07 Ene

Los Inicios del Movimiento Olímpico y el Deporte Amateur

La segunda mitad del siglo XIX va a ver nacer un potente movimiento deportivo que se va a extender por todo el mundo: el del movimiento olímpico. Serán también los años constitutivos del sistema deportivo internacional, con sus federaciones y campeonatos. Ambos movimientos estarán impregnados por una visión del deporte: la del amateurismo.

Contexto socioeconómico: La Segunda Revolución Industrial

Tras el fin de las guerras napoleónicas, la Europa del Congreso de Viena va a experimentar cierta estabilidad geopolítica, solo rota por las guerras asociadas a las unificaciones italiana y alemana; la última de ellas, la guerra franco-prusiana de 1870. Tras ello, se establece un periodo de paz entre estados, pero de conflicto social y de una generalización de ideas internacionalistas que acompañan un potente movimiento de liberación económica, crecimiento comercial y globalización económica dirigida por Gran Bretaña.

Dos serán los grandes movimientos estructurales de ese tiempo:

  • La colonización de las potencias europeas en Asia y África.
  • Una Segunda Revolución Industrial dirigida por el progreso científico que dará lugar a la gran empresa, la producción en masa y los primeros oligopolios, gracias a avances técnicos clave como el ferrocarril y el uso del carbón.

Esta nueva agudización de la industrialización lleva consigo nuevos cambios en las relaciones de producción, con una intensificación de las necesidades de disciplina de los trabajadores y un aumento de las organizaciones sindicales.

El movimiento deportivo internacional

Es en este contexto en que el deporte se desarrolla y expande a nuevos países y nuevas capas sociales, y donde se genera la organización deportiva básica que llega hasta nuestros días. Los deportistas se asocian alrededor de los clubes, estos a su vez conforman las primeras federaciones nacionales, y a principios del siglo XX comenzarán a surgir las primeras federaciones internacionales. Se desarrollan, pues, los contactos deportivos a escala internacional, de los que son prueba también los primeros encuentros internacionales.

Al mismo tiempo, desde Inglaterra —que es la gran exportadora de los deportes entendidos como competiciones atléticas— se expande también una idea concreta de cómo debe ser practicado el deporte: el ideal amateur. Los deportistas deben dedicarse al deporte únicamente por el placer que genera su práctica y como fuente de valores y formador de la personalidad. El deporte se practica correctamente si se sigue la idea del fair play, que implica no solo cumplir las normas y el espíritu de estas, sino también practicarlo con la actitud adecuada: sin excesiva preocupación por la victoria, con gracia, con cierto desinterés y, al mismo tiempo, con entrega, coraje y fuerza.

Es decir, se están proyectando en el deporte los valores propios de la clase aristócrata inglesa, responsable de su organización y formalización en las universidades. Esta concepción del deporte deja fuera a los profesionales, pero también, de forma implícita, a los trabajadores (sin tiempo libre para practicarlo y en ocasiones expresamente expulsados del sistema deportivo y de los clubes elitistas) y a las mujeres, para las que el deporte no está en absoluto recomendado, a riesgo de perder su propia feminidad y sufrir complicaciones médicas.

El nacimiento del movimiento olímpico

Es en este ambiente en el que nace el Comité Olímpico Internacional (COI). La idea olímpica nunca había sido completamente olvidada, y durante los siglos XVIII y XIX habían existido distintos intentos de recuperar la competición olímpica. La guerra de independencia de Grecia (1821-1832) dio también un nuevo impulso al interés por la cultura clásica helenística, junto con la necesidad de la nueva nación de reforzar su vínculo simbólico con la antigüedad para asentar su legitimidad.

Así, la idea de un renacimiento griego promovida por el poeta Panagiotis Soutsos fue recogida por el millonario griego Evangelis Zappas, quien financió el proyecto que tuvo lugar por primera vez en 1859. Sin embargo, su idea nunca llegó a consolidarse, a pesar de nuevas ediciones en 1870, 1875 y 1888. De forma similar, el reformador social inglés William P. Brookes tuvo conocimiento de estos intentos y desarrolló sus propios Juegos Olímpicos en Wenlock, dirigidos a la revitalización higiénica de la clase obrera. Intentó extender su proyecto a toda Inglaterra, pero evidentemente la idea de los juegos no había encontrado aún sus condiciones sociales necesarias.

El propio Pierre de Coubertin estuvo en contacto y conoció la experiencia de Brookes, de quien tomó la idea, aparentemente, y después se negó a acreditar. Coubertin, preocupado como la mayoría de los jóvenes de clase alta de su generación por la derrota francesa de 1870, había iniciado una serie de viajes para analizar los sistemas educativos de los países vecinos, lo que le llevó a Inglaterra y EE. UU. Allí llegó a la conclusión de que el deporte inglés era la mejor opción para la formación de la juventud, mientras que en su país se fomentaba la gimnasia. Quedó convencido, además, de la adecuación del ideal amateur para el deporte. Con esta voluntad de reformador social, convocó un congreso sobre deporte amateur en 1894, y allí sugirió la posibilidad de fundar unos nuevos Juegos Olímpicos, propuesta que fue aceptada, fijándose su fecha en 1896 en Atenas.

Quedaba también constituido el COI, con un claro perfil aristócrata —abundaban los nobles entre sus miembros— y de clase alta. Los miembros del COI eran elegidos por ellos mismos de forma vitalicia, lo que permitió su reproducción como grupo social muy influido por su propio contexto elitista y patriarcal. Ello hizo que defendiesen el deporte amateur en detrimento de los profesionales de las clases populares, y que la inclusión de la mujer en el deporte fuese lenta.

Sin embargo, junto a estos rasgos elitistas, difundieron un mensaje de internacionalismo y paz entre los pueblos. El COI negó desde sus inicios cualquier tipo de discriminación en la práctica deportiva por raza, creencia o ideología, apelando pues al universalismo de la raza humana. El deporte sería, además, una forma de acercar a las naciones entre sí y de fomentar el intercambio cultural. Finalmente, el olimpismo siempre ha tenido fe en el valor educativo del deporte y en el papel de la juventud en la mejora de la sociedad. El olimpismo es, pues, hijo de su tiempo, fundado en el internacionalismo y apoyado en las ideas del cristianismo muscular y la educación deportiva inglesa.

Los Juegos Olímpicos de Atenas 1896

La organización de los primeros juegos tuvo muchas dificultades, pero finalmente pudieron llevarse a cabo por el apoyo de la familia real griega, la creación de una serie de sellos conmemorativos y las donaciones de millonarios griegos. Su mera realización fue un éxito para una pequeña organización recién nacida y sin apenas estructura. Acudieron 241 atletas (griegos, ingleses, americanos y de otros países europeos), todo con un aire amateur e improvisado, pues los países no realizaron ninguna selección, sino que fueron los atletas los que se presentaron, incluyendo turistas y trabajadores de las embajadas.

Se le dio gran importancia a las pruebas de atletismo y se inventó la modalidad de la maratón como homenaje a los griegos. La mayoría de victorias fueron para un grupo de deportistas universitarios estadounidenses, y la maratón fue para el pastor griego Spyridon Louis, que entró así en la leyenda olímpica.

Los Juegos Olímpicos de París 1900 y San Luis 1904

Tras este primer éxito, sin embargo, el COI carecía de infraestructura y medios como para organizar unos juegos por sí mismos, por lo que en los siguientes años los organizarían al abrigo de las ferias internacionales. Ello supuso poner en manos de las ferias la organización de los eventos, así como la decisión de las pruebas que se realizarían, lo que hizo de estos juegos eventos poco ortodoxos que difícilmente podían caracterizarse como olímpicos.

Ambas ferias organizaron multitud de eventos deportivos, no existiendo una sola prueba para cada deporte y categoría; muchos participantes, a lo largo de los cinco meses que se extendieron las pruebas, desconocían siquiera que estuviesen en una competición olímpica. Hubo también pruebas para profesionales y se llevaban a cabo exhibiciones de deportes tradicionales, en algunos casos, como en San Luis, de marcado carácter racista. Los juegos en general tuvieron escasa visibilidad y dejaron dudas sobre el futuro de la organización. Tuvieron, eso sí, un buen efecto en la participación de las primeras mujeres, a las que se oponía el Barón de Coubertin. Si las ciudades no hubieran tenido autonomía organizativa, probablemente estas no hubieran podido participar.

Londres 1908 y Estocolmo 1912

Los Juegos Olímpicos siguieron siendo organizados por comités locales que decidían las pruebas y ponían a los árbitros, pero el COI decidió ganar autonomía frente a las ferias. Aunque los juegos de 1908 fueron organizados durante una feria franco-británica, tuvieron independencia y no se extendieron durante meses. Gracias a la autonomía de los organizadores, las mujeres siguieron participando en deportes considerados femeninos, como patinaje o tenis, y en 1912 participaron por primera vez en natación.

Se mantuvo el estricto control del amateurismo, llegando a retirar las medallas a aquellos que rompían el código, como la estrella estadounidense Jim Thorpe. Los éxitos organizativos y el hecho de que se hiciesen sin depender de las ferias, en un contexto de crecimiento de la práctica deportiva y nacimiento de las primeras federaciones internacionales, hizo que los Juegos Olímpicos alcanzasen cierta estabilidad. En ese momento, sin embargo, estalló la Primera Guerra Mundial.

Periodo de entreguerras: Amberes 1920, París 1924, Ámsterdam 1928, Los Ángeles 1932

Tras la finalización del conflicto, los Juegos Olímpicos se retoman con rapidez. Son estos los años de la definitiva consolidación del movimiento olímpico y del sistema deportivo internacional. Se continúan formando las federaciones internacionales y estas comienzan su integración con el COI.

El COI, a su vez, logra aumentar su control sobre la organización de los juegos, definiendo unos criterios para incluir o no una prueba:

  • Práctica amateur.
  • Extensión e internacionalidad.
  • Primacía de los deportes individuales.
  • Importancia social.

Al mismo tiempo, Coubertin va a intentar excluir a las mujeres de los juegos, puesto que no creía que el deporte fuese adecuado para ellas. Sin embargo, la presión del feminismo y los apoyos al deporte femenino en las federaciones internacionales hacen que su propuesta no sea tomada en consideración, y el deporte femenino continúe su larga lucha por la igualdad: a la natación se uniría en 1928 el atletismo, deporte considerado hasta ese momento nocivo para el cuerpo femenino.

La geopolítica y las consecuencias de la Primera Guerra Mundial juegan un papel clave. En las dos primeras ediciones, Alemania es excluida por su responsabilidad en la guerra, lo que contribuirá a la sensación de humillación germana tras la Paz de Versalles. Tampoco estará la recién constituida URSS, que en esos momentos apuesta por crear un movimiento internacional de deporte obrero. Sí estarán las nuevas naciones surgidas de la desaparición del Imperio Austrohúngaro, como la República Checa, que encontrarán en las olimpiadas una primera legitimación internacional. Todo ello hizo que el número de países participantes creciese en esos años, de 29 en Amberes 1920 a 46 en Ámsterdam 1928, descendiendo en Los Ángeles a 37 por las dificultades del viaje.

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