09 Jul

Envejecimiento:


rigidez, el incremento del tejido conjuntivo, la disminución de la masa muscular, la atrofia selectiva de las fibras tipo II, la disminución de la propiocepción, la pérdida de motoneuronas, la disminución de la motivación para el ejercicio, la inactividad y la disminución del apetito y del consumo de alimentos son cambios propios del envejecimiento que afectan a la función muscular y la fuerza.

La limitación se caracteriza por una disminución de la velocidad de los movimientos, un descenso en la fuerza máxima y una pérdida de la coordinación final

Envejecimiento del sistema muscular: una alteración estructural microscópica que da lugar a : una perdida de masa muscular (atrofia) y una disminución de la fuerza y de la velocidad de contracción.  bAcompañados de un deterioro de la función cardiovascular y de la inactividad Con la edad, se produce un aumento del contenido de colágeno de músculo y  engrosamiento asociado del endomisio y el perimisio.

Atrofia: la perdida de masa muscular o como una disminución de la sección transversal global del músculo. La atrofia selectiva de las fibras del tipo II se atribuye a la inactividad y a la denervación.

Una reducción prolongada de la actividad afecta, principalmente, a :  los músculos antigravitatorios, como el sóleo, pues son músculos que necesitan como estimulo  un patrón  funcional normal y repetido

Así pues, dentro del tejido muscular se producen alteraciones consistentes en: una disminución de la densidad capilar y una reducción en la cantidad de proteínas y de sustancias implicadas en la liberación de energía.

La consecuencia es un descenso de la resistencia, descenso de la fuerza y descenso de la capacidad aéobica y anaérobica, y de la elasticidad secundaria al adelgazamiento del tejido conjuntivo.

Fuerza:


A partir de los 50 años de edad, se produce un declive específico de la fuerza muscular, si bien ya se puede empezar a apreciar a partir de los 30 años. Rutherford y Jones (1992) demostraron que entre la tercera y cuarta décadas de vida el cuadriceps sufre una pérdida de  fuerza del 40%, y una disminución de su sección transversal del 23%; por tanto, la capacidad de producir fuerza por parte del músculo se reduce en un 20 %. La pérdida de fuerza muscular era proporcional a la disminución de la sección transversal del músculo, por el descenso de la concentración de la hormona del crecimiento, circunstancia que conduce a una atrofia general del aparato locomotor.

Fatigabilidad:


La atrofia de las fibras tipo II durante el envejecimiento es mayor que las fibras de tipo I, por un predominio de fibras musculares de tipo I, que no se fatigan y, por lo tanto, la perdida de fuerza muscular supera a la pérdida de resistencia. El musculo del anciano no se fatiga tanto como el del joven, por  patrón de reclutamiento de las fibras musculares en una persona normal durante una contracción voluntaria máxima (CVM). Al principio, se reclutan todos los tipos de fibras musculares con una velocidad de descarga elevada, comenzando por las fibras de tipo II o rápidas, y siguiendo con las fibras de tipo I, mas lentas.  La velocidad de descarga elevada desciende a medida que las fibras del tipo II se van fatigando. Las fibras de tipo I mantienen su actividad, pero, como no pueden generar la misma fuerza que las de tipo II, la magnitud de la contracción disminuye. Por tanto, la CVM en el anciano es de menor magnitud, pero se prolonga durante un promedio de tiempo mayor que en el joven.


Cambio en el musculo durante el crecimiento:


Cada músculo está formado por un gran número de fibras musculares que forman haces (fascículos), los cuales a su vez se encuentran rodeados por una cubierta de tejido conjuntivo (perimisio). La totalidad del músculo está envuelta por un tejido conjuntivo fibroso (epimisio) que, junto con el perimisio, constituye la continuación del tejido colágeno de los tendones, las estructuras normales que unen el músculo al hueso.

Cada miofibrilla consta de : unos filamentos fibrosos de actina y miosina dispuestos en bandas, denominadas sarcómeros, que se repiten a lo largo de toda la fibrilla.Estas delicadas hebras constituyen la unidad funcional contráctil del músculo. El crecimiento de los huesos largos hace necesario un aumento de la longitud de los músculos. Dicho aumento se consigue mediante la yuxtaposición de sárcomeros sucesivos, de manera que se mantiene la superposición entre los filamentos de actina y miosina, y se conserva la capacidad de generar fuerza.

Para que la función (control e iniciación de la contracción muscular y eliminación de los productos de desecho resultantes) sea normal, estas transformaciones musculares deben ir acompañadas de adaptaciones en la inervación y en la irrigación. A medida que mejora el control nervioso, la fuerza muscular aumenta y se perfecciona, pero sólo alcanzará su magnitud completa si dicho control se complementa con la adición de más miofibrillas.Hay otro factor que puede influir en la fuerza muscular:

La habilidad y la coordinación de un movimiento

Tanto en el músculo en desarrollo como en el músculo maduro, el aprendizaje y la repetición de una tarea influyen en su ejecución aumentando la fuerza muscular, y este efecto todavía es mayor cuando las tareas son más complicadas, como los movimientos de precisión, caminar, etc.

Cambios en el hueso y articulaciones durante crecimiento:


El hueso es un tejido conjuntivo especializado que proporciona una estructura de sostén y sujeción sólida pero flexible. Es rico en materiales inorgánicos, como las sales minerales (de calcio y fósforo), que le proporcionan la estructura rígida, y en sustancias orgánicas (por ej., las fibras de colágeno, glucosaminoglucanos GAG y agua), que le aportan flexibilidad. El hueso almacena una proporción importante del contenido de sales minerales del organismo, en particular de calcio, por lo que es fundamental en la homeostasis de los minerales. En general, la longitud y la forma de los huesos están determinadas genéticamente, pero la masa ósea puede aumentar con la actividad, y la estructura ósea puede modificarse como adaptación a las fuerzas de carga o soporte de peso. Esta respuesta constante a las demandas de la carga mediante la modificación de la infraestructura del hueso y del tejido conjuntivo para adaptarse a los cambios de fuerzas fue identificada por primera vez por Wolf, quien afirmó que “ tanto el hueso subcondral como el hueso cortical variarán su tamaño, su forma y su patrón trabecular siguiendo las líneas de fuerza física” (Ley de Wolf de la remodelación ósea).
Por tanto, el hueso puede cambiar constantemente su forma para responder a las demandas estructurales impuestas por la carga, la tracción muscular, el estrés, etc., durante la incesante actividad normal diaria. Durante la aplicación de la fuerza, el hueso almacena la energía transmitida; cuando la fuerza disminuye, el hueso recupera su forma normal. Si la fuerza supera el límite elástico del hueso (punto de fluencia), se producirá una deformación permanente. Si esta fuerza se mantiene, tendrá lugar la ruptura (fractura).

Articulaciones:


En el cuerpo humano existen tres tipos principales de articulaciones: fibrosas, cartilaginosas y sinoviales. Cada tipo de articulación está constituida por hueso y tejido conjuntivo maduro, pero su formación no finaliza hasta que las fuerzas normales que actúan a través de las superficies articulares proporcionan el estímulo para el desarrollo definitivo.

Tendones y Ligamentos:


Para proporcionar y conservar el contacto y la estabilidad, las articulaciones necesitan 3 componentes pasivos: la cápsula articular, los tendones y los ligamentos. Los tendones son responsables de la inserción del músculo en el hueso y, como ya se ha señalado, suelen ser una continuación del epimisio y el perimisio, las cubiertas fibrosas del músculo. Los ligamentos junto con la capsula articular, ayudan a controlar el grado de movilidad permitida en una articulación, añaden estabilidad a la articulación e impiden un movimiento excesivo

. Los tendones y los ligamentos están constituidos por un tejido conjuntivo denso, compuesto de colágeno y muy poco vascularizado

El colágeno aporta resistencia y flexibilidad, y constituye el 75% de la estructura de los tendones y ligamentos. Los tendones contienen más colágeno que los ligamentos, especialmente en la periferia, donde el peso del colágeno en seco puede alcanzar hasta el 99% del total. El colágeno contiene numerosas fibrillas y logra su resistencia gracias a las interconexiones de dichas fibrillas, que le confieren la capacidad de soportar tensiones de gran intensidad.

Las fibras de colágeno de los tendones están dispuestas en paralelo, lo que les permite resistir las intensas fuerzas monoaxiales de tracción que deben soportar durante la actividad. Los ligamentos, en cambio, deben aguantar diversos tipos de fuerzas en muchas direcciones, y  por tanto, sus fibras de colágeno no son paralelas sino que adoptan una disposición que depende de sus necesidades funcionales.

Al igual que el hueso, los tendones, los ligamentos y la cápsula articular se remodelan para adaptarse a las fuerzas a las que se ven sometidos.

Cartilago articular hialino y lubricación articular: Estructura del cartílago


El cartílago articular es un tejido sumamente especializado que está diseñado para soportar las tensiones y deformaciones de la carga y los cambios constantes de la mecánica articular. Carece de irrigación sanguínea, de vasos linfáticos y de inervación, pero desempeña 2 funciones: Distribuye las cargas articulares sobre una superficie amplia, disminuyendo de este modo la tensión que soportan las superficies articulares de contacto. Permite el movimiento relativo entre superficies articulares opuestas, con una fracción y un desgaste mínimo. El cartílago está constituido por colágeno, agua y sales inorgánicas, glucoproteínas y lípidos y proteoglucanos. Los proteoglucanos son moléculas grandes de proteínas más polisacáridos que forman una disolución concentrada en la que se enredan las fibrillas de colágeno. El cartílago se puede considerar como una “esponja llena de agua”, con dos partes: la porción “líquida” o intersticial y la porción “sólida”. Liquido Sinovial:
Es esencial para el movimiento libre de la articulación, para la nutrición articular y para amortiguar las fuerzas a través de la articulación. Este líquido está producido por la sinovial de la articulación y está compuesto de:  un suero denso (la porción serosa y transparente de la sangre) – dos sustancias: el acido hialurónico, que confiere la viscosidad y la capacidad de deslizamiento y una glucoproteína doble.


Deterioro del cartílago:


El cartílago articular no empieza a fallar hasta que la sobrecarga mecánica constante (desgaste) provoca una alteración considerable del colágeno y de los proteoglucanos y una pérdida del cartílago que reviste el hueso subyacente. Una vez que ha empezado a disminuir de grososr y a presentar pequeños defectos, el cartílago se reblandece, se vuelve más permeable y comienza a desflecarse y deshilacharse. Cuando esto ocurre, la fuga del líquido lubricante situado entre las superficies articulares permite que éstas entren en contacto directo, de manera que se agrava la abrasión. La alteración de las fuerzas de carga provoca una sobrecarga repetida de la superficie del cartílago que da lugar a un desgaste por fatiga. Este tipo de desgaste suele observarse durante el envejecimiento de las articulaciones, cuando los músculos van perdiendo progresivamente la fuerza y las articulaciones ya no están sometidas al estrés biomecánico habitual, y puede tener lugar a pesar de una buena lubricación articular. Durante el último decenio se han observado en el cartílago diversas transformaciones relacionadas con el envejecimiento, por ejemplo:

Una mayor desnaturalización del colágeno de tipo II, Un descenso de la sintesis de ADN, proteoglucanos y proteínas de unión. Una disminución de la respuesta a diferentes factores de crecimiento y a muchos otros factores.

Rendimiento funcional y entrenamiento:


Disminuye flexion de cadera mas que la extensión, en cambio en rodilla es invariable. También se producía una disminución de la longitud de los músculos biarticulares de la cadera y la rodilla, el recto anterior del fémur y los isquiotibiales. Los autores llegaron a la conclusión de que estas diferencias se debían, probablemente, al acortamiento de los músculos y del tejido conjuntivo por una menor distensibilidad de las estructuras articulares, así como a una disminución de la fuerza secundaria al descenso de la actividad física diaria que se produce al envejecer. También en el arco de movimiento activo se han observado cambios similares, aunque menores de 3º a 5º. La exploración de la movilidad pasiva supone un mayor estrés para la articulación y para el tejido conjuntivo.  

Envejecimiento del tejido no contráctil:


La maduración del colágeno en los tejidos no contráctiles se produce alrededor de los 20 años, después de lo cual la magnitud de las propiedades elásticas parece estabilizarse. Después, tras un período variable, descienden el número y la calidad de interconexiones del colágeno. La resistencia a la tracción y la elasticidad del colágeno disminuyen, y los tejidos no pueden soportar la deformación.

Sist. Cardiovascular: Lo primero que se deteriora, aun cuando el metabolismo muscular se mantenga relativamente normal, es la capacidad para realizar un ejercicio general, sobre todo la capacidad aeróbica. Este declive se produce antes de que se manifieste cualquier alteración morfológica en el músculo.

Parece que esta pérdida de potencia aeróbica se debe a cambios cardiorespiratorios, particularmente a una disminución del gasto cardíaco máximo y de la frecuencia cardíaca máxima.


Envejecimiento de los huesos y articulaciones:


Cuando el hueso ha terminado de madurar, la magnitud de la fuerza que puede soportar disminuye lentamente por varias razones.

Durante el proceso normal de envejecimiento, la densidad del hueso disminuye progresivamente, de modo que las trabéculas longitudinales se adelgazan y las transversales se reabsorben.


Esta reducción de la densidad ósea (osteoporosis) es mayor en las mujeres que en los hombres y se acelera entre los 5 y 10 años posteriores a la menopausia.

También se señala que el descenso de la masa ósea que se produce con la edad varía según las regiones, de modo que en la porción distal del fémur se produce a partir de la tercera década de la vida, mientras que en  las vértebras y en la diáfisis femoral se demora hasta la quinta o sexta décadas. Por tanto, los huesos son propensos a fracturarse  o deteriorarse por una tensión adicional a diferentes edades.

Así pues, a medida que se reduce la cantidad total del tejido óseo, especialmente de hueso esponjoso, disminuyen el tamaño, la resistencia y la rigidez del hueso.

Se demostró que el hueso anciano sólo puede soportar la mitad de la tensión que el hueso joven, lo que significa fragilidad y una posible pérdida de la capacidad de almacenar la energía. Se demostró que el grosor de hueso subcondral (HSC) en la cara medial de la tibia era significativamente menor en los ancianos mayor de 69 años que en los jóvenes, y adultos de edad intermedia. El grosor de HSC de la cara lateral de la tibia mostraba la misma tendencia a disminuir con la edad, pero esta reducción no era estadísticamente significativa. El grosor del HSC de la tibia era significativamente menor en las articulaciones con artrosis que en las articulaciones normales.

El grupo con artrosis solía tener menor densidad del HSC que el grupo sin artrosis, pero esta diferencia sólo era estadísticamente significativa en el cóndilo femoral externo.   Se llega a la conclusión de que las alteraciones que presenta el hueso subcondral no son causantes de la artrosis sino que, probablemente, sean secundarias a la pérdida de cartílago articular, la cual precede ala esclerosis subcondral.

En la pérdida de hueso que tiene lugar después de la madurez también intervienen los factores alimentarios y la reducción de la capacidad de absorción del calcio, sobretodo a partir de los 70 años.La disminución del contenido mineral del hueso significa que hay que restablecer el equilibrio homeostático normal; por tanto, una pérdida añadida de calcio secundaria a una disminución en la absorción de los minerales hará todavía más difícil conservar dicho equilibrio. A medida que envejecemos, el descenso de la fuerza muscular y del soporte de peso (por una disminución o ausencia de la actividad en carga) reduce las demandas impuestas sobre el hueso. El resultado es una reabsorción del hueso perióstico y subperióstico, que da lugar a la pérdida de resistencia y a la rigidez anteriormente mencionadas. A medida que la fuerza muscular disminuye con la edad, la alteración resultante de la alineación biomecánica junta con las fuerzas aplicadas sobre los huesos y las articulaciones provocan cambios locales en el tamaño (habitualmente un incremento) y la forma de las superficies articulares. De este modo, y siguiendo la ley de Wolf, el tejido cartilaginoso de la superficie articular y el hueso subadyacente proliferan. Esto hace que la articulación aumente de tamaño y que el hueso subcondral aparezca más grueso en las radiografías.

El hecho de si el espacio articular disminuye con la edad o solamente como resultado de una enfermedad degenerativa ha sido motivo de debate. Dado que las articulaciones que se producen en el cartílago como consecuencia del envejecimiento son diferentes de las de la artrosis, cualquier reducción en la anchura del espacio articular puede ser uno de los primeros signos de artropatía. Se ha demostrado que el espacio articular de la rodilla disminuye paulatinamente con la edad, pero no está claro si esto ocurre en todas las articulaciones.


Se estudiaron las variaciones que sufre con la edad la amplitud radiológica del espacio articular de la cadera, y  llegaron a la conclusión de que ni el envejecimiento ni el sexo tenían repercusión alguna, mientras que la talla, el diámetro de la cabeza femoral y la longitud de la extremidad inferior guardaban una relación directa con la anchura de dicho espacio articular. No está claro por qué al envejecer disminuye el cartílago de la rodilla, pero no el de la cadera. Una posible explicación sería que el cartílago articular de la rodilla es más propenso a las lesiones porque soporta una carga mayor sobre una superficie más plana.

La pérdida de fuerza muscular y la consiguiente alteración de la tracción músculo tendinosa, junto con los efectos de las variaciones hormonales sobre el hueso en las mujeres al envejecer, provocan una pérdida de densidad ósea (osteoporosis).
Esto hace que el hueso sea mucho más propenso a sufrir fracturas o aplastamientos. Además, la tracción músculo tendinosa anormal puede ocasionar un traumatismo inicial en su inserción ósea, lo que dará lugar a la neoformación de hueso nuevo y a la aparición de un espolón óseo o cartilaginoso.

Esto suele ocurrir en la inserción ósea de los tendones

La disminución de la fuerza muscular en el envejecimiento va acompañada, a veces, de una incapacidad para controlar las fuerzas articulares normales; el resultado es una alteración de las fuerzas de carga transmitidas a través de la articulación. Las superficies articulares de carga comienzan a fallar como resultado de la “aplicación repetida de cargas intensas durante el período relativamente corto o por la repetición de cargas poco intensas durante un período prolongado, aun cuando la magnitud de dichas cargas sea muy inferior a la resistencia a la  rotura del material”. Estas alteraciones no se detectan necesariamente hasta que se añade un “estrés externo”, como un traumatismo, una infección o una inflamación. Efectivamente, mientras el cartílago hialino de los extremos del hueso no sufra un estrés adicional y no se produzca una esclerosis del hueso subcondral subadyacente con signos excesivos de “desgaste”, con el diagnóstico consiguiente de artrosis, no se hará evidente que estas alteraciones mecánicas comenzaron hace algún tiempo. El crecimiento y desarrollo y el envejecimiento afectan a todos los componentes del aparato locomotor: músculo, hueso , cápsula articular, tendones, ligamentos y cartílago articular. El aparato locomotor no puede sobrevivir en solitario y depende del desarrollo, la maduración y el envejecimiento del sistema nervioso y del sistema cardiovascular.

Todos los cambios que se producen durante los 25 o 30 años de desarrollo del músculo, el hueso, los tendones, el cartílago articular y los ligamentos se invierten lentamente al comenzar el proceso de envejecimiento, pero la distribución temporal de este último es mucho más prolongada (aproximadamente desde los 30 años de edad hasta el momento de la muerte). Sin embargo, los efectos del envejecimiento son más notables a partir de los 55 años, y en las mujeres, especialmente a partir de la menopausia.
  En las consecuencias del envejecimiento repercuten los hábitos de vida y la forma física de la persona durante sus años de vida activa; los efectos son menos evidentes en aquellos que están en mejor forma física y que están más sanos.

Los efectos normales del envejecimiento no siempre ocasionan problemas al individuo, pero puden disminuir el grado funcional, la velocidad y el rendimiento.

Los cambios propios del envejecimiento no producen síntomas y signos patológicos hasta que los efectos de las fuerzas soportadas por las estructuras del aparato locomotor provocan su insuficiencia.  

DETECCIÓN DE RIESGO DE PERDIDA DE FUNCIONALIDAD EN EL ADULTO MAYOR EFAM- CHILE

Es un instrumento predictivo  de perdida de a funcionalidad del A.M.

Clasificación:


Autovalente sin riesgo,  Autovalente con riesgo y Riesgo de dependencia.

Objetivos:


Evaluar la salud integral y la funcionalidad del AM.Identifica y controla los FR de perdida de la funcionalidad. Elaborar un plan de atención y seguimiento

Indicador de salud:


Funcionalidad: Conservación y /o restauración de la independencia

Independencia funcional:


capacidad de cumplir aquellas acciones de la vida diaria.AVD:  comer, vestirse, bañarse, apariencia física. AIVD:  usar el teléfono, comprar, preparar la comida, tomar los medicamentos, manejar el dinero.

Factores de riesgo: causa de pérdida de la funcionalidad

Enfermedades crónicas: HTA, Diabetes; cardiopatía coronaria e insuficiencia cardíaca, accidente vascular transitorio, artritis, artrosis y osteoporosis.

Síndromes Geriátricos: caídas, pérdida del equilibrio, inestabilidad al caminar, incontinencia urinaria, déficit sensorial, deformidades de los pies.

Niveles alterados de glucosa, lípidos, obesidad y HTA, compensan hábitos alimentarios y ejercicio físico

Factores Protectores de la salud: Ser activo, ánimo positivo, tener relaciones sociales mas allá del ámbito familiar. Predictores del funcionamiento cognitivo, Nivel educacional, Actividad física. Percepción de autoeficacia , Predictores del funcionamiento físico, Movilidad articular, marcha y equilibrio.

Factores que alteran que pueda bañarse:


Alteración del sistema nervioso central: Alteración  del sistema vestibular: Alteración del aparato locomotor: Alteración del animo: Alteraciones visuales. Como influye: En la higiene: dermatitis, hongos, micosis, prurito por falta de hidratación (piel seca). En lo social: aislamiento, rechazo al contacto social, depresión.Emocional: trastornos del ánimo.

Manejar su propio dinero:


Deterioro del Sistema Nervioso Central: alteraciones cognitivas en distintos grados Deprivación cognitiva: falta de lectura y socialización. Falta de entrenamiento en adultos mayores con deficiencia visual severa.

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