06 Feb

1. Isabel II (1833-1868): configuración de la monarquía constitucional

Heredó el trono con 3 años (hija de Fernando VII); fue uno de los periodos más problemáticos.

Comienzo con la Primera Guerra Carlista: contienda civil en la que se decidía quién sería el titular del trono: la hija de Fernando VII (Isabel II, apoyada por los liberales) o su hermano Carlos María Isidro (pretendiente absolutista del Antiguo Régimen).

Problema del carlismo

Ideario y apoyos sociales: apoyaba a Carlos María Isidro y defendía el mantenimiento del Antiguo Régimen.

  • Principios: restauración del poder de la Iglesia y del catolicismo excluyente; política del absolutismo monárquico; idealización del medio rural (rechazo a lo urbano/industrial); defensa de instituciones y fueros históricos (vascos, navarros y catalanes).
  • Apoyos básicos: un sector del clero (por considerar al liberalismo como enemigo de la Iglesia y la religión) y parte del campesinado (que veía amenazadas sus tradiciones y su situación económica).
  • Áreas de arraigo: zonas rurales de provincias vascas, Navarra, Aragón, Cataluña interior y Maestrazgo.

Primeras guerras carlistas

El movimiento carlista desencadenó tres conflictos armados (dos durante el reinado de Isabel II) y constituyeron un grave problema para la estabilidad política española.

Primera Guerra Carlista (1833-1840): la más violenta y dramática. Hubo levantamientos a los pocos días de la muerte de Fernando VII en apoyo de Carlos María Isidro. El conflicto se desarrolló especialmente en el medio rural de las provincias vascas, Navarra, Aragón, Cataluña y el Levante.

También hubo protección exterior, porque potencias europeas absolutistas y el papa apoyaban a los carlistas; por su parte, Francia, Portugal e Inglaterra apoyaron a Isabel II y materializaron el Tratado de la Cuádruple Alianza (1834).

El conflicto, difícil y largo, llevó a la división carlista: intransigentes (que querían continuar la guerra) y moderados, liderados por Maroto (dispuestos a llegar a un acuerdo).

Las negociaciones entre Espartero y Maroto culminaron en el Convenio de Vergara (1839), que finalizó la guerra en el norte; no obstante, el general Cabrera resistió en el Levante casi un año más.

Segunda Guerra Carlista (1846-1849): el pretendiente al trono en esta fase era el hijo de Carlos María Isidro (Carlos VI), ya que el propio Carlos había abdicado para propiciar un matrimonio con Isabel II. Al no producirse esa unión, se cerró la vía pacífica y comenzó la segunda guerra, cuyo principal escenario fue Cataluña.

Consecuencias de las primeras guerras carlistas (políticas y económicas)

  • Inclinación de la monarquía hacia el liberalismo (sectores absolutistas se convirtieron en liberales como apoyo a Isabel II).
  • Protagonismo político de los militares: fueron pieza clave en la defensa del régimen liberal y se colocaron al frente de nuevos partidos; los pronunciamientos llevaron a cambios en el gobierno y en la política.
  • Enormes gastos de guerra: causaron apuros fiscales que condicionaron algunas reformas.

Aparición de los primeros partidos políticos

En la regencia de María Cristina (madre de Isabel II) surgen el Partido Moderado y el Partido Progresista, y en el reinado de Isabel II aparecen el Partido Demócrata y la Unión Liberal (y el carlismo pervive como movimiento).

  • Partido Moderado: identificado con el liberalismo doctrinario francés; partidario de una soberanía compartida entre el rey y las Cortes y de un monarca con amplios poderes, limitando ciertos derechos individuales. Apoyado por sectores sociales con mayor nivel económico. Liderazgo: general Narváez.
  • Partido Progresista: defendía la soberanía nacional representada en las Cortes, para limitar el poder del rey. Base social en la pequeña y mediana burguesía. Liderazgo: general Espartero.
  • Partido Demócrata: surge de una escisión del Partido Progresista; defendía la soberanía nacional y el sufragio universal (expresado, por ejemplo, en el Manifiesto de 1849). Aspiraba a tener base social en las clases populares.
  • Unión Liberal: en los años 50 se consolida como partido centrista, situado entre Partido Progresista y Moderado, y aspiraba a ser una alternativa política. Liderazgo: general O’Donnell.

Proceso constitucional

El objetivo fue el desmantelamiento de la monarquía absoluta e implantación de un régimen parlamentario y constitucional.

El Estatuto Real de 1834

Durante la regencia de María Cristina, era una solución de compromiso entre absolutismo y liberalismo. Era una carta otorgada, es decir, un privilegio concedido por el monarca.

Contenido centrado en la reforma de las Cortes del Antiguo Régimen:

  • Órganos bicamerales: compuestos por un Estamento de Próceres y un Estamento de Procuradores.
  • Función más consultiva que legislativa, porque las Cortes eran convocadas, disueltas y suspendidas por el monarca (solo podían deliberar asuntos propuestos por él).

Constitución de 1837

En 1836 un pronunciamiento progresista obligó a María Cristina a proclamar la Constitución de Cádiz y a nombrar un nuevo gobierno; se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes para reformar la Constitución de 1812.

En las nuevas Cortes predominaban los progresistas y el resultado se situó entre la Constitución de Cádiz y el Estatuto Real, para ser aceptado por progresistas y moderados.

Importancia: implantó definitivamente el régimen constitucional en España.

  • Semejanzas con la Constitución de Cádiz: carácter progresista, limitación del poder monárquico, división de poderes, con ciertos aspectos moderados.
  • Mantenía el sufragio censitario (solo votaban quienes contribuían a Hacienda con un mínimo, por ejemplo, de 200 reales, es decir, menos del 5% de la población).

Constitución moderada de 1845

En el reinado efectivo de Isabel II se llevó a cabo una reforma de la Constitución de 1837 orientada a ajustar el sistema político a las pretensiones del Partido Moderado. Anuló los aspectos más progresistas y aumentó el censo electoral (duplicándolo en la práctica).

Fijó el modelo de constitución conservadora y consolidó el poder de los moderados.

2. Economía capitalista y sociedad de clases

Liberalización de la tierra

Era necesario eliminar trabas legales heredadas del Antiguo Régimen para liberar el mercado de tierras.

A partir de 1836 se aplicaron tres medidas principales:

  • Supresión de mayorazgos (1836): se permitía hacer lo que se quisiera con las propiedades, aunque también podían perderse por deudas.
  • Abolición del régimen señorial (1837): se anulaban los derechos señoriales de carácter feudal y se transformaban las tierras de señorío en propiedades plenas y libres de sus dueños. El problema radicó en el dominio útil (quien explotaba las tierras) frente al derecho de señorío (tributos del señor): se planteaba quién tenía derecho sobre la tierra; la resolución quedó en manos de tribunales (en general favorable a los señores, que incluso aumentaron su patrimonio).
  • Desamortizaciones: expropiación de tierras eclesiásticas y municipales para venta a particulares en pública subasta; en compensación a la Iglesia, el Estado pagaba los gastos del culto y del clero.

Desamortización eclesiástica de Mendizábal (1837-1849)

En 1835 se disolvieron algunas órdenes religiosas y sus fincas fueron declaradas bienes nacionales (propiedad del Estado). En la etapa del gobierno progresista, la desamortización eclesiástica quedó definida con objetivos claros:

  • Sanear la Hacienda (para pagar parte de la deuda del Estado).
  • Financiar los gastos de la guerra (contra los carlistas).
  • Convertir a nuevos propietarios (burgueses y personas con recursos) en adeptos de la causa liberal.

Desamortización general de Madoz (1855-1867)

En el bienio progresista se incluyeron las tierras de propiedad municipal y las tierras de la Iglesia no vendidas anteriormente. La situación política y fiscal ya no era tan grave y el régimen liberal se había consolidado; al reducir la deuda pública, parte de los ingresos se destinaron a infraestructuras (por ejemplo, la red de ferrocarriles).

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