12 Nov

4.Lenguaje poético Miguel


Nacido en 1910 en el seno de una familia humilde, Miguel hernández está considerado como uno de los poetas más significativos del Siglo XXX. Aunque cronológicamente pertenece a la generación del 36, varios factores lo relacionan estrechamente con la del 27. El más importante es la fusión de tradición e innovación en su obra, fruto de la influencia de las vanguardias. Su universo poético se va forjando a medida que evoluciona su concepción del mundo, creando sí una obra propia y personal que lo convierte en un artista complejo y original que se somete a la influencia de la imaginería de los clásicos del Siglo de Oro o de los grandes poetas contemporáneos. Su lenguaje poético atraviesa las siguientes fases:
1:gongorismo presente en Perito en lunas (1932), el autor ostenta una gran destreza verbal e imaginativa, tiene una amplia gama de recursos del creador del Polifemo: hermetismo, complejidad metafórica, léxico culto, bruscos hipérbatos…
2.Neorromanticismo de El rayo que no cesa (1936), poemario de temática amorosa que emplea la metáfora surrealista. Rico en recursos retóricos: aliteraciones, hipérboles, epanadiplosis…
3.Lenguaje directo y claro de Viento del pueblo (1937), formado por poemas comprometidos que pretenden defender la libertad e increpar a los tiranos.
4.Neopopularismo de Cancionero y romancero de ausencias, composiciones que beben de la sencillez de la lírica popular y concentran recursos que favorecen la musicalidad o la expresividad.
Los símbolos que le sirven a Miguel como vehículo expresivo varían en intensidad y significado según la etapa evolutiva. La crítica establece dos fuentes en la simbología hernandiana:la primera nos conecta con lo telúrico, y la segunda con lo cósmico.
La luna,motivo central en la obra de Miguel adquiere dos significados: por una parte sugiere el paso del tiempo y por otra es signo de fatalidad.
Más tarde aparecen elementos como el rayo o el cuchillo, asociados a la frustración amorosa. El rayo se transmuta en símbolo de fuerza y coraje de los soldados.
La lluvia se relaciona con la pena que provoca el amor y el ventó con la fuerza del pueblo y voz del poeta. La tierra es la madre, cuna y sepultura del hombre. El toro es la representación de muerte en Perito en lunas, de la virilidad en El rayo que no cesa y del valor combatiente en Viento del pueblo.
El lenguaje poético experimenta cambios que afectan a la métrica que varía en función de la temática. Octavas reales, sonetos, tercetos encadenados, romances, silvas o versos carentes de rima inundan las composiciones de Miguel.

5.Vida y muerte de poesía Miguel

Nacido en 1910 en el seno de una familia humilde, Miguel hernández está considerado como uno de los poetas más significativos del Siglo XXX. Aunque cronológicamente pertenece a la generación del 36, varios factores lo relacionan estrechamente con la del 27. El más importante es la fusión de tradición e innovación en su obra, fruto de la influencia de las vanguardias. Toda su producción es una constatación de la terrible definición del filósofo Heidegger: el hombre es un ser para la muerte. En la poesía de Miguel se da un discurrir que comienza con la vida más elemental que poco a poco acaba por deslizarse por la pendiente de la tragedia. Los primeros poemas contienen una cierta despreocupación, de vitalismo despreocupado y de optimismo natural: es esta época sueña con poder vivir para dedicarse a la poesía. El primer espacio poético hernandiano estaría contagiado por la idea de Jorge Guillén. En su primera etapa se rinde homenaje a la naturaleza. Todo lo vivo es bello. El vitalismo de Miguel percibe los objetos como si estuvieran vivos. Aquí no hay muerte, si acaso, una muerte anunciada por la llegada de los atardeceres. Las «heridas´´ hernandianas comienzan a sentirse en El rayo que no cesa (1936), idea de que la vida es muerte por amor. El toro se convierte en la coherencia de la voz del poeta: fracaso amoroso anunciado, presagio de destrucción… La vida se presenta amenazada por fuerzas incontrolables y el amor está marcado por un sino sangriento. Amor y muerte se plasman en los símbolos del toro y la sangre,  a los que se une una constelación de elementos cortantes como el cuchillo o el rayo.
Estos instrumentos adquieren expresividad dramática y desesperanzada en la Elegía dedicada a su amigo Ramón Sijé. En ella aparecen términos que configuran un mosaico de rabia y de malestar inconsolables: `manotazo duro´,`golpe helado´… Estos versos coléricos contra la muerte nos hablan de la concepción de Miguel en este momento de su vida: vivir es amar, penar y morir. Con la guerra, la voz poética adquiere un tono combativo en Viento del pueblo (1937) donde la muerte se convierte en parte de la lucha por la victoria. El optimismo inicial deriva en dolor y pesimismo. Así se aprecia en El hombre acecha (1939), donde los muertos son víctimas y donde el último estertor rige el destino de los oprimidos. En Cancionero y romancero de ausencias los poemas se oscurecen con el engaño y la carencia de todo. La muerte de su primer hijo, la pérdida de la guerra, la condena a muerte configuran este poemario de la desolación.

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