19 May

1. Motivación de Nietzsche

La primera obra de Nietzsche, El origen de la tragedia, contiene el núcleo de su filosofía, que consiste en el reconocimiento de la vida como valor fundamental y en la convicción de que la cultura occidental ha rechazado la vida o le ha tenido miedo.

Según Nietzsche, con la irrupción de Sócrates y Platón comenzaron la decadencia y el error, ya que los elementos morales e intelectuales se impusieron y empezó el predominio histórico de todo aquello que es lógico y racional, de modo que los valores apolíneos prevalecieron sobre los valores dionisíacos, como demuestra que Sócrates prefiriera la muerte a la lucha. Nietzsche se convirtió en el gran defensor de la actitud dionisíaca de aceptación de la vida tal como esta es, con el dolor y la muerte que comporta. Criticó la postura de renuncia a la vida y de huida ante ella, que había sido inaugurada por Sócrates y asumida luego por el pensamiento cristiano. En la realidad hay dolor y destrucción, y el camino superior para enfrentarse a esta realidad no es la renuncia ni el ascetismo, sino el arte, un arte que afirma la vida en su plenitud.

2. El origen de la tragedia

En esta primera formulación de su pensamiento, Nietzsche afirma que la tragedia clásica griega nos muestra los dos principios que componen la realidad: el espíritu dionisíaco, del dios Dionisio, que contiene los valores de la vida, y el espíritu apolíneo, del dios Apolo, al que corresponden los valores de la razón.

Espíritu dionisíaco

En la tragedia griega, el dios Dionisio representa los valores de la vida. Él es la divinidad del vino, de la fecundidad y de la salud. Dionisio es la imagen de la fuerza instintiva y pasional, de la corriente vital efervescente. El hombre dionisíaco vive en plena armonía con la naturaleza.

Espíritu apolíneo

En la tragedia griega, el dios Apolo representa los valores de la razón. Apolo es la divinidad de la luz, de la proporción y la justa medida, del equilibrio y la serenidad; su espíritu se manifiesta en la obra bella, armoniosa y perfecta. El hombre apolíneo enmascara la realidad, puesto que en él predomina la razón.

Nietzsche considera que la Grecia presocrática no olvidó a ninguno de los dos dioses y que en el equilibrio griego apolíneo se halla la pasión dionisíaca. De este modo, el arte de la tragedia clásica griega manifiesta lo más profundo de la existencia humana, mostrando y manteniendo la oposición irreconciliable entre los dos órdenes de valores, los de la vida y los de la razón. El arte trágico constituye una valiente y sublime aceptación de la vida, un «sí» a la vida a pesar del dolor que esta comporta.

3. La muerte de Dios

La expresión «Dios ha muerto» significa mucho más que la afirmación de algún tipo de ateísmo, ya que constituye la gran metáfora que expresa la muerte de las verdades absolutas y de las ideas inmutables, así como el fin de los ideales que guiaban la vida humana. Para Nietzsche, Dios representa todo aquello que es suprasensible: el mundo de las ideas de Platón, todos los idealismos, todas las grandes creencias o verdades que atraviesan la historia de Occidente, todo lo que da sentido a la vida apoyándose en un más allá. Ahora, todo eso está muerto, pues los ideales ya no impulsan las vidas de las personas y el mundo suprasensible ha perdido toda la fuerza.

Con la muerte de Dios se desmorona nuestra civilización, ya que todos los valores de esta se fundamentan en la creencia de que el sentido del mundo está fuera del mundo. Dios personifica esta creencia y, en consecuencia, vivimos el fin de nuestra civilización; los valores supremos ya no tienen validez y el sentido del mundo ya no se busca fuera del mundo.

4. El superhombre

Nietzsche anuncia que Dios ha muerto, y aclara que no es que nunca haya existido, sino que ha sido asesinado. Este asesinato inaugura un tiempo nuevo, en el que ya no hay ideales, normas, principios ni valores erigidos por encima de nosotros. Frente a la muerte de Dios solo se puede elegir entre dos posiciones: la del último hombre, que vive el fin de la civilización, o la del superhombre, el nuevo dios terrenal que dice «sí» a la vida.

Nietzsche considera que su propio tiempo es el reino del último hombre, el hombre que vive el triste final de una civilización en la que habían dominado valores que ahora están muertos, el reino en que ha caído la máscara que disimulaba mentiras milenarias y el reino del hombre precipitado al nihilismo. Este nihilismo, o negación absoluta, constituye el estado del hombre carente de objetivos por los que valga la pena luchar y sin fuerzas para trascenderse, transformado en vegetal. La civilización occidental es nihilista porque se ha quedado sin valores, al descubrir que los que tenía eran falsos.

Esta negación absoluta de los antiguos valores abre la posibilidad de afirmar valores totalmente nuevos. El hombre nuevo, el superhombre, constituye el polo opuesto al último hombre.

El superhombre es el ser capaz de estar a la altura de un acto tan inmenso como el asesinato de Dios, un nuevo dios terrenal que da otro sentido a la realidad y crea nuevos valores, los valores de la vida, que no se fundamentan en un más allá, sino en este mundo. Así, el superhombre crea el sentido de la Tierra y él mismo se convierte en el sentido de la Tierra.

La acuñación de nuevos valores constituye un gran riesgo, pues el superhombre no cuenta con ningún soporte fuera de sí mismo. Nietzsche describe las tres metamorfosis del hombre en Así habló Zaratustra:

  • El camello: Representa al hombre que lleva el peso de la ley moral y la trascendencia (el deber kantiano).
  • El león: Es el animal que se deshace de cargas opresoras, lucha contra la moral y crea su libertad diciendo «yo quiero».
  • El niño: Representa la voluntad creadora y espontánea, la libertad verdadera y un natural y sincero «sí» a la vida.

5. La voluntad de poder

Para crear nuevos valores, el superhombre cuenta únicamente con la voluntad de poder, que significa voluntad de dominio, de fuerza y de potencia vital. La vida es una energía inquieta que crea constantemente nuevas formas y destruye las agotadas y decadentes.

La voluntad de poder no es la ley del más fuerte, sino el poder de los creadores. Se opone a la voluntad de igualdad: cuanto más poderosa y creadora es una vida, más impone la jerarquía. Nietzsche critica la identificación de igualdad con justicia, presente en la Revolución francesa, el socialismo y el cristianismo.

6. Comparación: Descartes y Ortega y Gasset

La comparación entre Descartes y Ortega permite ver el paso del racionalismo moderno a su crítica contemporánea.

  • Descartes: Busca un fundamento absoluto, defiende un método único (matemático) y una verdad universal basada en ideas innatas. Su dualismo separa mente y cuerpo.
  • Ortega y Gasset: Propone el raciovitalismo. La razón está dentro de la vida concreta y la historia. Su perspectivismo sostiene que la verdad es una construcción desde una situación concreta. El ser humano es un «proyecto vital» que debe elegir en sus circunstancias.

En conclusión, Ortega supera el racionalismo de Descartes al integrar la razón en la vida y proponer una visión más histórica, perspectivista y humana de la realidad.

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