07 May

1. La Primera Guerra Carlista (1833-1840)

Causas: Fernando VII vuelve a la sucesión tradicional para asegurar el trono a su hija Isabel; para ello, publica la Pragmática Sanción, eliminando la Ley Sálica. La regente María Cristina, madre de Isabel, recibe el apoyo liberal. Por su parte, Carlos María Isidro rechaza a Isabel como heredera y se proclama rey con el apoyo del bando absolutista.

El Carlismo

Representa a la España tradicional que se resiste a desaparecer. Sus rasgos principales son:

  • Absolutista y antiliberal: Integrismo defensor de la Iglesia. El clero rural se compromete en las partidas, aunque no la alta jerarquía.
  • Fueros: Recibe el apoyo de las zonas de tradición foral vasco-navarra y de la antigua Corona de Aragón.
  • Base social: Es un movimiento eminentemente rural y popular; las clases altas y cultas no lo apoyan.

Desarrollo de la guerra

Esta guerra se libró principalmente en el Norte: núcleo vasco-navarro, el Maestrazgo, Cataluña y Aragón. Derrotarlos resultaba difícil, pero sin el control de las ciudades los carlistas no podían vencer. La “Expedición Real” fracasó. En 1839, el Abrazo de Vergara sella la paz, se respetan los privilegios forales y se ofrece una salida profesional a los militares carlistas. No obstante, hubo rebrotes posteriores: la segunda y tercera carlistada. Aunque vencido, el movimiento pervivió y cobró auge nuevamente durante la Guerra Civil.

2. Rasgos del sistema y partidos políticos

Rasgos del sistema

Durante este periodo triunfa el liberalismo doctrinario con sufragio censitario: solo votan unos pocos, generalmente ricos y altos cargos. Se establece un poder oligárquico compuesto por nobles y burgueses que entrelazan sus familias y valores.

El sistema se caracterizó por:

  • Inestabilidad: Gobiernos efímeros, varias constituciones y partidos divididos; abundancia de revoluciones y pronunciamientos.
  • Favoritismo real: El capricho de la reina favorece habitualmente a los moderados.
  • Fraude electoral: Práctica sistemática que impide a la oposición llegar al poder mediante las urnas.
  • Protagonismo militar: La figura del “espadón” o jefe militar como líder del partido político.
  • Falta de representatividad: Las Cortes no representaban la voluntad nacional, cayendo en una “hipocresía oficial” que falseó los ideales liberales, gobernando a menudo de modo autoritario y dictatorial.

Los partidos políticos

En esencia, no son muy distintos, ya que ambos defienden el liberalismo doctrinario.

El Partido Moderado

Contaba con el apoyo de la reina, la oligarquía y los “doceañistas” que disfrutaban de la riqueza y el poder.

  • Ideario: Soberanía conjunta (Rey y Cortes), orden y autoridad.
  • Políticas: Sufragio muy restringido y centralismo (el gobierno nombra a los alcaldes).
  • Relaciones: Buen entendimiento con la Iglesia y reformas en la administración y Hacienda.
  • Líder: Su espadón de referencia fue Narváez.

El Partido Progresista

Gobernó menos tiempo y era el favorito de la clase media y popular urbana.

  • Ideario: Liberalismo más pleno, Cortes poderosas y limitación del poder real.
  • Políticas: Ayuntamientos democráticos y creación de la Milicia Nacional.
  • Economía: Reformador económico; apoya el liberalismo económico y la desamortización (lo que le enfrenta a la Iglesia).
  • Líderes: Sus espadones fueron Espartero y Prim.
  • Evolución: Al final del periodo surgieron la Unión Liberal y el Partido Democrático.

3. Evolución Política

Regencias (1833-1843)

Fue un periodo turbulento dividido en dos etapas:

  • Regencia de María Cristina: Intentó un reformismo absolutista para aplacar el carlismo que no funcionó. Las Cortes estaban divididas en Próceres y Procuradores. En 1835 se avanzó hacia el liberalismo pleno. Ante las revueltas, nombró a Mendizábal, quien inició la desamortización para costear la guerra carlista. En 1836, la “Sargentada de La Granja” restituyó la Constitución de 1812. Finalmente, para unir a los liberales, se negoció la Constitución de 1837: moderada en el fondo y progresista en la forma.
  • Regencia de Espartero: Los moderados y la Regente atacaron los puntos progresistas de la Constitución de 1837 aprobando la Ley de Ayuntamientos. Los motines progresistas dieron el poder a Espartero, quien asumió la regencia con un estilo autoritario. Su política librecambista perjudicó a la industria textil catalana; Barcelona se amotinó y Espartero respondió bombardeándola. La indignación general favoreció el triunfo de Narváez.

3.1 Década Moderada (1844-1854)

Isabel II es declarada mayor de edad con solo 13 años. Los moderados de Narváez ofrecen estabilidad y consolidación institucional. Se promulga la Constitución de 1845 (doctrinaria): soberanía conjunta Rey-Cortes, aumento del poder del monarca, debilitamiento de las Cortes, eliminación de la Milicia Nacional y restricción de la libertad de prensa.

  • Reformas administrativas: El gobierno de Bravo Murillo remodeló la administración estatal de forma centralista.
  • Hacienda: Se sientan las bases del Banco de España y se reforma el sistema impositivo (bajan impuestos directos y suben los indirectos).
  • Orden público: Se promulgan los códigos civil y penal para defender la propiedad privada y se funda la Guardia Civil.
  • Concordato de 1851: Pacto con la Iglesia para normalizar relaciones. El Estado ofrece sostenimiento económico y presencia pública a cambio del respaldo eclesiástico al régimen.

3.2 Bienio Progresista (1854-1856)

La corrupción, el favoritismo y unas Cortes irrelevantes provocaron el éxito del pronunciamiento de O’Donnell en Vicálvaro (la Vicalvarada). Espartero vuelve al poder. Se impulsa la liberalización económica para atraer inversión extranjera y se proyecta la Constitución “Non Nata” de 1856, que reafirmaba la Soberanía Nacional. Espartero terminó dimitiendo ante los graves motines proletarios.

3.3 Los 12 años finales (1856-1868)

Se restablece la Constitución de 1845 y el conservadurismo. Se alternan en el poder O’Donnell (Unión Liberal) y Narváez. Destaca la Ley Moyano, que organizó la enseñanza pública. El “Gobierno Largo” de O’Donnell fue una etapa de florecimiento económico y estabilidad relativa, donde se reanudó una política exterior activa para intentar reconstruir el prestigio colonial junto a Francia.

Descomposición del sistema (desde 1863): El descrédito de la reina por su apoyo exclusivo a los moderados y la deriva autoritaria de Narváez aumentaron la oposición del Partido Demócrata y los progresistas de Prim. Episodios como “La Noche de San Daniel” (1865) y la “Rebelión de los sargentos de San Gil” (1866) fueron reprimidos con dureza. El malestar social, el Pacto de Ostende y la Revolución de 1868 (“La Gloriosa”) finalmente enviaron a la reina al exilio.

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