16 Abr
Evolución demográfica y transformaciones sociales
Durante el siglo XIX, la población española creció de 11,5 a 18,6 millones de personas, aunque este crecimiento fue menor que el de otros países europeos debido a la lenta industrialización del país. España mantuvo un régimen demográfico antiguo con una transición tardía que no llegaría hasta el siglo XX.
- Natalidad: Fue muy alta debido a la falta de planificación familiar, la maternidad temprana y una mentalidad tradicional de una sociedad mayormente rural.
- Mortalidad: Fue muy elevada debido a las guerras, las crisis y las epidemias, como la del cólera. Sin embargo, empezó a bajar poco a poco gracias a las mejoras en la alimentación, avances en higiene urbana (alcantarillado) y progresos médicos como las primeras vacunas y la anestesia.
Aun así, la esperanza de vida era baja: 34 años en los hombres y 40 años en las mujeres. Este crecimiento fue desigual, concentrándose en la periferia industrial como Cataluña, País Vasco o Asturias, mientras que en el interior fue más lento, excepto en Madrid.
Movimientos migratorios
Los movimientos migratorios marcaron el periodo. Hasta mediados del siglo XIX, el éxodo rural fue limitado por el atraso agrario. A partir de 1850, el movimiento hacia las ciudades aumentó, especialmente hacia Madrid, Barcelona y Bilbao por su desarrollo industrial. Al mismo tiempo, muchos españoles emigraron al exterior por falta de empleo y el problema del minifundio. Las principales zonas emisoras fueron Galicia, Asturias y Canarias, con destino principal a Latinoamérica (Argentina, Cuba o México). Esta emigración frenó el crecimiento demográfico, pero ayudó a reducir la tensión social y el paro en España.
Desarrollo urbano y sociedad de clases
El desarrollo urbano transformó las ciudades. En 1900, la mayoría eran pequeñas y solo Madrid y Barcelona superaban los 500.000 habitantes. El crecimiento fue doble: por un lado, surgieron barrios obreros desordenados y sin servicios, hechos con chabolas; por otro, se crearon los ensanches burgueses, planificados de forma racional con planos en cuadrícula y amplias avenidas, como el Plan Cerdá en Barcelona y el Plan Castro en Madrid.
La modernización trajo el ferrocarril, el alumbrado de gas y la pavimentación de las calles. El ferrocarril español era único en Europa, con un ancho de vía menor al resto de países por motivos estratégicos. Pese a esto, España siguió siendo un país predominantemente rural hasta el siglo XX.
Finalmente, el siglo XIX supuso el paso de una sociedad estamental a una sociedad de clases, donde el criterio de división pasó a ser la riqueza y no el nacimiento:
- Nobleza: Desapareció legalmente, pero mantuvo su poder adaptándose a los negocios o conservando sus latifundios.
- Alta burguesía: Dominó la vida social en los ensanches, defendiendo el liberalismo y la propiedad privada.
- Ejército e Iglesia: Grupos clave; la Iglesia recuperó influencia con el Concordato de 1851.
- Clase media: Formada por funcionarios y pequeños empresarios, buscaba estabilidad.
- Clase baja: Compuesta por campesinos en condiciones duras y el nuevo proletariado industrial, marcado por largas jornadas, salarios bajos y analfabetismo.
La Restauración (1875-1923)
La Restauración supuso la vuelta de la monarquía borbónica con Alfonso XII tras el fracaso del Sexenio Democrático. El proceso comenzó con el fin de la Primera República, tras el golpe de Pavía, que permitió a Serrano disolver las Cortes y suspender la Constitución de 1869. Cánovas del Castillo impulsó el regreso de los Borbones mediante un proyecto civil, apoyado en el Manifiesto de Sandhurst, donde Alfonso XII prometía una monarquía conciliadora. Sin embargo, la Restauración se produjo finalmente mediante el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto (1874).
El sistema canovista
El sistema político, diseñado por Cánovas e inspirado en el modelo británico, buscaba garantizar la estabilidad evitando pronunciamientos militares, cambios constantes de Constitución e intervención política del rey. La base fue la Constitución de 1876, de carácter flexible y ambigua, que establecía una soberanía compartida entre el rey y las Cortes.
El funcionamiento real se basaba en el turno pacífico entre conservadores (Cánovas) y liberales (Sagasta), con alternancia pactada y exclusión de otros partidos. Las elecciones se manipulaban mediante el fraude (pucherazo) y el caciquismo. Aunque en 1890 se aprobó el sufragio universal masculino, su efecto fue limitado.
Oposición y crisis del sistema
Durante la regencia de María Cristina (1885-1902), apoyada en el Pacto del Pardo, se mantuvieron las reformas liberales, pero la oposición creció:
- Movimiento obrero: Desarrollo del PSOE (1879) y la UGT (1888), junto al anarquismo.
- Nacionalismos: Surgimiento de la Lliga en Cataluña y el PNV en el País Vasco.
En conclusión, la Restauración aportó estabilidad política basada en el fraude y la exclusión, lo que terminó favoreciendo el crecimiento de la oposición.

Deja un comentario