03 Abr

Tendencias y géneros en la novela española contemporánea

  • Novela policíaca y de intriga: Destacan autores como Manuel Vázquez Montalbán con su serie del detective Pepe Carvalho, Antonio Muñoz Molina (Plenilunio, Beltenebros, Un invierno en Lisboa), Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios) y Arturo Pérez-Reverte (La tabla de Flandes).
  • Novela histórica: Ejemplos notables son El oro de los sueños de José María Merino; El hereje de Miguel Delibes; la saga del capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte, ambientada en el Siglo de Oro; y obras sobre la Guerra Civil como Soldados de Salamina (Javier Cercas), Luna de lobos (Julio Llamazares), La voz dormida (Dulce Chacón), No digas que fue un sueño (Terenci Moix) y los relatos de Los girasoles ciegos (Alberto Méndez).
  • Novela de reflexión íntima: Explora el yo personal y la existencia: Mortal y rosa (Francisco Umbral), La lluvia amarilla (Julio Llamazares), El desorden de tu nombre (Juan José Millás), El lápiz del carpintero (Manuel Rivas) y Lo raro es vivir (Carmen Martín Gaite).
  • Novela de memoria y testimonio: Centrada en la memoria generacional y el compromiso social: La fuente de la edad (Luis Mateo Díez), Los juegos de la edad tardía (Luis Landero) y Te trataré como a una reina (Rosa Montero).
  • Novela culturalista: Aborda la cultura occidental desde una perspectiva erudita: La tempestad (Juan Manuel de Prada) y Sefarad (Antonio Muñoz Molina).

En este amplio panorama, también encontramos la novela neorrealista, que expresa los problemas de la juventud urbana mediante una estética cercana a la contracultura (Héroes de Ray Loriga, Historias del Kronen de J.A. Mañas, Sexo, dudas y prozac de Lucía Etxebarría). Asimismo, destaca la metanovela, heredera del experimentalismo (Makbara de Juan Goytisolo, Escuela de mandarines de M. Espinosa o Larva de Julián Ríos).

Es importante señalar la vinculación entre la labor periodística y la literaria en autores como Millás, Rosa Montero, Manuel Vicent y Almudena Grandes. Finalmente, por la coherencia en su trayectoria y el reconocimiento crítico, los autores más representativos son Antonio Muñoz Molina, Eduardo Mendoza, Almudena Grandes (con Atlas de geografía humana y sus novelas de reconstrucción de la memoria histórica) y Javier Marías, este último con gran originalidad y proyección internacional (Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí).

El hito de Los santos inocentes de Miguel Delibes

Miguel Delibes publicó Los santos inocentes en 1981, momento en el que, tras la aparición de títulos como El camino, Las ratas o Cinco horas con Mario, gozaba ya de un indiscutible prestigio como narrador. Es, por consiguiente, una obra de madurez en la que se encuentran tanto rasgos del realismo social de los años cincuenta como características formales propias de la renovación del género novelístico en los sesenta y setenta. La novela se convirtió en un éxito de ventas y en 1984 se realizó una versión cinematográfica que alcanzó diversos premios nacionales e internacionales.

Raíces en el realismo de medio siglo

Del realismo de medio siglo se detectan en la novela la solidaridad con los humildes y oprimidos, la actitud de disconformidad, la esperanza en el cambio y la minuciosidad en el registro de usos, costumbres y modos de habla. Domina la técnica narrativa del testimonio escueto, sin aparente intervención del narrador en la intimidad de sus personajes. La cuidada selección de hechos, palabras y gestos revela, sin embargo, el propósito de denunciar miserias e injusticias.

Innovación técnica y narrativa

La novela presenta también facetas novedosas que entroncan con las técnicas experimentales posteriores al realismo social: la inserción del diálogo en el texto narrativo sin mediar signos de puntuación ni verbos introductores (estilo libre directo), la asimilación frecuente de tono y estilo entre narración y palabras de los personajes, y el contraste entre la evocación literaria del paisaje y el uso de la jerga de cazadores y campesinos.

Contexto y simbolismo

Resulta destacable que Delibes sitúe la acción en el campo español de los años sesenta, en un ámbito rural de latifundios y cortijos utilizados como fincas de recreo y símbolos de poder. La relación entre los señoritos y sus aparceros reviste tintes de dominio feudal. No queda terreno para un punto de encuentro: los personajes están abocados a una esperanza más allá del hogar miserable (Quirce, Nieves) o a cumplir su destino de parias incultos. El leitmotiv de la obra, “Milana bonita”, señala en boca de Azarías los momentos de mayor intensidad emocional hasta el violento desenlace que, como concesión de justicia poética, cierra la obra.

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