24 Nov

En la prosa debemos destacar dos obras fundamentales de nuevo de Bécquer, Cartas desde mi celda y Leyendas,
28 narraciones breves en las que trata dos de los temas preferidos por el Romanticismo: lo sobrenatural y lo exótico. Mariano José de Larra, por su parte, elabora más de docientos artículos, firmados a veces con el pseudónimo de Fígaro, en los que realiza un retrato crítico y satírico de la vida española de su época; tanto por su tono, como por su prosa, clara, transparente y expresiva se le considera precursor de la Generación del 98.

En cuanto al teatro, destaca durante el Romanticismo el desarrollo del drama histórico. Sus carácterísticas son la ruptura de las reglas clásicas,  el estilo personal,  un número de actos no fijos y  escenarios como las ruinas y los cementerios. El gran tema es el amor y la libertad y se aprecia una mezcla de prosa y verso en las obras. El duque de Rivas impuso en España el teatro ROMántico con la obra que serviría de modelo a todas las posteriores:

Don Álvaro o la fuerza del sino

José Zorrilla, desde el verso, revisa el personaje del burlador de Sevilla, de Tirso de Molina en su Don Juan Tenorio.

El Romanticismo, pues, un movimiento que en literatura supondrá la búsqueda de nuevos temas, un lenguaje renovado y, ante todo, un estilo propio en cada autor.

Tema 3 La novela realista y naturalista


En torno a 1850 aparece el segundo movimiento artístico del XIX: el Realismo. . El autor realista ve en la novela el género perfecto para convertir su obra literaria en un documento que pueda servir de testimonio de la realidad. A través de ella se dirige a un público, el burgués, cansado del sentimentalismo ROMántico y que demanda personajes con los que identificarse. Es el XIX, de hecho, el gran siglo de la narrativa de ficción:, en España serán Galdós y Clarín sus principales representantes.  A finales de esta centuria, los preceptos del Realismo son llevados al extremo: el empleo de nuevas técnicas narrativas y la introducción personajes marginales y de la clase obrera suponen la aparición del Naturalismo, cuyo máximo exponte será Zola.  Desde los renglones de sus novelas, los autores del Realismo dejan de centrarse en sí mismos para describir la sociedad de su épocaa, poco a poco los personajes proletarios y marginales van ocupando un lugar más importante.  La descripción y el análisis del personaje cobra especial relevancia en esta narrativa: el ambiente familiar, su educación, acontecimientos pasados… Todo como explicación a su conducta o comportamiento. En esta recreación de la realidad, el autor también reproduce con fidelidad el habla real de esos personajes, si bien el lenguaje del narrador suele mantener un registro culto, cuidado y literario.  Una de las grandes aportaciones del Realismo a la narrativa contemporánea fue la aparición del narrador omnisciente: un narrador que controla hasta el último detalle a los personajes y que interviene frecuentemente en el relato emitiendo juicios o avanzando hechos. Y no menos importante fue el canal de difusión de estas novelas: el periódico. Muchas obras se publicaron por entregas en los periódicos lo que influyó en su propia estructura con el fin de crear suspense y conseguir que el lector compre la continuación de la obra. Este modelo de desarrollo dio lugar a la novela folletín.Benito PÉREZ GALDÓS es el novelista más importante del Realismo español. Entre sus obras destacan los Episodios Nacionales, ;
Doña Perfecta y Marianela,;

Fortunata y Jacinta  y Miau, Misericordia,.  Por su parte, LEOPOLDO ALAS, “CLARÍN” se mostró como un escritor moralista defensor de la justicia y la verdad. Su obra incluye 3 géneros: La crítica literaria, cuentos  como ¡Adiós, cordera!
y su novela cumbre La Regenta,. Otros novelistas a destacar son Fernán Caballero ); Pedro Antonio de Alarcón,El sombrero de tres picos;
Y Juan Valera en cuya narrativa predominan los conflictos amorosos , como evolución del Realismo, nacíó el Naturalismo. Este movimiento pretende remontarse a las causas de los comportamientos humanos y para ello tiene en cuenta las nuevas ideas científicas sobre el hombre (determinismo, herencia biológica, selección natural de las especies, etc).  De esta manera ofrece una galería de personajes con taras físicas y morales. La novela naturalista se ocupará de explicar las razones de esos defectos insistiendo en los aspectos más miserables de la vida humana y de sus relaciones sociales. El Naturalismo fue un movimiento muy polémico cuyo máximo representante y teórico  fue Emile Zola.
En España, la novelista Emilia Pardo Bazán divulgó las ideas de Zola en un artículo titulado La cuestión palpitante, pero las teorías en las que se basaba el movimiento naturalista casaban mal con el espíritu religioso de muchos de nuestros autores por lo que esta corriente tuvo poca repercusión en nuestro país. Se advierte alguna influencia de sus técnicas narrativas (estilo indirecto libre, monólogo interior, etc.), en algunas obras de Galdós (Misericordia) , Clarín (La Regenta), Blasco Ibáñez (La Barraca) y la propia Pardo Bazán (Los Pazos de Ulloa).
En general, sirvió para tratar con más radicalidad los temas sociales, para indagar en aspectos sórdidos de la existencia y tratar de modo más directo los temas de carácter sexual tal y como lo hace Pardo Bazán en  La madre naturaleza,  donde relata una relación incestuosa.


4.El Modernismo y la generación 98


 Mientras británicos, franceses y alemanes hacían uso del imperialismo para ampliar fronteras, España  termina a solas con sus ruinas:
en la ruina económica de un país que empezaba a ser industrial cuando otros llevaban siéndolo desde hacía un siglo; en el caos político de una España reventada a fuerza de tantos golpes de estado, revoluciones, levantamientos y restauraciones; y en la tensión de una sociedad,  Así es como andaban las cosas cuando vuelven a afilarse las letras de algunos de los autores españoles de final de siglo como Unamuno, Baroja, Maeztu o Azorín hombres de la llamadageneración del 98 …. El autor español de final de siglo no sólo critica la realidad que le rodea; también sueña con el resurgimiento de una nueva España de entre esas ruinas en las que le ha tocado vivir. Y el renacer, al menos de sus letras,  llegaría desde Francia y desde Hispanoamérica. Desde Verlaine y desde Rubén Darío. Desde el Simbolismo y desde el Modernismo. El escritor español responde al envite  del Simbolismo francés  viajar hacia el mundo interior, pero también a la ruptura del Modernismo con la estética realista . La nueva poética modernista es la de los momentos felices pasados, donde aún existían seguridades: la niñez lejana, los paraísos perdidos, los jardines cerrados, la Edad Media. Se trata de una nueva poética que búsqueda de armónía por parte del artista. Pero no sólo se trata de una renovación de los temas, sino también de las formas. Es el momento de la evocación, del efecto sonoro. .  Y es, especialmente, el momento del ritmo: de la rima interna, de las simetrías, de los paralelismos. Por su parte, la prosa perdíó sus formas rígidas, su oratoria solemne de párrafos largos. Adquiríó soltura. La literatura en español salíó del Modernismo distinta de lo que había sido antes: la poesía especialmente en Hispanoamérica, la novela especialmente en España  y el ensayo a ambas orillas del Atlántico. El teatro tendría que esperar nuevas décadas para conseguir su cambio, aunque de la mano de una creación del Modernismo:  Valle-Inclán. Pero el Modernismo no tuvo una única forma de realizarse, sino varias. En América y en algunos autores españoles como Manuel Machado, Marquina o Villaespesa, viró más hacia lo estético. Se trata, sobre todo, de una poesía cromática, brillante, sensual, que tendrá como máximo exponente al Rubén Darío de  Prosas profanas Por su parte, en España, el Modernismo, con los autores de la llamada Generación del 98  sigue una línea más sobria y sencilla, con menos alardes formales, aunque con un estilo muy cuidado y con más prosa que verso.  Se trata de un camino influido por la huella de Larra, Bécquer, Quevedo, Cervantes y el fervor por la literatura medieval.  El Modernismo que desarrollan los noventayochistas dirige su mirada no ya a  mundos exóticos, sino hacia el yo íntimo; una mirada que es a la vez mirada crítica hacia esa España que se distancia de Europa.  En su obra se confunde la crisis del país con la crisis existencial; el paisaje con el alma. En 1902 aparecen tres novelas que reflejan claramente estas inquietudes metafísicas:
Camino de perfección, de Baroja, La voluntad, de Azorín y Amor y Pedagogía, de Unamuno. Si Fernando Osorio, el personaje barojiano busca en vano algo que dé sentido a su vida, el protagonista de La voluntad se da cuenta de cómo cuanto le rodea y él mismo se dirige hacia la Nada. Es la misma desesperación del Apolodoro de Amor y pedagogía. Se trata de un yo íntimo que en su desarraigo también rebusca en la Historia de nuestro país, pero no en sus reyes o políticos, sino en la vida callada de los millones de hombres sin historia, de la que nos habla Unamuno en “Entorno al casticismo”. Se trata, pues, el del 98, de un grupo   más o menos coherente que llena sus letras de subjetivismo, de rebeldía, de sueños, de paisaje, de angustia, de crisis existencial y de rechazo hacia la estética anterior. Un grupo  dentro de la corriente Modernista, influido por el Simbolismo francés y dentro de un contexto nacional e internacional en el que las crisis  y los cambios  irán a la par.


5 novecentismo y vanguardias


  Entre 1914 y la Guerra Civil alcanza su esplendor la obra de un grupo de intelectuales  agrupados bajo la denominación de Novecentismo o Generación del 14, Se trata de intelectuales liberales que pretenden la modernización de la sociedad y el acercamiento a Europa. Entre ellos están los novelistas Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala o Wenceslao Fernández Flórez; los ensayistas José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Manuel Azaña ; y el poeta Juan Ramón Jiménez.  Entre las carácterísticas de este nuevo movimiento destaca la deshumanización del arte, es decir, la búsqueda del arte puro.  En las obras novecentistas destaca la preocupación formal, el , la preferencia por la cultura urbana; se alejan del paisajismo castellano, los problemas rurales o los detalles costumbristas que se recogen en las novelas y ensayos de la Generación del 98. Se trata además, de una literatura orientada a la serenidad clásica, con un leguaje depurado y dirigido a un público minoritario. Los géneros serán la prosa poética, la poesía y el ensayo. En este último destaca Ortega y Gasset, filósofo, autor de La deshumanización del arte y  La rebelión de las masas  En el terreno de la NOVELA, Destacan la novela intelectual y crítica de Ramón Pérez de Ayala (Belarmino y Apolonio,La novela lírica, con una prosa artística llena de sugerencias y sensaciones, de Gabriel Miró (Nuestro padre San Daniel, , y su continuación El obispo leproso)
, . Por otra parte,Fernández Flórez practica una novela humorística que manifiesta crítica y pesimismo; su mejor obra es El bosque animado.
En POESÍA, los posmodernistas inician el camino hacia una poesía pura, Además de León Felipe, la gran figura es Juan Ramón Jiménezquien plantea su poesía como una búsqueda de belleza y de eternidad. El poeta evoluciona desde la influencia de Bécquer (Arias tristes)
; pasando por una poesía más breve e conceptual en la que se empeña en encontrar lo esencial (Diario de un poeta recién casado y La estación total)
Y, finalmente, un lirismo cuyo tono es mucho más gozoso en el que identifica la palabra poética con la divinidad (Dios deseado y deseante)
.  surge la figura de Ramón Gómez de la Serna, considerado como el introductor del Vanguardismo en nuestro país destaca por sus greguerías, piezas breves que él mismo definíó como una mezcla de humor más metáfora. En ellas muestra perspectivas inéditas de la realidad, buscando la sorpresa y acercándose al absurdo. Tan sólo dos ejemplos: “La castañera asa los corazones del invierno” o “Roncar es tomar ruidosamente sopa de sueño”. Las Vanguardias europeas del período de entreguerras (Futurismo, Expresionismo, Cubismo, Dadaísmo, Surrealismo)
Llegaron a España con su afán de romper con las tradiciones. Tras una primera fase  marcada por la deshumanización del arte, en la que triunfan el Ultraísmo y el Creacionismose pasa por una rehumanización marcada por el Surrealismo
Después, las urgencias políticas de los años 30 harán que las Vanguardias en España se vayan diluyendo. El Ultraísmo y el Creacionismo se manifestaron sobre todo en tertulias y revistas. El primero pretendía eliminar de la poesía los sentimientos y la lógica, y presentar los signos del mundo moderno mediante una yuxtaposición de imágenes sorprendentes, eliminando los signos de puntuación y llegando, en ocasiones, al caligrama. Su principal impulsor y figura fue Guillermo de la Torre, autor del libro Hélices(1923). El Creacionismo, por su parte, introducido en España por el poeta chileno Vicente Huidobro, usa procedimientos similares, con la idea de que el poema debe ser “intraducible a la prosa” y debe juntar palabras que nunca antes hayan coincidido. Influyó fuertemente en un poeta del 27, Gerardo Diego.
Más tarde se introdujo el Surrealismo, con su idea de hacer aflorar, mediante imágenes irracionales, el mundo del subconsciente. El Surrealismo en España fue menos radical que el francés, y supuso una reacción frente a la poesía pura de Juan Ramón. Influyó en poetas del 27 como Lorca, Alberti, Cernuda y, sobre todo, en Vicente Aleixandre.


Tema 6 la poesía de generación 27

Salinas, Guillén, Lorca, Alberti, Aleixandre, Cernuda, Diego,  Alonso, Prados y Altolaguirre. Son los poetas de la llamada Generación del 27.  Generación,  edades similares, formación intelectual  parecida, la mayoría son universitarios  y casi todos pasaron por la Residencia de Estudiantes y, pues, del 27 que debe su título que llevó a cabo el grupo en ese año con motivo del tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora.

De dicha generación surgíó un nuevo arte poético hecho por igual de vanguardia y tradición; y del que salen hijos tan dispares como la poesía pura del Cántico, de  Guillén o el Neopopulismo del Romancero gitano, de Lorca. Surge  un nuevo lenguaje lleno de lirismo  y nuevas innovaciones métricas. Se emplean sobre todo estrofas tradicionales como el romance o la copla, clásicas como el soneto o el terceto y, especialmente el verso libre y versículo. Y junto a su métrica fue especialmente fundamental el uso tan particular que hicieron los autores del 27 de la metáfora, base de muchos de sus poemas; una metáfora compleja, donde la relación de semejanza entre término real e imaginario no es evidente aunque sí sugieren lo mismo.Se trata de un nuevo arte poético que evoluciona en cada uno, pero a la vez en todos ellos. En los primeros años de su actividad literaria la forma es relativamente sencilla: es el auge del Neopopularismo, de la influencia de Bécquer; es el momento de Marinero en Tierra, de Alberti,  o de la Canción del Jinete, de Lorca: Los años de más rigidez formal se sitúan en la segunda mitad de los años veinte. El influjo del Ultraísmo y Creacionismo, el magisterio de Juan Ramón y el fervor que sienten por Góngora suponen su orientación hacia la poesía pura, pero sin sufrir la deshumanización de las vanguardias europeas. Se mezcla con el Romanticismo  y la lírica popular. Y ahí están los Versos humanos, de G. Diego,  el Cal y canto, de Alberti y, sobre todo, El Romancero gitano, de Lorca; todos tejidos sobre estrofas tradicionales, todos  alejados de la mera experimentación con la palabra. Y si hasta entonces la poesía del 27 es sobre todo poesía del yo, a finales de los veinte el poeta inicia su viaje hacia la poesía social. Ello coincide no sólo con la irrupción del Surrealismo radicalmente opuesto a la poesía pura y que supuso la entrada de nuevos temas amorosos, existenciales y sociales. También son tiempos en los que se barrunta ya algo de la tragedia del 36: inestabilidad social y política, agitación. El poeta no se mantiene al margen y da entrada en sus versos a parte de esa agitación social que le rodea. En ese contexto surgen Poeta en Nueva York, de Lorca; de Sobre los Ángeles, de Alberti, o de La destrucción o el amor, de Aleixandre.   Pero la guerra pasó su guadaña por los del 27: nos dejó sin Lorca y con los demás, salvo Aleixandre, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, en el exilio. El grupo se dispersa. Cada cual sigue su rumbo, pero siempre en el camino de una poesía hondamente humana. Si en los de fuera, con la nostalgia de la patria perdida, en los que quedaron, con la angustia y  desde el existencialismo de títulos como Hijos de la ira, de Dámaso Alonso. Guillén, quizás el más tenido por puro, opone, en cierta forma su nuevo Clamor a su antiguo Cántico.
Si antes dijo “El mundo está bien hecho”, ahora afirmará “Este mundo del hombre está mal hecho”. Su clamor es el testimonio del mal, del desorden, de las injusticias, de las torturas, de la guerra…En fin, todos ellos siguieron escribiendo hasta edad avanzada, dándonos obras como Abierto a todas horas, de Alberti; 
Duda y amor sobre el Ser Supremo, de Dámaso Alonso o Diálogos del conocimiento, de Aleixandre. La concesión del Premio Nobel en 1977 a Aleixandre, fue, en cierto modo, la confirmación de la importancia de todo un grupo que dio a la lírica una nueva Edad de Oro, el redescubrimiento de Góngora y un nuevo rumbo a las vanguardias.


7 El teatro anterior al 39


En la primera mitad del Siglo XX,  a pesar de que en España se escribieron obras dramáticas muy interesantes, pocas veces fueron llevadas a escena con éxito. Mientras  el teatro de Ibsen, Chejov o Pirandelo recibía el aplauso del público europeo, en nuestro país, escritores de la talla de Unamuno o Valle-Inclán quedaron eclipsados por otros dramaturgos populares que tuvieron el don de dar a su público exactamente lo que quería.En los años del cambio de siglo los teatros españoles  El espectador de Madrid podía elegir cada noche al menos entre ocho teatros.  En 1905, cuando la prensa organizó un homenaje nacional a Echegaray, un grupo de escritores entre los que figuraban Unamuno, Azorín, Valle-Inclán, Antonio y Manuel Machado, Villaespesa… Firmó un manifiesto de protesta. Prácticamente todos los de la lista que intentaron escribir para el teatro fracasaron visiblemente en su empeño de interesar al público. Tan solo Villaespesa (con su teatro poético), Marquina (con sus dramas históricos:
Las hijas del Cid o comedias como Don Diego de noche)
Y en un grado menor los hermanos Machado, con obras como La Lola se va a los puertos, conseguirán algún éxito. Y es que el espectáculo teatral de la época giraba en torno al llamado teatro de boulevard, término con el que se designaba la comedia de Benavente (obras como La malquerida o Los intereses creados)

o al teatro de humor, del que será cultivador de gran éxito Pedro Muñoz Seca (La venganza de don Mendo
).  Al mismo tiempo existía un tercer cauce más innovador para el teatro, aunque sin ninguna salida comercial: el teatro de vanguardia. Un teatro sin público y sin éxito. De esta forma, va a surgir lo que se ha llamado un «teatro de minorías», que vemos en Jacinto Grau  (El conde Alarcos, El tercer demonio)
O Ramón Gómez de la Serna;
En su obra Los medios seres, . En esta línea del humorismo y vanguardia e influidos por el Surrealismo estarán algunas obras de Lorca, como El maleficio de la mariposa o El hombre deshabitado, de Alberti, pero sobre todo la producción de Enrique Jardiel Poncela (Usted tiene ojos de mujer fatal o Cuatro corazones con freno y marcha atrás) y Miguel Mihura, con sus Tres sombreros de copa, máximo exponente del teatro del absurdo español que a pesar de escribirse en 1932 no se estrenaría hasta 20 años después.  Aunque sin duda es la dramaturgia de Valle-Inclán  la aventura más apasionante del teatro español contemporáneo. Fue tan novedosa para su tiempo que en España no encontró eco y permanecíó oculta al gran público durante 40 años. Sus dramas mostraban un teatro en total libertad con multitud de personajes, variedad de escenarios, rápidos cambios de escena, situaciones de gran crueldad o extensas acotaciones literarias tan bellas que, en numerosas ocasiones se han representado. La crítica social de su teatro se  recrudece progresivamente desde ese primer desplome de la Galicia feudal que retrata en sus  Comedias Bárbaras hasta arribar en la técnica del “esperpento” en obras como Luces de Bohemia o Los cuernos de don Friolera
 Y junto con el de Valle-Inclán,  el teatro de Lorca es el más destacado del Siglo XX ) Su relevancia e influencia es paralela a la de su  Es un teatro poético, que gira en torno a símbolos (la sangre, el cuchillo, la rosa), que se desarrolla en espacios míticos y que encara problemas sustanciales. Sobre Lorca influyen también el drama modernista (), el teatro lopesco (en el empleo estratégico de la canción popular), el calderoniano (desmesura trágica, sentido de la alegoría) y la tradición de los títeres. Con el estallido de la guerra, todo ese movimiento de renovación teatral que se estaba forjando se trunca para dar paso a un teatro al servicio de la ideología y de la propaganda, un teatro de combate que alterna con el convencional como forma de evasión, donde triunfan  Benavente y las zarzuelas. Aun así, entre la contienda, destacan algunos autores. Son, en la zona republicana, Manuel Altoaguirre, Max Aub o Miguel Hernández; y en la zona nacional, José María Pemán, Eduardo Marquina o Mariano de Alarcón.


TEMA 8. LA NOVELA ESPAÑOLA DE 1939 Hasta..


Tras la Guerra Civil, la novela española no puede enlazar con la narrativa social de los años 30 prohibida durante el franquismo, más que desde el exilio de Ramón J. Sender, Max Aub,  Ayala o Rosa Chacel. La novela se convierte en el vehículo de expresión de lo que la crónica periodística, el ensayo, las cartas o los testimonios orales deben callar. El Realismo será el camino común seguido por los  narradores de la posguerra,  También desde el Realismo, surge una nueva narrativa que busca reflejar la experiencia traumática de la guerra mediante algunos procedimientos estilísticos que  permiten burlar la censura: por un lado, el exagerar el detalle repugnante y violento  en lo que vino a llamarse Tremendismo y, por otro, focalizar la historia en el individuo y  su soledad.
La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, de 1942, abre el camino del Tremendismo.

Nada, de Carmen Laforet, es la que inaugura en 1944 el otro camino alternativo, el del Existencialismo.
A estas nuevas voces se les unen poco después otras como la de Miguel Delibes, con La sombra del ciprés es alargada  y Ana María Matute, con Los Abel.
En general estos novelistas coinciden en reflejar el desolado mundo de la posguerra desde una perspectiva pesimista; por eso abundan en sus narraciones los personajes desorientados, tristes y frustrados, inadaptados y marginales. En los años 50, la novela se centra en  las inquietudes sociales. Es el momento de la novela objetivista, del Realismo crítico que interpreta la realidad con la esperanza de cambios y del Realismo lírico, del que es máximo exponente Ana María Matute.
La Colmena, de  Cela y La Noria, de Luis Romero ,Los autores que empiezan a publicar en esa década, los de la Generación del Medio Siglo, llevarán ese nuevo modelo de novela, en algunos casos, al extremo de la reproducción magnetofónica de la realidad (El jarama, de Sánchez Ferlosio), a la variante de  la novela-reportaje (El fulgor y la sangre, de Ignacio Aldecoa) o  al Realismo crítico  (Goytisolo, Martín Gaite, Juan Benet). La nueva narrativa incorpora técnicas de escritura ya habituales en la literatura occidental como el monólogo interior o la corriente de la conciencia. La renovación llegaría por tres vías.
Tiempo de silencio, obra  de Luis Martín-Santos  Es el primer giro que luego completarán, desde la renovación del lenguaje y la experimentación de las formas autores de promociones distintas: tenemos obras de autores surgidos en los años 40, como el San Camilo 1936, de Cela , Cinco Horas con Mario ,de Delibes y La saga fuga de J. B.
, de Torrente Ballester;  obras de autores de la generación del Medio Siglo (Últimas tardes con teresa, de Juan Marsé o Señas de identidad, de Goytisolo); y obras de autores jovencísimos como El Mercurio, primera novela de Guelbenzu.  La Poco después de la aparición de Tiempo de Silencio, se produce el inicio del llamado Boom que llevaría a los escritores españoles a entrar en contacto con las obras y con los propios autores hispanoamericanos, incitándolos hacia la experimentación y la renovación ya en marcha en Latinoamérica. La Rayuela de Cortázar, marcaría profundamente la obra de los narradores del 68: Rato, Cruz Ruíz, Sánchez Espeso, y muy especialmente en El Mercurio de J. María Guelbenzu  …Un camino que se extiende a la nueva hornada de autores, la llamada Generación del 68, que asumen los gritos libertarios del Mayo parisino y que, salvo algunas excepciones, se dan a conocer después de 1970. En ellos se produce también una efervescencia de lo experimental, especialmente patente en autores como Guelbenzu, Juan José Millás, Javier Tomeo, Terenci Moix, Javier Marías, Francisco Umbral…
Autores que burlan las fronteras de los géneros, especialmente Umbral, y que buscan crear un nuevo lenguaje ( Los dominios del lobo, de Javier MaríasLa verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza,literatura, la peninsular, que se vale del tremendismo y el existencialismo para volver a caminar, que se hace social  y se vuelve experimentación porque era lo que pedían los tiempos y que, tras empacharse de experimentación, vuelve a sentirse libre para contar historias, buenas historias.

TEMA 9. EL TEATRO DEL 39 HASTA NUESTROS DÍAS. TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS PRINCIPALES


Tras la Guerra Civil se produjo en España un descabezamiento de nuestro teatro por el exilio y la muerte, natural o violenta, de los autores fundamentales _Valle-Inclán y Lorca entre ellos_, la férrea censura, que impidió a los autores del exilio como Alberti o Max Aub estrenar o publicar obras en nuestro país, y la desaparición de los escenarios del teatro renovador de la décadas anteriores.
La escena española quedó dominada en la primera posguerra por un teatro mediocre cuyo repertorio lo formaban sainetes, dramas históricos de tendencia patriótica y comedias superficiales.  En los 40 prevalece un tipo de teatro comercial orientado exclusivamente a la distracción de un público sin demasiadas exigencias. Es un teatro convencional, aunque bien construido, con diálogos cuidados, continuador de la comedia de salón. La acción, desarrollada en ambientes de la  clase media alta, se basa en enredos sentimentales, el humor fácil . Entre los cultivadores de esta tendencia _aparte de Jacinto Benavente que continuó estrenando obras con éxito hasta su fallecimiento en 1954_ destacan José María Pemán, Joaquín Calvo Sotelo, Juan Ignacio Luca de Tena o José López Rubio.  Tan sólo se desmarca de esta dramaturgia y desde su teatro del absurdo que le trajo no pocos problemas con la censura del momento, Enrique Jardiel Poncela. Su producción teatral arranca a finales de la segunda década de la centuria anterior, aunque no es hasta pasada la guerra cuando surgen títulos tan importantes en su trayectoria dramática como Eloísa está debajo de un almendro, Los ladrones somos gente honrada o El amor sólo dura 2000 metros.
En los años 50, el testigo del teatro del humor alejado en lo posible de lo convencional, lo toma Miguel Mihura. Este autor madrileño quedó marcado por la imposibilidad de representar Tres sombreros de copa.
Pese al éxito de público, en estas obras de la posguerra se diluye ese poder crítico y corrosivo de Tres sombreros de copa , amoldándose , en parte,  al gusto burgués.   A mitad de los años 50 y coincidiendo con la aparición de un público universitario y un cierto relajamiento de la censura, surge un nuevo teatro de denuncia y protesta social, crítico con las injusticias y que sirve de testimonio de la dura realidad del momento. En cuanto a su técnica dramática, es un teatro realista con recursos propios del sainete y ciertos rasgos del esperpento vallenclainesco. Alfonso Sastre, militante del partido comunista en la clandestinidad,  orienta prácticamente todo su teatro hacia el Realismo de intención social con obras como El pan de todos o La mordaza.
También destacan José María Rodríguez Méndez, Laura Olmo o Antonio Gala. En esta tendencia sobresale la obra de Antonio Buero Vallejo (condenado a muerte tras la Guerra Civil a quien se le conmutó la pena capital por la de 30 años de prisión; de los cuales sólo pasó 6 en la cárcel; una experiencia, junto con la del fusilamiento de su padre que, sin duda, marcó el carácter trágico de su dramaturgia). Su obra se centra en los problemas del hombre contemporáneo: el miedo,  la culpa, la justicia, la  verdad; son dramas de todos los días como ese obligado sobrevivir de  los personajes de la casa de vecinos madrileña de Historia de una escalera.
Junto a Buero Vallejo y Sastre, durante la década de los 60,  dan continuidad al teatro de la crítica social, autores como Martín Recuerda (Las arrecogías del beaterio de Sta. María Egipcíaca, Las salvajes de Puente San Gil, etc.), Lauro Olmo (La camisa, etc.), Jaime Salom (La casa de las chivas, etc.), Juan José Alonso Millán (Juegos de sociedad ,etc.), Antonio Gala (Los buenos días perdidos, Los verdes campos del Edén, etc.) y otros.A partir de los años 70 se produce un teatro más exigente y renovador, experimental en las formas y dirigido a un público más minoritario. Predominan los elementos simbólicos y vanguardistas, lo grotesco y lo imaginativo. Cobran también importancia los recursos sonoros, visuales, corporales… 

10.LA POESÍA ESPAÑOLA DEL 39 A NUESTROS DÍAS. TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS PRINCIPALES


La producción poética española desde 1939 hasta la actualidad nos sitúa en un lento proceso de búsqueda de la expresión poética truncada por la Guerra Civil y sus consecuencias: muerte o exilio de muchos de sus autores. Esto conduce a un ostracismo poético por falta de un referente de la poesía anterior ya que estaba censurada. Y no será hasta la década de los 60 cuando la poesía española empiece a vislumbrar nuevos cauces poéticos.En la primera posguerra de los años 40, todavía con la guerra como fondo, desarrollarán su obra poetas conocidos como la Generación del 36, cuya poesía seguirá dos tendencias diferentes: poesía arraigada y poesía desarraigada.     La  poesía arraigada se desarrolla en torno a la revista Garcilaso.
Influidos por  un sentimiento religioso, los poetas del bando vencedor presentan, en formas clásicas, una visión del mundo coherente, ordenada y serena. Los temas tratados serán la familia, la naturaleza… En este grupo se encuadran poetas como Luis Rosales (La casa encendida)
,  Leopoldo Panero o Dionisio Ridruejo (su poesía muestra la evolución ideológica que sufríó:  de ser falangista a ser uno de los más firmes opositores al régimen franquista.
Sonetos a la piedra
o Elegías son obras de corte existencial de los años 40.  En Los primeros días llega a una poesía tan sencilla que se aproxima al coloquio). Por su parte, la poesía desarraigada, representada por la revista Espadaña cobra vida en los versos de los poetas del bando republicano. Es una poesía tremendista, de tono trágico, en un mundo caótico invadido por la angustia. El estilo es directo, más sencillo que el de la poesía arraigada.
Obras importantes son Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, una autobiografía espiritual en la que el yo lírico protesta contra la soledad, el odio o la injusticia y que mira, sin acabar de perder la esperanza hacia Dios. Junto a Dámaso Alonso destacan en esta corriente del desarraigo, Victoriano Crémer, Eugenio de Nora, Carlos Bousoño o José Mª Valverde.
Será en la década de los 50, coincidiendo con la relativa apertura del régimen y con los cambios estéticos producidos en Europa, cuando la poesía, al igual que todos los géneros, se adentre en un compromiso con el hombre y su entorno.
Blas de Otero habló de dirigirse “a la inmensa mayoría” y Gabriel Celaya de la poesía como “arma cargada de futuro”. Es la etapa de poesía social. Superada la etapa de angustia existencial, la poesía se concibe como un acto de solidaridad con los que sufren, de ahí que aparezcan temas como la injusticia social, la alienación, el anhelo de libertad… aunque ello suponga una rebaja en el tono poético (se utiliza un lenguaje claro y más sencillo). Los autores más representativos de este periodo son Gabriel Celaya (Cantos íberos)
, Blas de Otero (Pido la paz y la palabra)
O José Hierro (Con las piedras, con el viento).Durante la década de los 60, surge la llamada Poesía de la Experiencia. Se trata de poetas continuadores de la poesía social anterior. Algunos autores como Ángel González (Premio Nobel en 1991), Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo forman un grupo (Grupo poético de los 50) y presentan una preocupación fundamental por el hombre aunque huyen de todo tratamiento patético. Si bien son inconformistas, su escepticismo los aleja de la poesía social. Sus temas retoman lo íntimo, lo cotidiano. En cuanto a su estilo, usan un lenguaje coloquial y depuran al máximo la palabra. A finales de los 80 surgen nuevos poetas que pretenden distanciarse de los extremos de la poesía anterior, buscando similitud, sinceridad y claridad, indagando en las relaciones personales y en la historia, tanto cotidiana como trascendental. 
Vicente Gallego o Carmen Jordá son algunas de estas nuevas voces que se escuchan en nuestra poesía actual.


TEMA 12. LA NARRATIVA ESPAÑOLA DEL 75 A NUESTROS DÍAS. TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS PRINCIPALES

Las páginas de la narrativa española a partir de la década de los 70 dejan de un lado el Realismo de la etapa anterior y su literatura de urgencia ( para volcarse si  en un primer momento en la renovación de las formas y en la experimentación , finalmente, en recuperar el interés por las buenas historias en introducir la relegada mirada de lo femenino (a lo Almudena), en recurrir al pasado histórico (a lo Pérez Reverté) o, simplemente, nos sorprenden Matando dinosaurios con tirachinas)
En no pocas novelas de tema juvenil, como las Historias del Kronen o Mensaka (de José Ángel Mañas). Algunos de los autores de la Generación del 50, como Juan Goytisolo, pionero en la búsqueda de nuevas técnicas narrativas, con obras como Señas de identidad, sorprenderán en sus obras con cambios de punto de vista, saltos en el tiempo, uso de diversas personas narrativas, monólogos interiores, disertaciones, introducción de textos periodísticos, informes policiales o folletos turísticos, secuencias escritas en forma de versos, diálogos en francés, páginas sin puntuación o en letra cursiva. Se trata de un camino en la narrativa que se extiende en obras como Juan sin tierra.
Y junto a la experimentación de los escritores consagrados, el intento por parte de la nueva hornada de autores, los nacidos a partir del 35, los llamados como Generación del 68, de asumir los gritos libertarios del Mayo parisino y que, salvo algunas excepciones, se dan a conocer después de 1970. En ellos se produce también una efervescencia de lo experimental, especialmente patente en autores como Guelbenzu, Juan José Millás, Javier Tomeo, Terenci Moix, Javier Marías, Francisco Umbral… Y que  subvierten los hábitos de lectura y que burlan las fronteras de los géneros, especialmente Umbral, y que buscan crear un nuevo lenguaje e incluso emplean iconos medíáticos: recuérdese El día que murió Marylin, de Terenci Moix. Se trata de una generación en la que tras los anhelos por cambiar la vida de décadas anteriores, reaparecen las preocupaciones existenciales, la soledad, el erotismo, el amor, el desencanto, la angustia, o bien la evasión y lo lúdico. Frente a la angustiosa y cuasikafkiana Cerberas son las sombras, de Millás, la mucho más evasiva Los dominios del lobo de Javier Marías, cuya materia prima fueron nada menos que 85 películas norteamericanas que el autor transformó en un relato lleno de aventuras.
La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, supone un nuevo puente hacia la narrativa Autores como Vázquez Montalbán, Antonio Muñoz Molina, Juan Madrid aceptan el envite de la novela de intriga de Marías y Mendoza. Si Montalbán por la vía de la novela policíaca (Los mares del sur o La soledad del mánager)
,  Molina, por la vía de la novela de misterio, con los versionados títulos por el cine como Invierno en Lisboa, Beltenebros o Plenilunio
 El fin de la dictadura, pero sobre todo, la eclosión de la sociedad de masas y de consumo durante la década de los 80, supondrá para la narrativa un volver a las formas narrativas más tradicionales que ya se apuntaba en Mendoza o en Montalbán: se recupera la anécdota, la historia.  La mayoría de los autores vuelven centrarse en la historia, aunque desde muy distintos rumbos. Surgen novelas eróticas, como Las edades de Lulú, de Almudena Grandes; novelas femeninas, como La hija del caníbal, de Rosa Montero o La canción de Dorotea, de Rosa Regás; novelas sobre material histórico, como El capitán Alatriste, de Reverté ;
Luna de lobos, de Julio Llamazares o el más reciente premio nacional de literatura, Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez. Pero sobre todo, hay que hablar  de la nueva literatura de tema juvenil, convertida en números uno de ventas con títulos  como Historias del Kronen o Mensaka, de José Ángel Mañas, o Matando dinosaurios con tirachinas de Pedro Maestre.  n fin, una literatura que, tras empacharse de experimentación, vuelve a sentirse libre para contar historias,  sin la presión de recuperar las vanguardias, la democracia y el progreso perdidos.


1 Literatuara sirvió de puente entre Barroco y Romanticismo.
Una Literatura que evoluciona desde la complejidad barroca a la claridad y didactismo neoclásicos para terminar acercándose a la exaltación del yo que supondría el Romanticismo. Legan, junto con los primeros borbones, las ideas ilustradas de Francia que sirven de base para el intento de reformar  la política, la sociedad, la cultura y al propio hombre de la época. Se fundaron las reales academias, museos como el de El Prado o el Jardín Botánico. La extensión de las ideas ilustradas corre a cargo de periódicos como El Censor de Luis García Cañuelo y de las grandes tertulias de la época. La enseñanza, la administración pública o el problema agrario son temas sobre los que la burguésía ilustrada  teoriza, polemiza y satiriza, aunque sin lograr en aquella España absolutista cambios parecidos a los conseguidos en Francia e Inglaterra. LaLiteratura se mostrará como el mejor vehículo para difundir el ideario ilustrado; el ensayo, las fábulas y el teatro serán los géneros  preferidos por los autores en su ideal pedagógico, frente a la lírica o la novela tan prestigiadas durante el Barroco. La Literatura de este siglo podría dividirse en tres corrientes: POSBARROQUISMO, NEOCLASICISMO y PRERROMANTICISMO. La primera, el Posbarroquismo, supone la ruptura por parte de algunos autores con los excesos del Barroco. Surge un nuevo estilo que se expresa en una sintaxis menos rebuscada y un lenguaje más claro y sencillo, Con respecto al Neoclasicismo,
Feijoo, con su Teatro crítico universal y Luzán, con su Poética, son los tratadistas que inician esta otra nueva corriente que se propone emplear lo literario siempre con afán didáctico.  Sin embargo serían Cadalso (Cartas Marruecas)
, Meléndez Valdés (Epístolas a Jovellanos) y Moratín (El sí de las niñas) los que mejor logren acercarse a esa máxima horaciana pretendida por el Neoclasicismo del docere delectare, la prerromántica mezcla el nacionalismo y filantropismo de lo neoclásico con la exaltación del yo y de la libertad. Se observa en algunas de las obras de autores ilustrados: en las Noches lúgubres de Cadalso, o en la Oda a la verdadera libertad de Meléndez Valdés . La mayoría opta por el ensayo. Un ensayo en el que si bien predomina la exposición y la argumentación, como es el caso del Teatro Crítico Universal de Feijoo, la Poética de Luzán o los textos sobre cuestiones administrativas, educación y economía; en otros casos, adopta formas no propias del ensayo, tal y como suecede con las Cartas Marruecas, de El tono de todos estos autores es amable e instructivo. Por su parte, durante gran parte del siglo, la novela, además de escasa, se emplea normalmente para satirizar. El Padre Isla, por ejemplo, se sirve de la trama de su Fray Gerundio de Campazas
  Con respecto a la poesía, también se intenta encajar el docere delectare entre sus versos; Junto a los citados fabulistas, destaca Juan Meléndez Valdés, considerado el mejor poeta del XVIII, quien se propone desterrar los principios estéticos del Barroco.  Sólo queda hablar del teatro dieciochesco. De la titánica lucha de los autores ilustrados por cambiar los gustos de un público que acude al teatro en busca de la risa fácil y  El nuevo teatro neoclásico, según la Poética de Luzán, debía respetar las tres unidades de tiempo, lugar y acción, tener una utilidad moral y reducir a tres sus actos, coincidiendo con el planteamiento, nudo y desenlace. No fueron pocas las obras neoclásicas que rechaza el público del setecientos. De hecho, hasta 1783 esta nueva fórmula teatral no logrará su aplauso. Es la fecha del estreno de El señorito mimado, de Iriarte. Esta co Moratín dio con la fórmula del éxito: sátira, sentimentalismo en su justa medida, mucha naturalidad en los diálogos y temas de actualidad, como los matrimonios concertados que aborda en El viejo y la niña o El sí de las niñas.
En fin, un siglo literario que  abandona la  complejidad de la anterior centuria, que recupera la función didáctica y claridad de épocas anteriores y que se expresa especialmente en el ensayo, las fábulas y en un teatro que tarda casi tres cuartos de siglo en hacerse con el gusto del público. Un siglo de luz que si bien no consigue el tan deseado cambio social

Deja un comentario