13 May

La represión franquista: El simbolismo del rapado de mujeres

La fotografía es claramente de denuncia y muestra a cuatro mujeres jóvenes con la cabeza completamente rapada en el municipio de Oropesa (Toledo). Sus rostros transmiten seriedad, tristeza o resignación; algunas portan objetos religiosos (un rosario y otra una cruz). Sabemos el nombre de las cuatro: Prudencia, María Antonia, Antonia Juntas y Antonia Gutiérrez.

El rapado evidencia un castigo público destinado a humillarlas, probablemente por su activismo real o vinculación directa o indirecta con el bando republicano. La escena refleja un momento de represión y violencia simbólica en la retaguardia. La idea principal, que no es otra que la represión franquista, no solo se dirigía a hombres y combatientes, sino que también se cebaba con las mujeres e incluso con los niños, inocentes afectados indirectamente por la represión y humillación a sus padres.

A las mujeres que se habían significado o eran familia de conocidos izquierdistas, se les aplicaban todo tipo de humillaciones: violaciones, palizas, rapado del pelo y paseo público para humillarlas, encarcelamientos, juicios militares y también el fusilamiento, al igual que a los hombres. Por ejemplo, la tercera empezando por la izquierda, el único delito que había cometido era ser planchadora de los soldados republicanos. Hoy en día la fotografía, con un lenguaje muy expresivo, habla de la brutalidad del vencedor (Bando sublevado) sobre el vencido (Bando republicano) y la humillación y vejación del derrotado, al que solo le quedaba como salida el exilio o el suicidio.

Contexto histórico y político

La imagen debe entenderse dentro del clima de extrema polarización política y social tras las elecciones de 1936, que dieron al Frente Popular como vencedor. Esto desembocó en la Guerra Civil Española (1936-1939). Tras el golpe de Estado de julio de 1936, el país quedó dividido en dos zonas: la republicana y la sublevada o franquista. En ambas retaguardias se desarrolló una intensa represión contra el enemigo político, aunque con características y justificaciones distintas.

En la zona sublevada, la represión fue sistemática y organizada desde el inicio, dirigida a eliminar cualquier rastro de oposición política, sindical o cultural. Una clave de ello es la promulgación de la primera Ley Fundamental, el “Fuero del Trabajo” en 1938, en el que se prohibía cualquier tipo de sindicalismo horizontal (Anarquista-CNT y socialista-UGT) y se imponía el sindicalismo vertical y corporativo por influencia de la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera.

Tras la finalización de la Guerra Civil, Franco impuso la Ley de Responsabilidades Políticas, en la que tanto hombres como mujeres vinculadas a la izquierda fueron objeto de castigos específicos. Entre ellos destacaba:

  • Rapado de cabeza.
  • Ingesta forzada de aceite de ricino (para provocar humillación pública).
  • Violaciones y palizas.
  • Exposición en espacios públicos.

Otras leyes de la represión fueron: la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo (1940), la Ley contra el Bandidaje y el Terrorismo (1958) y la Ley de Orden Público (1959).

El papel de la mujer y la etapa azul

El papel de la mujer durante la Segunda República había experimentado cambios importantes, como el reconocimiento del sufragio femenino en 1931. Este avance fue visto por los sectores más conservadores como una amenaza al orden social. Por ello, durante la guerra, la represión contra las mujeres tuvo una dimensión simbólica: se buscaba “corregir” su comportamiento y devolverlas a un rol subordinado.

Prueba de ello es la anulación de toda aquella legislación en favor de la mujer, como la Ley del Divorcio de 1932, que quedó anulada y obligaba a aquellas mujeres divorciadas a regresar con sus exmaridos, lo que desembocaba en maltrato o directamente el asesinato intrafamiliar como represalia.

De esta manera se inauguraba la etapa azul del Franquismo (1939-1945), en la que predominaban las tesis falangistas y el fascismo, con una clara cercanía con regímenes totalitarios como la Alemania Nazi y la Italia fascista. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y el aislacionismo internacional, España inició una tímida relajación de la represión en busca de salir de la autarquía económica, algo que solo llegaría en 1953 con el Concordato con la Santa Sede y los Pactos de Madrid con EE. UU. en plena Guerra Fría.

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