19 Feb
La Situación Lingüística en la Península Itálica en la Antigüedad
El latín debió de convivir en la península itálica con otras lenguas también indoeuropeas (como el celta, el osco, el umbro, el falisco, el griego -hablado en las colonias griegas formadas a partir del siglo VIII a.C. en el sur de Italia y Sicilia-) o no indoeuropeas (etrusco). Pero, cuando Roma, la ciudad más importante del Lacio, inició la conquista de la península itálica, a la vez que ejercía su dominio en los pueblos conquistados, les fue transmitiendo poco a poco su lengua. Y esto mismo sucedió después en los diferentes territorios sometidos fuera de Italia. El latín que los romanos legaron a la población indígena de los distintos territorios que fueron dominando no fue el “latín clásico”, el latín culto que se aprendía en la escuela y se utilizaba en los textos literarios, sino, como veremos luego, el llamado “latín vulgar”, es decir, el latín que utilizaban normalmente los hablantes para comunicarse.
Romanización y Latinización
La Situación Lingüística en el Territorio del Futuro Imperio Romano
(Ver mapa del Imperio Romano)
Cronología de la Expansión Romana
La creación del Imperio romano duró más de medio milenio. A grandes líneas, este proceso de expansión de Roma abarca desde el siglo III a.C. hasta comienzos del siglo II d.C., momento en que los romanos conquistan la antigua Dacia, un territorio que correspondería en buena medida a la actual Rumania.
La Latinización (Romanización Lingüística)
Hay que tener en cuenta que el proceso de conquista y dominación de Roma no coincide plenamente con el proceso de latinización: la latinización de las provincias conquistadas fue un proceso mucho más lento que su conquista, y, por otra parte, no se vio culminada en todos los territorios. El latín no se extendió como lengua usual en el conjunto del Imperio Romano.
Hay que distinguir entre:
- La zona oriental del Imperio Romano, donde el griego era la lengua principal y no fue suplantado por el latín. En esta zona (Grecia, la costa mediterránea de Turquía, ciudades como Alejandría en Egipto, etc.) el griego estaba sólidamente implantado desde antes de la conquista romana, disponiendo estos territorios, por tanto, de una lengua vehicular apropiada para satisfacer todas las necesidades prácticas de la comunicación y cuyo prestigio cultural era muy superior al del latín.
- Y la zona occidental de este imperio, donde el latín se convirtió en buena medida en la lengua dominante, aunque nunca lo fue de una forma completa: testimonio de ello es la supervivencia de lenguas como el euskera, el bereber (amazigh), o distintas lenguas del grupo céltico (en Gales en Reino Unido y en Bretaña en Francia).
Cómo se Produjo la Romanización Lingüística
La romanización lingüística consistió en la adopción gradual por parte de las poblaciones autóctonas de la lengua latina. Los romanos no se fijaron como objetivo consciente y directo la adopción del latín por parte de los pueblos sometidos: seguramente esta adopción fue el fruto de un proceso complejo que se puso en marcha debido a la presión de múltiples necesidades prácticas y también, sin duda, al propio prestigio político, social y cultural de la lengua latina. Cabe pensar -de una forma muy general- que las élites indígenas eran las que primero adquirían el uso del latín y a partir de ahí esa lengua se extendía al resto de la población. Un factor clave en la romanización lingüística es la importancia que en el mundo romano tenía la ciudad como elemento aglutinador del territorio y de la población. El proceso de adopción del latín se desarrolló y se extendió -nunca de una forma completa, como hemos señalado- a lo largo de varios siglos a través de varias fases de bilingüismo individual y colectivo.
El Fin de la Historia del Latín y el Nacimiento de las Lenguas Románicas
Este es uno de los temas más apasionantes y discutidos en el estudio de la filología latina y románica. Nos limitamos ahora a unas ideas básicas pero que conviene tener muy presentes:
- El latín es una lengua “muerta” a partir del momento en que no lo comprendían ya las gentes sin cultura literaria. A partir de ese momento se convierte en una lengua que necesita ser aprendida en el ámbito del sistema escolar.
- En sentido general se puede afirmar que la vida del latín terminaría con el siglo VII y las primeras décadas del VIII.
- Una fecha significativa es el año 813 en el que se celebra el Concilio de Tours que da cuenta de una situación lingüística que era ya patente desde décadas anteriores: la de una ruptura comunicativa entre la lengua natural y materna usada por la población y el latín de los textos: en el canon 17 de ese concilio, los obispos reunidos por Carlomagno deciden que, en los territorios que corresponden a las actuales Francia y Alemania, las homilías se pronunciasen, en lugar de en latín, en rusticam Romanam linguam aut Theodiscam, quo facilius cuncti possint intellegere quae dicuntur, es decir, en la “lengua rústica romana”, una lengua derivada del latín pero distinta de este, o bien en la lengua “Theodiscam”, es decir en una lengua germánica, propia de la parte germanófona del imperio de Carlomagno. El uso de esas dos lenguas era necesario “para que todos puedan entender con mayor facilidad lo que se dice” (*quo facilius cuncti possint intellegere quae dicuntur*) porque el latín era incomprensible para la mayoría de la población.
De hecho, en este siglo tenemos ya un texto románico seguro en Los Juramentos de Estrasburgo. Se trata de unos juramentos prestados el 14 de febrero de 842 entre dos de los nietos de Carlomagno, Carlos el Calvo y Luis el Germánico. En ellos aparece el primer testimonio de una lengua romance hablada en Francia y ya claramente distinta del latín. Los Juramentos de Estrasburgo están redactados en esta lengua románica y en teudisca lingua (lengua germánica).
En la Península Ibérica, los primeros documentos en el que aparecen palabras en romance son las Glosas Emilianenses, de finales del siglo X o principios del siglo XI, encontradas en el monasterio de S. Millán de la Cogolla, en la Rioja. Las Glosas Emilianenses son anotaciones manuscritas a un texto en latín del códice Aemilianensis 60 con la intención de aclarar el significado de algunos pasajes o palabras del texto latino. Están realizadas en varias lenguas: latín, romance y euskera, siendo este el primer testimonio escrito conocido no epigráfico en dicha lengua. Junto a las Glosas Emilianenses hay que mencionar también las Glosas Silenses (por el monasterio de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos) que suelen datarse en torno a finales del siglo XI y los cartularios de Valpuesta de finales del siglo XI y principios del XII (Monasterio de Santa María de Valpuesta, también en Burgos).
Las Modalidades del Latín
Variaciones Cronológicas del Latín
Entre las posibles divisiones cronológicas que se pueden establecer para la lengua latina ofrecemos la de V. Väänänen (Introducción al latín vulgar, Madrid, Gredos, 1979, p. 12):
- Latín Arcaico (Desde los orígenes hasta fines del siglo II a.C.): Plauto, Terencio…
- Latín Preclásico (Desde finales del siglo II a la mitad del siglo I a.C.): Catulo…
- Latín Clásico (Desde la mitad del siglo I a.C. a la muerte de Augusto -14 d.C.): Cicerón, César, Virgilio, Tito Livio, Horacio, Ovidio…
- Latín Postclásico (Desde la muerte de Augusto hasta alrededor del año 200 d.C.): Tácito, Séneca, Petronio, Apuleyo, Juvenal, Marcial, Quintiliano…
- Latín Tardío (Desde alrededor del 200 d.C. hasta la llegada de las lenguas románicas – 813, Concilio de Tours, Rustica Romana Lingua): Comienzo de la literatura cristiana: Tertuliano, Jerónimo, Agustín…
A estas hay que añadir tres etapas en las que el latín ya no es la “lengua materna” de nadie, es una lengua que necesita ser estudiada y aprendida en el sistema de enseñanza escolar:

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