27 May

Los enfrentamientos entre carlistas y liberales tendrán tres episodios destacados en el Siglo XIX: las tres guerras carlistas: La primera guerra carlista (1833-1839) Se inició con el levantamiento de partidas carlistas en el País Vasco y Navarra, y pronto controlaron el medio rural, aunque ciudades como Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Pamplona, permanecerán fieles a Isabel II y al liberalismo. La inicial vacilación del gobierno permitíó a los carlistas, con gran apoyo popular, organizar la guerra con el método de guerrillas, hasta que el general Tomás Zumalacárregui organiza un ejército en territorio vasco-navarro, y el general Cabrera unifica las partidas aragonesas, catalanas y valencianas. Don Carlos entró en España y se puso al frente del ejército dirigíéndose hacia Madrid, objetivo que no consiguió. La muerte de Zumalacárregui en 1835 durante el sitio de Bilbao inició una reacción liberal y comenzó a decantar el resultado final del conflicto a favor de los isabelinos. El general Espartero vencíó a las tropas carlistas en Luchana en 1836. Antes de pasar al desarrollo de la guerra convendría conocer el estado del Ejército español en los años previos al conflicto. En 1828 se reorganizó el Ejército español manteniéndose una fuerza permanente de 65.000 hombres, a la que había que añadirse alrededor de 50.000 hombres en fuerzas diversas hasta alcanzar un total de 115.000 hombres. Se había creado un cuerpo nuevo, los Voluntarios realistas, de fuerte carácter absolutista y que tuvo su nacimiento tras el Trienio Liberal. Esta fuerza, cercana a 120.000 hombres, fue depurada convenientemente durante los últimos años del reinado fernandino con la clara intencionalidad de disminuir los posibles apoyos que el pretendiente Carlos María Isidro pudiera encontrar en caso de un conflicto por la sucesión. En esta limpieza de la tropa absolutista se encuentra la razón por la que la mayor parte del Ejército se mantendrá al lado de la reina gobernadora y de su hija en 1833.


 De cualquier modo, las tropas regulares del Ejército español eran insuficientes para hacer frente a una insurrección armada. Se hizo necesario recurrir a las quintas, movilizándose, así, más de 300.000 hombres, junto con un número indeterminado de mercenarios y de cuerpos francos. El resultado final es el levantamiento de la sorprendente cifra de casi medio millón de soldados, en una España de 13 millones, para sostener la causa de Isabel II. Una fuerza considerable pero no fiable del todo, pues al menos 60.000 de estos hombres se pasarían al bando carlista, pero que se aprovechaba de la estructura de mando y organización ya existentes, a diferencia de los carlistas que tenían que partir de la nada. Por lo que se refiere al ejército rebelde que levantó Don Carlos éste resultó más heterodoxo. Tres cuerpos de ejército, además de las partidas de guerrilleros: 1.- Tomás de Zumalacárregui en el Norte organiza un verdadero y efectivo ejército a partir de las desorganizadas partidas guerrilleras en 1834. 2.- La zona del Maestrazgo donde se agrupan partidas guerrilleras hasta formar un ejército en 1836 bajo el mando del General Cabrera. 3.- En Cataluña con la llegada del Conde de España se mantendrá una fuerza operativa hasta 1838. Se han de sumar a este contingente las partidas repartidas por la casi totalidad de España. La guerra fue larga y dura con un balance de muertos próximo a los 200.000 entre combatientes y civiles y un coste de 4.400 millones de reales, cantidad igual a los ingresos generados por la desamortización de bienes inmovilizados.

Fin de la guerra: La larga duración de la guerra y las diferentes facciones que integran los dos bandos enfrentados llevan a la desuníón. Así los liberales al tiempo que luchan contra el absolutismo se entretienen enfrentándose entre moderados y progresistas. Los carlistas también se desunen entre los que son partidarios de llegar a acuerdos con la reina gobernadora (transaccionistas) , y aquellos que se niegan (apostólicos o intransigentes). En el verano de 1839, el General Maroto, jefe de las tropas carlistas, negocia con el General Espartero los detalles del que se conocerá como Convenio de Vergara (o abrazo de Vergara) que hace que más de la mitad del ejército de Don Carlos entregue las armas. Sólo Cabrera resiste en el Maestrazgo hasta la caída de Morella. Carlos y sus últimos defensores se dirigen al exilio a Francia. 


Mediante el Convenio de Vergara 1839, los generales Maroto y Espartero firmaron la paz, y acordaron mantener los fueros en las provincias vascas y Navarra e integrar a la oficialidad carlista en el ejército liberal. Las partidas de los intransigentes dirigidas por Cabrera, continuaron la guerra en la zona del Maestrazgo Aragónés hasta su total derrota en 1840. Interesante es conocer la participación extranjera en el conflicto. En esta época el Absolutismo, recientemente restaurado por el Congreso de Viena, era mayoritario en Europa, a pesar de lo cual algunos países como Inglaterra, Portugal o Francia, con gobiernos más o menos liberales, apoyaron a Isabel y al ejército cristino, mientras que Rusia, Prusia y Austria se situaron junto al pretendiente Don Carlos. Los liberales enviaron tropas a España, que sumarían un total de 30.000 a lo largo de toda la guerra, y sin una participación decisiva. Los apoyos de Don Carlos fueron de carácter económico, aunque algunos aristócratas participaron como voluntarios a título personal. Las flotas inglesa y francesa ejercieron un bloqueo para evitar la llegada de suministros a los rebeldes.

LAS GUERRAS CARLISTAS

A la muerte de Fernando VII se produce un enfrentamiento entre los partidarios de Carlos María Isidro, hermano del difunto rey, favorables al absolutismo y defensores de las tradiciones, llamados carlistas, y los partidarios de Isabel, hija y legítima heredera, los isabelinos o cristinos, ya que ante la minoría de edad de Isabel segunda se establece la regencia de Mª Cristina. El conflicto dinástico llevó a una sangrienta Guerra Civil.


revolución 

Para hacer frente a la presión absolutista que apoyaba la candidatura de Carlos al trono, la reina regente, María Cristina, hubo de satisfacer una serie de reformas que garantizasen la aproximación de los liberales más moderados. El proceso iniciado en 1833 explica la instalación en España del régimen liberal. Los primeros documentos de rango constitucional se suceden durante la Guerra Civil que enfrenta a carlistas e isabelinos (Estatuto Real, 1834 y Constitución, 1837). En esta primera etapa los elementos que protagonizan el período comienzan a posicionarse y a desempeñar un papel esencial: la burguésía y el Ejército, quienes serán los actores de todos los movimientos revolucionarios. La Guerra Carlista alcanza un protagonismo singular, no sólo en su vertiente política, sino también en la económica con la desamortización de los bienes del clero, combinándose una necesidad de recursos para sufragar los gastos de la guerra y resolver los problemas de la Hacienda pública con un castigo al Clero que apoyaba la causa del Carlismo. Por otra parte la victoria en la guerra del Ejército de María Cristina y la demostrada debilidad de la burguésía española harán que sea la institución militar quien asuma la representatividad política en todo el proceso, a partir de este momento los líderes de los partidos políticos, los principales gobernantes y los hombres fuertes del reinado isabelino serán militares o ex-militares. La Guerra obligará a María Cristina a acercarse a los liberales y a iniciar las reformas que supondrán la base del Estado Liberal en España. Este acercamiento hubo de ser gradual, partiendo de las resistencias propias de la reina a entregarse en manos de los liberales, y de las exigencias de éstos para apoyar la causa isabelina ante las pretensiones de Carlos y el pensamiento ideológico, ultraconservador, que le apoyaba


El primer acercamiento de la reina fue hacia la facción conservadora más abierta a cambios. El conservador moderado Cea Bermúdez fue nombrado presidente del Consejo de Ministros y llevó a cabo tenues reformas en la administración, en un intento de cambio sin sacudir los pilares del Antiguo Régimen. Este proceso podría entenderse como un ensayo de “absolutismo ilustrado” a la manera de los últimos años de Fernando VII. El Manifiesto de 4 de Octubre de 1833 no obtuvo ningún respaldo y fue rechazado por los liberales, las instituciones del Estado (el Consejo de Gobierno, entre otros) y los militares, quienes eran partidarios de reformas más profundas. Fracasado el primer acercamiento, la reina, ésta hubo de ponerse de acuerdo con la facción más moderada de los liberales. Martínez de la Rosa, liberal moderado, fue el encargado de hacer compatibles los intereses de la burguésía liberal y de la Corona, el resultado fue el Estatuto Real de 1834 que garantizaba la iniciativa a la Corona. Se trata de un régimen de carta otorgada que planteaba un parlamentarismo muy conservador que garantizaba el poder de la reina (nombramiento de miembros de las Cortes, convocatoria y disolución de las Cortes, iniciativa legal y sanción de las leyes). Los liberales mostraron su descontento y se dividieron en dos: los más cercanos a aceptar el reformismo ofrecido por la Corona, los moderados, y los que exigían una constitución emanada de la soberanía popular, los antiguos exaltados que ahora pasan a conocerse como progresistas. Durante el verano de 1835 se suceden los movimientos revolucionarios por las ciudades españolas. Las revueltas fueron instigadas por la burguésía urbana que apoyaba la causa exaltada. La Milicia Nacional, de fuerte inspiración exaltada, apoyó la formación de juntas locales y provinciales que se obstinaron en su enfrentamiento con el gobierno. Entre las exigencias se encontraba: – Retirada del Estatuto – Libertad de imprenta – Reforma de la ley electoral


Convocatoria inmediata de Cortes Se radicalizó el movimiento revolucionario con la quema de conventos y de fábricas. La reina se vio en la obligación de apaciguar la situación llamando a los radicales. José María Queipo de Llano, conde de Toreno sustituyó a Martínez de la Rosa en la presidencia del gobierno (Julio 1835) y Juan Álvarez Mendizábal, un antiguo liberal exaltado, fue reclamado para el ministerio de Hacienda. Se inician las reformas que abrirán el camino a la desamortización y, al mismo tiempo, se castigaba al clero (expulsión de los jesuitas, y cierre de conventos) por sus simpatías con el carlismo . Se tranquilizó con estas medidas a los elementos más exaltados del liberalismo. Los motines revolucionarios se repetían en algunas ciudades españolas ante una política que los elementos más radicales consideraban todavía demasiado apaciguadora. Mendizábal, enfrentado con el conde de Toreno, acabó por sustituirlo (Septiembre 1835) en la presidencia del gobierno. Frenó los motines restaurando la autoridad del gobierno. Su misión fue restaurar el modelo político que fracasó en el Trienio Liberal. Mendizábal tenía en mente imitar el parlamentarismo de la monarquía británica con la ampliación del sufragio, la libertad de imprenta, y el reconocimiento de responsabilidad del gobierno ante las Cortes. Mendizábal presentó a la regente un programa de actuación capaz de obtener los recursos necesarios para proseguir la guerra al tiempo que se incluían las reformas necesarias. Estas reformas se iban a centrar en la transformación jurídica de la propiedad de la tierra y en la elaboración de un nuevo texto constitucional que garantizase el nuevo marco político.


. En el fondo se hallaba la necesidad de ganar la guerra. Entre Febrero y Marzo de 1836 el gobierno Mendizábal aprobó una serie de reales decretos de venta de los bienes de las órdenes religiosas. Estos decretos constituyen la conocida como Desamortización de Mendizábal. La desamortización de los bienes de monasterios y conventos facilitaría unos recursos económicos que ayudarían a frenar la deuda y fortalecerían al Estado, al tiempo que la venta de tierras ayudaría a promover la expansión económica poniendo al alcance de particulares un buen número de propiedades. La creación de una base social burguesa y liberal que respaldase el nuevo sistema era, por tanto, otro de los objetivos. La guerra continuaba marcando todas las decisiones, así se resolvíó hacer una recluta importante, la quinta de los cien mil, que permitíó completar las tropas liberales y suministró dinero para el gobierno al permitirse la exención en metálico, algo que sólo se permitirían las familias más acomodadas, vulnerándose el espíritu de igualdad defendido por los liberales. Sin embargo las reformas políticas encontraron demasiados problemas empujando a Mendizábal a la dimisión. Francisco Javier de Istúriz le sucedíó al frente del gobierno en Mayo de 1836. Se trataba de un antiguo liberal exaltado que había ido moderándose con el paso dele tiempo. En verano de 1836 estalla la revolución nuevamente, ahora son las Milicias Nacionales que llevan al pronunciamiento de los sargentos de la Granja. Quienes defendían abiertamente el restablecimiento de la Constitución de 1812 obligando a la reina a restaurarla. José María Calatrava se puso al frente del nuevo gobierno y Mendizábal ocupó la cartera de Hacienda. 


Reforma texto constitucional 1812 … En la Constitución de 1837 (entendimiento entre moderados y progresistas) Espíritu mayoritariamente moderado (carácter moderador del rey; segunda cámara – Senado-; amplios poderes para la Corona -veto, disolución Cortes, …-; sistema censitario muy restringido) junto con elementos más progresistas (Soberanía nacional; amplia declaración de derechos; división de poderes; aconfesionalidad del Estado) 8. Moderados vuelven al poder (1837-1840): objetivo reducir efecto reformas período exaltado Presentación en Cortes Ley de Ayuntamientos: ley muy restrictiva supuso definitiva ruptura moderados y progresistas Regente aprueba la ley. Nuevos motines progresistas formación de juntas revolucionarias. Revolución de 1840 La reina ordena a Espartero El Pacificador marchar sobre Madrid, petición desoída por el general exigiendo la reina respete la Constitución y la ley 9. La reina obligada a nombrar Espartero como Presidente del Consejo de Ministros Revolución liberal en España 4 Reina gobernadora (12 de Octubre de 1840) comunica al general su idea de ceder la regencia y el cuidado de sus hijas, Isabel y Luisa Fernanda, al general Renuncia regia, que algunos historiadores consideran forzada, mientras que otros la consideran voluntaria. María Cristina marcha exilio francés donde conspirarará Espartero convoca elecciones que ganan Progresistas ante no comparecencia moderados Regencia divide al partido entre unitarios o esparteristas -regente único que sería Espartero- y trinitarios -tres regentes para limitar excesivo poder del generalNombramientos militares y civiles favorecen a su camarilla militar (los ayacuchos)


 Descontento militar: dificultades pago de las nóminas y dificultades ascensos de oficiales. Cuatro décadas guerras inflación oficialidad Ejército español (absorción oficiales carlistas) Cortes continúan obra legislativa Calatrava-Mendizábal … Proyecto desamortizador. Ruptura relaciones del Estado español con la Santa Sede María Cristina conspira desde París: pronunciamiento de 1841: militares moderados (Ramón María Narváez y Leopoldo O’Donnell, o oven coronel Juan Prim). Asalto Palacio Real y captura Isabel y su hermana. Operación fracasa ante defensa heroica de la guardia. Espartero responde con inaudita violencia: represión sublevados y fusilamiento cabecillas María Cristina y su marido Fernando Muñoz, consiguen ayuda Carlismo, descontentos por incumplimiento acuerdos firmados en Vergara Revuelta en Barcelona:  Negociaciones gobierno con Gran Bretaña reducir aranceles textil inglés amenaza industria textil catalana.  motín Barcelona (13 de Noviembre de 1842): repliegue capitán general ciudadela de Montjuic  cumplido plazo rendición, bombardeo Barcelona (3-4 Diciembre 1842)  Represión muy dura: milicia desarmada, centenares detenidos, un centenar fusilados  ciudad castigada pago 12 millones de reales sufragar reconstrucción Ciudadela Espartero muy desprestigiado. 27 de Mayo levantamiento en Reus de militares progresistas Juan Prim y Lorenzo Milans del Bosch: “¡Abajo Espartero! ¡Mayoría (de edad) de la Reina!” General Serrano. Juntas. Barcelona (29 de Junio) Serrano jefe ‘gobierno provisional’ Batalla de Torrejón de Ardoz (22 de Julio) triunfo de Narváez, algún muerto y pocos heridos. General Espartero decidíó marchar al exilio junto con algunos de sus hombres de confianza embarcando rumbo a Inglaterra y poniendo fin a la regencia de Espartero Revolución liberal en España 


bloque  4: la construcción del estado liberal (1833-1874)

1. Describa el tipo de fuentes utilizadas. (1 punto)

  1. se trata de un texto o fragmento del documento (obra)
    , escrito (pronunciado) por (autor)
    Con fecha (datación)
    Y lugar (localización).

  1. * fuente primaria al tratarse de un documento de época o documento histórico


– naturaleza el documento puede ser jurídico (leyes, tratados, constituciones, decretos, normas, …) …/ histórico-literario (memorias o recuerdos de contemporáneos, artículos de prensa, autobiografías, cartas, novelas, ensayos históricos, diarios, relatos de viajes, …)
histórico-circunstancial (informes económicos y sociales, resoluciones o declaraciones gubernamentales, instrucciones o despachos oficiales, proclamas y manifiestos políticos, discursos parlamentarios, …).


– contenido

… político (casi siempre), económico, social, religioso, …

Autor/autores


… individual, colectivo o anónimo (si es conocido el autor, debe esbozarse una breve biografía).

destinatario es … (hay que indicar quién recibe el mensaje: una persona, la colectividad, un grupo restringido, …. En este apartado también se establecerá si el texto es público, privado o secreto)
.

2. Identifique las ideas principales de los textos

Contexto


… (situar el texto en el tiempo y en el espacio. Datación cronológica, lugar y fecha de redacción. El momento histórico: breve panorámica sobre la época en que el texto está escrito. Si el texto habla de una época anterior, se ha de situar los dos momentos históricos (el momento que se narra en el texto y el momento  en que se escribe el texto).

bloque temático (bloques 3 a 8)

Idea principal

Ideas secundarias


Deja un comentario