30 Ene
Contexto y Definición del Novecentismo (Generación del 14)
Tras el desastre del 98, España atraviesa una profunda crisis política, económica y social, agravada por los conflictos europeos de comienzos del siglo XX. En este contexto surge el Novecentismo o Generación del 14, un movimiento que, junto a las vanguardias, pretende modernizar la cultura española mediante un arte más intelectual, racional y europeísta, alejándose tanto del sentimentalismo modernista como del pesimismo noventayochista.
Características Generales de los Autores Novecentistas
Los autores novecentistas se caracterizan por su intelectualismo y sólida formación universitaria, así como por su participación en la vida pública. Defienden el racionalismo, confiando en la ciencia y la educación como motores del progreso, y apuestan por el europeísmo frente al tradicionalismo español. En lo artístico, buscan un arte puro, equilibrado y clasicista, dirigido a minorías cultas, con una especial preocupación por el lenguaje, que se vuelve preciso y depurado.
El Ensayo Novecentista: Razón y Cosmopolitismo
El ensayo español anterior a la Guerra Civil vivió un gran desarrollo en calidad y variedad temática. Frente a la preocupación por el problema de España propia de la Generación del 98, el Novecentismo o Generación del 14 adoptó una visión racional, europeísta y cosmopolita, basada en la confianza en la razón y la modernidad, con Ortega y Gasset como figura central.
Figuras Centrales del Ensayo
- José Ortega y Gasset: Modernizó el pensamiento español al difundir la filosofía alemana y dirigir la Revista de Occidente. Destaca por un estilo claro y elegante, con abundancia de metáforas. Su obra más influyente, La deshumanización del arte (1925), analiza el arte de vanguardia, que considera minoritaria y elitista, incomprensible para las masas.
- Eugenio D’Ors: Creador de la glosa, breves ensayos críticos sobre temas filosóficos y culturales. Defendió el uso de la razón, el clasicismo y la modernidad en obras como Glosari o Tres horas en el Museo del Prado.
- Gregorio Marañón: Destacó por sus biografías históricas, donde analizó el comportamiento psicológico de personajes del pasado.
- Manuel Azaña: Sobresalió como orador y ensayista, con obras como El jardín de los frailes y La velada en Benicarló.
- Salvador de Madariaga: Reflexionó sobre España y Europa desde una postura liberal en ensayos históricos.
La Poesía Novecentista: Búsqueda de la Pureza
La poesía novecentista busca un lenguaje depurado y una contención emocional. Su figura más importante es Juan Ramón Jiménez, cuya obra persigue la belleza y la poesía pura, convirtiéndose en maestro de la Generación del 27. Su trayectoria se divide en tres etapas:
- Sensitiva: De tono intimista y simbolista.
- Intelectual: Caracterizada por la poesía “desnuda” y abstracta.
- Etapa final: Escrita en el exilio, marcada por el misticismo y la búsqueda de la perfección estética.
Su estilo destaca por la musicalidad, el uso de metáforas e imágenes y su constante afán de perfección.
La Novela Intelectual y Crítica
La novela novecentista se caracteriza por su intelectualismo, una prosa cuidada y precisa y una actitud crítica y racional. Los autores del Novecentismo se sienten atraídos por la cultura europea y analizan los problemas de España desde una perspectiva renovadora. Los principales novelistas de esta corriente son Ramón Pérez de Ayala, Gabriel Miró y Wenceslao Fernández Flórez.
Autores y Obras Destacadas en Prosa
Ramón Pérez de Ayala
El máximo representante de la novela intelectual. Su obra evoluciona desde una narrativa inicial de carácter autobiográfico hacia una novela dominada por las ideas.
- Primera etapa realista: Ofrece una visión amarga de la crisis española en obras como Tinieblas en las cumbres o A.M.D.G..
- Segunda etapa: Escribe las llamadas novelas poemáticas, donde reflexiona sobre la necesidad de regenerar España y denuncia el caciquismo.
- Tercera etapa: La más madura, reduce la acción y convierte a los personajes en portadores de ideas, como en Belarmino y Apolonio o Tigre Juan, incorporando innovaciones narrativas.
Gabriel Miró
Cuya narrativa destaca por el cuidado extremo del lenguaje, la riqueza descriptiva y la creación de atmósferas densas. Tras una etapa inicial de estética modernista, evoluciona hacia una novela novecentista más crítica, en la que aborda el paso del tiempo y la angustia existencial. Obras como Nuestro padre san Daniel y El obispo leproso ofrecen una visión crítica de una sociedad dominada por la hipocresía y el poder clerical.
Rasgos de las Vanguardias (Contexto de Experimentación)
Aunque el Novecentismo buscaba el equilibrio, convivió con las vanguardias, que se caracterizaron por:
Principios Vanguardistas
- Ruptura con el pasado: Rechazan el arte tradicional y todo lo que suene a sentimentalismo o realismo.
- Afán de originalidad y experimentación: Buscan siempre algo nuevo: formas, temas, técnicas, disposición visual, tipografía.
- Antisentimentalismo: Evitan la emoción romántica y el lirismo clásico; prefieren lo frío, lo objetivo, lo mecánico.
- Provocación y escándalo: Buscan impactar, polemizar y atacar a la burguesía y al “arte oficial”.
- Uso de manifiestos: Difunden sus ideas mediante revistas y textos programáticos donde explican sus propuestas.
- Activismo artístico: Son movimientos dinámicos y cambiantes; no forman un sistema cerrado y homogéneo.
- Interés por la modernidad: Máquinas, velocidad, deporte, ciudad, tecnología (muy visible en futurismo y ultraísmo).
- Experimentación formal del lenguaje: El lenguaje se vuelve más visual, fragmentado, sin puntuación (según el movimiento).
- Valoración de la metáfora: La metáfora se convierte en el núcleo expresivo (sobre todo en ultraísmo y creacionismo).
- Influencia del psicoanálisis (en el surrealismo): Uso del inconsciente, sueños y escritura automática.
- Deshumanización del arte (en algunas corrientes): Se alejan del sentimiento y la realidad para crear mundos autónomos.
El fragmento presenta rasgos vanguardistas como la ruptura del lenguaje tradicional, la ausencia de sentimentalismo y la experimentación formal. Predomina la metáfora y la imagen poética, lo que refleja el deseo de originalidad propio de las vanguardias.
Estudio de Caso: Simbolismo en Historia de una escalera
A continuación, se examinan elementos clave de la obra dramática de Antonio Buero Vallejo, un autor posterior, pero cuya temática social conecta con las preocupaciones de la época:
Simbología y Estructura en Historia de una escalera
En Historia de una escalera, Buero Vallejo utiliza una simbología muy significativa. El elemento simbólico central es la escalera, que funciona como metáfora de la inmovilidad social y económica. A pesar de su verticalidad, ningún personaje asciende socialmente, de modo que la escalera se convierte en testigo del paso del tiempo y del estancamiento vital. La comunidad de vecinos simboliza la sociedad española de posguerra, marcada por la precariedad, la frustración y la falta de oportunidades. Los sueños y conversaciones sobre “llegar a algo” representan las aspiraciones individuales que nunca llegan a cumplirse, mientras que los hijos, en la tercera parte, simbolizan la repetición generacional del fracaso.
Tipologías de Personajes
Los personajes están construidos desde tipologías socio-psicológicas muy claras. Fernando es el personaje idealista, que aspira a mejorar su situación, aunque acaba acomodado y frustrado. Carmina encarna la sensibilidad y la resignación. Elvira representa el materialismo y la ambición económica, y Urbano simboliza el trabajador disciplinado que cree en el esfuerzo, pero tampoco logra ascender. En la tercera parte, sus hijos reproducen los mismos conflictos amorosos y las mismas ilusiones, lo que refuerza la idea del círculo repetitivo.
Estructura Temporal y Actos
Para situar un fragmento en el acto correspondiente, es fundamental atender a los diálogos y al nivel de expectativas de los personajes.
- Primer acto: Predominan la juventud y la ilusión, con frases que expresan deseos de ascenso social (“llegar a ser algo”) y la presencia todavía fuerte de Don Manuel.
- Segundo acto: Muestra el desencanto: los personajes ya están casados, discuten por cuestiones económicas y las ilusiones del acto anterior se han desvanecido.
- Tercer acto: Situado veinte años después, se caracteriza por el envejecimiento, la frustración y la aparición de los hijos, que repiten los mismos sueños de sus padres (“nosotros sí subiremos”), cerrando el ciclo y dotando a la obra de un sentido trágico basado en la condena a la repetición.
En conjunto, la obra refleja la falta de movilidad social en la España de posguerra y la incapacidad del individuo para modificar las estructuras que lo condicionan. El tiempo, lejos de traer progreso, solo evidencia la continuidad del fracaso.

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