03 Feb
Fiebre amarilla en Lima y el Callao (1868): contexto, síntomas y medidas
Basado en el libro «LA MAYOR EPIDEMIA DEL SIGLO XIX» de Esteban Eduardo Zárate Cárdenas. El inicio de la epidemia se sitúa en el marco de la primera modernización del país, consecuencia de la riqueza producida por el guano de las islas. Tuvimos cierta estabilidad económica durante el gobierno de Ramón Castilla y, con la bonanza del guano, para la segunda mitad del siglo XIX el Perú arrastraba un problema económico fiscal producto de la acumulación de déficits presupuestales, gastos militares y demás deudas. En las décadas siguientes (1840-1870) el Estado peruano experimentó un periodo de bonanza económica producto de las exportaciones del guano de las islas. En la década de 1850-1860 el presupuesto del Perú se multiplicó cuatro veces, llegando a 21 millones de pesos en 1861.
Condiciones urbanas y factores de riesgo en Lima y Callao
En la ciudad de Lima, el hacinamiento era el mayor problema de sus pobladores: dentro de las viviendas era común la presencia de corrales con gallinas, pollos, patos, perros, gatos, cerdos, así como burros o mulas en las estancias más amplias, con establos y acequias en el interior. Como es de imaginar, proliferaban roedores, además de insectos que se crían en estas condiciones, como pulgas, piojos, moscas y zancudos.
La epidemia de fiebre amarilla (FA)
Es en este periodo que se produce la epidemia de fiebre amarilla (FA) en Lima y el Callao, con la mayor mortalidad registrada en el siglo XIX en Perú; se trata de una gran epidemia que provocó la mayor conmoción entre los pobladores y, en particular, una alta mortalidad en la ciudad de Lima y en el puerto del Callao, con mayor impacto en los sectores pobres. La FA es una enfermedad de curso agudo y de evolución rápida. Los síntomas iniciales incluyen:
- Fiebre alta (la temperatura corporal puede llegar a 40 °C).
- Gran postración y adinamia.
- Sed intensa.
- Vómitos negros o vómitos con contenido de sangre digerida.
- Ictericia (tono amarillento en piel y mucosas).
- Dolores musculares y cefalea moderada.
La fiebre puede persistir durante el curso de la enfermedad. Es común el rápido avance de la enfermedad, lo cual obliga al enfermo a guardar reposo en cama. El transmisor es un mosquito denominado Aedes aegypti. Un factor que ayudó a la diseminación de la FA fue el comercio a través de barcos procedentes del norte (Panamá, Guayaquil), los cuales transportaban toneles de agua descubiertos para el uso de su tripulación.
Impacto mortal y extensión temporal
Uno de los aspectos más relevantes de la epidemia de FA de 1868 es el número de muertos comprobados en el puerto del Callao y en la metrópoli de Lima. Desde el primer caso, ocurrido el 12 de febrero, hasta el final de la epidemia, se enfatiza el gran número de muertos (5, 6, 7), varios miles, donde se encontraban personas de todas las esferas sociales, incluyendo a diplomáticos, y siendo invariablemente muy superiores a las cifras dadas por los servicios de la Beneficencia de Lima, entidad a cargo de los hospitales y del Lazareto. La epidemia se mantuvo por cuatro meses en el puerto del Callao y Lima, para luego avanzar a otras ciudades del interior del país.
Situación de la higiene y del sistema sanitario previo
En el primer capítulo se presenta la situación de la higiene en la ciudad de Lima y el puerto del Callao en el siglo XIX, en los años previos a la epidemia; la ideología de los médicos acerca de la fiebre amarilla; el dilema sobre los métodos de transmisión, de prevención y las medidas terapéuticas que, en ese momento, estaban en pugna. En este capítulo se trata del estado sanitario de los hospitales heredados de la colonia, y los brotes de pequeñas epidemias de viruela, cólera y, principalmente, sobre la fiebre amarilla que precedieron a la que está en este estudio. La epidemia de FA mostró la vulnerabilidad y la ausencia de una burocracia estatal organizada para atender una situación de extrema gravedad en la salud pública. La contratación de médicos para atender casos de FA sería el inicio de la diseminación de médicos en el interior del país, en busca de una organización mínima sanitaria que el país requería.
Respuesta municipal y medidas adoptadas
El municipio, a través del teniente alcalde de la Municipalidad, José María de la Puente, intervino indicando que, de acuerdo con la Ley Orgánica de Municipalidades, en casos de epidemias es preciso adoptar medidas de higiene pública y todos los medios que conduzcan a salvar a la población de un grave conflicto. Por ello resolvieron:
- Establecer en cada distrito una sala de auxilio dotada de un médico, de asistentes y de medicamentos apropiados para prestar atención a los atacados por la epidemia y con lo necesario para ser trasladados a los lazaretos.
- Consultar a la Facultad de Medicina sobre los medicamentos que deben usarse y el método más conveniente para el traslado de enfermos a los lazaretos.
- Por la escasez de fondos de la Municipalidad, suplicar a las sociedades piadosas, a la Beneficencia, al comercio y a los periódicos de la capital que promuevan una suscripción para atender los gastos.
Comparación con las medidas en Buenos Aires y reflexiones
De similar manera, durante el desarrollo de la epidemia de FA en Buenos Aires, las medidas propuestas por el Consejo de Higiene fueron establecer lazaretos, alojar a los pobres epidemiados, recoger basuras, limpiar y regar las calles e inspeccionar los mercados. Estas medidas, en ambos casos, frente a la epidemia, son similares e indican las ideas sobre la higiene en ese momento, por lo que la enfermedad siguió su curso natural. Las respuestas del Estado fueron coyunturales, escasas y tardías; la epidemia siguió su curso natural por lo cual se prolongó alrededor de cuatro meses hasta desaparecer. Similares condiciones de presentación y respuesta se dieron en esta pandemia; al parecer, no hemos aprendido nada desde entonces.
Conclusión
La epidemia de fiebre amarilla de 1868 en Lima y el Callao expuso la fragilidad de las condiciones urbanas y del sistema sanitario del Perú del siglo XIX. Tanto las condiciones de hacinamiento como las prácticas de comercio y la falta de una infraestructura sanitaria organizada favorecieron la rápida diseminación de la enfermedad. Las medidas adoptadas fueron insuficientes para detener la epidemia de inmediato, lo cual resalta la necesidad histórica de políticas públicas sanitarias sólidas y sostenibles.

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