02 Abr

El problema del ser humano en Hume

La crítica humeana de la metafísica se extiende asimismo a la idea de una sustancia espiritual o alma. Este concepto había jugado el papel principal en la explicación del ser humano dentro de la historia de la filosofía. Según Hume, no tenemos impresión del alma y, por tanto, la idea de alma no es válida, pues no procede de impresión alguna. En realidad, señala Hume, aquello que Descartes llamaba “mente” o “sustancia pensante” se reduce a un simple conjunto o haz de percepciones (impresiones e ideas) que se suceden temporalmente.

La existencia de un yo o sustancia espiritual idéntica a sí misma y permanente es, a su juicio, un mero objeto de creencia y en ningún caso un conocimiento válido. Aunque todos tengamos conciencia de identidad personal mantenida a lo largo del tiempo, esto se debe solo al efecto de la memoria, la cual nos permite hilvanar una conexión entre las múltiples impresiones.

La mente como teatro

La memoria no crea una identidad, solo un conjunto de impresiones sensoriales impresas en el tiempo. La noción del yo es solo una «ficción de la mente»: «La mente es una especie de teatro en el que las distintas percepciones se presentan de forma sucesiva; pasan, vuelven a pasar, se desvanecen y mezclan en una variedad infinita de posturas y situaciones. No existe en ella con propiedad ni simplicidad en un momento determinado, ni identidad a lo largo de momentos diferentes; son solamente las percepciones las que constituyen la mente».

Todo esto supone que cada cúmulo de experiencias vividas nos forma como somos; si se hubieran modificado nuestras percepciones, darían lugar a un ser distinto. La identidad no es algo fijo, sino que cambia permanentemente.

El problema de la ética y la moral en Hume

Uno de los principales objetivos de la filosofía humeana es aplicar el método experimental al estudio de la naturaleza humana. Hume pretende averiguar el origen de las normas y juicios morales:

  • Norma moral: Principio que nos incita a actuar.
  • Juicio moral: Aprobación o reprobación de ciertas conductas.

Hume considera que el conocimiento racional no es el fundamento de la moral. La razón solo conoce hechos y relaciones entre ideas, pero no nos impulsa a actuar. La falacia naturalista consiste en deducir juicios de valor a partir de cuestiones de hecho.

Emotivismo moral

Hume reivindica el papel de las emociones y sentimientos. La razón no es la principal responsable de nuestras acciones; nuestra voluntad es esclava de las pasiones. El fundamento de la moral es, por tanto, subjetivo, pero no puramente relativo, ya que surge del sentimiento moral: el agrado o desagrado desinteresado ante las acciones. Aquello que provoca placer es considerado bueno; lo que produce dolor, malo.

El utilitarismo

Debido al sentimiento de simpatía, los comportamientos útiles para la sociedad suscitan aprobación. La ética de Hume constituye un claro precedente del utilitarismo, donde se considera bueno aquello que resulta beneficioso para la colectividad.

El problema de la política y la sociedad en Hume

Crítica del contractualismo

Hume critica la tradición naturalista y no cree que el ser humano sea sociable por naturaleza. Tampoco acepta la existencia de un contrato social (como proponen Hobbes, Locke o Rousseau), pues los pactos solo tienen valor dentro de la sociedad. La historia muestra que el origen de las sociedades proviene del uso de la fuerza y la violencia, no de derechos naturales.

La utilidad como origen de la sociedad

La sociedad nace porque es útil a los hombres. La vida en común aumenta la fuerza, la habilidad y la seguridad. Los gobiernos aparecen para mantener la justicia y fomentar el bienestar social.

El problema del ser humano en Rousseau

El estado de naturaleza

Rousseau postula una naturaleza humana ideal para criticar el «estado social» vigente. El estado de naturaleza es un modelo hipotético que permite juzgar nuestro presente. En este estado, el ser humano se diferenciaría de los animales por su libertad natural y su perfectibilidad.

El «buen salvaje»

El ser humano en estado de naturaleza es bueno, no porque posea moralidad, sino porque sus sentimientos naturales (amor de sí y piedad) le hacen pacífico. La bondad natural significa que el ser humano no contiene en sí mismo nada que le obligue a construir civilizaciones injustas.

El origen de la desigualdad: la propiedad privada

La sociedad fundada en la propiedad privada corrompe al hombre natural y produce desigualdad, egoísmo e infelicidad. Las desigualdades sociales no son naturales, sino resultado de la capacidad de algunos de adueñarse de los recursos.

El problema del conocimiento en Descartes

El método cartesiano

Descartes busca fundamentar la ciencia moderna con el rigor de la matemática. Su método consta de cuatro reglas:

  1. Evidencia: No aceptar nada que no sea claro y distinto.
  2. Análisis: Dividir el problema en partes simples.
  3. Síntesis: Reconstruir el problema de lo simple a lo complejo.
  4. Enumeración: Revisar el proceso para evitar errores.

La duda metódica

Descartes busca una certeza absoluta mediante la duda provisional, universal y metódica, cuestionando los sentidos, la distinción entre vigilia y sueño, y planteando la hipótesis del genio maligno.

La primera certeza: Cogito, ergo sum

«Pienso, luego existo». Mi existencia como sujeto pensante es la primera verdad indudable.

El análisis de las ideas

Descartes distingue entre ideas adventicias, facticias e innatas (como la idea de infinito y perfección).

La segunda y tercera certeza

La existencia de Dios (sustancia infinita) garantiza la realidad extramental. El mundo físico es una res extensa, un mecanismo perfecto que puede ser medido y calculado (mecanicismo).

El problema del ser humano en Descartes

Descartes sostiene una antropología dualista: el ser humano es la unión de res cogitans (alma/mente) y res extensa (cuerpo/máquina). La interacción entre ambas ocurre en la glándula pineal. El alma es libre y controla el cuerpo, mientras que los animales son considerados máquinas sin sensibilidad.

El problema de la ética en Kant

Kant inicia su filosofía crítica examinando la razón misma. Su doctrina es una síntesis de racionalismo y empirismo. Distingue entre:

  • Sensibilidad: Donde residen las formas a priori (espacio y tiempo).
  • Entendimiento: Donde se aplican las categorías (causa, sustancia) a los fenómenos.

Kant denomina a su doctrina idealismo trascendental, afirmando que solo podemos conocer fenómenos, no la «cosa en sí» o noúmeno.

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