09 Jun
La Didáctica de la Lengua y la Literatura (DLL)
La Didáctica de la Lengua y la Literatura (DLL) estudia los procesos de enseñanza y aprendizaje de la lengua y la literatura en las diferentes etapas educativas. Su objetivo es determinar qué enseñar, cómo hacerlo, qué recursos utilizar y cómo evaluar el aprendizaje del alumnado. La DLL se basa principalmente en la lingüística y la literatura, pero también incorpora aportaciones de la pedagogía, la didáctica y la psicología.
Además, tiene en cuenta factores sociales, culturales y emocionales que influyen en el proceso educativo. Actualmente, se considera fundamental desarrollar competencias emocionales, multiculturales y plurilingües en el profesorado y el alumnado. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) también ocupan un papel importante, ya que el alumnado actual es “nativo digital”. Las TIC no sustituyen la enseñanza tradicional, sino que la complementan y favorecen nuevos aprendizajes. Por ello, la DLL busca desarrollar la competencia comunicativa también en entornos digitales y multimodales.
Evolución de los Modelos de Enseñanza
Del Modelo Tradicional al Paradigma Comunicativo
Tradicionalmente, el profesorado ha entendido que enseñar Lengua y Literatura consistía principalmente en explicar gramática, normas ortográficas y contenidos literarios como autores, obras y movimientos literarios. Estos preconceptos se deben, en gran parte, a la repetición de los modelos educativos vividos durante la etapa escolar y a la dificultad que parecen presentar los nuevos enfoques comunicativos.
Sin embargo, actualmente la enseñanza de la lengua y la literatura se centra en el desarrollo de la competencia comunicativa del alumnado. El objetivo ya no es solo conocer la lengua como contenido teórico, sino saber utilizarla correctamente en diferentes situaciones de comunicación. Por ello, la enseñanza debe priorizar el desarrollo de las destrezas comunicativas, aunque sin abandonar la reflexión sobre la gramática y el código lingüístico. Así, el profesorado del siglo XXI debe formar alumnos capaces de comprender y expresarse de manera eficaz tanto como emisores como receptores.
El Paradigma Comunicativo
El paradigma comunicativo surge frente al modelo tradicional centrado únicamente en la gramática y considera que la lengua es, ante todo, un instrumento de comunicación. Según este enfoque, la lengua no debe aprenderse solo como contenido teórico, sino mediante su uso en situaciones reales de comunicación. Por ello, el objetivo principal es desarrollar la competencia comunicativa del alumnado a través de actividades de hablar, escuchar, leer y escribir.
Además, este enfoque no elimina la reflexión sobre la lengua, sino que integra la gramática en contextos comunicativos reales mediante la llamada “atención a la forma”. En el caso de la literatura, el paradigma comunicativo busca desarrollar la competencia literaria y lectoliteraria, fomentando la lectura comprensiva y el disfrute de los textos literarios. Así, la enseñanza debe favorecer tanto la competencia lectora como la capacidad de interpretar y valorar textos de intención estética.
Marco Normativo y Habilidades Básicas
Desde la LOGSE, las reformas educativas han orientado la enseñanza de la Lengua y la Literatura hacia el desarrollo de las cuatro habilidades básicas: escuchar, hablar, leer y escribir. El objetivo principal es favorecer la integración del alumnado en la sociedad mediante el desarrollo de la competencia comunicativa, tal y como recoge el Decreto 106/2022. Así, la enseñanza de la lengua se integra dentro del paradigma comunicativo, considerando la lengua como un instrumento de comunicación y no solo como un conjunto de normas gramaticales.
Este enfoque defiende que la lengua oral se adquiere de forma natural a través de la interacción social, mientras que la lengua escrita requiere un aprendizaje formal. Además, la enseñanza debe centrarse en el uso de la lengua en situaciones reales de comunicación, trabajando con mensajes completos y significativos. En cuanto a la literatura, el objetivo es desarrollar la competencia literaria mediante la lectura y comprensión de textos de intención estética, fomentando así la formación lectora del alumnado.
El Currículo y sus Niveles de Concreción
El currículum es el conjunto de objetivos, contenidos, métodos pedagógicos y criterios de evaluación que regulan la práctica docente. Dentro de los niveles de concreción curricular, el primer nivel corresponde a la Administración educativa, que establece las bases del sistema educativo mediante leyes, reales decretos y decretos autonómicos, como la LOMLOE y el Decreto 106/2022. Este nivel fija el Diseño Curricular Base (DCB), que sirve como referencia obligatoria para los demás niveles de concreción curricular.
Elementos Clave del Currículo
- Perfil de salida: define las competencias que el alumnado debe haber desarrollado al finalizar la educación básica. Sirve como referencia para todas las decisiones curriculares.
- Objetivos: son los logros que el alumnado debe alcanzar al finalizar una etapa educativa. Están vinculados a la adquisición de competencias clave.
- Competencias clave: son los aprendizajes imprescindibles para desenvolverse con éxito en la sociedad y continuar aprendiendo a lo largo de la vida.
- Competencias específicas: son los desempeños concretos que el alumnado debe desarrollar en cada área mediante situaciones de aprendizaje.
- Saberes básicos: son los conocimientos, destrezas y actitudes necesarios para adquirir las competencias específicas.
- Criterios de evaluación: indican el nivel de desempeño que se espera del alumnado en relación con las competencias específicas.
- Situaciones de aprendizaje: son actividades y contextos reales que permiten al alumnado aplicar los aprendizajes de forma competencial.
- Línea pedagógica de centro: es el conjunto de estrategias y actuaciones educativas organizadas por el centro para favorecer el aprendizaje y el desarrollo de competencias.
Segundo Nivel de Concreción: El Centro Educativo
El segundo nivel de concreción curricular corresponde al centro educativo, que adapta el currículo oficial establecido por la Administración a su propio contexto y a las características de su alumnado. Este nivel se concreta principalmente en el Proyecto Educativo de Centro (PEC), documento que recoge los valores, objetivos, prioridades y línea pedagógica del centro. Además, el PEC organiza aspectos como la atención a la diversidad, la evaluación, la organización del alumnado y las medidas de inclusión educativa.
El Decreto 106/2022 destaca que el proyecto educativo debe favorecer entornos de aprendizaje flexibles, inclusivos y adaptados a las necesidades del alumnado, promoviendo la colaboración entre escuela, familia y sociedad. En este nivel participan tanto los órganos unipersonales del centro, como la dirección o jefatura de estudios, como los órganos colegiados, entre ellos el Claustro y el Consejo Escolar.
En definitiva, el segundo nivel de concreción curricular permite trasladar los planteamientos generales de la Administración educativa a la realidad concreta de cada centro, garantizando una enseñanza adaptada al contexto educativo y social del alumnado.
Tercer Nivel de Concreción: Programación de Aula
El tercer nivel de concreción curricular se centra en el profesorado y en la programación de aula, es decir, en la adaptación concreta del currículo a cada grupo-clase. En este nivel, el docente organiza situaciones de aprendizaje incorporando competencias específicas, saberes básicos y criterios de evaluación, teniendo siempre en cuenta el perfil de salida del alumnado.
La programación parte del Decreto y del Diseño Curricular Base (DCB), que establecen los objetivos, competencias y criterios generales de evaluación. Además, debe ajustarse al Proyecto Educativo de Centro (PEC) y a las características del contexto educativo. Los objetivos y competencias tienen un carácter finalista, ya que todo el proceso de enseñanza se orienta a que el alumnado los alcance al finalizar la etapa. Por ello, es necesario secuenciar progresivamente tanto las competencias como los saberes básicos para garantizar un aprendizaje eficaz y adaptado al desarrollo del alumnado.
La Evaluación en el Proceso de Aprendizaje
La evaluación es uno de los elementos fundamentales del proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que permite comprobar si el alumnado ha alcanzado los objetivos y competencias previstos. Evaluar no significa únicamente calificar o poner una nota, sino valorar de forma global los conocimientos, procedimientos, actitudes y capacidades desarrolladas por el alumnado. Por ello, una buena programación necesita también una evaluación adecuada y coherente.
Según el Decreto 106/2022, el proceso de evaluación debe ser continuo, global y formativo, teniendo en cuenta el progreso del alumnado durante todo el aprendizaje. La evaluación forma parte de la programación de aula y tiene una función inclusiva, ya que permite conocer cómo aprende el alumnado, detectar necesidades y eliminar barreras que dificulten el aprendizaje.
En el primer ciclo de Primaria se priorizan instrumentos como la observación, las rúbricas, las entrevistas orales y los registros de aprendizaje. Los exámenes escritos solo se utilizan en segundo y tercer ciclo y nunca como único instrumento de evaluación. Además, se deben emplear técnicas variadas que permitan valorar las competencias y habilidades adquiridas por el alumnado.
El profesorado debe elaborar informes de evaluación periódicos y establecer medidas de refuerzo educativo cuando el progreso del alumnado no sea adecuado. También pueden desarrollarse programas de apoyo o enriquecimiento curricular. La evaluación no solo se centra en el alumnado, sino también en la práctica docente y en los procesos de enseñanza. Finalmente, tanto el alumnado como las familias deben conocer los objetivos, criterios y procedimientos de evaluación, favoreciendo así la participación y el seguimiento del proceso educativo.
Conclusiones sobre la Programación de Aula
“La programación de aula es un instrumento flexible y abierto que debe estar en continua revisión y mejora. Cada docente tiene la responsabilidad de elaborarla y evaluarla siguiendo la línea pedagógica del centro educativo y adaptándola a las características y necesidades del alumnado. Estas programaciones se coordinan mediante el tutor o tutora de ciclo para organizar adecuadamente las situaciones de aprendizaje. Además, el aprendizaje debe basarse en contextos reales y significativos para el alumnado. La programación también debe incluir los criterios de evaluación, la organización de espacios, tiempos y recursos materiales. Del mismo modo, debe atender a la inclusión y a las necesidades educativas del alumnado siguiendo los principios del DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje). Finalmente, las programaciones deben estar disponibles para toda la comunidad educativa.”

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