12 May

Carmen Laforet y el impacto de Nada

La autora del texto es Carmen Laforet y el texto pertenece a su primera novela, Nada. Carmen nació en Barcelona el 6 de septiembre de 1921 en la calle Aribau, nº 36, la misma casa a la que volverá en 1939 y que le inspirará los escenarios domésticos de su obra. Publica Nada en 1945, con tan solo 24 años, obteniendo el Premio Nadal; este hecho supuso un aldabonazo para la primera generación de posguerra y un éxito de crítica y de público que catapultó a Laforet, siendo muy joven, a la fama literaria.

Contexto histórico y literario

Antes de la Guerra Civil, en los años veinte y treinta, la novela tuvo escaso desarrollo en España, en contraste con el auge de la poesía (Generación del 27). La novela realista, según Ortega y Gasset, basada en un argumento y unos personajes, estaba agotada. En su lugar se planteó la llamada novela deshumanizada, que privilegiaba los aspectos formales y reducía al mínimo el argumento y la intriga; en esta corriente destacan Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala.

En los años cuarenta, tras la Guerra Civil Española (1936-1939) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el clima desolador de la posguerra favoreció el auge de la literatura comprometida con los problemas sociales. Una de las corrientes principales fue el existencialismo, cuyo cuestionamiento del sentido de la existencia humana tuvo enseguida repercusiones literarias. La náusea (1938) de Jean-Paul Sartre y El extranjero (1942) de Albert Camus fueron las novelas emblemáticas de este movimiento. En España, cabe destacar en poesía Hijos de la ira (1944) de Dámaso Alonso y, en teatro, Historia de una escalera (1949) de Antonio Buero Vallejo.

Entre 1940 y 1950 se produce un auge cuantitativo de la novela. Autores como Gonzalo Torrente Ballester, Camilo José Cela, Miguel Delibes y la propia Carmen Laforet encarnan la novela existencial española. Lo existencial se convierte en uno de los temas fundamentales de la narrativa. Paralelamente a lo que ocurre en la poesía desarraigada, la desorientación, la hostilidad de la vida y la angustia marcan los motivos de parte de la novela de estos años. Cada uno de ellos tiene su propia personalidad literaria, por lo que no puede hablarse estrictamente de una Generación del 36. Por eso, podemos afirmar que Carmen Laforet es una escritora aislada que no puede adscribirse rígidamente a ningún grupo o escuela literaria.

Espacios y ambientes en la obra

En la novela Nada, el espacio físico se funde con el estado emocional de la protagonista para construir una atmósfera de asfixia y desengaño. Por tanto, espacios y ambientes van de la mano.

El microcosmos de la calle Aribau

El escenario principal es el piso de la calle Aribau, que funciona como un microcosmos de la España de posguerra. Este lugar se define por su oscuridad, suciedad y acumulación de trastos viejos, elementos que simbolizan la decadencia de una clase burguesa arruinada tanto económica como moralmente. En este interior claustrofóbico, la falta de intimidad y el ambiente de violencia doméstica generan una sensación de pesadilla constante, donde los personajes parecen espectros que se consumen entre sí.

Barcelona: Contraste y libertad

Frente al encierro de la casa, la ciudad de Barcelona emerge como un espacio de libertad y contraste. La universidad y la casa de Ena representan la luz, el orden y la esperanza de una vida moderna y civilizada, marcando una distancia abismal con la miseria de Aribau. Sin embargo, Barcelona también muestra su faceta más cruda en el Barrio Chino, un ambiente de degradación que refleja la marginación social de la época. Andrea transita entre estos mundos sintiéndose una extraña en ambos, lo que refuerza el tono existencialista de la obra.

Estilo y técnicas narrativas

Los ambientes y la atmósfera general de la novela están impregnados de un estilo impresionista marcado por la corriente existencialista del momento y, en ocasiones, cercano al esperpento. Laforet utiliza descripciones sensoriales centradas en lo desagradable, como olores nauseabundos, frío y sombras, para transmitir la angustia y el vacío vital de la protagonista. Al final, los espacios recorridos por Andrea no dejan en ella una huella material, sino la confirmación de una madurez dolorosa nacida de la desolación, frustración y soledad, y de esa «nada» que da título al libro.

El punto de vista y la estructura

La novela Nada supone una renovación profunda frente a la literatura evasiva del momento. Está escrita en primera persona; el punto de vista narrativo es el de la protagonista-testigo, que selecciona la realidad y nos ofrece la impresión subjetiva que provoca en ella (Ej. como en l. 8: “….”). En alguna ocasión aparece el punto de vista del narrador omnisciente, así como el perspectivismo múltiple en el episodio del Barrio Chino.

La obra mantiene el interés del lector gracias a la técnica de la elusión narrativa, destinada a crear incertidumbre mediante intrigas secundarias que quedan sin resolverse del todo (Nombrar alguna: ¿cómo es realmente Andrea?, ¿qué papel ocupó Román durante la Guerra Civil?).

Recursos expresionistas y temporales

Predomina la descripción, que es, por un lado, impresionista (la narración se hace desde el punto de vista de Andrea, Ej. “….”); por otro lado, el estilo expresionista aparece cuando describe a los personajes deformando sus rasgos mediante la cosificación y la animalización, haciendo referencia al tremendismo, corriente estética desarrollada en España en los años cuarenta.

El tiempo en la narración

  • Tiempo verbal: Predomina el pretérito imperfecto, que permite describir hechos y estados anímicos pasados (Como por ej. l. 7: “………”), con inmersiones escasas al pasado.
  • Temporalidad: Distinguimos una temporalidad lineal mediante un tiempo externo (la época de la posguerra y la dictadura de Franco) y un tiempo interno (un curso académico). El fluir temporal está marcado por rasgos tópicos como menciones a las estaciones o los meses.

El lenguaje y los recursos literarios

El estilo de la prosa de Carmen Laforet es sencillo, natural y sobrio, especialmente en los diálogos que reflejan el habla coloquial. El lenguaje es vivo y enérgico, con presencia de frases cortas. Mediante un estilo cuidado, la escritora manifiesta un uso exquisito del léxico (Ej. “expectación, automóvil, grisácea, anhelo…”) que no cae en la afectación. En algunas ocasiones encontramos términos en catalán.

Por último, se observa la utilización de recursos literarios de gran vigor técnico:

  • Metáforas: Destaca la metáfora del viaje de la protagonista (“horizontes de la salvación”).
  • Comparaciones: “Me emocionaba como una liberación”.
  • Epítetos: “Ansiosa expectación”, “viva emoción”.
  • Personificaciones: “La casa entera parecía silenciosa y dormida…”.
  • Enumeraciones con asíndeton: “La vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor”.

Este fragmento se sitúa en… [completar según el texto específico].

Deja un comentario