes dieron lugar a esto: la ciencia positiva (que es la experimental) y la teología son dos campos armónicos.

La Edad Moderna

La nueva ciencia comienza con Galileo, quien investigó telescopios y estudió el cielo con ellos. Galileo sostuvo que el sistema geocéntrico era falso y que había que adoptar una cosmovisión heliocéntrica. El heliocentrismo no estaba demostrado y algunos obispos pidieron a Galileo que no lo enseñara más que como una hipótesis. Este no aceptó esta petición y siguió con la teoría del heliocentrismo.

Creó demasiados enemigos por eso y, cuando fue acusado de hereje ante la Inquisición, estaba solo. En 1633, el tribunal le obligó a retractarse de algunas opiniones relacionadas con el cielo. Pero la causa no fue ni la ciencia ni la fe: Galileo era creyente y siguió siéndolo hasta la muerte. Galileo ha sido calificado como el fundador de la física moderna; él declaró que las dos verdades, la de la fe y la de la ciencia, no pueden contradecirse jamás.

La Edad Contemporánea

La fe en Dios es un estímulo para comprender la grandeza de Dios a través de sus obras, impulsa a trabajar para los demás y confía en las posibilidades del ser humano. En el siglo XIX hay pocos filósofos ateos, pero Marx y Nietzsche lo eran. En el siglo XX, los científicos ateos siguen siendo minoritarios. El conocimiento del mundo y el descubrimiento de lo que hay dentro, más que alejar, acerca a la idea de una mente creadora.

El origen de las especies de Darwin (segunda mitad del siglo XIX) supuso un cambio de perspectiva en el modo de comprender los procesos naturales asociados a los seres vivos. Su aportación constituye uno de los pilares sobre los que se mantiene la biología moderna. El monje agustino Gregor Mendel estableció sus bases, pero estas desaparecieron a inicios del siglo XX. La unión de la aportación de Darwin y la de Mendel supuso el impulso definitivo de la biología moderna.

Hay muchos católicos que han contribuido al desarrollo de la biología según el nuevo paradigma iniciado por Darwin. El creyente no tiene ningún problema en decir que ese es el designio creador de Dios. Lo que sí es incompatible con la fe es una visión reduccionista de la naturaleza, la cual rechaza la existencia de Dios y pretende explicar la espiritualidad humana con las mismas herramientas con las que se estudia la evolución de la materia. La libre decisión de amar a alguien no se puede explicar solo con la materia.

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