07 May

1. Introducción y estallido del conflicto

La Guerra Civil española fue el suceso más dramático del siglo XX en España. Representó el choque frontal entre los grupos dominantes tradicionales, apoyados por el ejército, que buscaban frenar las reformas de la Segunda República, y las clases populares y burguesas progresistas que defendían la modernización democrática o la revolución social. Además, el conflicto sirvió como preludio de la Segunda Guerra Mundial, enfrentando en territorio español al fascismo y la democracia.

El detonante fue el golpe de Estado iniciado el 17 de julio de 1936 en el protectorado de Marruecos por militares como Yagüe, al que pronto se unió el general Franco. La sublevación triunfó en las zonas agrarias y conservadoras de la España interior (Castilla, Galicia, Navarra y parte de Aragón y Andalucía). Sin embargo, fracasó en las grandes ciudades, zonas industriales y regiones con fuerte implantación del movimiento obrero (Madrid, Barcelona, País Vasco, Asturias y Levante), gracias a que el gobierno republicano de José Giral decidió entregar armas a las milicias sindicales. Al fracasar el golpe rápido, España quedó dividida en dos y comenzó una cruenta guerra de casi tres años.

2. Los bandos y la internacionalización

El país quedó polarizado en dos facciones:

  • Bando sublevado: Autodenominado «nacional», agrupaba a militares conservadores, monárquicos, milicias de “jonsistas”, falangistas, carlistas (requetés) y a la Iglesia católica. Su objetivo era imponer una dictadura militar para restaurar el orden.
  • Bando leal a la República: Agrupaba a las clases populares, obreros, pequeña burguesía e intelectuales. Estaban unidos por la defensa de la legalidad, pero profundamente divididos entre quienes querían mantener una democracia liberal y quienes buscaban una revolución social (anarquistas y sector radical socialista).

Rápidamente, la guerra se internacionalizó. Las potencias democráticas (Francia y Gran Bretaña) impulsaron el Comité de No Intervención, perjudicando a la República. Ante esto, la República recurrió a la URSS y a las Brigadas Internacionales. Los sublevados contaron con el apoyo decisivo de la Alemania nazi (Legión Cóndor) y la Italia fascista (Corpo Truppe Volontarie).

3. El desarrollo militar de la guerra

El avance bélico estuvo marcado por la iniciativa del bando sublevado. Tras cruzar el Estrecho, las tropas franquistas avanzaron hacia Madrid. A finales de 1936, la resistencia popular bajo el lema «No pasarán» frenó el asedio. En 1937, tras fracasar en Madrid, Franco dirigió su ofensiva hacia el norte (Asturias, Cantabria y País Vasco), destacando el brutal bombardeo de Guernica. En 1938, tras la Batalla del Ebro, el territorio republicano quedó partido en dos. El conflicto finalizó el 1 de abril de 1939 tras la caída de Cataluña y la rendición incondicional exigida por Franco.

4. Consecuencias del conflicto

El saldo fue devastador: medio millón de muertos, un exilio masivo de medio millón de personas y un vacío generacional. La victoria franquista instauró una dictadura de casi cuarenta años que suprimió libertades, persiguió a los vencidos y sumió al país en la ruina económica y el aislamiento internacional durante los llamados «años del hambre».

5. El colapso del Estado y el estallido revolucionario en la zona republicana

Tras el golpe, el gobierno republicano perdió el control institucional. La entrega de armas a las milicias salvó a la República, pero provocó el hundimiento del poder estatal, sustituido por comités revolucionarios. Se produjo una masiva colectivización de tierras e industrias (como el Consejo de Aragón) y una represión violenta contra clérigos y burgueses, destacando las sacas de Paracuellos del Jarama.

6. Los gobiernos de la República: de Largo Caballero a Juan Negrín

Para reconstruir el Estado, se formó un gobierno de concentración presidido por Francisco Largo Caballero. La división interna entre quienes priorizaban ganar la guerra y quienes buscaban la revolución estalló en los «Sucesos de mayo de 1937» en Barcelona. Posteriormente, Juan Negrín centralizó el poder bajo influencia del PCE, manteniendo la resistencia hasta el colapso final en 1939.

7. La construcción del Estado franquista y el mando único

En la zona sublevada, el poder se concentró rápidamente en la figura de Francisco Franco, nombrado Jefe del Gobierno y Generalísimo en 1936. Mediante el Decreto de Unificación de 1937, se creó un partido único (FET y de las JONS) y se sentaron las bases de un Estado totalitario, antidemocrático y confesional católico.

8. La represión sistemática en el bando sublevado

A diferencia de la zona republicana, la violencia franquista fue un plan sistemático y premeditado para aniquilar al «enemigo interno». Matanzas como la de Badajoz y el asesinato de figuras como Federico García Lorca simbolizan esta limpieza ideológica.

9. Fundamentos y estructura del régimen franquista

El franquismo se sustentó en el nacionalcatolicismo, el militarismo y el centralismo. Su estructura, denominada «democracia orgánica», carecía de separación de poderes y se basaba en Leyes Fundamentales que concentraban el mando en el Caudillo. La represión se institucionalizó mediante leyes como la de Responsabilidades Políticas, provocando miles de ejecuciones y el exilio de las élites intelectuales.

10. Evolución exterior y autarquía económica

Tras la Segunda Guerra Mundial, el régimen pasó de la afinidad con el Eje a un pragmatismo anticomunista que le permitió integrarse en el bloque occidental durante la Guerra Fría (Concordato con la Santa Sede y acuerdos con EE. UU.). Económicamente, la autarquía y el intervencionismo estatal provocaron un estancamiento crónico y miseria, hasta que a finales de los años cincuenta se inició el despegue económico con los tecnócratas.

Deja un comentario