29 Nov

CARTAGO EN EL MEDITERRÁNEO: EL PRELUDIO DE LA ROMANIZACIÓN

La Romanización es uno de los momentos clave en la historia de la Península Ibérica, ya que supuso la conquista y asimilación del territorio por parte de Roma. Este proceso de conquista romana se extendió durante dos siglos (218-19 a.C.). La presencia de Roma en la Península Ibérica se produce a raíz de la Segunda Guerra Púnica. Por tanto, para comprender la llegada de Roma, primero es imprescindible abordar la historia de Cartago.

RIVALIDAD CARTAGO-ROMANA

Cartago es una de las culturas más maltratadas por la historia. Tradicionalmente, se ha escrito sobre ella de manera negativa, principalmente porque la única información escrita que ha perdurado proviene de autores romanos, sus enemigos declarados. Por ello, Cartago fue a menudo presentada como una sociedad violenta.

También existen fuentes literarias y mitológicas. Escritores griegos y romanos narraban la historia a través de la mitología, y sobre Cartago se escribieron numerosos mitos. Estos relatos cuentan la historia de grandes viajes y aventuras que llevaron a los cartagineses a alcanzar tierras lejanas. En algunos de estos relatos mitológicos hay un fondo de verdad, y en el caso de Cartago, se representa su gran capacidad de navegación.

Origen y Fundación de Cartago

Cartago se sitúa en la actual Túnez. Su origen se remonta a la expansión fenicia:

  • Las ciudades fenicias se desarrollaron inicialmente cerca de Tiro, que se extendió por todo el Mediterráneo fundando enclaves y colonias.
  • Un enclave es un asentamiento precario, con pocas instalaciones, destinado principalmente a los intercambios comerciales. Las colonias, en cambio, son ciudades fundadas con vocación de permanencia.
  • A partir del siglo X a.C., Tiro comenzó su expansión. Su primera colonia se fundó cerca de Chipre, y desde allí se extendió por el norte de África, donde fundaron una colonia llamada Qart Hadast, que significa «Ciudad Nueva». *Cartago* es el nombre que utilizaron los escritores romanos para definir esta colonia fenicia.

La Sustitución Fenicia en Occidente

Los fenicios se extendieron hasta la Península Ibérica, estableciendo una vasta red comercial. Sin embargo, esta red decayó cuando el Imperio Persa sometió a las ciudades fenicias. Cartago aprovechó esta falta de presencia fenicia para sustituir a la ciudad original (Tiro) y hacerse con el control de la red comercial. A partir del siglo VII a.C., con el declive fenicio, Cartago consolidó su presencia en la Península Ibérica, donde los fenicios ya poseían enclaves.

El Surgimiento de Roma

Mientras Cartago se consolidaba, se estaba creando una nueva potencia en la Península Itálica: ROMA. Esta nueva sociedad mostró un carácter marcadamente expansionista, haciéndose con el territorio céntrico de la Península Itálica. Esto provocó que Cartago y Roma tuvieran contacto, inicialmente amistoso, ya que sus zonas de interés eran diferentes. A Cartago le interesaba el Mediterráneo occidental, mientras que a Roma le interesaban Italia y el mar Adriático. Así, Roma comenzó a tomar contacto con Grecia, que poseía un sistema de comercio similar al de los fenicios.

EXPANSIÓN DE CARTAGO POR LA PENÍNSULA IBÉRICA (237-218 a. C.)

A mitad del siglo III a.C., Roma ocupó la Magna Grecia (sur de Italia). Este hecho repercutió directamente en Roma, que empezó a mostrar interés en el Mediterráneo, entrando inevitablemente en conflicto con Cartago.

A mitad de este siglo se produjo un conflicto real entre dos colonias griegas en Sicilia: Siracusa y Messina. Este evento es crucial porque Cartago decidió apoyar a Siracusa, mientras que Messina pidió apoyo a Roma. El conflicto escaló hasta convertirse en una guerra que marcó el inicio de la Primera Guerra Púnica. El resultado fue la victoria de Roma sobre Cartago.

Consecuencias de la Primera Guerra Púnica

Las consecuencias de la derrota cartaginesa fueron significativas:

  • Cartago se vio obligada a abandonar Sicilia.
  • Debió hacer frente a una cuantiosa indemnización de guerra.

El general cartaginés derrotado, Amílcar Barca, desembarcó en Gades (Cádiz), una ciudad fenicia, en el 237 a.C. El objetivo de Cartago era formar un imperio en la Península Ibérica para compensar las pérdidas y obtener recursos para pagar la indemnización. Para ello, utilizaron dos vías estratégicas:

  1. La Guerra (conquista militar).
  2. La Diplomacia (convencer a los pueblos indígenas para que se unieran a su causa a cambio de beneficios).

La Estrategia Bárcida en Hispania

Amílcar Barca (237 a.C. – 228 a.C.)

Amílcar utilizó principalmente la guerra, llevando sus conquistas hasta Jabea (Alicante) y consolidando territorios. Roma, preocupada por esta expansión, envió una embajada a la Península Ibérica para exigir que la indemnización de guerra se pagara con las tierras conquistadas. Roma continuó enviando embajadas a la zona de conflicto para intentar pactar acuerdos por la vía diplomática. Amílcar, sin embargo, continuó con su política de conquista y murió en uno de sus enfrentamientos con la población indígena en Sierra Morena.

Asdrúbal el Bello (228 a.C. – 221 a.C.)

Amílcar fue sucedido por Asdrúbal, elegido por el Senado de Cartago. Este optó por la segunda vía, la diplomacia, buscando convencer a los pueblos para que se unieran a la causa cartaginesa. Asdrúbal pretendía consolidar el dominio cartaginés en la Península. De esta manera, el territorio cartaginés se fue extendiendo. Fundó una ciudad llamada Qart Hadast, que las fuentes romanas denominarían Cartago Nova.

Las colonias griegas en la Península, como Ampurias, veían con recelo la expansión cartaginesa. Esto motivó a Roma a enviar una nueva embajada. Finalmente, se llegó a un acuerdo por el cual se estableció un límite de expansión cartaginés: el río Ebro. Al norte del Ebro, Cartago no podría seguir conquistando.

Aníbal Barca (221 a.C. – 218 a.C.)

Tras la muerte de Asdrúbal, le sucedió Aníbal (hijo de Amílcar). Aníbal continuó con la actividad expansiva de su predecesor, utilizando tanto la guerra como la diplomacia. Esta política expansiva lo llevó a conquistar territorios hasta Salamanca.

En su avance, Aníbal se topó con Sagunto, una ciudad de gran tamaño que mantenía una importante relación comercial con los griegos. Aníbal necesitaba conquistarla, pero Sagunto se negó, confiando en el apoyo de Roma. Sagunto resistió el ataque y pidió ayuda a Roma, pero esta ayuda no llegó de inmediato, ya que Roma estaba preparando su ataque directo a Cartago. Roma utilizó el asedio de Sagunto como excusa para declarar la guerra. Este evento, ocurrido en el año 218 a.C., marcó el inicio de la Segunda Guerra Púnica.

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