10 Feb

NOCIONES DE SANTO TOMÁS DE AQUINO – Movimiento y primer motor.El movimiento para Aristóteles y Santo Tomás significa cualquier modificación de los seres, no sólo un cambio de posición o lugar. Todos los seres están en potencia, tienen posibilidad de cambiar. Un cuerpo frío en acto puede llegar a ser caliente, o sea, es caliente en potencia. Por lo que movimiento es cualquier paso de potencia a acto. Por ejemplo, una semilla en acto es una semilla, pero es un árbol en potencia. Hay varios tipos de cambio o movimiento:

  • Cambio sustancial: cuando desaparece una sustancia y da lugar a otra (generación o corrupción).
  • Cambio accidental: cuando una sustancia cambia pero sigue siendo la misma; puede ser:
    • según la cualidad: cuando una hoja cambia de color en otoño;
    • según la cantidad: el niño que crece;
    • y el lugar: como cuando nos trasladamos de un lugar a otro.

Santo Tomás toma esta evidencia como punto de partida de la primera vía racional para probar la existencia de Dios: «en este mundo algunas cosas se mueven». Lo que mueve es necesariamente movido por otro, y éste por otro también. Ahora, no se puede continuar hasta el infinito. Luego es necesario llegar a un primer motor, no movido por ningún otro, y éste, es Dios; que es acto puro. Debe ser acto para poder mover; debe ser puro, sin mezcla de potencialidad, pues mueve siendo inmóvil e inmutable. Solo comunica la perfección quien produce la existencia de ésta, y sólo puede «hacer existir» quien es la existencia.– Causa eficiente primera y ser necesario.

Al observar la creación, notamos en las cosas sensibles una relación de causas y efectos. Todo efecto tiene una causa según el principio de causalidad. La cadena de causas de los seres nos lleva a una causa eficiente primera. Esta causa es infinitamente perfecta, porque siendo la existencia misma subsistente (existente), es todas las perfecciones. Inmaterial, porque la materia es potencia. La causa primera no cambia por ser ella acto puro. No subordinada e incausada, pues no puede ser causada por otra, caso contrario no sería la primera, ni podría ser absolutamente independiente en el actuar y en el causar. A esta causa eficiente primera la llamamos: Dios. El ser necesario es el ser que no puede no existir porque tiene en sí la razón absoluta de su existencia; y conteniendo en su propia esencia su existencia sería absurdo que no existiera. La idea de contingencia es contraria a la de necesidad. Los seres que poseen la posibilidad de ser o no ser necesitan de otro ser distinto a ellos que les comunique el ser. Admitir un ser contingente existente incausado es admitir un ser que tiene y no tiene en sí la razón suficiente de su existencia: lo que es contradictorio. Luego, la existencia de lo contingente implica forzosamente la existencia de su causa. Sin un ser que exista por sí mismo nada existe, pues alguna cosa no puede venir a ser de la nada; por ello una serie no puede ser contingente sin que haya fuera de ella un ser primero no causado: Dios.


SER PERFECTÍSIMO E INTELIGENCIA ORDENADORA

Santo Tomás de Aquino observa que «se encuentra en las cosas algo más o menos bueno, más o menos verdadero, más o menos noble… De la existencia de estas perfecciones limitadas y graduadas se deduce la existencia de un ser perfectísimo. Ser sublime en el cual residen todas las perfecciones en su grado sumo. Santo Tomás ofrece una visión jerárquica de la realidad creada. La jerarquización de los seres vendrá dada por su mayor o menor cercanía al puro ser de Dios. La creación supone una separación infinita entre Dios y las criaturas. Sólo Dios, como acto puro, es el puro existir. Si consideramos el orden existente en el universo, desde lo más pequeño hasta los gigantescos astros del firmamento; llegamos a la conclusión de que hubo una Inteligencia que creó y ordenó todo; lo contrario sería absurdo, sería decir que todo es fruto del azar. Solo la inteligencia puede ser causa del orden, de la organización de los seres en vista de un fin. Los seres que no tienen conocimiento no pueden orientarse a sus respectivos fines sin que haya una inteligencia que los dirija. Solo la inteligencia conoce la razón de ser de las cosas. Una flecha no puede alcanzar el blanco sin el arquero que la dispare. La inteligencia ordenadora tiene que ser la suma inteligencia, ya que el orden del universo supone un ser que posea la ciencia de todos los seres y sus propiedades. Siendo la causa de todo orden, el Autor de estas esencias debe ser también Creador. Esta inteligencia no puede haber sido creada porque sería como cualquier otro ser existente y no ordenaría, sino sería ordenada por otra inteligencia.

Existencia de Dios y existencia del mal. La existencia de Dios es evidente en sí misma, pero no es evidente para nosotros (somos finitos y limitados). Ni las diversas culturas tienen la misma idea de Dios (monoteísmo, politeísmo…), ni los miembros de la misma cultura. Es necesario demostrarla por cosas evidentes para nosotros. No podemos partir de la idea de Dios, ya que eso es precisamente lo que se trata de conocer; ni recurrir a la demostración «a priori», partiendo de la causa llegamos al conocimiento del efecto: pero Dios no tiene causa. Sólo podemos partir de los seres que conocemos, tomados como efectos, y remontarnos a través de ellos, a su causa, es decir, argumentando «a posteriori”. La primera objeción a la existencia de Dios se basa en la existencia del mal. Si existiese Dios, que es el bien absoluto, no habría ningún mal, pero el mal se da en el mundo; por lo que Dios no existe. La segunda objeción se basa en que no es necesario recurrir a Dios para explicar el mundo o la naturaleza humana.gif;base64,R0lGODlhAQABAHcAMSH+GlNvZnR3Y gif;base64,R0lGODlhAQABAHcAMSH+GlNvZnR3Y Dios creó un mundo perfecto en todo, por lo que el mal del mundo no viene de Él. El mal para Tomás de Aquino, como para San Agustín, es la ausencia de bien. El mal no existe como algo objetivo, las cosas no son malas en sí mismas. Todas las realidades son en sí mismas, buenas, y si producen resultados malos, es por su relación con otras cosas o personas. Además la existencia del mal hace posible la existencia de bienes mucho mayores, y si no hubiera ningún acto malo, no tendría sentido la paciencia y la justicia. El mal forma parte del plan del universo de Dios y es conocido en parte por nosotros.

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