29 Mar

1. La Romanización

Introducción

La presencia de Roma en la Península Ibérica se prolongó desde finales del siglo III a. C., con el desembarco romano en Ampurias, hasta el siglo V d. C., cuando cae el Imperio romano. La romanización fue un proceso de adaptación de los pueblos hispanos a las estructuras económicas, sociales, políticas, administrativas y culturales del Imperio romano.

La sumisión a los romanos de la totalidad de los pueblos indígenas que poblaban la Península Ibérica duró aproximadamente doscientos años. Este largo proceso de conquista se realizó en diversas etapas, interrumpidas por períodos de inactividad bélica. A veces, el proceso de romanización fue por la fuerza y, al igual que la conquista, fue un proceso discontinuo y lento.

Desarrollo

Los romanos impusieron en Hispania su organización política y administrativa con el objetivo de conseguir un gobierno eficaz y dar cohesión al territorio.

Organización administrativa

  • Provincias: En un principio, Hispania quedó dividida en dos provincias: la Citerior y la Ulterior. Con Augusto se dividió en tres (Lusitania, Baetica y Tarraconensis). En el siglo III se establecieron cinco: Tarraconensis, Baetica, Lusitania, Carthaginensis y Gallaecia. En el siglo IV se creó la provincia Balearica.
  • Gobierno: Existían provincias senatoriales (controladas por el Senado) e imperiales (dependientes del emperador). Cada una estaba gobernada por un pretor, procónsul o cónsul, apoyado por un consejo.
  • Conventus: Las provincias se dividían en conventus (partidos jurídicos) con sede en las ciudades más significativas.

El papel de las ciudades

La ocupación romana comportó la creación de una extensa red de ciudades que ayudaron a cohesionar el territorio y contribuyeron a romanizar a sus habitantes. Las ciudades eran gobernadas por un Consejo (Curia) elegido por los ciudadanos entre la oligarquía local.

Estructuras económicas

Roma impuso sus estructuras económicas: latifundios, propiedad privada, mano de obra esclava y el uso de la moneda. La economía creció considerablemente bajo la administración romana.

  • Agricultura y ganadería: Base económica. Destacaron los cultivos de secano (cereales, vid y olivo) y regadío (frutales y hortalizas). El vino y el aceite fueron los principales productos de exportación.
  • Minería: Potenciada por los romanos con mejores sistemas de extracción (ej. plata en Cartagena).
  • Artesanía y comercio: Las ciudades acogían talleres de armas, tejidos y salazones. El comercio se articulaba mediante calzadas y rutas marítimas (puertos de Tarraco, Cartago Nova y Gades).

Estructura social

La sociedad se dividía según la libertad de las personas:

  • No libres: Esclavos (propiedad de sus amos) y libertos (esclavos liberados con vínculos de dependencia).
  • Hombres libres:
    • Patricios: Clase dominante, incluyendo senadores y aristocracia.
    • Burguesía acomodada: Propietarios de villas agrícolas, artesanos y comerciantes ricos.
    • Plebeyos: Pequeños artesanos y campesinos sin grandes privilegios.

Legado cultural

La presencia romana introdujo elementos fundamentales:

  • Lengua: El latín, base de las lenguas romances.
  • Derecho: Regulación de relaciones privadas e instituciones políticas.
  • Religión: Culto a los dioses romanos y culto imperial. Posteriormente, el cristianismo se difundió, siendo oficial tras el Edicto de Tesalónica (380).
  • Patrimonio artístico: Urbanismo, acueductos, templos, circos y anfiteatros con un gran sentido práctico.

Conclusión

La romanización supuso un cambio histórico para la Península, integrándola en un Imperio. El Edicto de Caracalla (212) extendió la ciudadanía romana a todos los habitantes. Hispania aportó figuras clave como Trajano, Adriano y Séneca. A partir del siglo III, la crisis del Imperio romano llevó a su desaparición en el siglo V d. C., momento en que Hispania fue ocupada por los visigodos.

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